La startup Enigma salió del sigilo tras recaudar USD $71 millones y lanzó un experimento global con más de 100 robots para descubrir cómo las personas quieren comunicarse con las máquinas.
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- Enigma fue fundada por Jonathan Jacobi y Gal Niv, dos especialistas israelíes en ciberseguridad que ahora desarrollan IA para robótica.
- La empresa permitirá controlar en línea más de 100 robots ubicados en hangares de Israel y California.
- El laboratorio busca una interfaz tan intuitiva como ajustar el volumen de un automóvil, aunque todavía no revela su principal caso de uso empresarial.
Enigma, un laboratorio de investigación en inteligencia artificial y robótica, salió del sigilo con una apuesta poco convencional. La startup quiere estudiar cómo interactúan las personas con los robots para diseñar interfaces más intuitivas y, potencialmente, una nueva clase de cerebro robótico.
La empresa, fundada hace menos de un año, recaudó una ronda inicial de USD $71 millones. Index Ventures lideró la inversión junto con Ribbit Capital, mientras Sarah Guo, de Conviction Partners, también participó.
Una propuesta distinta para la inteligencia robótica
Varias compañías de robótica intentan construir modelos fundamentales capaces de ejecutar tareas para las que nunca recibieron entrenamiento explícito. Sus métodos incluyen analizar millones de videos disponibles en internet, ejecutar simulaciones por computadora y recopilar movimientos humanos mediante guantes con sensores.
Enigma parte de una pregunta diferente. En lugar de concentrarse exclusivamente en ampliar las capacidades internas de un modelo, la startup busca observar cómo las personas intentan comunicarse con las máquinas.
La hipótesis de sus fundadores es que esas interacciones pueden revelar mejores interfaces y nuevas formas de entrenar sistemas de inteligencia artificial. El proyecto no se limita a enseñar a un robot una acción específica, sino que pretende entender qué tipo de comunicación resulta natural para el usuario.
Jonathan Jacobi, cofundador de Enigma, sostiene que manipular un robot debería ser tan sencillo como ajustar el volumen de un automóvil. Para el usuario, un control intuitivo permite corregir el resultado de inmediato sin calcular porcentajes ni anticipar con precisión el efecto de cada movimiento.
El ejemplo de los platos resume el problema que la compañía intenta resolver. Si una persona debe dedicar 15 minutos a explicar dónde colocar cada objeto, probablemente llegará a la conclusión de que es más fácil realizar la tarea por sí misma.
Según Jacobi, ese punto de frustración todavía aparece incluso con los modelos robóticos más capaces. La tecnología puede ejecutar acciones complejas, pero la interacción continúa siendo demasiado exigente para la mayoría de las personas.
Un experimento abierto a usuarios de todo el mundo
Como parte de su lanzamiento, Enigma prepara un experimento a gran escala que permitirá a cualquier persona conectarse en línea con más de 100 robots de inteligencia artificial. Las máquinas están ubicadas en hangares instalados en Israel y California.
Los robots pueden realizar actividades muy diferentes entre sí. Algunas unidades dibujan con un pincel, mientras otras se enfrentan con espadas en demostraciones controladas y varias ejecutan experimentos químicos simples al recoger y mezclar frascos con líquidos.
La compañía afirma que desarrolló desde cero tanto los brazos robóticos como los modelos que los controlan. Esta integración pretende dar a Enigma control sobre el hardware y el software utilizados para analizar la conducta de los participantes.
El experimento probará distintas formas de comunicación entre los usuarios y las máquinas. Entre las alternativas figuran las instrucciones mediante texto o audio, la presentación de ejemplos en video y métodos visuales basados en tocar, arrastrar y soltar.
La startup todavía no sabe cuál de esas opciones será la más eficaz. Jonathan Jacobi describió el proyecto como una investigación abierta cuyo propósito inicial es descubrir la forma correcta de interactuar con un robot.
La información recopilada podría servir para identificar preferencias humanas que no aparecen en los conjuntos de datos tradicionales. También podría ayudar a Enigma a determinar qué señales deben recibir sus modelos para aprender tareas nuevas con menos instrucciones.
Los fundadores y el origen del equipo
Jonathan Jacobi y Gal Niv se conocieron durante su adolescencia, cuando competían en concursos de hacking. Más tarde se convirtieron en amigos cercanos mientras prestaban servicio juntos en la Unidad 8200 de Israel, una división de élite dedicada a investigaciones de ciberseguridad.
Jacobi también fue descrito como el empleado más joven contratado por Microsoft. Antes de fundar Enigma, Assaf Rappaport, fundador de Wiz, lo reclutó durante su etapa en esa compañía.
Cuando ambos decidieron crear una startup el año pasado, optaron por trasladar su experiencia técnica hacia la inteligencia artificial aplicada a la robótica. No tenían una trayectoria directa en robótica, pero consideraban que el sector concentraba algunos de los problemas tecnológicos más interesantes todavía sin resolver.
Para formar el equipo, reunieron a personas procedentes del ecosistema tecnológico y de la comunidad de investigación de Israel. Jacobi los describió como algunos de sus amigos más inteligentes.
El grupo incluye antiguos integrantes de importantes laboratorios de inteligencia artificial, ganadores de olimpiadas matemáticas y personas que abandonaron programas de doctorado para incorporarse al proyecto. La composición refleja la intención de Enigma de combinar investigación avanzada con velocidad de una startup.
Shardul Shah, socio de Index Ventures, señaló que Jacobi y Niv son forasteros dentro de la robótica. En su opinión, esa distancia frente a los enfoques tradicionales puede ofrecerles más espacio para desarrollar ideas originales.
Shah explicó que un veterano del sector podría comenzar con capacidades como la teleoperación o la destreza mecánica. Enigma, en cambio, parte de una pregunta más amplia: cuál debería ser la experiencia definitiva para una persona que utiliza un robot.
Una financiación importante con un destino todavía abierto
La inversión de USD $71 millones proporciona a Enigma recursos para continuar el desarrollo de sus brazos robóticos, sus modelos de inteligencia artificial y la plataforma de interacción pública. La ronda también marca la confianza de importantes fondos en una empresa que aún no lleva un año de operaciones.
La participación de Index Ventures y Ribbit Capital conecta el proyecto con inversores conocidos por respaldar compañías tecnológicas en etapas tempranas. Sarah Guo, de Conviction Partners, se sumó a la ronda como participante.
Sin embargo, la empresa todavía no presenta un caso de uso empresarial concreto como eje de su estrategia. Jacobi evitó revelar aplicaciones específicas para la inteligencia artificial que desarrolla Enigma.
El cofundador sí confirmó que la startup ya trabaja con compañías de los sectores de salud, logística y entretenimiento. No detalló la naturaleza de esas alianzas ni indicó qué productos comerciales podrían surgir de ellas.
Esta falta de definición puede interpretarse de dos maneras. Por un lado, permite que la empresa explore diferentes mercados antes de comprometerse con una sola industria; por otro, deja abierta la pregunta sobre cómo convertirá sus datos experimentales en ingresos sostenibles.
La estrategia también muestra una diferencia frente a las startups que presentan desde el comienzo un robot destinado a una tarea específica. Enigma intenta primero comprender la interfaz y la relación entre usuario y máquina, aunque todavía debe demostrar que esa investigación producirá una ventaja comercial.
El desafío de simplificar la relación con las máquinas
Controlar un robot exige coordinar instrucciones, contexto y expectativas sobre el resultado. Una interfaz mal diseñada puede convertir una tarea sencilla en una secuencia larga de órdenes que el usuario debe aprender y repetir.
El enfoque de Enigma intenta trasladar parte de esa complejidad al sistema. La persona no tendría que describir cada paso con exactitud si pudiera expresar una intención, mostrar un ejemplo o guiar la acción mediante controles visuales.
El texto, el audio, el video y los gestos físicos representan formas distintas de comunicación. Cada una ofrece ventajas, pero también plantea retos relacionados con la ambigüedad, la seguridad, la privacidad y la capacidad del robot para interpretar el contexto.
El experimento público permitirá comparar esas modalidades con usuarios reales. Esa escala puede generar información sobre errores frecuentes, preferencias de control y situaciones en las que las personas abandonan una tarea por considerarla demasiado complicada.
Los resultados no resolverán por sí solos los problemas de la inteligencia incorporada. Un robot necesita percibir su entorno, planificar movimientos y actuar de manera segura, además de entender lo que el usuario intenta comunicar.
La propuesta de Enigma busca conectar esas capacidades con una experiencia más natural. Si logra identificar un control equivalente al botón de volumen, podría reducir una de las principales barreras para la adopción de robots fuera de entornos especializados.
Por ahora, la startup todavía se encuentra en una fase de exploración. Su experimento deberá demostrar que las interacciones recopiladas pueden transformarse en mejores modelos fundamentales y en productos útiles para salud, logística, entretenimiento u otros sectores.
La apuesta combina investigación, hardware propio y participación pública en una escala poco habitual para una empresa tan joven. El resultado podría ayudar a definir cómo las personas se relacionarán con robots capaces de aprender tareas que no fueron programadas de forma explícita.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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