Anthropic vinculó con alta confianza a funcionarios del gobierno de Emiratos Árabes Unidos con una operación que usó Claude, cuentas falsas y una ONG de fachada para atacar a los Hermanos Musulmanes. El caso expone cómo la inteligencia artificial puede amplificar campañas de influencia, vigilancia y presión política más allá de las redes sociales.
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- Anthropic identificó una operación de influencia vinculada a EAU que utilizó alrededor de 300 cuentas falsas y una ONG de fachada.
- La campaña habría producido testimonios para la ONU y expedientes sobre legisladores europeos, periodistas y funcionarios de Naciones Unidas.
- El informe también describe otros abusos de la IA, incluidos ciberataques rusos, vigilancia china y software para armas desarrollado en Yemen.
🚨 Anthropic vincula con alta confianza a funcionarios de EAU con una operación que usó Claude contra los Hermanos Musulmanes.
Habría usado 300 cuentas falsas, una ONG de fachada y testimonios para la ONU.
También recopiló expedientes sobre legisladores, periodistas y… pic.twitter.com/PtnlNpUfx9
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 11, 2026
Anthropic informó que una operación de influencia vinculada a Emiratos Árabes Unidos utilizó su sistema de inteligencia artificial Claude para atacar a los Hermanos Musulmanes. La campaña habría combinado actividad coordinada en redes sociales, documentos políticos y recopilación de información sobre figuras públicas, lo que muestra cómo una herramienta conversacional puede integrarse en estrategias de presión geopolítica.
Según el reporte citado por Yahoo News, la empresa rastreó la operación con alta confianza hasta funcionarios del gobierno de EAU, aunque esa formulación describe una atribución de Anthropic y no una confirmación pública de las autoridades emiratíes. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Emiratos Árabes Unidos no respondió a una solicitud de comentarios, por lo que el señalamiento permanece sin una respuesta oficial en la información disponible.
Una campaña política apoyada en inteligencia artificial
La operación habría empleado alrededor de 300 cuentas falsas en redes sociales para difundir mensajes contra los Hermanos Musulmanes y construir una apariencia de respaldo distribuido. En lugar de depender únicamente de publicaciones aisladas, los responsables combinaron identidades ficticias con una estructura organizada que incluía una ONG de fachada, una fórmula destinada a otorgar mayor credibilidad a sus argumentos.
Anthropic también señaló que Claude fue utilizado para redactar en secreto testimonios destinados a ser presentados ante la Organización de las Naciones Unidas. La utilización del sistema en ese contexto resulta relevante porque un texto generado o refinado por IA puede adquirir apariencia institucional sin revelar quién lo encargó, quién verificó sus afirmaciones o qué intereses políticos guiaron su elaboración.
La campaña además recopiló expedientes sobre legisladores europeos, periodistas y funcionarios de la ONU. La información disponible no detalla el contenido completo de esos expedientes ni especifica cómo pretendían utilizarse, pero su elaboración amplía el alcance de la operación desde la propaganda pública hacia la identificación y el seguimiento de personas con capacidad de influir en el debate político.
El caso ilustra una transformación en las campañas de influencia: la IA no solo sirve para producir más mensajes, sino también para organizar tareas que antes exigían equipos separados de investigación, redacción y coordinación. Esa combinación puede reducir costos y acelerar operaciones, mientras dificulta distinguir entre una iniciativa ciudadana auténtica, una organización intermediaria y una campaña impulsada por actores estatales.
El conflicto con los Hermanos Musulmanes
Emiratos Árabes Unidos designó a los Hermanos Musulmanes como organización terrorista en 2014 y convirtió la lucha contra el islam político en uno de los pilares de su política regional. Dentro de ese marco, una operación digital orientada contra el movimiento encajaría en una disputa política más amplia, aunque la atribución concreta descrita por Anthropic no equivale por sí sola a una admisión de responsabilidad por parte del gobierno emiratí.
En enero de 2026, Estados Unidos designó como organizaciones terroristas a las ramas de los Hermanos Musulmanes en Egipto, Líbano y Jordania. Esa clasificación no significa necesariamente que todos los gobiernos adopten la misma posición frente al movimiento, y el contexto resulta importante para entender por qué una campaña que involucra a EAU puede tener implicaciones internacionales, especialmente cuando sus materiales se dirigen a legisladores europeos o funcionarios de Naciones Unidas.
La creación de testimonios para la ONU añade una dimensión institucional al episodio, porque los documentos presentados ante organismos internacionales pueden influir en diagnósticos, debates y decisiones sin que el público conozca siempre su origen operativo. Si una organización de fachada y cuentas ficticias sirven para ocultar a los autores reales, la inteligencia artificial puede hacer más difícil rastrear la cadena que conecta una instrucción política con el mensaje final.
Anthropic no presentó el episodio como el ejemplo más preocupante de su informe sobre usos indebidos de la IA. La empresa también identificó ciberataques rusos, vigilancia china contra los uigures y software desarrollado en Yemen para drones armados, bombas, misiles y otras armas, una lista que sitúa la campaña contra los Hermanos Musulmanes dentro de un problema más amplio de seguridad y responsabilidad tecnológica.
Los límites de la atribución y el control de Claude
La expresión “con alta confianza” es central para interpretar el reporte, porque señala el nivel de certeza con el que Anthropic conectó la campaña con funcionarios de EAU, pero no reemplaza una investigación independiente ni una respuesta de los señalados. En operaciones digitales, la atribución suele apoyarse en patrones técnicos, coordinación de cuentas, objetivos y materiales producidos, elementos que pueden fortalecer una hipótesis sin eliminar todas las posibilidades de suplantación o encubrimiento.
El episodio también plantea preguntas sobre los controles que deben aplicar las empresas de IA cuando sus sistemas se usan para producir propaganda política, investigar personas o preparar documentos para organismos internacionales. Anthropic detectó el uso indebido y lo incluyó en un informe, pero la información suministrada no especifica qué cuentas fueron suspendidas, qué solicitudes bloquearon ni si hubo coordinación con gobiernos o plataformas digitales.
Para los usuarios, la amenaza no se limita a recibir una publicación falsa en una red social. Una campaña puede fabricar identidades, construir una organización aparentemente independiente, reunir expedientes y presentar textos con lenguaje formal, de modo que cada pieza refuerce a las demás y haga más costosa la verificación para periodistas, legisladores y organismos internacionales.
La ausencia de una respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores de EAU deja abierta la discusión pública sobre el alcance exacto de la operación y la eventual participación de funcionarios. Mientras Anthropic sostiene su atribución, el caso refuerza la necesidad de identificar el origen de los contenidos generados por IA, transparentar los vínculos institucionales y exigir evidencia verificable antes de aceptar como auténtica cualquier campaña digital de apariencia espontánea.
Una advertencia para la gobernanza de la IA
El informe presenta un panorama en el que la inteligencia artificial aparece vinculada a propaganda, espionaje, ciberseguridad y desarrollo de armamento. La diversidad de usos descritos impide tratar el problema como una simple cuestión de contenido engañoso, porque las mismas capacidades de generación, análisis y automatización pueden afectar elecciones políticas, derechos individuales y seguridad física.
La operación atribuida a EAU es especialmente significativa por la mezcla de herramientas y objetivos: unas 300 cuentas falsas para amplificar mensajes, una ONG de fachada para darles legitimidad, testimonios preparados para la ONU y expedientes sobre personas influyentes. Ningún elemento aislado explica toda la campaña, pero su combinación muestra cómo Claude pudo integrarse en un flujo de trabajo político diseñado para aparentar apoyo orgánico y producir presión sobre instituciones.
El caso también evidencia la tensión entre el acceso general a sistemas de IA y la necesidad de impedir abusos coordinados. Las empresas deben detectar patrones de uso malicioso sin convertir cada solicitud política en una violación automática, mientras que gobiernos, plataformas y organismos internacionales necesitan mecanismos para compartir señales de riesgo y preservar la posibilidad de auditar materiales presentados como evidencia.
Por ahora, la información disponible no establece consecuencias legales, sanciones diplomáticas ni una respuesta formal de EAU frente a las acusaciones. Lo que sí deja claro el reporte de Anthropic es que la discusión sobre inteligencia artificial ya no se limita a productividad o automatización: también abarca campañas encubiertas capaces de combinar fabricación de identidades, influencia institucional y vigilancia política.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
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