Michael Kratsios, principal asesor de ciencia y tecnología de la Casa Blanca, expuso la estrategia de la administración Trump para acelerar la inteligencia artificial, limitar la regulación preventiva y permitir que el sector privado lidere, aunque reconoció la necesidad de actuar ante riesgos concretos y preparar a los trabajadores para la transformación laboral.
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- La Casa Blanca busca que Estados Unidos lidere la infraestructura, el desarrollo y las normas globales de la inteligencia artificial.
- Kratsios defendió una regulación proporcional, basada en riesgos claramente comprendidos y en la colaboración entre gobierno y empresas.
- El funcionario recomendó a las startups enfocarse en aplicaciones verticales para problemas específicos de salud, defensa y manufactura.
Michael Kratsios, director de la Oficina de Política de Ciencia y Tecnología de la Casa Blanca, presentó la visión de la administración Trump para consolidar el liderazgo estadounidense en inteligencia artificial. Durante la entrevista Michael Kratsios: Inside the White House’s AI Strategy, organizada por Y Combinator y conducida por Tom, sostuvo que el gobierno debe acelerar la innovación, construir la infraestructura más avanzada y evitar reglas preventivas que puedan desplazar la investigación hacia otros países.
Kratsios ocupa además el puesto de principal asesor del presidente en ciencia y tecnología, una función que lo coloca en el centro de la definición de la política nacional de IA. Su trayectoria combina el sector público y el privado: fue director de tecnología del país durante el primer mandato de Trump y posteriormente se desempeñó como director de operaciones de Scale AI, antes de regresar al gobierno.
Una política diseñada para acelerar el liderazgo
El funcionario afirmó que la administración cuenta con un presidente comprometido con la tecnología y la innovación, y describió su nombramiento como parte de una decisión explícita para elevar la IA dentro de la agenda federal. Según explicó, Trump había hablado durante la campaña sobre la necesidad de que Estados Unidos liderara el desarrollo de la tecnología, construyera la mejor infraestructura de IA del mundo y garantizara que su evolución reflejara valores como la libertad de expresión.
La Casa Blanca también busca diferenciarse del camino adoptado por la Unión Europea, que Kratsios caracterizó como una ruta de regulación preventiva. Su argumento es que imponer restricciones generales antes de comprender con precisión los riesgos podría ralentizar la innovación, encarecer la investigación y permitir que otros países ocupen el espacio que Estados Unidos deje libre.
Al llegar al cargo, el equipo de la administración ya contaba con un plan para coordinar a las agencias federales vinculadas con la inteligencia artificial. Cinco meses después, el presidente firmó un conjunto de órdenes ejecutivas que reunió a los principales organismos en los llamados Consejos de IA, bajo la dirección de la Oficina de Ciencia y Tecnología.
Kratsios describió ese proceso como inusualmente fluido para los estándares del gobierno, aunque reconoció que la velocidad no caracteriza todas las jornadas de la administración pública. A su juicio, el presidente fijó prioridades ambiciosas y un nivel de exigencia elevado, con la expectativa de que el Estado acompañe el ritmo de una tecnología que cambia con rapidez.
El equilibrio entre innovación y seguridad
Para Kratsios, el principal desafío de implementar una política nacional de IA consiste en encontrar un equilibrio entre la velocidad de desarrollo y la protección frente a daños. Una estrategia demasiado cautelosa podría frenar la investigación y empujar la tecnología hacia el exterior, mientras que una expansión sin atención a la seguridad podría provocar una reacción política y social capaz de bloquear avances posteriores.
La propuesta estadounidense, según su explicación, consiste en permitir que la innovación ocurra y que el sector privado conserve el liderazgo, pero intervenir cuando existan riesgos de seguridad claramente comprendidos. En ese esquema, la respuesta regulatoria debería ser proporcional al peligro identificado, en lugar de aplicar restricciones amplias a toda la industria por anticipado.
El funcionario insistió en que la colaboración entre el gobierno y las empresas será decisiva para que Estados Unidos no solo desarrolle modelos y aplicaciones, sino que también influya en las normas que determinarán el uso de la IA a escala internacional. La lógica estratégica es que quien mueva primero la tecnología de frontera tendrá más posibilidades de establecer los estándares que otros países adopten después.
Ese enfoque combina una dimensión económica con otra geopolítica. La infraestructura, los centros de datos, el talento especializado y las empresas capaces de convertir modelos en productos forman parte de una competencia global en la que las decisiones regulatorias pueden determinar dónde se concentra la inversión y quién controla las plataformas de mayor impacto.
La evolución de la política durante los mandatos de Trump
Kratsios situó los primeros pasos de la estrategia actual en el primer mandato de Trump, cuando la administración concluyó que la inteligencia artificial debía convertirse en una prioridad federal. Recordó que el presidente emitió la primera orden ejecutiva estadounidense sobre IA en 2019 y que, posteriormente, el gobierno continuó elaborando más de 40 memorandos relacionados con política tecnológica.
En aquella primera etapa, la preocupación central era evitar errores institucionales que pudieran frenar el desarrollo y el despliegue de la tecnología. Esa orientación, explicó, continuó durante el segundo mandato, aunque con una visión más matizada y sofisticada sobre las oportunidades, los riesgos y las responsabilidades que acompañan a la inteligencia artificial.
La orden ejecutiva firmada a comienzos de 2025, titulada “Eliminar barreras para el liderazgo estadounidense en IA”, representa para Kratsios una pieza central de esa evolución. El funcionario la describió como una política de sentido común destinada a preservar el liderazgo del país mientras la tecnología avanza de manera responsable.
Un elemento que considera crucial es escuchar a quienes construyen y utilizan las herramientas de IA. Por esa razón, defendió espacios como Startup School, donde el gobierno puede conocer las dificultades de los fundadores, los inversores y los usuarios, sin dejar de atender las preocupaciones del público general.
La oportunidad para las startups
El consejo de Kratsios para los estudiantes y emprendedores interesados en comenzar ahora una empresa de IA parte de una premisa sencilla: la tecnología es una herramienta al servicio de las personas. Los equipos con mayores posibilidades de éxito, señaló, son aquellos que comprenden el problema que buscan resolver y las necesidades de quienes utilizarán su producto.
En su análisis, las grandes empresas están construyendo buena parte de las aplicaciones horizontales, es decir, herramientas capaces de atender tareas comunes en distintos sectores. Para las startups, la oportunidad más grande se encuentra en las aplicaciones verticales, que adaptan la IA a problemas específicos de una industria y requieren conocimiento profundo del contexto operativo.
Kratsios mencionó ejemplos de compañías que están desarrollando soluciones en salud, defensa nacional y manufactura. Su recomendación para los fundadores consiste en identificar un problema importante dentro de una industria que conozcan bien y aplicar la inteligencia artificial allí donde pueda ofrecer una ventaja real, medible y transformadora.
También advirtió contra la idea de que la IA puede resolver cualquier problema por sí sola. La tecnología no constituye una solución general, y añadir un chatbot a un producto que no necesita capacidades de IA puede generar costos, complejidad y expectativas falsas sin aportar valor relevante al usuario.
Automatización y transformación del empleo
El debate laboral ocupó otro tramo relevante de la conversación, particularmente por el temor de que la automatización elimine puestos de trabajo. Kratsios reconoció que algunos empleos se transformarán y que, en el corto plazo, pueden producirse disrupciones reales para las personas cuyas tareas cambien rápidamente.
Al mismo tiempo, sostuvo que la tecnología ha creado históricamente más empleos de los que ha destruido, especialmente cuando se observa el efecto acumulado durante largos períodos. Esa perspectiva no elimina los costos inmediatos de la transición, pero explica su defensa de políticas que permitan desarrollar la IA sin ignorar a los trabajadores expuestos.
El funcionario planteó la necesidad de programas de reentrenamiento para apoyar a quienes puedan quedar desplazados por cambios en sus ocupaciones. La respuesta, desde su punto de vista, no debe limitarse a preservar las tareas existentes, sino preparar a las personas para nuevas formas de trabajo y para sectores que todavía están en proceso de formación.
La transformación también abre una oportunidad empresarial para la próxima generación de fundadores, que podría rediseñar procesos completos en lugar de automatizar pequeñas partes de ellos. El reto será combinar productividad con utilidad social, de modo que la expansión de la IA no se mida únicamente por la velocidad de adopción, sino también por la calidad de los resultados y la capacidad de incluir a quienes enfrentan la transición.
La postura expuesta por Kratsios deja una conclusión clara: la administración Trump pretende que Estados Unidos avance con rapidez, pero afirma que la velocidad no debe sustituir el criterio. El resultado de esa estrategia dependerá de si el gobierno logra convertir sus órdenes ejecutivas, consejos de coordinación y alianzas con empresas en políticas capaces de sostener la innovación sin desatender la seguridad, el empleo y la confianza pública.
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