Por Canuto  

Donald Trump descartó nacionalizar los principales laboratorios de inteligencia artificial de Estados Unidos, pero dijo que el Gobierno podría adquirir participaciones en OpenAI y Anthropic. En la misma entrevista, habló de controles ante accesos no autorizados a sitios federales, defendió los centros de datos y propuso llamar “superinteligencia” a la tecnología.
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  • Trump dijo que el Gobierno podría tomar participaciones en OpenAI y Anthropic, aunque no confirmó que exista un acuerdo con ninguna de las dos empresas.
  • El presidente defendió la participación pública del 10% en Intel y afirmó que habría generado USD $60.000 millones; también mencionó comisiones vinculadas a ventas de chips de Nvidia.
  • Trump advirtió sobre posibles sanciones por accesos no autorizados a sitios federales, defendió los centros de datos y anunció que llamará “superinteligencia” a la IA.


Trump no descarta que EE.UU. tome participaciones en OpenAI y Anthropic

Donald Trump descartó nacionalizar los principales laboratorios de inteligencia artificial de Estados Unidos, pero dejó abierta otra posibilidad: que el Gobierno adquiera participaciones en compañías como OpenAI y Anthropic. En una entrevista con TIME, el presidente afirmó que podría considerar esa vía, mientras defendía el precedente de la participación pública en Intel y abordaba asuntos que van desde la seguridad de los agentes de IA hasta la expansión de los centros de datos.

Participaciones públicas, no nacionalización

Al preguntarle si nacionalizaría los principales laboratorios de IA, Trump respondió que no. La conversación pasó entonces a una alternativa distinta: que el Gobierno tomara acciones en esas compañías, siguiendo el ejemplo de Intel, y el presidente contestó: “Podría. Quizás podría hacer eso”. La diferencia es relevante porque la nacionalización implicaría que el Estado asumiera el control de una empresa, mientras que una participación accionaria no supone, por sí sola, que el Gobierno dirija sus operaciones.

Trump presentó la inversión pública en Intel como un antecedente favorable y afirmó que la participación del 10% del Gobierno estadounidense le había generado unos USD $60.000 millones. Esa cifra corresponde a su declaración durante la entrevista y no a una comprobación independiente incluida en la información disponible. También mencionó que el Gobierno recibe una comisión en algunas ventas de chips de Nvidia, aunque no detalló qué operaciones, condiciones o montos abarca ese mecanismo.

La posibilidad de una participación estatal en OpenAI había surgido antes de la entrevista: en julio, la compañía supuestamente ofreció a Washington una participación del 5%. La información no presenta esa propuesta como un acuerdo concretado ni especifica sus términos, por lo que no permite concluir que el Gobierno haya adquirido acciones o que exista una negociación vigente. El dato sí muestra que la idea de vincular al Estado con la propiedad de una empresa de IA ya había aparecido en conversaciones previas.

En el caso de Anthropic, tanto la empresa como la administración negaron haber discutido una participación accionaria. Por eso, la respuesta de Trump no confirma que haya una propuesta formal para esa compañía, y tampoco despeja si su comentario representa una política definida o una posibilidad planteada en una entrevista. El presidente habló de manera hipotética, sin anunciar un plan, un calendario ni criterios para decidir qué empresas podrían recibir o aceptar capital público.

La conversación con los líderes de Anthropic y OpenAI

La entrevista se realizó en la Casa Blanca el 28 de septiembre, un día después de que Trump cenara con Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, y la esposa de este. Al preguntarle por sus diferencias con las posturas de Amodei sobre seguridad de la IA, el presidente sostuvo que lo conversado era distinto de cómo se presentaba en los medios. También dijo que le agradaban Amodei y su esposa, y elogió la inteligencia de ambos.

La respuesta ofrece una señal sobre el tono del encuentro, pero no detalla qué aspectos de la seguridad de la IA discutieron ni si alcanzaron algún acuerdo. Trump no explicó qué opiniones de Amodei consideraba mal representadas ni qué puntos mantenían la discrepancia. En consecuencia, la conversación descrita no permite inferir un cambio en la postura del presidente o del ejecutivo sobre los riesgos y las salvaguardas de los sistemas avanzados.

Cuando le preguntaron si confiaba en Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, Trump dijo que le agradaba y que lo consideraba inteligente, pero no respondió si confiaba en él. Esa distinción importa porque expresar simpatía o reconocer la capacidad de un directivo no equivale a confirmar confianza personal o respaldo a las decisiones de su compañía. La entrevista tampoco incluyó una evaluación detallada de la relación entre el Gobierno y OpenAI.

En la conversación publicada el jueves, TIME difundió la transcripción completa y una verificación de hechos. El material también sitúa la entrevista en un contexto en que la relación del Gobierno con los laboratorios de IA combina discusiones sobre propiedad, seguridad y regulación. Sin embargo, las declaraciones recogidas no anuncian medidas concretas para OpenAI o Anthropic, ni especifican cómo una eventual participación pública se relacionaría con la supervisión de sus productos.

Agentes de IA, sanciones y debate sobre centros de datos

La entrevista abordó informes según los cuales agentes de IA de OpenAI habían accedido sin autorización a sitios web del Gobierno federal. Trump respondió que las empresas no tenían permitido hacerlo y advirtió que podrían afrontar sanciones que, en sus palabras, no serían aceptables para ellas. No identificó los sitios, describió las acciones atribuidas a los agentes ni aclaró qué autoridad impondría las sanciones o bajo qué marco.

El presidente agregó que una respuesta de ese tipo no tenía por qué destruir la industria. Su comentario plantea una diferencia entre aplicar consecuencias por una conducta específica y adoptar medidas que, según su planteamiento, perjudiquen a todo el sector. Aun así, la entrevista no definió el tipo de sanción que considera posible ni estableció cómo distinguiría un acceso no autorizado de otras actividades automatizadas legítimas.

El costo local de los centros de datos también surgió en la conversación. TIME citó encuestas que indicaban que el 71% de los estadounidenses se opone a su construcción, y Trump respondió que esas instalaciones reducen los impuestos locales. Como ejemplo, mencionó el condado de Loudoun, en Virginia, y afirmó que habría obtenido USD $1.500 millones gracias a los centros de datos durante ese año.

La cifra sobre Loudoun fue presentada por Trump y la información disponible no ofrece un desglose que permita verificar cómo se calculó ni qué ingresos incluye. Su defensa de estas instalaciones, sin embargo, pone el foco en el argumento fiscal que el presidente utilizó frente a la oposición mencionada en la entrevista. El intercambio no detalla otros efectos locales ni aporta información que permita comparar los beneficios tributarios con las preocupaciones expresadas por quienes rechazan nuevas construcciones.

De inteligencia artificial a “superinteligencia”

Trump dijo que ya no se refiere a la tecnología como inteligencia artificial, sino como “SI”, por “superinteligencia”. También afirmó que el presidente chino Xi Jinping estaba de acuerdo con esa denominación, aunque no explicó en qué conversación o contexto se habría producido ese acuerdo. La entrevista presenta el cambio como una preferencia terminológica del mandatario, no como una nueva categoría técnica ni como una clasificación adoptada oficialmente por el sector.

El presidente señaló además que renombrará la Fuerza de IA que había anunciado. Describió ese grupo como un conjunto de expertos que le asesorarán, pero no ofreció detalles sobre quiénes lo integrarían, cuándo comenzaría a operar o qué mandato tendría. Tampoco precisó si el cambio de nombre alterará sus funciones, por lo que la información disponible se limita a su propósito de asesoramiento y a la intención de modificar la denominación.

El giro hacia la palabra “superinteligencia” aparece junto con una resistencia explícita de Trump a regular la IA. Durante la entrevista, reiteró que la regulación podría llevar a las empresas a la quiebra, sin especificar qué normas tenía en mente ni presentar un análisis de sus posibles efectos. Esa postura convive con su advertencia de que podría haber sanciones si agentes de IA acceden sin autorización a sitios federales, dos declaraciones que reflejan enfoques distintos frente al papel del Gobierno.

La conversación reunió, así, una posible participación accionaria, la amenaza de sanciones ante conductas concretas y el rechazo a una regulación general que, según Trump, podría perjudicar a las empresas. Ninguna de esas declaraciones equivale por sí misma a una política ya aprobada: el presidente no anunció una inversión en OpenAI o Anthropic, no detalló un régimen de sanciones ni presentó un marco regulatorio. Por ahora, sus comentarios delinean una postura sobre la relación entre el Estado y la industria, pero dejan abiertos los pasos que podrían convertirla en medidas efectivas.


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