Blake Scholl, fundador de Boom, sostiene que la humanidad perdió velocidad e impulso tecnológico desde la era del Concorde y la llegada a la Luna. Su compañía busca reactivar los vuelos supersónicos mediante prototipos propios, fabricación vertical, software de simulación e inteligencia artificial.
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- El prototipo XB1 se convirtió, según Scholl, en el primer jet supersónico desarrollado de forma independiente en romper la barrera del sonido.
- Boom afirma que logró atravesar seis veces la barrera del sonido sin producir un estruendo sónico audible en tierra.
- La empresa prepara el avión comercial Overture y desarrolla motores, herramientas digitales y turbinas terrestres para financiar su expansión.
Blake Scholl: el futuro debía ser más rápido y Boom quiere devolverlo al cielo
Una promesa tecnológica que quedó suspendida
En 1969, la humanidad llegó por primera vez a la Luna y el Concorde comenzó a demostrar que los pasajeros podían viajar más rápido que el sonido. Para Blake Scholl, fundador de Boom, ambos acontecimientos representaban una promesa clara: el futuro debía ser más veloz, accesible e innovador.
Medio siglo después, Scholl considera que esa promesa se debilitó. En su presentación titulada Blake Scholl: “The Future Was Supposed to Be Faster”, del canal Y Combinator, cuestionó que Estados Unidos ya no pueda viajar a la Luna ni ofrecer vuelos comerciales más rápidos que la velocidad del sonido.
El empresario también criticó la lentitud con que se construyen algunos sistemas estratégicos. Citó un reporte del Wall Street Journal según el cual Lockheed tarda más de dos años en fabricar un nuevo interceptor de misiles Patriot, un plazo que calificó como incompatible con la construcción del futuro y con las exigencias de una guerra moderna.
Scholl comparó el Boeing 707, modelo que impulsó la era del jet, con el Boeing 787. Según su argumento, aunque existe medio siglo de distancia entre ambos aviones, el modelo más reciente no vuela más rápido ni hace que el mundo sea sustancialmente más accesible.
La crítica no se limita a la aviación. Para el fundador de Boom, la pérdida de velocidad también refleja una menor capacidad para convertir ideas ambiciosas en productos reales dentro de plazos razonables.
La velocidad como motor de cambios sociales
Scholl recordó que los primeros aviones a reacción duplicaron la velocidad del transporte aéreo. Ese salto no solo redujo las horas de viaje, también transformó los destinos, los negocios y la circulación global de productos culturales.
Hawái, explicó, no era un destino turístico principal para los estadounidenses antes de la era del jet. La posibilidad de viajar desde Estados Unidos hasta Honolulu en siete, ocho o nueve horas ayudó a convertir el archipiélago en un destino internacional de gran relevancia.
El fundador de Nike, Phil Knight, también aparece en su ejemplo sobre los efectos indirectos de la aviación. Knight viajó a Japón en la década de 1960, conoció los zapatos deportivos japoneses y comenzó a importar ese tipo de calzado a Estados Unidos.
La música experimentó una transformación parecida. Scholl recordó que los Beatles realizaron su primera gira mundial a finales de la década de 1960, algo que habría resultado poco práctico diez años antes debido a los aviones más lentos.
Con esa perspectiva, el empresario invitó a imaginar otra duplicación de velocidad. Cruzar el Atlántico en tres horas y media o alcanzar Sídney con la facilidad con que hoy se llega a Hawái podría crear nuevos equivalentes de los Beatles, Nike y el turismo hawaiano.
De una idea improbable a XB1
Scholl comenzó a pensar en los viajes supersónicos cuando tenía unos 20 años y convirtió el objetivo de romper la barrera del sonido en una misión personal. Incluso configuró una alerta de Google News sobre tecnología supersónica, aunque descubrió que había más avances en música supersónica que en aviación supersónica.
Al principio consideró que el camino más evidente sería un jet privado desarrollado por una compañía como Gulfstream. Sin embargo, la prohibición del vuelo supersónico sobre territorio estadounidense había reducido el atractivo comercial de ese modelo, especialmente porque gran parte de las rutas de los jets ejecutivos transcurren sobre Estados Unidos.
Scholl tampoco esperaba que Boeing liderara el regreso de los vuelos supersónicos. En su opinión, la compañía ni siquiera estaba construyendo nuevos aviones con la rapidez necesaria, mucho menos un modelo radicalmente innovador.
En 2014, el empresario decidió intentarlo con una startup. Su experiencia principal estaba en la ingeniería de software, Amazon y una compañía de aplicaciones adquirida por Groupon, mientras que su conocimiento aeronáutico se limitaba a una licencia de piloto y a su capacidad para volar un Cessna.
El comienzo de Boom fue modesto. El equipo construyó un modelo de avión supersónico con cartón, madera contrachapada y asientos de Office Depot, antes de presentar una versión más desarrollada durante el programa de Y Combinator.
La empresa recibió burlas, incluso por llamarse Boom, un nombre asociado con el sonido de una explosión. Scholl respondió construyendo XB1, inicialmente conocido como Baby Boom, porque consideraba que la única forma de aprender qué requería un avión supersónico era fabricar uno.
El vuelo que cambió la conversación regulatoria
Según Scholl, XB1 se convirtió el año pasado en el primer jet supersónico desarrollado de forma independiente en romper la barrera del sonido. El vuelo ocurrió más de una década después de la fundación de Boom, tras varios años de desarrollo y dificultades financieras.
Durante una prueba en el desierto de Mojave, el prototipo alcanzó Mach 1.1. El momento fue transmitido en vivo y el equipo lo presentó como una demostración de que una empresa privada podía realizar una hazaña que antes estaba reservada a gobiernos y organizaciones militares con presupuestos enormes.
XB1 atravesó la barrera del sonido seis veces en dos vuelos, siempre sin un boom sónico audible desde el suelo. Boom atribuyó el resultado a un principio conocido como corte simulado, que busca que la onda sonora se desvíe en la atmósfera y no llegue a tierra.
La demostración tuvo consecuencias regulatorias. Scholl afirmó que fue invitado a la Casa Blanca aproximadamente 24 horas después del vuelo y que, 115 días más tarde, una orden ejecutiva volvió a permitir legalmente el vuelo supersónico en Estados Unidos.
Después de esa orden, se presentó un proyecto de ley en la Cámara de Representantes y el Senado para hacer permanente la legalización. La iniciativa pasó por la Cámara de manera unánime y, según Scholl, también salió de forma unánime del Comité de Comercio del Senado la semana anterior a su presentación.
El fundador sostuvo que la experiencia demuestra que las regulaciones pueden cambiar cuando una empresa construye una solución concreta y explica por qué resulta segura. También insistió en que el vuelo supersónico no debe convertirse en una disputa partidista, sino en un proyecto nacional.
Convertir la ingeniería en software
Boom atribuye parte de su avance a una estrategia que intenta hacer que el desarrollo de hardware se parezca más al desarrollo de software. La empresa sostiene que los aviones son sistemas profundamente integrados, donde una modificación pequeña puede alterar el fuselaje, los motores, las alas y la capacidad de combustible.
En el método tradicional, especialistas de distintas disciplinas trabajan con hojas de cálculo y envían sus análisis de un equipo a otro. Ese proceso produce iteraciones lentas, equipos numerosos y decisiones que a menudo terminan con una orden de avanzar antes de que el diseño alcance su mejor versión.
Para cambiarlo, Boom creó Makeboom. La herramienta permite definir un avión en un archivo de configuración y ejecutar una simulación completa que estima el alcance, el consumo de combustible, la capacidad de pasajeros y las compensaciones entre distintas decisiones de diseño.
La plataforma también ayudó a estudiar el universo de aviones supersónicos que podrían construirse. Scholl afirmó que una empresa no puede descubrir el ajuste entre producto y mercado construyendo primero un jet costoso y esperando después la reacción de los pasajeros.
El mismo principio se aplica a los motores. Con BladeRunner, un equipo pequeño puede modificar el diseño de una pala y observar en tiempo real su comportamiento estructural y aerodinámico, un proceso que antes podía exigir el trabajo de docenas de ingenieros durante meses.
Scholl considera que la inteligencia artificial reducirá aún más el costo del desarrollo de software. Eso permitiría crear herramientas internas especializadas para empresas pequeñas, con sistemas adaptados a sus operaciones en lugar de depender exclusivamente de soluciones genéricas.
Fabricación vertical y nuevas fuentes de capital
Boom también decidió controlar más etapas de la fabricación. La compañía construyó un taller de máquinas en Denver para que sus ingenieros trabajen junto a los técnicos y puedan convertir una pieza diseñada digitalmente en un prototipo en aproximadamente 24 horas.
La empresa está integrando además sus propios activos de prueba. Un banco para motores se construye cerca de las instalaciones de ingeniería y fabricación, lo que evita depender de calendarios externos y permite realizar ensayos cuando el equipo termina un nuevo diseño.
El siguiente paso consiste en escalar desde XB1 hacia Overture, el avión comercial en el que Boom espera transportar pasajeros. Para ello, la compañía comenzó a construir una superfactoría destinada a fabricar motores y, posteriormente, aviones a gran escala.
En enero, el edificio estaba vacío y Boom acababa de firmar el contrato de arrendamiento. Seis meses después, las primeras máquinas comenzaban a llegar y la empresa esperaba fabricar sus primeras piezas de motor de producción en pocas semanas.
El financiamiento representa otro desafío para una compañía de tecnología profunda. Como el desarrollo de un avión puede requerir miles de millones de dólares y resulta difícil anticipar el costo exacto, Boom buscó una forma de generar ingresos y datos antes de completar el avión comercial.
La solución fue adaptar el motor supersónico para generar energía terrestre. El producto, llamado Superpower, funciona como una turbina de gas natural que puede venderse sin el resto del avión y aportar pruebas, datos de confiabilidad, aprendizaje industrial y capital.
Las primeras turbinas Superpower estaban en construcción y, según Scholl, debían llegar a su primer cliente en menos de 12 meses.
Lecciones para emprendedores y constructores
Boom casi desapareció varias veces durante su camino hacia el vuelo supersónico. En un momento crítico, la empresa tenía solo siete días de efectivo y la junta directiva le pidió a Scholl que cerrara la compañía.
El fundador se negó porque consideraba que el proyecto debía existir en el mundo. Esa convicción, dijo, le permitió avanzar durante los peores días hasta llegar al momento en que el equipo sacó el avión del hangar y el piloto empujó las palancas hacia adelante.
Scholl aconsejó a los emprendedores trabajar en algo que amen y que consideren importante. En su opinión, la pasión no puede enseñarse, mientras que las habilidades y los conocimientos sí pueden aprenderse con tiempo, disciplina y tutores de inteligencia artificial.
También rechazó el consejo de trabajar únicamente en aquello que ya se conoce. Cuando su madre le preguntó si no debía dedicarse a algo familiar, Scholl concluyó que el conocimiento cambia, pero la pasión resulta mucho más difícil de reemplazar.
Para quienes comienzan su carrera, recomendó construir proyectos propios. Una persona joven sin experiencia laboral puede destacar si muestra algo extraordinario que haya creado durante su tiempo libre, incluso antes de conseguir una pasantía formal.
El empresario también cuestionó la idea de que la experiencia siempre gana en el hardware. Aconsejó hacer modelos, prototipos y pasatiempos técnicos, pero buscar a las personas que ya resolvieron un problema cuando alguien en el mundo tenga experiencia directa sobre el mismo desafío.
En materia de regulación, Scholl distinguió entre sectores. Boom involucró temprano a la Administración Federal de Aviación porque trabajaba con seguridad crítica y no tenía un competidor establecido que intentara bloquearlo.
La compañía mostró sus planes, pidió comentarios y convirtió el proceso en una colaboración entre Boom y la autoridad. Scholl afirmó que la aprobación para volar XB1 llegó en 90 minutos después de que la empresa indicó que estaba lista.
Su conclusión conecta la aviación con la tecnología, la inteligencia artificial y la creación de empresas: el mundo todavía tiene muchos problemas sin resolver y muchas ideas no se han convertido en negocios simplemente porque nadie decidió construirlas.
Scholl cerró con un llamado a crear productos que inspiren a otros constructores. Para él, la tarea no consiste solo en viajar más rápido, sino en dejar el planeta mejor de como se encontró y demostrar que el futuro todavía puede recuperar velocidad.
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