Por Canuto  

Bain & Company estima que la industria de inteligencia artificial necesitaría USD $6 billones en ingresos anuales para 2031, pero los productos actuales cubrirían como máximo USD $1,8 billones. El déficit de USD $4,2 billones pone el foco en el costo de los centros de datos y en la posibilidad de que nuevos usos de IA generen mercados suficientes.
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  • El gasto anual en infraestructura de IA podría llegar a USD $1,5 billones en 2031, según las proyecciones de Bain.
  • La firma identifica oportunidades en anuncios, vehículos autónomos, automatización industrial y robótica para ampliar los ingresos del sector.
  • Microsoft, Google, Amazon, Meta y Oracle podrían sumar USD $780.000 millones en gasto de capital durante 2026.


Bain calcula que la IA deberá encontrar USD $4,2 billones en nuevos ingresos antes de 2031

Una expansión que necesita más ingresos

La industria de inteligencia artificial enfrenta un desafío que va más allá de mejorar sus modelos: necesita encontrar compradores y usos comerciales capaces de financiar una infraestructura de enorme escala. Bain & Company calcula que el sector requeriría USD $6 billones en ingresos anuales para 2031, mientras que los productos de IA existentes aportarían hasta USD $1,8 billones; la diferencia deja una brecha de USD $4,2 billones.

La estimación forma parte del séptimo Informe Anual de Tecnología Global de la consultora, publicado el martes 29 de septiembre de 2026. El cálculo parte de la inversión necesaria para sostener la demanda de capacidad de cómputo, no de una garantía de que el mercado vaya a alcanzar ese tamaño: expresa la magnitud de los ingresos que, bajo los supuestos del informe, harían falta para respaldar la expansión.

La brecha también ayuda a distinguir dos debates que suelen mezclarse en torno a la IA. Una cosa es que la tecnología permita ahorrar tiempo o elevar la productividad de algunos empleados; otra, que las empresas y los consumidores paguen lo suficiente por nuevos servicios como para cubrir los costos de construir y operar centros de datos, redes y equipos especializados.

Para los lectores que siguen el sector tecnológico, la cuestión central es si la demanda comercial crecerá al ritmo de la inversión en cómputo. La proyección no afirma que cada compañía de IA tenga que generar por sí sola USD $4,2 billones, sino que plantea un desafío de ingresos para la industria en su conjunto y deja abierta la pregunta de qué productos podrían cubrirlo.

El costo de construir capacidad de cómputo

El informe estima que el gasto anual en infraestructura de IA podría ascender a USD $1,5 billones para 2031. En esa cuenta entran nuevos centros de datos y capacidad de cómputo, además de mejoras en unidades de procesamiento gráfico, memoria y equipos de red que ya están instalados.

El modelo de Bain supone que el gasto de capital representará alrededor del 25% de los ingresos de la industria. Con esa proporción como referencia, financiar un desembolso de infraestructura de USD $1,5 billones requeriría un mercado cercano a USD $6 billones al año, una relación que explica por qué la estimación no se limita a sumar ventas de aplicaciones actuales.

El tamaño de las instalaciones ilustra la presión sobre la infraestructura. Los principales centros de datos de IA se acercan ya a un gigavatio de capacidad eléctrica, y muchos podrían rondar los dos gigavatios para 2027; hacia el final de la década, Bain anticipa campus de hasta nueve gigavatios.

El informe cita cifras de Epoch AI según las cuales el tamaño y el costo de los centros de datos se duplican aproximadamente cada 12 a 16 meses. Esa tendencia no determina por sí misma cuánto ingreso obtendrán los proveedores, pero sí muestra por qué una mejora de eficiencia aislada podría no bastar si la demanda total de cómputo sigue creciendo con rapidez.

De las suscripciones a nuevas aplicaciones

Entre las fuentes de ingresos ya reconocibles, las suscripciones y la publicidad de IA dirigidas a consumidores podrían generar entre USD $200.000 millones y USD $400.000 millones para 2031. Los usos empresariales, que incluyen herramientas para desarrollo de software y atención al cliente, sumarían entre USD $1 billón y USD $1,4 billones, según las estimaciones del informe.

Esas cifras representan oportunidades potenciales, no ingresos asegurados, y aun en el extremo alto no resuelven por sí solas la brecha calculada. La diferencia obliga a buscar categorías adicionales de negocio, especialmente aquellas en las que la IA se integre a productos, procesos o servicios por los que empresas y consumidores ya tengan motivos para pagar.

Una de las vías mencionadas son los anuncios en chatbots y en búsquedas impulsadas por IA, que podrían desbloquear USD $100.000 millones a USD $200.000 millones o más para los proveedores de modelos. La publicidad podría ampliar la monetización de herramientas usadas sin una suscripción directa, aunque el informe presenta ese monto como una posibilidad y no como una fuente consolidada de ingresos.

Otra oportunidad de USD $400.000 millones estaría en vehículos autónomos, camiones, drones y automatización industrial. En este caso, el potencial dependería de convertir capacidades de IA en sistemas que operen en el mundo físico, una categoría distinta de los asistentes digitales y del software empresarial que ya concentra parte del gasto corporativo.

Robótica, ciencia y la prueba del mercado

La llamada IA física, que incluye robótica y gemelos digitales, podría representar un mercado de USD $900.000 millones, de acuerdo con Bain. El informe la trata como una de las áreas capaces de ampliar el negocio más allá de las aplicaciones de pantalla, aunque la cifra es una oportunidad proyectada y no una medida de ventas actuales.

La cuarta categoría abarca aplicaciones nuevas cuya dimensión económica no aparece cuantificada en el material divulgado. Entre los ejemplos citados figuran el descubrimiento de fármacos para enfermedades raras, el acompañamiento constante en salud mental y los avances en ciencia de materiales, campos donde la IA podría habilitar productos o acelerar tareas especializadas.

David Crawford, presidente de la práctica global de Tecnología de Bain, sostuvo que las mejoras de eficiencia no cubrirán por sí solas el gasto previsto. En sus palabras, el debate sobre productividad de los empleados no alcanza para explicar la economía de la infraestructura: la industria necesitaría una ola de innovación que supere lo que habilitaron la telefonía móvil y la nube.

Crawford también señaló que la infraestructura se está construyendo muy por delante de la demanda. Según su argumento, financiarla de manera sostenible exigiría añadir alrededor de un punto porcentual a la tasa anual de crecimiento del producto interno bruto global, una magnitud que subraya el alcance económico que atribuye al desafío.

Los grandes inversores y una demanda todavía incierta

La dimensión del desembolso ya se refleja en los planes de las grandes compañías tecnológicas. Bain calcula que el gasto de capital de Microsoft, Google, Amazon, Meta y Oracle podría alcanzar USD $780.000 millones en 2026, casi cinco veces el nivel registrado tres años antes.

Ese incremento muestra que los principales actores están comprometiendo recursos antes de que todas las aplicaciones futuras hayan demostrado su capacidad para generar ingresos. La expansión puede abrir espacio para nuevos servicios y más cómputo, pero también aumenta la importancia de que la demanda comercial acompañe a la construcción de instalaciones y a la compra de equipos.

Las cifras de centros de datos y de inversión corporativa describen una carrera por ampliar capacidad, pero no resuelven la incógnita sobre quién pagará por ella. Bain deja abierta precisamente esa cuestión: si los nuevos usos de IA aparecerán a tiempo y con suficiente escala para sostener una infraestructura cuyo costo aumenta con rapidez.

La advertencia, por tanto, no equivale a una predicción de fracaso ni a una promesa de ingresos futuros. Es una prueba de escala para el sector: los productos actuales podrían cubrir solo una parte de las necesidades estimadas, y el resto dependería de que publicidad, automatización, robótica y aplicaciones todavía emergentes se conviertan en mercados reales antes de que la factura de cómputo siga creciendo.


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