Por Canuto  

La revisión más reciente reportada de BRCA mantiene una protección regulatoria para desarrolladores que no controlan fondos, pero elimina una defensa penal explícita y deja abierta una teoría central en los casos contra Roman Storm y los desarrolladores de Samourai Wallet.
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  • La versión revisada reportada de BRCA elimina disposiciones que protegían claramente a desarrolladores sin control sobre los fondos de los usuarios.
  • El texto todavía dificulta procesarlos solo por no contar con una licencia de transmisor de dinero o registro federal.
  • Coin Center advierte que los fiscales aún podrían alegar transmisión consciente de fondos vinculados con delitos.

 


La revisión más reciente reportada de la BRCA modifica de manera importante el debate sobre la responsabilidad penal de los desarrolladores de software relacionado con criptomonedas. Según la información difundida por KuCoin a partir de reportes de Odaily Planet Daily y Bitcoin News, el nuevo texto elimina disposiciones que ofrecían una protección clara a quienes no controlan los fondos de los usuarios. El cambio no resuelve la disputa: desplaza una parte central del conflicto hacia la interpretación de los fiscales y, eventualmente, de los tribunales.

El documento revisado conserva una salvaguarda distinta, vinculada con la clasificación de los desarrolladores como transmisores de dinero bajo la Ley de Secreto Bancario y las regulaciones de FinCEN. En términos prácticos, esa protección elevaría el umbral para iniciar un proceso penal basado únicamente en la falta de una licencia o en la ausencia de un registro ante el Gobierno federal de Estados Unidos.

Una protección que se vuelve más estrecha

El punto más sensible de la revisión consiste en la eliminación de las disposiciones que protegían explícitamente a los desarrolladores sin control sobre los fondos de los usuarios frente a la responsabilidad penal prevista en el Título 18, Sección 1960 del Código de Estados Unidos. La norma mencionada forma parte del marco legal que los fiscales pueden utilizar en disputas relacionadas con la operación no autorizada de actividades vinculadas con la transmisión de dinero. Al desaparecer ese lenguaje protector, los desarrolladores perderían una defensa textual que podía limitar el alcance de esas acusaciones.

La diferencia entre controlar fondos y crear herramientas para interactuar con ellos resulta decisiva en el debate. Un desarrollador puede participar en la construcción de un protocolo, una cartera o una pieza de infraestructura sin custodiar directamente el dinero de sus usuarios, pero el texto revisado ya no bloquearía de forma expresa todas las posibles teorías penales basadas en esa actividad. Esa ambigüedad aumenta la importancia de los hechos específicos de cada caso y de la forma en que los fiscales caractericen la conducta.

Coin Center describió el compromiso como un avance regulatorio sustancial, aunque destacó que la protección no cubre todo el espectro de riesgos legales. La organización distingue entre una acusación fundada exclusivamente en no obtener una licencia de transmisor de dinero y otra que sostenga que el desarrollador transmitió fondos sabiendo que procedían de una actividad criminal. Para los proyectos de código abierto y las herramientas de privacidad, esa diferencia puede determinar si el debate ocurre principalmente en el ámbito regulatorio o en un proceso penal.

La revisión, por tanto, no equivaldría a una autorización general para que los desarrolladores operen sin restricciones. Su alcance sería más limitado: dificultaría una acusación basada solamente en la falta de licencia o registro, pero dejaría abiertas otras vías de persecución. El resultado sería un marco con una protección concreta y visible, acompañado por una zona de incertidumbre que todavía podría afectar a quienes diseñan, mantienen o distribuyen software relacionado con activos digitales.

El vínculo con los casos de Tornado Cash y Samourai

La teoría que permanece abierta ocupa un lugar central en los casos penales relacionados con Roman Storm, desarrollador de Tornado Cash, y con los desarrolladores de Samourai Wallet. Los fiscales podrían argumentar que los acusados transmitieron conscientemente fondos derivados de actividades criminales, incluso si la defensa sostiene que los desarrolladores no controlaban directamente los activos de los usuarios. La revisión de BRCA no impediría por sí misma ese planteamiento.

El caso de Storm se ha convertido en una referencia para esta discusión porque enfrenta la cuestión de hasta dónde puede extenderse la responsabilidad de quien crea o participa en una herramienta utilizada por terceros. Según la evidencia disponible, en agosto de 2025 un jurado no alcanzó un veredicto sobre los cargos más graves relacionados con lavado de dinero y sanciones, pero condenó a Storm por conspiración para operar un negocio de transmisión de dinero sin licencia. Por ello, no debe describirse simplemente como un proceso pendiente sin especificar el veredicto parcial.

En el caso de Samourai Wallet, sus desarrolladores se declararon culpables en 2025 de conspirar para operar un negocio de transmisión de dinero sin licencia. El acuerdo eliminó el cargo más grave de lavado de dinero, según el reporte citado. Estos antecedentes ilustran por qué la distinción entre la falta de licencia y una supuesta transmisión consciente de fondos criminales resulta relevante para el debate legislativo.

La permanencia de esa teoría penal genera preocupación entre quienes defienden el desarrollo de protocolos de privacidad y otras infraestructuras descentralizadas. Si un fiscal puede presentar la creación o mantenimiento de una herramienta como una transmisión consciente de fondos criminales, la ausencia de control directo sobre los activos no necesariamente cerraría el caso antes del juicio. Por eso, la eliminación de la cláusula protectora tendría consecuencias que irían más allá de los trámites administrativos ante el Gobierno federal.

También existe una diferencia relevante entre una imputación, un veredicto y una condena, que el debate público debe mantener separada. Que la BRCA permita que una teoría sea planteada no significa que los tribunales ya la hayan aceptado en todos los casos ni que la responsabilidad penal de cualquier desarrollador esté demostrada. El texto revisado dejaría el argumento disponible para la fiscalía, mientras que la defensa todavía podría cuestionar sus elementos, su aplicación y la relación concreta entre el acusado, el código y los fondos examinados.

El próximo campo de batalla regulatorio

Coin Center sostiene que, si la CLARITY Act se aprueba en la forma revisada de la BRCA, el principal campo de batalla de estas disputas se trasladará a los tribunales. Esa previsión refleja una tensión frecuente en la regulación de criptomonedas: el Congreso puede definir excepciones y umbrales, pero los jueces terminan determinando cómo se aplican a tecnologías que no encajan con facilidad en categorías tradicionales. La redacción final podría reducir una clase de acusaciones sin resolver las demás.

El traslado del debate a los tribunales significa que los futuros casos dependerían en mayor medida de la evidencia y de la interpretación jurídica. Las partes podrían discutir si el desarrollador tenía control efectivo sobre los fondos, si conocía su origen, qué acciones realizó después de publicar el software y cómo funcionaba técnicamente la herramienta. Ninguno de esos elementos quedaría resuelto de manera automática por la protección frente a la clasificación como transmisor de dinero.

Para los desarrolladores, la consecuencia inmediata sería una mayor necesidad de diferenciar entre construir infraestructura, custodiar fondos y participar conscientemente en una operación ilícita. La revisión de BRCA parece ofrecer un alivio frente a procesos basados únicamente en la falta de licencia o registro, pero no eliminaría el riesgo de que las autoridades formulen acusaciones más amplias. Esa distinción podría influir en la arquitectura de los proyectos, sus políticas de cumplimiento y la disposición de los equipos a operar desde Estados Unidos.

El debate también plantea una pregunta más amplia sobre el alcance de la responsabilidad en la economía digital. Si una herramienta puede utilizarse tanto para fines legítimos como para actividades criminales, la discusión deberá establecer qué nivel de conocimiento, participación y control justificaría una acusación penal contra sus creadores. La BRCA revisada no ofrecería una respuesta completa, por lo que los casos de Roman Storm y de los desarrolladores de Samourai seguirán siendo observados como pruebas importantes de esa frontera.

Por ahora, la lectura de Coin Center combina reconocimiento y advertencia: el texto representa un avance regulatorio importante, pero no constituye un escudo integral para los desarrolladores. La protección frente a la clasificación como transmisor de dinero elevaría la barrera para ciertos procesos, mientras que la teoría sobre la transmisión consciente de fondos criminales permanecería disponible. Si la propuesta avanza en esa forma, los tribunales tendrán un papel decisivo para definir cuánto riesgo legal queda realmente sobre quienes crean herramientas sin controlar directamente los activos de sus usuarios.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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