Por Canuto  

El Senado de Estados Unidos dejó para después de las elecciones legislativas un proyecto bipartidista que busca prohibir de forma permanente la importación, fabricación y venta de vehículos conectados vinculados con China y otros países considerados adversarios. El desacuerdo sobre el alcance de una regla de propiedad empresarial frenó el acuerdo, pese a las preocupaciones de legisladores, automotrices y sindicatos.
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  • La iniciativa de Bernie Moreno y Elissa Slotkin quedó estancada por las negociaciones con Rand Paul, quien objetó el umbral de propiedad extranjera propuesto.
  • El proyecto busca restringir vehículos conectados y sus componentes de software y hardware asociados con China, Rusia, Irán y Corea del Norte.
  • Sus promotores invocan seguridad y protección industrial, mientras el avance global de los fabricantes chinos alimenta la preocupación de Detroit.

 


El Senado de Estados Unidos dejó en suspenso un proyecto bipartidista que busca prohibir de manera permanente la venta de vehículos chinos en el país, después de que sus integrantes no lograran cerrar un acuerdo sobre el texto. La iniciativa difícilmente avanzará antes de las elecciones legislativas de noviembre, por lo que sus impulsores anticipan que deberán retomar el esfuerzo después de los comicios.

El proyecto, patrocinado por el republicano Bernie Moreno, de Ohio, y la demócrata Elissa Slotkin, de Michigan, pretende impedir que la industria automotriz china consiga una presencia en el mercado estadounidense. Sus promotores presentan la propuesta como una respuesta tanto a la competencia de fabricantes subsidiados como a los riesgos de privacidad y seguridad que, según ellos, plantean los vehículos conectados.

Un acuerdo detenido por el alcance de la prohibición

La iniciativa se frenó el miércoles mientras los senadores negociaban con el republicano Rand Paul, de Kentucky, el único opositor que identificaron sus promotores. Slotkin había dicho que casi todos sus colegas estaban listos para respaldar el proyecto y que inicialmente esperaban aprobarlo la semana anterior sin una votación nominal formal, pero aplazaron la decisión para intentar resolver las objeciones de Paul.

El punto de fricción es una disposición que abarcaría a empresas con más de 15% de participación accionaria de entidades chinas. Paul sostiene que ese criterio podría afectar injustamente a Mercedes-Benz, cuya propiedad china pasiva ronda el 20%, de modo que una medida concebida para bloquear fabricantes vinculados a China también podría alcanzar a compañías con presencia establecida en el mercado estadounidense.

Moreno reconoció que los legisladores deben encontrar una salida para ese tipo de casos antes de aprobar la propuesta. Dijo que no espera que el presidente de Estados Unidos firme una ley que prohíba Mercedes-Benz en el país y mencionó también a Volvo como ejemplo de empresas cuya situación podría requerir un tratamiento distinto.

Los patrocinadores ahora apuntan a reanudar el impulso legislativo después de las elecciones de noviembre. El aplazamiento supone un revés para una iniciativa que ha reunido apoyo bipartidista, respaldo de fabricantes de automóviles y sindicatos, y que cobró nuevo impulso alrededor de la cumbre celebrada en Washington entre el presidente chino Xi Jinping y el presidente Donald Trump.

Qué restringiría el proyecto

El texto busca prohibir la importación, fabricación, venta, reventa o introducción en el comercio interestatal de vehículos conectados vinculados con China, Rusia, Irán o Corea del Norte. También contempla restricciones para el software y el hardware relacionados con esos vehículos, de manera que el alcance no se limitaría a automóviles ensamblados en China.

En la práctica, la propuesta incorporaría a la ley y ampliaría restricciones que comenzaron durante la administración Biden. Sus promotores argumentan que llevar esas limitaciones a la legislación dificultaría que un futuro gobierno las revoque, aunque la discusión pendiente sobre la propiedad empresarial muestra que todavía deben resolver cómo aplicar el criterio sin alcanzar compañías que consideran casos problemáticos.

Las preocupaciones de seguridad se concentran en la capacidad de los vehículos conectados para recopilar datos. Slotkin los ha descrito como paquetes de vigilancia sobre ruedas y sostiene que podrían recoger información de conductores y sitios sensibles en Estados Unidos para transmitirla a Beijing; esas afirmaciones son parte del argumento de los legisladores que promueven la prohibición.

La senadora resumió su postura al decir que los vehículos representan una máquina de espionaje sobre ruedas y que los datos podrían regresar a Beijing. Moreno, por su parte, acusa a la industria automotriz china de estar construida para destruir la manufactura estadounidense, vaciar a la clase media y socavar la seguridad nacional, una caracterización que expresa la posición del senador y no una conclusión independiente.

El avance internacional de los fabricantes chinos

El debate ocurre mientras las automotrices chinas ganan terreno en mercados internacionales con una combinación de precios competitivos y tecnología. En los primeros ocho meses de este año, las exportaciones chinas de vehículos de nueva energía superaron los 3,4 millones de unidades, más del doble que en el mismo periodo del año anterior, según datos de la Asociación de Fabricantes de Automóviles de China.

La Agencia Internacional de Energía calcula que los fabricantes chinos aportaron 60% de las ventas globales de autos eléctricos en 2025. En comparación, las compañías europeas y norteamericanas representaron cada una aproximadamente 15% de esas ventas, una diferencia que alimenta la inquietud de fabricantes establecidos y legisladores estadounidenses ante una posible entrada de nuevos competidores de menor costo.

Steve Daines, senador republicano, dijo antes de la cumbre entre Trump y Xi que le preocupa el efecto que los vehículos eléctricos chinos podrían tener sobre la industria automotriz estadounidense. Reconoció que esos modelos son notables, de alta calidad y mucho más baratos, pero sostuvo que no sería justo permitir la entrada de un producto que, según él, recibe subsidios significativos de un gobierno.

James Lewis, del programa de políticas tecnológicas del Center for European Policy Analysis, considera que la iniciativa podría regresar después de las elecciones debido a la escala de la industria china. Advirtió que China puede producir en un solo año suficientes vehículos para cubrir toda la demanda mundial y describió el desafío como existencial para las automotrices, cuyo peso político también hace probable que mantengan la presión sobre los legisladores.

Señales distintas desde la Casa Blanca

La discusión legislativa coincide con mensajes divergentes sobre la posibilidad de que fabricantes chinos operen en Estados Unidos. En enero, Trump dijo en el Club Económico de Detroit que estaba abierto a que esas empresas construyeran fábricas en el país si contrataban trabajadores estadounidenses, e invitó a China a entrar bajo esa condición.

En abril de 2026, el secretario de Comercio Howard Lutnick respondió que no cuando le preguntaron si fabricantes de vehículos eléctricos chinos, como BYD, establecerían empresas conjuntas en Estados Unidos. Sin embargo, a comienzos de septiembre, antes de recibir a Xi, Trump volvió a decir que no se opondría a que fabricantes chinos construyeran automóviles en el país.

Ese enfoque contrasta con la coalición que busca mantener esos vehículos fuera del mercado estadounidense, integrada por legisladores de ambos partidos, fabricantes locales y sindicatos. El temor de sus integrantes combina la presión competitiva de modelos de bajo costo con la posibilidad de que la tecnología conectada recoja información sensible, aunque el proyecto todavía no ha resuelto cómo tratar a empresas con participación china pasiva.

La Casa Blanca no respondió a una solicitud de comentarios sobre su posición frente a la iniciativa, según informó la agencia AP. Por ahora, los fabricantes chinos ya enfrentan restricciones que les impiden, en la práctica, vender o construir vehículos en Estados Unidos bajo una política establecida durante la administración Biden, pero los senadores quieren fijar esas barreras de forma más permanente.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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