Por Canuto  

Peter Schiff sostiene que los níqueles estadounidenses ofrecen más valor que los bonos del Tesoro porque el cobre y el níquel que contienen superan su precio nominal. Sin embargo, la ley restringe fundirlos y exportarlos, mientras una posición de USD $10.000 pesaría una tonelada, lo que convierte la recomendación en una apuesta difícil de ejecutar.
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  • Peter Schiff afirma que el metal contenido en cada níquel vale cerca de 7,76 centavos, frente a su valor nominal de cinco centavos.
  • La ley federal de Estados Unidos restringe fundir o exportar monedas de cinco y un centavo, con multas y penas de prisión, aunque contempla excepciones.
  • Una compra de USD $10.000 en níqueles pesaría aproximadamente una tonelada métrica y exigiría un espacio de almacenamiento considerable.


Peter Schiff abrió un nuevo frente en su crítica contra los activos de renta fija al recomendar que los inversores compren monedas de cinco centavos en lugar de bonos del Tesoro de Estados Unidos. El economista sostiene que el cobre y el níquel contenidos en cada pieza tienen un valor superior al precio nominal, una diferencia que, según sus cálculos, convierte a los níqueles en una alternativa más atractiva. La propuesta, sin embargo, combina una oportunidad teórica de valorización metálica con restricciones legales y problemas logísticos que reducen su utilidad práctica.

El cálculo del valor metálico

En una publicación fechada el 8 de septiembre de 2026, Schiff afirmó que los metales de un níquel moderno valían 7,76 centavos, aproximadamente 55% más que los cinco centavos necesarios para adquirir la moneda en un banco. También sostuvo que Estados Unidos dejó de fabricar centavos para circulación el año anterior y que pronto podría dejar de producir níqueles, por lo que aconsejó comprarlos mientras todavía estuvieran disponibles. Su argumento parte de una comparación directa entre el contenido material de la moneda y su denominación oficial.

La composición de los níqueles modernos permite hacer ese cálculo: cada pieza contiene 3,75 gramos de cobre y 1,25 gramos de níquel, para un peso total de cinco gramos. Según las cotizaciones citadas en el análisis de BeInCrypto, el cobre cerró el martes en USD $6,69 por libra en COMEX, justo por debajo de su récord de agosto, mientras el níquel terminó en USD $16.776 por tonelada. Con esos precios, el valor de los metales alcanza aproximadamente 7,63 centavos por moneda, cerca de la cifra presentada por Schiff.

El cobre también marcó un nuevo máximo en Londres durante esa jornada, en un contexto en el que los operadores se preparaban para posibles aranceles estadounidenses sobre el cobre refinado. Esa combinación de precios elevados y preocupación por la oferta respalda la parte material del planteamiento de Schiff, aunque no garantiza que un propietario pueda convertir inmediatamente esa diferencia en efectivo. El valor de fundición es una referencia sobre el metal contenido, no necesariamente el precio que un comprador pagaría por grandes cantidades de monedas.

La presión sobre los costos de acuñación refuerza la singularidad del caso. La Casa de la Moneda de Estados Unidos gastó 13,31 centavos en producir y distribuir cada níquel durante el año fiscal 2025, más del doble de su valor nominal, mientras la última moneda de un centavo destinada a la circulación se acuñó en 2025. Estas cifras muestran que fabricar monedas pequeñas se ha vuelto costoso, pero no prueban por sí solas que almacenar níqueles sea superior a invertir en instrumentos financieros.

La comparación con los bonos del Tesoro también depende del horizonte y del objetivo del inversor. Un níquel puede conservar un valor nominal de cinco centavos y mantener una exposición física al cobre y al níquel, pero no genera intereses ni ofrece la liquidez habitual de un título negociable. Por esa razón, la ventaja de 55% que señala Schiff existe principalmente sobre el papel, siempre que el propietario pueda vender el metal o beneficiarse de un cambio normativo que permita recuperar su valor material.

La barrera legal y el peso de la inversión

El principal problema de la estrategia aparece en la regulación federal estadounidense. El Reglamento 31 CFR Parte 82, sujeto a excepciones específicas, prohíbe fundir, tratar o exportar monedas de cinco y un centavo en determinadas circunstancias. Por ello, un inversor no puede comprar grandes cantidades con la intención de convertirlas libremente en cobre y níquel para venderlos por separado. Las infracciones pueden implicar multas de hasta USD $10.000 y hasta cinco años de prisión, una consecuencia que cambia de forma significativa el cálculo de riesgo.

Las respuestas a la recomendación señalaron precisamente esa limitación, y Schiff respondió que no era necesario fundir las monedas porque conservarían su valor. Esa réplica evita el acto prohibido, pero no resuelve cómo capturar la prima entre el contenido metálico y el valor nominal; mientras la moneda siga siendo aceptada solo por cinco centavos, el propietario no puede reclamar automáticamente los 7,63 o 7,76 centavos del metal. La diferencia permanece incorporada en un objeto físico cuyo uso financiero depende de futuras decisiones regulatorias y monetarias.

El almacenamiento constituye una segunda dificultad que suele desaparecer en la comparación rápida con los bonos. Cada níquel pesa cinco gramos, por lo que una posición de USD $10.000, equivalente a 200.000 monedas, alcanzaría una tonelada métrica; una inversión de USD $100.000 elevaría esa carga a 10 toneladas. El comprador necesitaría espacio, transporte y medidas de seguridad para mantener una exposición que no paga intereses y cuya venta podría requerir manejar grandes volúmenes de efectivo metálico.

En contraste, el bono del Tesoro estadounidense a 10 años pagaba un rendimiento de 4,77% el 3 de septiembre, según los datos citados en el reporte. Ese instrumento no exige almacenar monedas y ofrece una estructura de pago conocida, aunque su precio puede cambiar cuando se mueven las tasas de interés y su rendimiento no elimina los riesgos fiscales o de mercado. La comparación de Schiff, por tanto, enfrenta un activo físico con una prima metálica potencial contra un título financiero que proporciona ingresos periódicos y mayor facilidad operativa.

La recomendación encaja con la oposición de larga data de Schiff a Bitcoin y a los títulos de papel, una postura que se ha intensificado junto con sus advertencias sobre la deuda récord de Estados Unidos y el aumento de los rendimientos. El caso de los níqueles es distinto porque la moneda sí contiene materias primas con un valor observable, pero comparte con el oro y otros activos físicos el problema de almacenamiento y liquidez. Si la Casa de la Moneda retira los níqueles, esa decisión podría modificar la ecuación, aunque la fuente no establece cuándo ocurriría ni si generaría una ganancia para los tenedores.

El análisis de BeInCrypto concluye que la prima metálica es real en términos teóricos, pero permanece atrapada dentro de monedas que no pueden fundirse legalmente en términos generales. Para un inversor minorista, la recomendación exige ponderar la ley, el costo de guardar toneladas de piezas, la ausencia de intereses y la posibilidad de que los precios del cobre o del níquel retrocedan. En consecuencia, el atractivo de los níqueles funciona mejor como una curiosidad sobre la política monetaria y los costos de acuñación que como un sustituto sencillo de los bonos del Tesoro.


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