La startup BioCompute propone enfrentar la crisis mundial de almacenamiento con una idea inusual: escribir datos sobre plantillas de ADN reutilizables, en lugar de fabricar nuevas hebras para cada archivo. La empresa afirma haber reducido el costo de escritura a USD $1 por megabyte y apunta a llevarlo hasta USD $1 por terabyte al integrar enzimas, plantillas y lectura por nanoporos en un mismo sistema.
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- BioCompute sostiene que el problema del almacenamiento en ADN no es el medio, sino el costo de escribir información en él.
- La startup, incubada en Bakar Labs de UC Berkeley, combina escritura enzimática sobre plantillas reutilizables con lectura por nanoporos.
- Su objetivo es llevar el costo de escritura desde USD $1 por megabyte hasta USD $1 por terabyte y ampliar el uso de la biología hacia la computación.
🧬 BioCompute busca abaratar el almacenamiento en ADN
La startup usa enzimas sobre plantillas reutilizables y nanoporos para leer datos.
Afirma un costo de USD 1 por MB y apunta a USD 1 por TB.
La cifra no cuenta con validación independiente. pic.twitter.com/EmVKkKIZbm
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 10, 2026
El crecimiento de los datos está creando una presión que los centros de almacenamiento tradicionales enfrentan con más cintas, discos y consumo energético. Una gran parte de esa información casi nunca se consulta, pero tampoco puede eliminarse, por lo que permanece en sistemas que se degradan y deben sustituirse cada pocos años. En ese contexto, BioCompute plantea que el ADN podría servir como una alternativa de alta densidad y larga duración, aunque el desafío principal no está en conservar la molécula, sino en escribir información sobre ella de forma económicamente viable.
La startup de tecnología profunda, incubada en Bakar Labs de UC Berkeley, propone cambiar la lógica que ha dominado el almacenamiento de datos en ADN. En lugar de fabricar nuevas hebras para registrar cada conjunto de información, su sistema busca marcar plantillas de ADN que puedan reutilizarse varias veces. Según una cobertura de Tech Times, la empresa considera que ese cambio reduce el consumo del medio y ataca directamente el costo que hasta ahora ha limitado esta tecnología.
Una alternativa biológica para los datos fríos
El almacenamiento en ADN resulta atractivo por una razón fundamental: la molécula puede concentrar enormes cantidades de información en un espacio muy reducido y conservarla durante siglos. Esa capacidad lo convierte, al menos en teoría, en un candidato para los llamados datos fríos, aquellos archivos que rara vez se leen, pero que deben permanecer disponibles por razones históricas, científicas, administrativas o empresariales.
La ventaja de densidad, sin embargo, no resuelve por sí sola la economía del sistema. Los soportes convencionales requieren energía, mantenimiento y reemplazos periódicos, mientras que el ADN enfrenta un obstáculo diferente: la síntesis de nuevas moléculas para codificar cada carga de datos puede resultar demasiado costosa. BioCompute parte de esa tensión para defender una arquitectura donde el medio biológico se reutiliza, en vez de consumirse con cada operación de escritura.
La empresa afirma que ya demostró un costo de escritura de USD $1 por megabyte, una cifra que presenta como muy inferior a la asociada con la síntesis tradicional de ADN. El material disponible no aporta una validación independiente de esa cifra, por lo que debe entenderse como una afirmación de la compañía y no como un costo comercial generalizado. En cualquier caso, el resultado describe una tecnología en desarrollo y no equivale a una sustitución inmediata de los centros de datos actuales.
El siguiente objetivo declarado es reducir ese costo hasta USD $1 por terabyte. La distancia entre ambas cifras es enorme y exigirá avances de ingeniería, confiabilidad y escala, por lo que el valor de la propuesta no depende únicamente de una demostración puntual, sino de que el proceso pueda operar de manera repetible y con suficientes garantías para archivos que deben conservarse durante largos periodos.
Una pila completa de escritura y lectura
BioCompute no está tratando la escritura y la lectura como problemas aislados. Su propuesta combina un proceso de escritura enzimático sobre plantillas reutilizables con un método de lectura por nanoporos que la empresa licenció y está adaptando para que coincida con la forma en que registra los datos. La intención es diseñar una cadena completa, desde la codificación de la información hasta su recuperación, en lugar de depender de herramientas separadas que no necesariamente fueron optimizadas para trabajar juntas.
En el proceso descrito, las enzimas marcan las plantillas de ADN para representar la información, mientras que los nanoporos permiten leer las moléculas y reconstruir los datos almacenados. La coordinación entre ambos extremos puede ser decisiva, porque una escritura más barata pierde buena parte de su utilidad si la lectura resulta lenta, ambigua o demasiado costosa. La compañía espera que el diseño conjunto reduzca los gastos acumulados del sistema y acerque la operación a su meta de USD $1 por terabyte.
Este enfoque también introduce una diferencia estratégica frente a otras iniciativas del sector. La tesis de BioCompute no consiste simplemente en producir ADN a menor precio, sino en evitar que cada nuevo archivo requiera una nueva molécula construida desde cero. Si las plantillas soportan múltiples ciclos de escritura y la lectura por nanoporos mantiene la precisión necesaria, la reutilización podría modificar la estructura de costos del almacenamiento biológico.
Aun así, la propuesta enfrenta desafíos que la información disponible no presenta como resueltos. La empresa deberá demostrar que las plantillas conservan su utilidad tras sucesivas operaciones, que las enzimas escriben con suficiente limpieza y que los nanoporos pueden interpretar los resultados de forma fiable. También tendrá que convertir una arquitectura experimental en un dispositivo de almacenamiento completo, capaz de ofrecer una experiencia consistente para organizaciones que no pueden permitirse perder información.
De la terapia génica a la infraestructura de datos
La fundadora de BioCompute, Anagha Rajesh, dejó un doctorado en terapia génica en Oxford para crear la compañía. Su trayectoria combina formación en biología molecular con una especialización pública en el problema del almacenamiento de datos en ADN, y además es coautora de lo que se describe como el primer libro de texto dedicado a ese campo. Rajesh también escribe un boletín en Substack sobre infraestructura de datos y tecnología profunda.
La empresa está incorporando a una cofundadora para reunir bajo el mismo techo dos capacidades que considera esenciales: la adquisición de señales y la biología molecular. Esa combinación busca resolver el problema completo, porque escribir información en una molécula exige control biológico, mientras que leerla de vuelta requiere detectar señales y convertirlas en datos interpretables.
La apuesta de Rajesh no termina en los archivos de baja frecuencia de consulta. La fundadora considera que la propiedad que hace atractivo al ADN como archivo, es decir, la posibilidad de escribir información en una molécula y leerla posteriormente, también puede abrir aplicaciones fuera del almacenamiento en frío.
El plan de largo plazo sube por una escalera de latencia: primero los archivos, después niveles de acceso más rápidos y, eventualmente, la computación con biomoléculas en lugar de limitarse a guardar información en ellas. Esa visión amplía el alcance de BioCompute, aunque el primer mercado seguiría siendo el segmento donde la densidad y la permanencia importan más que la velocidad de consulta inmediata.
El reto de convertir una idea en infraestructura
La crisis de almacenamiento descrita por Tech Times no se debe únicamente al volumen de información que se genera cada año, sino a la dificultad de conservarla durante largos periodos sin que los costos se acumulen. Los datos fríos pueden permanecer sin uso durante mucho tiempo, pero siguen ocupando espacio físico, demandando energía y obligando a reemplazar soportes que se deterioran. Una tecnología biológica solo será competitiva si resuelve esas presiones sin trasladar el problema a procesos de laboratorio igualmente caros.
La estrategia de BioCompute intenta atacar esa ecuación desde el punto donde se origina el gasto. Si una misma plantilla puede reutilizarse para múltiples escrituras, la empresa podría disminuir la cantidad de material que debe producir y, al mismo tiempo, integrar la codificación y la lectura en un flujo más eficiente. La afirmación de USD $1 por megabyte representa el punto de partida anunciado, no una garantía de que el objetivo de USD $1 por terabyte ya esté al alcance comercial.
Para los potenciales usuarios, la fiabilidad será tan importante como el precio. Un archivo diseñado para permanecer durante siglos necesita mecanismos claros para verificar que los datos se escribieron correctamente, que pueden recuperarse cuando sea necesario y que el soporte no pierde precisión después de repetidos ciclos. El sistema de BioCompute tendrá que probar esos atributos mientras mantiene la ventaja de densidad que hace atractivo al ADN frente a las alternativas basadas en silicio.
Por ahora, la empresa presenta el almacenamiento como la primera etapa de una ambición más amplia: utilizar la biología como medio para la información. Su avance dependerá de demostrar que las plantillas reutilizables, la escritura enzimática y la lectura por nanoporos pueden funcionar como una sola plataforma, y no solo como piezas prometedoras de un experimento. Si lo consigue, la solución a una crisis nacida en la era digital podría comenzar con una molécula que la naturaleza lleva millones de años perfeccionando.
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