Stoke Space cerró inicialmente una ronda Serie E de USD $1.000 millones para escalar la producción, preparar su primer vuelo orbital y desarrollar un cohete más grande que competiría directamente con SpaceX.
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- La startup elevó a USD $2.300 millones el capital recaudado desde su fundación.
- El Nova Pathfinder podría realizar su primer vuelo a comienzos de 2027 y transportar tres toneladas métricas a órbita baja.
- El futuro Nova Block 2 buscará llevar 15 toneladas métricas, ligeramente más que un Falcon 9, con un despliegue previsto para 2029.
Stoke Space Technologies completó el cierre inicial de una ronda Serie E de USD $1.000 millones, una inyección de capital destinada a convertir su ambiciosa propuesta de cohetes totalmente reutilizables en una operación comercial. La compañía estadounidense busca alcanzar la órbita con el Nova Pathfinder a comienzos de 2027 y, posteriormente, escalar hacia un vehículo capaz de transportar más carga que un Falcon 9.
La operación eleva a USD $2.300 millones el financiamiento acumulado por Stoke Space, que intenta competir en el mercado de lanzamientos de bajo costo dominado por SpaceX. La empresa pretende que tanto la primera etapa como la segunda, encargada de llevar la carga útil, regresen a la Tierra y puedan volar nuevamente con costos operativos más bajos.
Capital para pasar de las pruebas a la escala
Andy Lapsa, director ejecutivo de Stoke Space, explicó a TechCrunch que la nueva ronda no busca únicamente completar un prototipo, sino financiar una expansión integral del negocio. Según el ejecutivo, los recursos servirán para establecer infraestructura, aumentar la producción y elevar la frecuencia de vuelos, mientras la empresa desarrolla una segunda generación de su vehículo.
La ronda fue liderada por Point72 Ventures, el brazo de inversión tecnológica asociado con el gestor de fondos de cobertura Steve Cohen, y Spark Capital. También participaron General Innovation, Glade Brook Capital, US Innovation Technology, Washington Harbour Partners, Woven Capital y Y Combinator, entre otros inversionistas.
La escala de la captación refleja el volumen de capital que exige la industria espacial cuando una compañía intenta resolver simultáneamente los desafíos de propulsión, reentrada, manufactura y operaciones de lanzamiento. SpaceX ha destinado más de USD $10.000 millones al desarrollo de Starship durante la última década, pero ese vehículo todavía no ha alcanzado la órbita, aunque la empresa espera que un próximo vuelo pueda cambiar esa situación.
Stoke asegura que su programa Pathfinder avanzará con independencia de la nueva financiación, porque ya cuenta con varios vehículos en producción y contratos de lanzamiento vendidos. Sin embargo, el capital puede acelerar la transición desde ensayos estructurales y operativos hacia una cadencia capaz de sostener clientes comerciales, una etapa en la que pocos cohetes logran cumplir sus calendarios originales.
La apuesta por una reutilización más completa
SpaceX construyó su negocio alrededor del Falcon 9, cuya primera etapa vuelve a tierra, y ahora desarrolla Starship como un sistema de mayor tamaño y reutilización completa. Rocket Lab, Relativity Space y Firefly Aerospace también compiten por reducir los costos de acceso al espacio, pero Stoke plantea desde el inicio que sus dos etapas regresen para ser reutilizadas de manera económica.
Ese objetivo todavía no se ha conseguido en la industria orbital, por lo que la empresa enfrenta un problema técnico especialmente exigente: proteger la segunda etapa durante el reingreso atmosférico. El vehículo debe soportar temperaturas extremas sin convertir el escudo térmico en un componente demasiado pesado, frágil o costoso de mantener entre vuelos.
La solución de Stoke consiste en hacer circular hidrógeno líquido sobreenfriado a través del blindaje térmico, un sistema de enfriamiento activo que la compañía afirma haber probado ampliamente en tierra. Lapsa dijo que la tecnología se utilizará en el primer vuelo y que la empresa puede hacer circular más refrigerante del estrictamente necesario para adoptar un margen conservador durante las primeras misiones.
La estrategia no elimina los riesgos de una primera demostración orbital, pero busca trasladar parte de la complejidad del material ablativo o de las protecciones pasivas hacia un sistema controlable durante el vuelo. Para Stoke, la ventaja potencial estaría en reutilizar la etapa superior sin reconstruirla después de cada misión, aunque el desempeño real solo podrá evaluarse cuando el vehículo enfrente una trayectoria completa de lanzamiento y reentrada.
El calendario del Nova Pathfinder
Lapsa espera que el Nova Pathfinder realice su primer vuelo a comienzos de 2027, después de una serie de pruebas en las instalaciones de la compañía en Moses Lake. La primera etapa ya ha pasado por evaluaciones estructurales y operativas, mientras el siguiente paso consiste en encender en tierra cada etapa del cohete para verificar que esté lista para el vuelo.
El director ejecutivo describió el momento actual como una integración entre sistemas que hasta ahora se habían validado por separado. La plataforma terrestre está verificada en la medida posible sin el cohete, y el vehículo está verificado en la medida posible sin la plataforma, de modo que la próxima fase será probar ambos componentes juntos.
El Pathfinder podrá transportar tres toneladas métricas a la órbita terrestre baja, una capacidad que, según Lapsa, lo convertiría en el vehículo inaugural más grande de cualquier fabricante estadounidense de cohetes. Aun así, el primer objetivo será más básico y decisivo: demostrar que el sistema puede despegar, alcanzar la órbita y regresar con sus componentes principales en condiciones que permitan su reutilización.
La existencia de contratos de lanzamiento ofrece a Stoke una señal temprana de demanda, pero no garantiza que las misiones ocurran en las fechas previstas ni que todos los vuelos tengan éxito. El historial de la industria muestra que los retrasos y los fallos iniciales son frecuentes, una realidad que hace que cada prueba del Pathfinder sea también una evaluación comercial de la promesa de reutilización total.
Un vehículo más grande para 2029
Stoke también reveló planes para el Nova Block 2, un cohete de mayor capacidad que lleva varios años en desarrollo y que conservará tecnologías centrales del Pathfinder. El nuevo vehículo utilizará motores y un escudo térmico basados en la misma arquitectura, pero podrá transportar 15 toneladas métricas a la órbita terrestre baja.
Esa capacidad sería ligeramente superior a la del Falcon 9 y colocaría a Stoke en una competencia más directa por misiones comerciales y gubernamentales de mayor tamaño. La compañía apunta a desplegar el Nova Block 2 en 2029, el mismo año en que Elon Musk ha dicho que el Falcon 9 podría retirarse.
La posible retirada del Falcon 9 no constituye una certeza operativa ni garantiza que los clientes migren automáticamente hacia Stoke, pero sí plantea una oportunidad si la demanda de lanzamientos continúa creciendo. Lapsa sostuvo que el crecimiento de la economía espacial depende de la cantidad de cohetes que despegan, especialmente de aquellos disponibles para clientes externos y no solo para proyectos internos de sus operadores.
Ese argumento adquiere relevancia frente a Starship, porque cuando el sistema entre en servicio las empresas y agencias que necesiten comprar lanzamientos podrían competir por capacidad con las constelaciones y otros proyectos propios de SpaceX. Stoke, por ahora, no ha anunciado planes para operar activos espaciales propios, por lo que pretende concentrarse en vender acceso orbital a terceros.
La compañía considera que existe una acumulación de constelaciones y aplicaciones espaciales que todavía no pueden desplegarse porque la oferta de lanzamientos resulta limitada o demasiado costosa. Su reto será demostrar que el Nova Pathfinder puede convertir esa demanda potencial en vuelos confiables y que el Nova Block 2 puede llegar a tiempo para competir por una porción del mercado que SpaceX podría dejar disponible.
La carrera por abaratar el acceso al espacio ya no depende únicamente de construir cohetes más grandes, sino de lograr que vuelen con frecuencia, regresen en condiciones reutilizables y mantengan una economía sostenible. Stoke Space está apostando USD $1.000 millones a que esa combinación puede abrir una brecha frente a los líderes actuales.
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