Mercedes-Benz podría quedar atrapada en una ofensiva bipartidista de EE. UU. contra la influencia china en la industria automotriz, pese a sus plantas y miles de empleos en el país.
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- Un proyecto de ley de la Cámara prohibiría fabricar, vender o importar vehículos en EE. UU. a automotrices con participación directa o indirecta de gobiernos adversarios.
- BAIC, empresa estatal china, posee el 9,98% de Mercedes-Benz, mientras Li Shufu, fundador de Geely, controla otro 9,69% mediante Tenaciou3 Prospect Investment.
- La legislación busca frenar el avance de fabricantes chinos, pero expertos advierten que podría generar consecuencias no intencionadas para empleos y producción local.
Mercedes-Benz podría enfrentar un escenario extremo en Estados Unidos: quedar impedida de fabricar, vender o importar vehículos nuevos en ese mercado. El riesgo surge por un proyecto de ley bipartidista de la Cámara de Representantes dirigido a limitar la presencia de fabricantes automotrices con vínculos de propiedad china.
La medida, conocida como Ley de Modernización de Vehículos Motorizados de 2026, apunta contra empresas con “cualquier participación accionaria directa o indirecta de un gobierno adversario extranjero”. China aparece en esa categoría junto con Rusia y Corea del Norte, detalla CNBC.
El punto sensible para Mercedes-Benz es su estructura accionaria. Su mayor accionista individual es BAIC, antes Beijing Automotive Industrial Corp., un fabricante estatal chino que posee el 9,98% del grupo alemán.
Una ley contra China que podría alcanzar a un gigante alemán
Según informó CNBC, varias personas familiarizadas con el texto legislativo identificaron áreas grises que podrían impedir a Mercedes-Benz operar en Estados Unidos si el proyecto avanza sin cambios. Dos fuentes consultadas bajo anonimato dijeron que, tal como está redactado, el proyecto prohibiría a la compañía.
Un exasesor de política automotriz y lobista consultado sobre la iniciativa fue directo: “El lenguaje no es ambiguo”. Esa lectura convierte a Mercedes-Benz en un caso llamativo, porque la empresa no es china y cuenta con una presencia industrial significativa en territorio estadounidense.
Daniel Kelly, secretario de prensa del Comité de Energía y Comercio, confirmó detalles de la legislación. Sin embargo, declinó comentar sobre posibles impactos en compañías específicas, incluida Mercedes-Benz.
Un portavoz de Mercedes-Benz también evitó comentar sobre el proyecto. Aun así, recordó que la automotriz tiene dos grandes plantas de ensamblaje en Estados Unidos y emplea a más de 10.000 personas en el país.
La iniciativa todavía pertenece solo a la Cámara de Representantes. No existe, por ahora, un proyecto complementario en el Senado para la Ley de Modernización de Vehículos Motorizados de 2026.
El umbral de propiedad extranjera abre otra zona de riesgo
El proyecto incluye exenciones para empresas respaldadas por China, pero excluye a las compañías con propiedad directa o indirecta del gobierno chino. Esa distinción resulta clave para Mercedes-Benz por la participación de BAIC.
La legislación contempla una posible exención para fabricantes que hayan producido vehículos de pasajeros en Estados Unidos durante al menos cinco años antes del 1 de enero de 2026. Mercedes-Benz cumple ampliamente ese criterio por su historial industrial en el país.
Sin embargo, el mismo texto señala que la exención no aplica a empresas con “cualquier participación accionaria directa o indirecta de un gobierno adversario extranjero”. Esa frase podría dejar sin protección a la automotriz alemana.
El proyecto también busca limitar a compañías “controladas por” un adversario extranjero. Define ese control como una participación del 15% por parte de una “persona o combinación de personas extranjeras”.
Ese segundo umbral añade otra complicación. El segundo mayor accionista individual de Mercedes-Benz es Li Shufu, multimillonario chino, fundador y presidente de Geely, mediante su firma Tenaciou3 Prospect Investment.
Li Shufu posee el 9,69% de Mercedes-Benz Group AG. En conjunto, BAIC y Shufu controlan el 19,67% de la empresa matriz de Mercedes-Benz, incluidas sus marcas y servicios financieros.
Seguridad nacional, autos conectados y empleo industrial
El debate forma parte de una ofensiva más amplia de legisladores republicanos y demócratas para impedir que fabricantes chinos ganen terreno en el mercado estadounidense. La preocupación no se limita a ventas de autos baratos, sino también a software, hardware, datos y cadenas de suministro.
Para lectores del sector tecnológico, el caso recuerda otros choques regulatorios recientes sobre propiedad extranjera, control de datos e infraestructura crítica. En industrias como inteligencia artificial, telecomunicaciones, semiconductores y vehículos conectados, Washington mira cada vez más la nacionalidad del capital y del software.
Los vehículos conectados tienen acceso a internet y pueden comunicarse de forma inalámbrica con otros autos o camiones. Sus defensores sostienen que esa tecnología mejora la seguridad vial, pero los reguladores temen posibles riesgos de vigilancia, manipulación o acceso remoto.
La administración Trump ya había aprobado el año pasado un acuerdo para mantener a TikTok operando en Estados Unidos mediante una nueva entidad. Bajo ese esquema, la china ByteDance conservó poco menos del 20% de propiedad.
Ese antecedente muestra que Washington puede aceptar ciertos niveles de participación china en empresas sensibles. Pero el texto automotriz actual parece más estricto cuando hay propiedad de un gobierno adversario extranjero.
Stephen Ezell, vicepresidente de política global de innovación en la Information Technology and Innovation Foundation, consideró que Mercedes-Benz presenta un riesgo menor para la seguridad nacional que fabricantes controlados por China. “Si Mercedes fuera incluida en el proyecto de ley, creo que sería una consecuencia no intencionada que podría resultar en la pérdida de empleos y ganancias”, dijo.
Plantas de Mercedes-Benz y alcance económico en EE. UU.
La planta más grande de Mercedes-Benz en Estados Unidos está en Tuscaloosa, Alabama. La compañía indicó que esa instalación ha producido más de 5 millones de vehículos desde el inicio de operaciones en 1997.
La automotriz también fabrica furgonetas de pasajeros en Carolina del Sur. Esa planta comenzó producción en 2006 y ya ha producido más de 450.000 unidades, de acuerdo con la empresa.
En ventas, Mercedes-Benz registró 303.200 automóviles de pasajeros y 12.400 furgonetas en Estados Unidos durante el año pasado. Esas cifras explican por qué una prohibición tendría un alcance considerable para concesionarios, trabajadores y proveedores.
Los esfuerzos de cabildeo directo de Mercedes-Benz han sido mínimos en años recientes y han tenido un perfil bipartidista, según registros públicos citados por la fuente. La compañía también participa en al menos dos asociaciones comerciales de fabricantes automotrices.
John Bozzella, director ejecutivo de The Alliance for Automotive Innovation, envió una carta la semana pasada al republicano Brett Guthrie, presidente del Comité de Energía y Comercio, y al demócrata Frank Pallone, miembro de mayor rango del comité. Bozzella describió el proyecto como un avance “sustancial en varias prioridades de política que la industria automotriz en Estados Unidos comparte con los miembros del comité”.
Bozzella también sostuvo que la estrategia de China para “dominar la fabricación automotriz global” representa “un peligro claro y presente para la seguridad económica y nacional estadounidense”. Aun así, agregó que el grupo seguirá trabajando con legisladores para afinar la política, porque “los detalles importan”.
Volvo, Lotus y otros fabricantes también miran la letra pequeña
The Alliance for Automotive Innovation, que representa a casi todos los principales fabricantes de automóviles en Estados Unidos, declinó comentar sobre el posible impacto en empresas específicas. Autos Drive America, otro grupo de fabricantes extranjeros que incluye a Mercedes-Benz, también evitó pronunciarse sobre casos concretos.
Autos Drive America remitió a una declaración previa sobre la Ley de Seguridad de Vehículos Conectados. Allí respaldó el “objetivo general de esta legislación”, pero pidió evitar “consecuencias no intencionadas que podrían crear desafíos para la fabricación estadounidense”.
Otra iniciativa reciente incluye una estipulación similar de propiedad del 15%. Se trata de la Ley de Seguridad de Vehículos Conectados de 2026, presentada en el Senado por Bernie Moreno, republicano de Ohio, y Elissa Slotkin, demócrata de Michigan.
En la Cámara, ese proyecto fue presentado por John Moolenaar, republicano de Michigan, y Debbie Dingell, demócrata de Michigan. Las exenciones bajo esa legislación aún no se han determinado.
Dependiendo de esas exenciones, la cláusula de propiedad del 15% podría afectar a otros fabricantes con participación china. Entre ellos aparecen Volvo, Faraday Future, Lotus y Karma Automotive.
Volvo, que pertenece mayoritariamente a Geely de Li Shufu, dijo el martes que recibió autorización específica del gobierno estadounidense para eludir prohibiciones federales sobre software y hardware de vehículos conectados vinculados a China. Volvo Cars vendió 121.600 vehículos en Estados Unidos el año pasado.
Un pulso político con impacto global
Los nuevos proyectos se suman a restricciones ya aprobadas para importación y venta de vehículos conectados con software de países como China desde el año modelo 2027. Para hardware de esos países, las restricciones comienzan desde el año modelo 2030.
El caso Mercedes-Benz muestra la dificultad de escribir reglas industriales en un mercado globalizado. La propiedad accionaria, los centros de producción, el software y la nacionalidad corporativa ya no encajan fácilmente en categorías simples.
También deja una advertencia para sectores tecnológicos y financieros acostumbrados a operar con capital transfronterizo. En un ambiente geopolítico más tenso, una participación minoritaria puede convertirse en un factor regulatorio de alto riesgo.
Por ahora, la automotriz alemana no ha quedado fuera de Estados Unidos. Pero si la Cámara avanza con el texto actual y no aparecen correcciones o exenciones, Mercedes-Benz podría quedar atrapada en una política diseñada principalmente para contener a fabricantes chinos.
La pregunta central será si el Congreso ajusta el lenguaje para diferenciar entre compañías controladas por China y empresas globales con accionistas chinos minoritarios. La respuesta definirá no solo el futuro inmediato de Mercedes-Benz en Estados Unidos, sino también el alcance real de la nueva política industrial estadounidense.
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