LayerZero presentó Akita, un esquema postcuántico para pruebas de conocimiento cero, mientras Coinbase reunió en Stanford a expertos que debatieron cómo proteger Bitcoin frente a futuras computadoras cuánticas. Aunque el riesgo aún no es inmediato, las estimaciones atribuidas a Google y los planes de migración con horizonte 2029 están llevando a la industria a actuar con anticipación.
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- LayerZero presentó Akita, un esquema de compromiso basado en retículos que, según la compañía, reduce el tamaño de ciertas pruebas postcuánticas a entre 65 y 80 kilobytes.
- Coinbase, Stanford y Localhost Research organizaron un taller cerrado sobre las alternativas para migrar Bitcoin hacia firmas resistentes a la computación cuántica.
- Google, Ethereum y NIST mantienen planes y calendarios de preparación que sitúan buena parte de la transición postcuántica entre 2029 y 2035.
⚛️ Bitcoin prepara su transición cuántica
LayerZero presentó Akita, esquema postcuántico para pruebas ZK de 65-80 KB.
Coinbase reunió expertos en Stanford para migrar Bitcoin.
2029 marca un horizonte de preparación. Google estima menos de 1.200 cúbits lógicos para romper… pic.twitter.com/LSw1N2iaSm
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 9, 2026
La preocupación por el impacto de las computadoras cuánticas sobre las blockchains dejó de ser un asunto exclusivamente académico y comenzó a convertirse en una prioridad de ingeniería. LayerZero presentó Akita, un esquema de compromiso postcuántico basado en retículos para sistemas de pruebas de conocimiento cero, mientras Coinbase convocó a desarrolladores de Bitcoin, custodios y criptógrafos en la Universidad de Stanford. Las dos iniciativas persiguen el mismo objetivo general: evitar que una futura máquina cuántica suficientemente potente pueda comprometer las firmas que protegen los fondos digitales.
La amenaza todavía no es inmediata, pero las estimaciones técnicas más recientes han reducido el margen de comodidad de la industria. Según la información publicada por Cryptopolitan, investigadores de Google Quantum AI calcularon que romper la criptografía de curva elíptica de 256 bits podría requerir menos de 1.200 cúbits lógicos y cerca de 90 millones de puertas Toffoli, cifras inferiores a estimaciones anteriores. La cifra corresponde a una estimación técnica, no a una demostración de que exista actualmente una máquina capaz de ejecutar ese ataque. Los planes de preparación con horizonte 2029 están impulsando trabajos mucho antes de que exista un dispositivo de esas características.
Akita busca reforzar las pruebas de conocimiento cero
Bitcoin y Ethereum utilizan actualmente criptografía de curva elíptica para generar y verificar firmas digitales, un mecanismo central para demostrar que una transacción fue autorizada por el propietario de los fondos. Una computadora cuántica suficientemente avanzada podría, en teoría, deducir una clave privada a partir de una clave pública expuesta y permitir el robo de activos. Ese escenario depende de hardware que todavía no existe, pero obliga a diseñar con anticipación una transición que afectaría protocolos, billeteras, custodios y aplicaciones descentralizadas.
LayerZero presentó Akita como una herramienta para incorporar resistencia cuántica a sistemas de prueba de conocimiento cero. Estos sistemas permiten comprometerse con un cálculo y demostrar que se ejecutó correctamente sin revelar todos los datos utilizados, por lo que cualquier cambio en sus componentes criptográficos puede repercutir en el tamaño, la velocidad y el costo de las pruebas. La propuesta se basa en criptografía de retículos, una familia matemática empleada en distintos diseños de criptografía postcuántica y relacionada con estándares impulsados por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología, conocido como NIST.
La compañía sostiene que Akita reduce el tamaño de ciertas pruebas postcuánticas desde 200 kilobytes o más hasta un rango de entre 65 y 80 kilobytes. Además, afirma que sus demostraciones se ejecutan entre dos y tres veces más rápido que las de Jolt y que el consumo de memoria cae aproximadamente a la mitad. Estas cifras son afirmaciones de LayerZero y deberán evaluarse en implementaciones independientes antes de considerarse resultados generales para todos los sistemas ZK.
El primer despliegue de Akita ocurrirá dentro de Jolt, la máquina virtual de conocimiento cero asociada con LayerZero. Jolt se utiliza en la arquitectura de la blockchain Zero de la compañía, de modo que el nuevo esquema funcionará inicialmente como una pieza de una arquitectura concreta y no como una migración automática de Bitcoin o Ethereum. La importancia del lanzamiento reside en que muestra cómo los equipos intentan incorporar resistencia cuántica en componentes especializados antes de que sea necesario reemplazar de forma urgente la criptografía de redes completas.
Coinbase reúne a expertos para discutir la transición de Bitcoin
Coinbase organizó un Taller de Bitcoin Post-Cuántico en Stanford junto con el criptógrafo de esa universidad Dan Boneh y Localhost Research. La sesión cerrada reunió a desarrolladores de Bitcoin, custodios institucionales y especialistas en billeteras de hardware para comparar distintas rutas técnicas. El encuentro no produjo un consenso sobre una única alternativa, porque cada esquema de firma plantea compromisos distintos en materia de seguridad, tamaño de las transacciones, rendimiento del hardware y administración de claves.
La falta de una opción definitiva no significa que los participantes hayan descartado la migración, sino que el problema exige coordinar varias capas del ecosistema. Una firma postcuántica puede ofrecer mayor resistencia frente a ciertos ataques, pero también aumentar el volumen de cada transacción o exigir modificaciones a dispositivos diseñados para operar con recursos limitados. Para Bitcoin, cualquier cambio tendría que considerar además la actualización del software, la adopción de los usuarios, la custodia institucional y el tratamiento de monedas cuyos datos públicos ya estén expuestos.
Coinbase planteó que la industria debería concentrarse en contar con un plan sólido y probado, en lugar de intentar acertar el año exacto en que podría producirse un ataque cuántico. Esa perspectiva desplaza el debate desde una fecha especulativa hacia un proceso de preparación, pruebas y adopción gradual, especialmente porque una migración apresurada podría introducir nuevos errores en sistemas que administran grandes cantidades de activos.
La empresa también indicó que la transición probablemente ocurrirá por etapas, en línea con la versión postcuántica de su sistema de gestión de claves, denominado PQ-CoreKMS, que presentó en julio. Coinbase afirmó que su infraestructura actual ya protege aproximadamente el 99,9% de los activos que custodia para sus clientes, aunque esa cobertura no equivale a una migración completa de las redes públicas ni resuelve por sí sola el desafío de actualizar Bitcoin.
Google, Ethereum y NIST presionan con sus calendarios
La urgencia relativa del debate aumentó después de la publicación, en marzo de 2026, de un libro blanco elaborado por Ryan Babbush y Hartmut Neven, investigadores de Google Quantum AI. El documento estimó que romper la criptografía de curva elíptica de 256 bits podría requerir menos de 1.200 cúbits lógicos y alrededor de 90 millones de puertas Toffoli, una reducción importante frente a cálculos previos. Sin embargo, el chip cuántico Willow de Google cuenta actualmente con 105 cúbits físicos, por lo que existe una distancia considerable entre el hardware disponible y el escenario de ataque descrito.
La diferencia entre cúbits físicos y lógicos resulta determinante para interpretar esas cifras. Los cúbits físicos son susceptibles a errores y necesitan técnicas de corrección, mientras que los lógicos representan unidades más confiables construidas con múltiples recursos físicos; por eso, la cifra de 1.200 cúbits lógicos no equivale a una capacidad presente en un dispositivo comercial. La estimación funciona como una señal para iniciar la transición con tiempo, no como una advertencia de que los fondos de Bitcoin o Ethereum estén a punto de ser sustraídos.
Los planes de migración mencionados por la industria sitúan 2029 como un horizonte de preparación relevante, aunque no constituyen una garantía de que todas las redes estarán completamente protegidas ese año. En paralelo, la hoja de ruta Lean Ethereum apunta a ese mismo periodo para avanzar hacia una protección postcuántica amplia, aunque la transición debe cubrir distintos elementos de la red. Entre las áreas identificadas figuran las firmas BLS de la capa de consenso, los compromisos KZG de disponibilidad de datos, las firmas ECDSA a nivel de cuenta y los sistemas de pruebas ZK.
La referencia regulatoria también amplía el horizonte temporal. NIST prevé desaprobar ECDSA para 2030 y prohibirla para 2035, lo que ofrece a empresas y protocolos un calendario más amplio, aunque no elimina la necesidad de probar soluciones con antelación. En ese contexto, Akita y el taller de Coinbase representan esfuerzos diferentes pero complementarios: uno intenta mejorar una pieza técnica de los sistemas ZK y el otro busca ordenar el debate sobre cómo proteger una de las redes más importantes del sector.
La migración postcuántica no será un evento único que pueda activarse con un botón, sino una secuencia de decisiones sobre firmas, claves, billeteras, contratos y reglas de consenso. Bitcoin, Ethereum y las empresas que custodian activos deberán equilibrar la resistencia futura con los costos de operar sistemas más pesados, sin convertir la prevención en una fuente adicional de vulnerabilidades.
El desafío técnico exige coordinación y pruebas
El caso de Akita ilustra por qué la preparación no depende solamente de elegir un algoritmo resistente a la computación cuántica. También es necesario evaluar cuánto ocupan las pruebas, cuánto tardan en generarse y verificarse, y qué memoria requieren los equipos que participan en el proceso. La reducción anunciada por LayerZero, de más de 200 kilobytes a entre 65 y 80 kilobytes, aborda precisamente uno de los obstáculos prácticos para desplegar sistemas postcuánticos a escala, aunque sus resultados deben entenderse como afirmaciones de la compañía hasta que existan evaluaciones externas.
En Bitcoin, el desafío tiene una dimensión distinta porque la red no utiliza un único componente aislado que pueda sustituirse sin consecuencias. Las firmas, las políticas de gasto, las billeteras, los custodios y las herramientas de hardware dependen de supuestos criptográficos que han guiado el diseño del ecosistema durante años. Por eso, el taller de Stanford comparó opciones en lugar de presentar una solución definitiva, y dejó claro que la seguridad debe medirse junto con el rendimiento y la facilidad de administración.
Ethereum enfrenta una complejidad adicional por la variedad de mecanismos criptográficos que utiliza en sus diferentes capas. Las firmas BLS protegen funciones de consenso, los compromisos KZG apoyan la disponibilidad de datos, ECDSA aparece en las cuentas y los sistemas ZK se extienden por aplicaciones y soluciones de escalabilidad. La hoja de ruta hacia 2029 tendrá que coordinar esos frentes sin interrumpir innecesariamente la actividad de usuarios y desarrolladores.
Para los usuarios, la discusión todavía no implica cambiar inmediatamente sus billeteras ni vender sus activos por temor a un ataque cuántico. La información disponible describe un riesgo futuro y una carrera de preparación, no una intrusión en curso, mientras que las cifras de Google deben interpretarse junto con las limitaciones del hardware actual. La principal consecuencia inmediata es que los protocolos y custodios deberán demostrar que tienen planes de transición creíbles antes de que la tecnología convierta la planificación en una emergencia.
LayerZero y Coinbase, con enfoques distintos, están ayudando a convertir una amenaza teórica en un programa concreto de investigación, pruebas y migración. El éxito dependerá menos de predecir la fecha exacta del primer ataque que de alcanzar acuerdos técnicos antes de que la presión del calendario obligue a tomar decisiones apresuradas.
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