Por Canuto  

El auge de las stablecoins está obligando a América Latina a enfrentar una pregunta más profunda que la identidad del emisor: ¿dónde deben mantenerse los dólares que respaldan esos tokens? La región evalúa cómo proteger la liquidez local sin fragmentar un mercado dominado por USDT y USDC ni empujar a los usuarios hacia canales no regulados.
***

  • La discusión regional no replica exactamente el debate de Estados Unidos, porque América Latina busca acceso a una moneda que sus gobiernos no controlan.
  • Las reservas depositadas en el exterior pueden dejar fuera del sistema financiero local dólares necesarios durante una crisis.
  • Exigir reservas locales podría reducir la liquidez y la convertibilidad, aunque algunos gobiernos podrían considerar medidas similares a la propuesta de Kenia.


La discusión sobre las stablecoins en Estados Unidos se concentra en quién puede emitirlas, qué activos deben respaldarlas y cómo deben auditarse. En América Latina, sin embargo, el problema tiene otra dimensión: estos tokens ofrecen acceso digital a una moneda que ningún gobierno de la región controla, mientras los dólares que sostienen su paridad pueden permanecer fuera del sistema financiero local.

Para un ahorrista de Buenos Aires, Bogotá o Ciudad de México, la diferencia entre USDC, USDT u otro token suele ser secundaria si el activo conserva su valor cercano a USD $1 y el custodio demuestra solvencia. El dilema regulatorio, según el análisis de BeInCrypto, no consiste únicamente en decidir qué stablecoin ganará la competencia, sino en determinar dónde deberían vivir los dólares que respaldan los ahorros digitales de la región.

Una moneda extranjera con impacto doméstico

La Reserva Federal y la Oficina del Contralor de la Moneda, conocida como OCC, no pueden limitarse a aceptar que un token valga un dólar porque esa promesa representa, en términos económicos, una extensión de la propia moneda estadounidense. Por eso, el debate en Washington examina las características del emisor, la calidad de las reservas y los mecanismos de supervisión que deben demostrar que cada unidad mantiene su vínculo con el dólar.

La realidad latinoamericana parte de una asimetría distinta. Los usuarios adquieren instrumentos denominados en dólares para proteger sus ahorros, facilitar pagos o mover valor, pero las autoridades locales no controlan la moneda de referencia ni necesariamente tienen jurisdicción sobre las entidades que custodian los activos de respaldo.

Un dólar depositado en una cuenta de reservas en Nueva York puede producir, en la pantalla del usuario, el mismo resultado que un dólar mantenido en Buenos Aires o São Paulo. La diferencia aparece cuando el sistema enfrenta estrés, porque el primer activo puede quedar fuera del alcance inmediato del sistema financiero local, mientras el segundo estaría disponible para respaldar operaciones dentro de la jurisdicción.

Ese contraste adquiere relevancia en países donde la moneda dura ha sido durante décadas uno de los recursos más escasos para el Estado y para los hogares. Una mayor proporción de los ahorros de familias y empresas alojada en instrumentos respaldados completamente en el exterior podría convertirse en un problema de política interna, en lugar de seguir tratándose como una consecuencia inevitable de la demanda del mercado.

El crecimiento regional aumenta la presión

Argentina aparece entre los mercados cripto más orientados hacia el dólar y las stablecoins, pero el fenómeno no se limita a ese país. La preferencia por activos vinculados al dólar también se extiende a Brasil y México, donde las autoridades enfrentan la tarea de regular un uso que crece mientras los usuarios buscan preservar poder adquisitivo y operar con una referencia monetaria más estable.

En Brasil, las stablecoins ganaron un peso importante dentro de los flujos cripto y, según reportes citados en el análisis, llegaron a representar una proporción mayoritaria de las operaciones relacionadas con activos digitales. La tendencia muestra que estos activos dejaron de ser solamente una herramienta para operadores minoristas y comenzaron a ocupar un espacio relevante entre participantes institucionales. Sin embargo, las cifras disponibles no permiten confirmar aquí el salto exacto del 5% en 2024 al 84% en 2025.

México ofrece otro frente de discusión. En mayo de 2026, el senador Alejandro Murat presentó en el Senado una iniciativa para crear la figura de los Activos Virtuales Estables (AVE), destinada a tokens privados referenciados a la moneda nacional. Aunque esa propuesta se enfoca en activos vinculados al peso, su existencia refleja una preocupación más amplia: los reguladores deben decidir cómo integrar tokens estables en el sistema financiero sin desconocer que buena parte de la demanda regional se concentra en instrumentos denominados en dólares.

Argentina, Brasil y México avanzan con marcos que no son idénticos y que responden a condiciones económicas distintas. El régimen de proveedores de servicios de activos virtuales de Argentina, las reglas brasileñas vigentes desde febrero y el proyecto mexicano mencionado todavía no han intentado imponer una solución para el lugar físico de las reservas, una omisión que puede interpretarse como prudencia regulatoria o como una deuda pendiente.

El precedente de Kenia y sus límites

En abril, el Tesoro Nacional de Kenia propuso exigir que los emisores de stablecoins mantuvieran al menos el 30% de sus reservas en cuentas dedicadas de bancos comerciales del país. La medida parte de una lógica concreta: si la dolarización digital resulta inevitable, el sistema financiero local debería recuperar algún grado de control sobre flujos que de otro modo permanecerían completamente fuera de su alcance.

El precedente keniano puede convertirse en una referencia para otros reguladores latinoamericanos, aunque sus condiciones económicas y jurídicas son diferentes. La escasez crónica de dólares puede hacer que esa idea resulte especialmente atractiva en economías como Argentina o Venezuela, donde la demanda de moneda estadounidense cumple funciones de ahorro y protección frente a la pérdida de valor de las monedas nacionales.

Obligar a mantener una parte de las reservas dentro de cada país también entraña riesgos importantes. La liquidez que hoy se concentra principalmente en USDT y USDC podría fragmentarse, mientras los instrumentos respaldados localmente perderían parte de la convertibilidad y del alcance que los vuelve útiles para remesas y transferencias internacionales.

Además, una regla demasiado estricta podría producir el efecto contrario al buscado. Si los usuarios consideran que las stablecoins reguladas ofrecen menos liquidez o mayores restricciones, podrían trasladar su demanda hacia canales no regulados, dejando a las autoridades con menos información y menor capacidad de supervisión sobre los flujos digitales.

Una posible coexistencia regulada

La alternativa planteada en el análisis consiste en construir un sistema de coexistencia entre instrumentos con reservas locales y stablecoins respaldadas en el exterior. Ambos tipos de activos podrían operar bajo supervisión y moverse libremente entre sí, de manera que los usuarios eligieran dónde mantener sus dólares según sus necesidades de liquidez, seguridad y acceso.

Ese modelo evitaría convertir la ubicación de las reservas en una batalla de suma cero. Los emisores con activos en bancos locales podrían ofrecer mayor conexión con el sistema financiero de cada país, mientras los instrumentos respaldados offshore conservarían la profundidad de mercado y la facilidad de conversión que explican su adopción actual.

El desafío sería diseñar controles que permitan conocer la solvencia del custodio, la composición de las reservas y las condiciones de canje sin crear una red fragmentada de obligaciones incompatibles. Para los usuarios, la paridad cercana a USD $1 es importante, pero también lo son la capacidad de redimir el token y la confianza en que los activos de respaldo estarán disponibles cuando se necesiten.

La discusión apenas comienza y todavía no existe una respuesta regional uniforme. América Latina tendrá que decidir cuánto de sus ahorros digitales en dólares quiere mantener dentro de sistemas supervisados localmente y cuánto está dispuesta a dejar circular hacia jurisdicciones offshore, sin olvidar que una regulación que reduzca demasiado la utilidad de las stablecoins puede terminar expulsando la actividad que pretende ordenar.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

Suscríbete a nuestro boletín