Por Canuto  

Apple se encamina al cierre definitivo de la era Intel Mac tras dos décadas de una alianza que primero revitalizó al Mac y luego expuso los límites de la hoja de ruta de Intel. La historia ayuda a entender por qué la compañía migró desde PowerPC, cómo Intel impulsó equipos icónicos como el MacBook Air y por qué Apple volvió a cambiar de arquitectura con Apple Silicon.
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  • macOS 26 Tahoe será la última versión del sistema compatible con Intel Mac, aunque Apple mantendrá actualizaciones de seguridad y Safari hasta el otoño de 2028 para los modelos elegibles.
  • Apple pasó de PowerPC a Intel en 2005 por problemas de rendimiento, consumo y calor, y abandonó Intel por razones muy similares al lanzar Apple Silicon en 2020.
  • La transición permitió hitos como Rosetta, Boot Camp, el MacBook Air y los chips T1 y T2, que anticiparon el camino hacia una integración total de hardware y software.


El cierre de una etapa clave para Apple

La era de los Intel Mac ya tiene fecha de despedida práctica. Apple dejará macOS 26 Tahoe como la última versión principal de su sistema operativo compatible con estos equipos, aunque el final total llegará más tarde.

Los modelos Intel que pueden ejecutar macOS 26 seguirán recibiendo actualizaciones de seguridad y Safari durante dos años adicionales. Eso extiende el soporte hasta el otoño de 2028 para los últimos equipos elegibles.

Al mismo tiempo, algunos elementos de Rosetta seguirán presentes durante un periodo indefinido. Esa capa de compatibilidad permitió ejecutar software x86 en Macs con Apple Silicon y fue una pieza vital durante la segunda gran transición de procesadores.

La historia importa porque Apple ya había hecho un cambio traumático antes. Primero dejó atrás PowerPC para abrazar a Intel, y años después repitió la jugada al desarrollar chips propios para el Mac.

Según relata Ars Technica, ambas decisiones respondieron a un motivo casi idéntico. Apple buscaba una hoja de ruta más sólida y el mejor rendimiento posible por vatio para sostener el futuro de su línea de computadoras.

Proyecto Marklar y el origen secreto del Mac con Intel

El origen de los Intel Mac no empezó en 2005 frente al público. Comenzó en junio de 2000, cuando el ingeniero de Apple JK Scheinberg buscaba un proyecto que pudiera desarrollar en solitario desde casa.

Su propuesta fue portar Mac OS X, todavía en construcción, a procesadores Intel. En un correo a su jefe, compartido después por su esposa, dijo que había estado trabajando en la plataforma Intel para hacer funcionar las continuaciones y que encontraba el trabajo interesante y agradable.

En ese momento, Apple seguía completamente anclada a PowerPC. Desde 1994, sus Macs usaban chips desarrollados junto con IBM y Motorola, y las primeras versiones de Mac OS X corrían sobre procesadores G3 y G4.

El G5 de 64 bits llegó a mediados de 2003 y prometía una evolución fuerte para el escritorio. Sin embargo, la situación estaba lejos de ser ideal, especialmente cuando Apple trató de llevar esa potencia al segmento portátil.

La versión de Intel de Mac OS X no era una necesidad inmediata al principio. Durante cerca de un año y medio, el proyecto, con nombre clave Marklar, sobrevivió como una iniciativa lateral que funcionaba más como experimento que como plan formal.

A comienzos de 2002, Marklar empezó a llamar más atención dentro de Apple. Steve Jobs incluso tanteó brevemente la idea de permitir que Mac OS X corriera en laptops Vaio de Sony.

Para agosto de ese año, una docena de ingenieros ya había sido asignada al proyecto. El objetivo cambió de prueba de concepto a plan de contingencia, una señal clara de que Apple veía riesgos en su proveedor principal de chips.

Por qué Apple rompió con PowerPC

Los problemas con PowerPC no eran menores ni nuevos. Jobs había prometido que la versión de escritorio del G5 pasaría de 2 GHz a 3 GHz en un año, pero esa meta nunca se cumplió.

La dificultad más visible estuvo en las laptops. Apple nunca logró meter el G5 en un portátil comercial, y tanto los iBooks como los PowerBooks tuvieron que mantenerse con variantes actualizadas del G4.

Tim Cook llegó a describir una laptop basada en G5 como “la madre de todos los desafíos térmicos”. La frase resumía un problema central para Apple, que necesitaba máquinas más delgadas, silenciosas y eficientes.

La frustración de Jobs con PowerPC venía de mucho antes. La biografía de Walter Isaacson cuenta una llamada tensa de 1997 con Chris Galvin, CEO de Motorola, en la que Jobs afirmó que los chips PowerPC “eran una decepción”.

También existían motivos estratégicos más amplios. Geoffrey Cain escribió en Steve Jobs in Exile que el salto previo de Apple a PowerPC había afectado el futuro de los chips m68k de Motorola usados por NeXT, golpeando otro ecosistema de hardware ya debilitado.

Por el lado de IBM, el incentivo tampoco era perfecto. La compañía no quería volcar demasiados recursos a chips que se usarían casi exclusivamente en una línea Mac de volumen relativamente bajo.

En 2003, Apple envió cerca de 3 millones de Macs. Para dimensionar el cambio de escala, el texto señala que analistas estiman que la cifra rondó algo menos de 26 millones de Macs en 2025, aunque Apple ya no reporta ventas unitarias en sus resultados.

La transición a Intel y las herramientas para sobrevivir al cambio

Paul Otellini, entonces figura clave de Intel, ayudó a convencer a Jobs de dar el salto. Apple además tenía una ventaja crítica, porque no arrancaba desde cero gracias al trabajo secreto que había acumulado con Marklar.

En junio de 2005, Apple mostró públicamente Mac OS X 10.4 corriendo sobre hardware Intel. Durante la presentación, Jobs confirmó que cada lanzamiento de Mac OS X había sido compilado tanto para PowerPC como para Intel durante los cinco años previos.

La primera máquina de esta transición no fue un producto de tienda. Fue el Developer Transition Kit, o DTK, entregado a desarrolladores después de la WWDC de 2005.

Ese DTK era básicamente un PC con Pentium 4 metido en una carcasa de Power Mac G5. Se ofrecía como préstamo a desarrolladores con una cuenta de USD $499 al año y un pago adicional de USD $999 por el kit.

Muy pocos de esos equipos sobrevivieron. Apple exigió que fueran devueltos a fines de 2006 y ofreció cambiarlos por un verdadero Intel Mac comercial para cerrar la transición de desarrollo.

La hoja de ruta pública fue clara. Mac OS X 10.5 Leopard sería compatible con Intel y PowerPC, mientras Rosetta permitiría ejecutar la mayoría de las aplicaciones PowerPC con un rendimiento aceptable durante el periodo de adaptación.

Apple también promovió los llamados binarios universales. Esos paquetes incluían versiones para ambas arquitecturas y facilitaron que el software siguiera funcionando sin obligar al usuario a pensar en el procesador.

La empresa repitió años después casi la misma fórmula en el paso de Intel a Apple Silicon. Ese paralelismo revela cuánto aprendió Apple de su primera gran migración moderna.

Boot Camp, los primeros equipos y el despegue del Mac moderno

La llegada de Intel no solo mejoró compatibilidad interna. También permitió que Apple aprovechara el hecho de usar hardware similar al de otros PCs y habilitó una de las funciones más llamativas de la época.

Desde el inicio, Apple soportó oficialmente Windows en los Intel Mac mediante Boot Camp. Una app de Mac OS X se ocupaba de particionar el disco y descargar los controladores adecuados para la instalación.

Del lado de Windows, otra aplicación permitía reiniciar de vuelta en Mac OS. Con el tiempo, esa utilidad añadió comodidades como acceso de solo lectura a volúmenes HFS+.

Los primeros Intel Mac de consumo llegaron en enero de 2006. Apple arrancó con un nuevo iMac y con un MacBook Pro que reemplazó a la serie PowerBook.

Visualmente, esos equipos eran casi idénticos a sus antecesores PowerPC. El mensaje implícito era que el usuario seguía comprando el mismo Mac conocido, aunque por dentro la arquitectura hubiera cambiado de forma radical.

El primer rediseño realmente distintivo de la era Intel apareció más tarde ese año con el MacBook. Ese modelo sustituyó al iBook y mantuvo una identidad muy reconocible gracias a su carcasa de plástico blanco.

Más adelante también llegó una versión negra, varios cientos de dólares más cara. El equipo usaba procesadores más lentos y gráficos integrados de Intel, en contraste con el enfoque más potente del MacBook Pro.

Aun así, fue una laptop muy popular. El artículo recuerda que en campus universitarios de la época era probablemente la máquina que más se veía, salvo que se sumaran todas las variantes de portátiles baratos de Dell.

Jobs había dicho en la WWDC de 2005 que la transición estaría mayormente completa a finales de 2007. En realidad, Apple terminó antes al anunciar el nuevo Mac Pro y el Xserve con Intel en agosto de 2006.

La década dorada de Apple e Intel

La lógica del cambio fue resumida por Jobs con una frase que luego adquiriría un eco irónico. Dijo que Apple imaginaba productos increíbles que quería construir, pero que no sabía cómo hacerlo con la hoja de ruta futura de PowerPC.

Durante varios años, la alianza con Intel funcionó muy bien. Las mejoras llegaron con rapidez y reforzaron la percepción de que el Mac volvía a ser competitivo en rendimiento, movilidad y diseño.

La primera generación Intel implicó un regreso temporal a procesadores de 32 bits. Ese retroceso respecto al G5 de 64 bits fue corregido al año siguiente con la llegada de los Intel Core 2 Duo de 64 bits.

En 2007, Apple lanzó una nueva versión del iMac con aluminio y vidrio. Ese lenguaje de diseño definió una estética que todavía se reconoce en productos posteriores de la empresa.

A comienzos de la década de 2010, la mejora de las GPU integradas de Intel también ayudó a hacer viables los primeros paneles Retina del Mac. Ese avance fue importante para reforzar una experiencia visual premium sin sacrificar tanto consumo.

Pero el emblema más poderoso de esta etapa fue el MacBook Air. Esa máquina habría sido muy difícil de imaginar con los procesadores PowerPC que Apple tenía a su disposición antes del cambio.

Intel incluso fabricó una versión especial de su Core 2 Duo con un empaquetado 60 por ciento más pequeño para ese portátil. Esa personalización ayudó a Apple a meter una laptop completa en un cuerpo que Jobs presentó saliendo de un sobre manila.

El primer Air no fue perfecto. Su disco duro de 4.200 RPM lo hacía lento y varias ausencias de puertos o funciones parecían compromisos más serios en 2008 que pocos años después.

Con la expansión del almacenamiento sólido, ese concepto maduró rápidamente. En muy poco tiempo, el MacBook Air pasó de parecer una rareza elegante a convertirse en el molde que casi toda la industria de laptops quiso seguir.

Las señales de quiebre dentro de Intel

Mientras Intel brillaba en el Mac, Apple ya construía otra vía de escape. En 2010 empezó a lanzar procesadores propios con la marca Apple, apoyándose en la tecnología obtenida tras la compra de P.A. Semi en 2008.

Los primeros chips como el Apple A4 y el A5 estaban pensados para iPhone y iPad. Eran eficientes y ágiles, pero todavía resultaba difícil imaginar que ese camino pudiera escalar hasta reemplazar un procesador de MacBook o de un Mac Pro.

Sin embargo, Apple mejoró esos chips año tras año. El progreso fue constante y en muchos ciclos incluyó saltos de rendimiento muy marcados.

Al mismo tiempo, Intel empezó a tropezar. A mediados de la década de 2010, su famoso modelo “Tick-Tock” comenzó a perder fuerza por retrasos en manufactura y por una evolución más lenta de lo esperado.

El nodo de 14 nm tardó más de lo previsto en despegar y terminó estancándose durante años. La siguiente gran etapa, el proceso de 10 nm, no empezó a enviarse en volumen hasta finales de 2019.

Durante ese periodo, Intel se vio obligada a seguir lanzando iteraciones recicladas de Skylake, una arquitectura presentada en 2015. Para un cliente como Apple, que necesitaba avances predecibles, ese escenario era cada vez más frustrante.

El exingeniero de Intel François Piednoël sostuvo que Skylake tenía una cantidad inusual de errores. También afirmó que Apple se convirtió en uno de los mayores detectores de fallos de esa arquitectura.

Piednoël dijo que eso era “realmente, realmente malo”. Añadió que cuando un cliente empieza a encontrar casi tantos errores como el propio fabricante, la empresa ya no está liderando en la dirección correcta.

La situación empezaba a parecerse demasiado a la crisis previa con PowerPC. Apple no solo estaba descontenta con su proveedor de chips, sino que ya veía una alternativa cada vez más realista en casa.

Touch Bar, T1 y T2: el puente hacia Apple Silicon

En retrospectiva, el primer Mac de Apple Silicon quizá no fue uno con chip M1. El artículo sugiere que el verdadero anticipo apareció en 2016 con los MacBook Pro rediseñados y su controvertida Touch Bar.

Esa barra táctil sustituyó la fila de funciones por controles dinámicos. La idea fue abandonada después, pero su existencia reveló que Intel ya no cubría todas las necesidades de integración que Apple tenía en mente.

Para hacerla posible, Apple incluyó un chip propio llamado T1. No era un procesador principal, sino una pieza derivada del Apple Watch que impulsaba la Touch Bar y añadía un Enclave Seguro para Touch ID y Apple Pay.

El T1 fue seguido por el T2, pariente del Apple A10. Ese coprocesador extendió las funciones del T1 e incorporó características de seguridad adicionales, un controlador SSD y capacidades de codificación y decodificación de video.

Ambos chips corrían un sistema operativo propio llamado bridgeOS. En un sentido literal, ese nombre aludía al puente de comunicación entre el procesador Intel del Mac y los coprocesadores diseñados por Apple.

Pero también puede leerse como una descripción histórica. Esos equipos quedaron justo en el puente entre el punto más alto de la era Intel Mac y la llegada de una plataforma completamente controlada por Apple.

La llegada del M1 y el final del camino para Intel Mac

Tim Cook anunció formalmente la transición a Apple Silicon durante la WWDC de 2020. La presentación fue totalmente virtual, en pleno pico de la pandemia de COVID-19, y marcó el inicio público de una nueva etapa para el Mac.

Cook justificó el cambio con una idea muy parecida a la usada por Jobs en 2005. Dijo que cuando Apple hace cambios audaces, lo hace para fabricar productos mucho mejores, y que su silicio personalizado permitiría crear nuevos equipos que antes no eran posibles.

Los primeros Macs con Apple Silicon y el chip M1 fueron anunciados en noviembre de 2020. Desde ese momento, los Intel Mac pasaron a vivir con una fecha de caducidad ya implícita.

La transición tomó más tiempo que el cambio de PowerPC a Intel. Aun así, Apple la dio por completada a mediados de 2023, cuando toda la línea principal del Mac ya había migrado a procesadores propios.

Apple prometió entonces que los Intel Mac seguirían soportados durante “años por venir”. La compañía cumplió, aunque los modelos Intel más recientes recibieron menos versiones nuevas de macOS que algunos equipos de transiciones pasadas.

Desde macOS 11 Big Sur de 2020 hasta macOS 26 Tahoe del año pasado, Apple lanzó seis versiones de macOS compatibles con ambas arquitecturas. Sin embargo, para Tahoe la lista de soporte Intel ya se había reducido a solo un puñado de modelos.

Esos últimos equipos mantendrán actualizaciones de seguridad y Safari hasta el otoño de 2028. Después de esa fecha, la etapa Intel del Mac quedará definitivamente en el espejo retrovisor.

Qué revela esta historia sobre Apple, Intel y el futuro del hardware

Lo más llamativo de toda la saga es la simetría de las razones. Apple entró a Intel y salió de Intel por casi el mismo motivo, la necesidad de una hoja de ruta más convincente y una mejor relación entre rendimiento y consumo.

Mientras Intel ejecutó bien, especialmente entre mediados de los años 2000 y mediados de los 2010, Apple quiso estar allí. Cuando Intel empezó a tropezar durante varios años seguidos, la compañía volvió a buscar la próxima plataforma capaz de sostener su ambición de producto.

La gran diferencia frente a la salida de PowerPC es que Intel no desapareció. Sigue fabricando y enviando procesadores, lo que permite observar en tiempo real qué habría pasado si Apple hubiera permanecido dentro de ese ecosistema.

El análisis reconoce que Intel ha tenido actualizaciones buenas en esta década. En particular, señala que la actual serie Core Ultra 3 luce como la más competitiva en años por CPU, gráficos y eficiencia energética.

Aun así, la conclusión es clara. La cadencia constante y coherente de mejora generación tras generación en Apple Silicon resulta más atractiva que la montaña rusa de actualizaciones, reetiquetados y revisiones arquitectónicas de Intel.

Para Apple, abandonar Intel fue un riesgo enorme. Hasta ahora, sin embargo, todo indica que la apuesta fue correcta y que el Mac ganó una ventaja estructural al quedar alineado con una estrategia de chips diseñada desde dentro.


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