El uso de préstamos de compra ahora, paga después para adquirir alimentos casi se duplicó en dos años en Estados Unidos. Un estudio de la Universidad de Washington en St. Louis advierte que las comisiones de estas plataformas pueden traducirse en precios más altos, menos inventario y una creciente deuda fantasma para los consumidores.
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- El 29% de los consumidores estadounidenses encuestados afirmó haber usado BNPL para compras de supermercado, frente al 14% de hace dos años.
- Los minoristas podrían elevar los precios de etiqueta para compensar las comisiones que pagan a plataformas como Klarna, Affirm y Afterpay.
- El 47% de los usuarios de BNPL se retrasó en el pago de un préstamo durante el último año, según LendingTree.
🛒💳 BNPL llega al supermercado y presiona los precios
El 29% de consumidores en EE. UU. lo usó para comprar alimentos, frente al 14% hace dos años.
Las comisiones podrían elevar precios y reducir inventario.
El 47% de usuarios se retrasó en un pago el último año. pic.twitter.com/uqkYKOaBa8
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 14, 2026
El financiamiento de alimentos mediante aplicaciones de compra ahora, paga después dejó de ser una práctica marginal en Estados Unidos y comienza a plantear consecuencias para todo el mercado minorista. Fortune reportó que una investigación de la Universidad de Washington en St. Louis encontró que el aumento de estas compras puede llevar a los comercios a subir los precios de etiqueta y reducir el inventario disponible.
El fenómeno aparece en un momento de presión persistente sobre los hogares, que enfrentan mayores costos de salud y cuidado infantil junto con una inflación todavía elevada. Una encuesta de LendingTree a más de 6.000 consumidores, publicada en julio, encontró que 29% había usado préstamos BNPL para compras de supermercado, casi el doble del 14% registrado dos años antes.
El supermercado se convierte en terreno del BNPL
Las plataformas BNPL, sigla en inglés de compra ahora, paga después, permiten dividir una compra en pagos posteriores y suelen presentarse como una alternativa sencilla al crédito tradicional. Aplicaciones como Klarna, Affirm y Afterpay fueron concebidas inicialmente para compras discrecionales de mayor valor, entre ellas muebles o consolas de videojuegos, pero su uso se ha extendido a necesidades cotidianas.
El cambio resulta especialmente visible en las visitas pequeñas pero necesarias al supermercado, cuando una familia necesita comprar leche, huevos, frutas u otros productos básicos antes de recibir sus próximos ingresos. La encuesta de LendingTree sugiere que esta práctica ya alcanza a casi tres de cada diez consumidores estadounidenses, aunque el dato corresponde a personas que declararon haber utilizado ese tipo de financiamiento.
El avance forma parte de una expansión más amplia del crédito fraccionado en el consumo. Según datos del Banco de la Reserva Federal de Richmond citados en el reporte, las compras realizadas con estas aplicaciones crecieron 20% entre 2021 y 2025, aunque todavía representan cerca de 1% de las transacciones efectuadas con tarjetas de crédito.
En total, 91,5 millones de estadounidenses utilizan aplicaciones de este tipo para financiar compras, una cifra que refleja tanto la adopción de la tecnología financiera como la dificultad de muchos hogares para absorber gastos ordinarios. Que el servicio llegue a los alimentos básicos también funciona como una señal de tensión presupuestaria, porque revela que el BNPL ya no se limita a bienes que pueden aplazarse o cancelarse.
Por qué los minoristas podrían subir los precios
El estudio que se publicará en el próximo número de la revista Management Science fue liderado por Panos Kouvelis, profesor de cadena de suministro, operaciones y tecnología de la Olin Business School de WashU. El equipo desarrolló un modelo económico que incorporó la disposición y capacidad de los consumidores para pagar con BNPL, así como las ganancias esperadas de los minoristas.
La dificultad para los comercios surge porque deben pagar una tarifa de comercio por cada transacción procesada mediante estas plataformas. En productos de margen elevado, como muebles o consolas, ese costo puede absorberse con mayor facilidad; en cambio, los alimentos suelen dejar márgenes más estrechos y ofrecen menos espacio para cubrir comisiones adicionales.
El modelo concluyó que los minoristas tienen incentivos para aumentar los precios de etiqueta y compensar así la tarifa asociada con el BNPL. En ese escenario, los clientes que pagan la totalidad de la compra en el momento también terminan enfrentando precios más altos, porque subsidian indirectamente a quienes dividen el pago en varias cuotas.
“Los minoristas, como resultado de aceptar este tipo de pagos, van a aumentar los precios, lo que básicamente significa que todos vamos a pagar por estas prácticas que existen”, dijo Kouvelis a Fortune. La lógica descrita por el investigador transforma una herramienta pensada para facilitar el acceso al consumo en un costo potencialmente distribuido entre todos los compradores.
Menos opciones y más presión sobre el consumidor
El encarecimiento no sería la única consecuencia posible para el supermercado. Si un producto deja de ser rentable después de considerar la comisión del BNPL, el minorista podría decidir reducir su inventario o dejar de ofrecerlo, lo que limitaría la variedad disponible para los consumidores.
El impacto dependería también de si el cliente que utiliza BNPL termina ampliando su cesta de compra. Kouvelis planteó que un comercio podría aceptar la comisión si espera que el consumidor financiado compre muchos más productos y genere ganancias adicionales en otras categorías.
“¿Por qué realmente tiene sentido para el minorista?”, preguntó el investigador, antes de señalar que la respuesta podría estar en una canasta más grande y en los ingresos obtenidos de artículos distintos a los que originan el financiamiento. Esa estrategia, sin embargo, hace que la rentabilidad dependa de que el cliente aumente su consumo, algo que puede intensificar la presión sobre hogares con presupuestos limitados.
La situación coloca a los comercios ante una disyuntiva: aceptar el BNPL para no perder ventas o limitarlo para proteger márgenes ya reducidos. Mientras tanto, los consumidores pueden percibir una alternativa de pago conveniente sin ver de inmediato que el costo de la comisión podría incorporarse al precio general de los productos.
La deuda fantasma detrás de las cuotas
El crecimiento del BNPL también despierta preocupaciones por la visibilidad de las obligaciones financieras. Históricamente, estas compañías no han reportado toda la deuda a las agencias de crédito y el sector permanece en gran medida sin regulación, lo que puede dificultar que prestamistas y consumidores conozcan el nivel real de endeudamiento.
Kouvelis explicó que algunas personas pueden acumular entre cinco y diez préstamos BNPL al mismo tiempo, una suma de compromisos que él describió como “deuda fantasma”. Aunque cada operación individual suele ser pequeña, la acumulación de pagos con vencimientos cercanos puede complicar la administración del presupuesto mensual.
LendingTree encontró que 47% de los usuarios de BNPL se retrasó en el pago de un préstamo durante el último año. El monto promedio de la deuda ronda los USD $135, y los consumidores tienden a priorizar estos compromisos de corto plazo, pero esa preferencia no elimina el riesgo de sobreendeudamiento.
El problema, según el investigador, afecta a ambos lados del mercado: una persona sobreendeudada puede enfrentar dificultades cuando sus obligaciones finalmente se acumulen, mientras que el minorista puede recibir ventas de clientes cuyos pagos futuros son inciertos. “Hay algunas personas que viven al límite que realmente están sobreendeudadas, y nadie lo sabe”, advirtió Kouvelis.
El auge del BNPL en el supermercado no significa que todas las compras financiadas conduzcan inevitablemente a una crisis ni que el servicio carezca de utilidad para quienes enfrentan un gasto inesperado. Sí plantea, no obstante, que una solución de liquidez individual puede trasladar costos al conjunto de compradores y ocultar señales de fragilidad financiera que tardan en aparecer.
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