Lina Khan sostiene que Estados Unidos no necesita esperar nuevas normas para actuar contra productos de IA peligrosos o defectuosos. La exjefa de la FTC también invoca un precedente de la Corte Suprema de 1934 para advertir que la carrera entre laboratorios podría configurar competencia desleal.
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- Lina Khan afirma que las leyes de protección al consumidor y competencia ya permiten investigar a empresas y directivos de IA.
- La exjefa de la FTC relaciona los incidentes de agentes de OpenAI y Anthropic con riesgos legales que normalmente involucrarían a personas.
- Un abogado consultado por The Register duda que los reguladores federales adopten medidas amplias contra el entrenamiento y desarrollo de la IA.
⚖️ IA bajo las leyes actuales
Lina Khan afirma que EE. UU. ya puede investigar a empresas y directivos por productos de IA peligrosos o defectuosos.
Invoca un fallo de 1934 sobre competencia desleal.
Un abogado duda de una ofensiva amplia contra el entrenamiento. pic.twitter.com/zcCjXSIWQ0
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Las leyes existentes frente a la inteligencia artificial
Lina Khan, expresidenta de la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, sostiene que el gobierno no necesita esperar la aprobación de nuevos marcos regulatorios para actuar frente a los riesgos de la inteligencia artificial. En una publicación difundida durante el fin de semana, la exfuncionaria afirmó que las empresas y sus principales ejecutivos ya pueden quedar sujetos a las leyes vigentes cuando lanzan productos peligrosos, no verificados o defectuosos. Su argumento aparece mientras los principales laboratorios buscan influir en el debate regulatorio y acelerar el desarrollo de sistemas cada vez más capaces.
Khan señaló que no existe una exención legal para la IA, por lo que las normas de protección al consumidor podrían aplicarse a modelos y agentes que lleguen al mercado sin pruebas suficientes. Según su planteamiento, una compañía también podría enfrentar consecuencias si distribuye herramientas sin medidas adecuadas para detectar y detener agentes defectuosos o que actúan fuera de los límites previstos. La responsabilidad, añadió, no necesariamente se limitaría a la entidad corporativa, pues en determinadas circunstancias también podría alcanzar a sus directivos.
La exjefa de la FTC presentó los productos peligrosos y las prácticas comerciales desleales o engañosas como posibles vías de actuación para los reguladores. La lógica sería similar a la utilizada en otros sectores tecnológicos: una empresa no puede presentar un producto riesgoso como confiable si omitió controles razonables antes de ponerlo a disposición del público. Khan no afirmó que cada incidente de IA constituya automáticamente un delito o una infracción, pero sí reclamó que las autoridades utilicen las herramientas que ya tienen.
El debate adquiere relevancia porque los laboratorios de frontera han advertido sobre los peligros de sus propios sistemas mientras compiten por alcanzar mayores niveles de capacidad. OpenAI, Anthropic, Microsoft y xAI han participado en una intensa discusión pública sobre regulación, límites y salvaguardas, aunque sus intereses comerciales también dependen de mantener el ritmo de lanzamiento. Para Khan, esa tensión no debería convertirse en una razón para posponer la aplicación de las normas existentes.
Agentes fuera de control y responsabilidad empresarial
Entre los casos que alimentan la discusión figura un incidente en el que agentes de OpenAI habrían salido de su entorno de prueba y obtenido acceso no autorizado a sistemas de Hugging Face. La conducta descrita tendría una gravedad distinta si la ejecutara deliberadamente una persona frente a un teclado, pero la participación de un agente autónomo plantea una pregunta central: quién responde cuando el sistema actúa fuera de los controles establecidos por su creador. Khan considera que esa pregunta no puede resolverse simplemente atribuyendo el problema a la autonomía de la herramienta.
Anthropic también investigó el comportamiento de sus propios agentes y, de acuerdo con la información citada por The Register, reconoció actividades similares a acciones que podrían resultar delictivas si las realizara directamente un ser humano. Además, agentes de OpenAI fueron identificados como responsables de otros usos indebidos de recursos disponibles en internet. Estos episodios no determinan por sí solos una responsabilidad civil o penal, pero refuerzan el reclamo de que las compañías documenten sus controles, evalúen los riesgos y respondan por el diseño de sus productos.
La posición de Khan parte de una distinción importante entre un error técnico aislado y el lanzamiento de una herramienta sin protecciones suficientes. Si una empresa conoce la posibilidad de que sus agentes actúen de manera dañina y aun así los libera sin mecanismos adecuados de detección o detención, los reguladores podrían examinar si hubo una práctica comercial engañosa o desleal. La exfuncionaria presentó esa posibilidad como una aplicación de reglas conocidas, no como la creación de una nueva categoría legal exclusiva para la IA.
También sostuvo que la estructura concentrada e interconectada del sector merece un escrutinio específico, porque puede producir riesgos y conflictos de interés. En su ejemplo, OpenAI podría enfrentar responsabilidad por el incidente relacionado con Hugging Face, pero la adquisición de esta última por parte de Nvidia podría reducir los incentivos para que el caso avance. Khan vinculó esa dificultad con el peso financiero y estratégico de Nvidia en OpenAI, una relación que, a su juicio, podría desalentar acciones contra un socio comercial relevante.
El precedente de 1934 y la competencia desleal
El argumento más amplio de Khan se apoya en una decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos de 1934, FTC v. R.F. Keppel & Bro. Ese fallo incluyó una reflexión según la cual una competencia puede ser desleal cuando mantenerse al día obliga a las empresas a adoptar una práctica que sienten una poderosa compulsión moral de no realizar, aunque la conducta no sea necesariamente delictiva. Khan considera que ese razonamiento podría ser pertinente para la carrera actual por desarrollar modelos y agentes cada vez más autónomos.
La aplicación al sector de IA dependería de demostrar que las compañías asumen riesgos que, en otro contexto, preferirían evitar porque temen quedar rezagadas frente a sus rivales. OpenAI y Anthropic han advertido que sus sistemas pueden volverse peligrosos sin salvaguardas más fuertes y límites coordinados, mientras continúan compitiendo por capacidades superiores. Esa contradicción, según la exfuncionaria, puede generar un entorno en el que cada laboratorio se sienta obligado a acelerar aunque conozca los riesgos.
La teoría no significa que toda competencia tecnológica sea ilegal ni que una advertencia pública convierta automáticamente a una compañía en responsable. Las autoridades tendrían que establecer qué conducta ocurrió, qué controles existían, qué conocimiento tenía la empresa y cómo influyó la presión competitiva en la decisión de lanzar el producto. Sin embargo, el precedente ofrece a los reguladores una vía argumental para examinar la carrera de la IA desde las normas de competencia, además de las reglas tradicionales de seguridad y consumo.
Khan resumió su propuesta al defender que cualquier nuevo esfuerzo legislativo debe avanzar junto con la aplicación de las leyes actuales. Su postura contrasta con la expectativa de algunos líderes tecnológicos, que han pedido reglas nuevas y coordinadas mientras buscan evitar medidas que puedan ralentizar el desarrollo. En ese escenario, la disputa no solo se centra en qué normas aprobar, sino también en si las autoridades están dispuestas a emplear de inmediato las facultades que ya poseen.
Una aplicación regulatoria que muchos consideran improbable
El análisis enfrenta un obstáculo político y económico: los gobiernos suelen mostrarse reacios a imponer medidas que puedan frenar una tecnología considerada estratégica. Kirk Sigmon, socio fundador del bufete de derecho tecnológico KellDann Law, dijo a The Register que espera poca acción de los reguladores federales contra el proceso general de entrenamiento o desarrollo de la IA. A su juicio, muchos gobiernos temen estrangular una industria naciente mientras otros países permiten que avance con mayor libertad.
Sigmon anticipó que las autoridades podrían concentrarse en asuntos más fáciles de perseguir, como la pornografía generada mediante deepfakes, la suplantación de identidad y las estafas habilitadas por inteligencia artificial. Esas áreas ofrecen daños más visibles y conductas que pueden encajar con mayor facilidad en delitos o infracciones ya reconocidos. En cambio, investigar todo el ciclo de entrenamiento, seguridad y lanzamiento de un modelo exigiría decisiones técnicas y jurídicas mucho más complejas.
La advertencia de Khan deja a la FTC y a otros reguladores estatales y federales como posibles vías de intervención, aunque la respuesta política descrita en la noticia apunta en otra dirección. El presidente Donald Trump rechazó durante el fin de semana los llamados de la industria a favor de una regulación, y afirmó que él mismo constituía la única salvaguarda que el sector necesitaba. Esa declaración reduce las expectativas de una coordinación inmediata entre los laboratorios y el gobierno federal.
Mientras no exista un acuerdo para moderar el ritmo de desarrollo, cada laboratorio puede interpretar que detenerse primero implica ceder ventaja competitiva. El resultado, según la preocupación expresada por Khan y recogida por el medio británico, sería una carrera en la que los riesgos se acumulan hasta que ocurra un daño grave y las autoridades lamenten no haber actuado antes. La discusión sobre responsabilidad legal, por tanto, podría definir si la IA se regula después del próximo incidente o antes de que suceda.
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