Sam Altman aseguró que no planea aportar dinero a las elecciones legislativas de EE. UU. en 2026, aunque defendió que las empresas de IA no pueden competir en desventaja cuando rivales y aliados ya usan donaciones y cabildeo para influir en Washington. Sus declaraciones llegan en medio del creciente escrutinio sobre OpenAI, la actividad política de figuras cercanas a la empresa y una batalla regulatoria que también involucra a Anthropic, al Congreso y a la Casa Blanca.
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- Sam Altman dijo que no tiene planes de financiar las elecciones de 2026 en Estados Unidos.
- OpenAI tomó distancia del super PAC Leading the Future, vinculado personalmente a Greg Brockman y su esposa.
- Bernie Sanders acusó a la industria de IA de usar enormes sumas de dinero para frenar objeciones en el Congreso.
Sam Altman, CEO de OpenAI, dijo que no planea hacer contribuciones financieras para las elecciones de medio término de Estados Unidos en 2026. La declaración llega en un momento de mayor vigilancia sobre la influencia política de las empresas de inteligencia artificial, justo cuando Washington debate cómo regular una tecnología que gana peso económico y geopolítico.
Durante una visita al Capitolio el miércoles, Altman sostuvo que le gustaría ver menos dinero en la política en general. Sin embargo, también argumentó que las compañías de IA no pueden aceptar un terreno desigual si otros actores del sector usan recursos para defender sus intereses frente a intentos regulatorios o campañas adversas.
“Usted no puede mantenernos a un estándar diferente del de todos nuestros competidores. Si están tratando de usar dinero para aglutinarnos, tenemos que poder responder”, dijo Altman después de una reunión con el senador Bernie Sanders, independiente por Vermont. El ejecutivo añadió que le “encantaría ver que el dinero salga de la política en general” y que sería positivo que “las reglas cambien en todos los aspectos”.
De acuerdo con Bloomberg, Altman dijo que simpatiza con quienes ya han prometido gastar grandes sumas para influir en la contienda política, aun cuando personalmente no prevé donar a campañas este año. Sus comentarios muestran una posición dual: rechazo al papel del dinero en política, pero aceptación táctica de que el sector no puede retirarse unilateralmente de esa disputa.
OpenAI busca distancia de los PAC, pero la presión persiste
Parte del escrutinio reciente se concentra en Leading the Future, una red de super PAC pro IA que ha gastado millones en primarias legislativas y que busca apoyar a candidatos favorables al desarrollo del sector. Esa estructura política está respaldada por Greg Brockman, presidente de OpenAI, y por su esposa Anna Brockman, lo que ha alimentado preguntas sobre el verdadero nivel de involucramiento de la empresa.
OpenAI ha intentado marcar distancia con claridad. En una publicación difundida esta semana, la compañía afirmó que no está afiliada con Leading the Future y que ningún grupo político externo habla en su nombre ni representa sus posiciones corporativas. La empresa señaló que la participación de los Brockman es personal y no institucional.
Según Benzinga, cuando fue consultado sobre los señalamientos de que OpenAI estaría impulsando una gran campaña de gasto político, Altman rechazó esa lectura. “No creo que hayamos estado involucrados en una campaña de cabildeo masiva. Quizás sepas algo que yo no”, respondió ante preguntas sobre la participación de la firma en las primarias del Congreso.
El ejecutivo sí reconoció que OpenAI ha realizado actividades de cabildeo. Aun así, defendió que ese involucramiento ha sido menor al de algunos competidores. En el trasfondo de sus palabras aparece una realidad cada vez más evidente en Washington: la política tecnológica y la política electoral comienzan a mezclarse a medida que la IA redefine empleos, infraestructura, consumo energético y poder corporativo.
La batalla regulatoria sobre la IA escala en Washington
El debate no se limita al financiamiento político. La industria de inteligencia artificial enfrenta una creciente desconfianza entre los ciudadanos estadounidenses, con temores sobre el impacto de la tecnología en el empleo y en el medio ambiente. Esa presión social ha abierto espacio para propuestas estatales y federales que buscan restringir ciertos usos de la IA y limitar la expansión de centros de datos.
Leading the Future ha trabajado precisamente para frenar esfuerzos de ese tipo y promover candidatos más receptivos a la industria. En paralelo, Anthropic PBC, uno de los principales rivales de OpenAI, donó USD $20.000.000 a otro super PAC, Public First Action, que apoya regulaciones más estrictas en materia de seguridad de la IA. El contraste ilustra que la lucha no es solo entre empresas y reguladores, sino también entre visiones opuestas dentro del propio sector.
Altman viajó a Washington para reunirse con varios actores clave del poder político. Además de Sanders, sostuvo encuentros con el presidente republicano de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y con el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer. También visitó la Casa Blanca para conversar con funcionarios de la administración sobre la agenda regulatoria que afecta a OpenAI.
La visita ocurrió apenas un día después de que el presidente Donald Trump pidiera a las empresas de IA compartir voluntariamente sus modelos más avanzados para revisión gubernamental antes de lanzarlos al público. OpenAI ha apoyado la orden ejecutiva más reciente en la materia, la cual abre la puerta a períodos de prueba gubernamentales previos a la liberación pública de estos sistemas.
Sanders endurece el tono contra el poder político de la industria
Bernie Sanders ofreció una de las respuestas más duras tras su reunión con Altman. El senador dijo que las compañías del sector cuentan con un enorme arsenal financiero listo para enfrentar a cualquier legislador que cuestione sus actividades. En su visión, esa capacidad de presión ayuda a explicar por qué el Congreso no ha actuado con mayor contundencia frente a los riesgos asociados a la IA.
“Tienen USD $300.000.000 listos para enfrentar a cualquier miembro del Congreso que objete lo que están haciendo, y eso es malo”, afirmó Sanders. También sostuvo que la falta de resistencia legislativa responde “precisamente” a las enormes cantidades de dinero movilizadas por la industria. Sus declaraciones sugieren que la discusión política en torno a la IA será uno de los ejes más intensos hacia noviembre y posiblemente hasta 2028.
El senador elevó además su propuesta de política económica en un artículo de opinión reciente, donde planteó la creación de un fondo soberano financiado con un impuesto único del 50% sobre las acciones de grandes empresas de IA. La recaudación, según su idea, sería redistribuida a la población mediante pagos directos. Aunque la propuesta aún está lejos de convertirse en ley, refleja el nivel de confrontación que ya rodea al sector.
Para lectores que siguen la convergencia entre tecnología, mercados y poder político, este episodio también recuerda debates vistos en otras industrias emergentes. Cuando un sector acumula capital, infraestructura crítica y capacidad de influir en la productividad futura, tarde o temprano surgen fricciones sobre competencia, regulación, concentración y captura política.
El telón de fondo: IPO, valuaciones y competencia feroz
Las declaraciones de Altman también se producen en un momento decisivo para OpenAI desde el punto de vista corporativo. La empresa está sentando las bases para una oferta pública inicial más adelante este mismo año, una operación que podría valorar a la compañía en casi USD $1.000.000.000.000. Esa cifra la colocaría entre las historias bursátiles más ambiciosas de la década.
Anthropic, por su parte, presentó de forma confidencial documentos para una IPO esta semana, después de una ronda de financiación que la valoró en USD $965.000.000.000. El dato subraya que la disputa por regulación, talento, infraestructura y capital no es secundaria. Es parte integral de una carrera empresarial donde la narrativa pública y la relación con Washington pueden afectar desde licencias sociales hasta múltiplos de mercado.
En ese contexto, la insistencia de Altman en separar a OpenAI del activismo electoral de terceros busca contener riesgos reputacionales. Al mismo tiempo, su defensa de que las firmas de IA deben poder responder cuando otros usan dinero para “aglutinar” o presionar a la industria deja ver que el conflicto está lejos de resolverse. El sector quiere menos fricción regulatoria, pero también sabe que la batalla política apenas comienza.
La combinación de campañas electorales, órdenes ejecutivas, grupos de presión y potenciales salidas a bolsa convierte este episodio en algo más que una polémica pasajera. Marca una nueva etapa en la relación entre inteligencia artificial, mercados de capitales y poder estatal, con implicaciones que podrían extenderse mucho más allá de las elecciones de 2026.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA
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