Por Canuto  

La administración Trump presentó una declaración de interés para respaldar el argumento de OpenAI de que entrenar modelos con material público puede constituir uso justo.
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  • El gobierno federal intervino en la demanda que The New York Times presentó contra OpenAI y Microsoft en 2023.
  • OpenAI sostiene que utilizar materiales disponibles públicamente resulta necesario para la innovación y la competitividad estadounidense en IA.
  • La disputa ocurre mientras cientos de medios, creadores y ejecutivos de Hollywood cuestionan el uso de contenido protegido sin permiso ni compensación.


La administración Trump tomó posición en una de las disputas legales más observadas sobre inteligencia artificial generativa al respaldar a OpenAI frente a The New York Times. El gobierno federal argumentó que el uso de material protegido por derechos de autor para entrenar modelos de IA puede quedar amparado por la doctrina del uso justo, una interpretación con consecuencias potencialmente amplias para empresas tecnológicas, medios de comunicación y creadores.

La intervención ocurrió mediante una declaración de interés presentada el miércoles en el caso, según un documento cuya existencia fue reportada inicialmente por Eriq Gardner, de Puck. Con ese escrito, la administración Trump ingresó directamente a un litigio que enfrenta principalmente a un periódico, una empresa de inteligencia artificial y Microsoft, pero que plantea una pregunta de alcance mucho mayor: si los sistemas de IA pueden aprender de obras protegidas sin autorización ni pago a sus titulares.

El gobierno federal toma posición

La declaración de interés no resuelve la demanda ni determina por sí sola si OpenAI infringió los derechos de The New York Times. Sin embargo, la participación del gobierno federal otorga un peso institucional relevante al argumento de que el entrenamiento de modelos podría estar cubierto por el uso justo, una doctrina que permite ciertos usos de material protegido dependiendo de factores como su propósito, su transformación y el efecto sobre el mercado original.

En este caso, la administración Trump sostiene que el desarrollo de modelos de inteligencia artificial puede beneficiarse de esa protección cuando las compañías utilizan grandes cantidades de información para construir sistemas capaces de producir respuestas nuevas. La posición coloca al gobierno del lado de una industria que busca preservar el acceso a materiales disponibles en internet, mientras los propietarios de derechos reclaman que ese acceso no equivale a una licencia gratuita para copiar y reutilizar su trabajo.

La controversia resulta especialmente sensible porque el entrenamiento de modelos requiere enormes volúmenes de datos y puede incluir artículos, libros, imágenes, grabaciones y otras obras creativas. Para los desarrolladores, limitar ese proceso mediante permisos individuales o pagos obligatorios podría dificultar el avance tecnológico; para los titulares, permitirlo sin compensación amenaza con convertir sus propios contenidos en insumos para productos que compiten con ellos.

OpenAI ha defendido que el uso justo de materiales públicos es fundamental para la innovación y para conservar la competitividad de Estados Unidos en inteligencia artificial, mientras sus opositores consideran que esa prioridad no debe desplazar las protecciones legales de periodistas, autores, artistas y otros creadores.

La demanda de The New York Times

The New York Times demandó a OpenAI y Microsoft en 2023, acusándolas de utilizar millones de sus artículos protegidos por derechos de autor sin permiso para entrenar sus modelos de inteligencia artificial. El periódico sostiene que productos como ChatGPT pueden competir directamente con su labor periodística y reducir sus ingresos provenientes de suscripciones, licencias y publicidad.

La acusación se ubica en el centro de un debate sobre el valor económico de la información utilizada por los sistemas generativos. Si un chatbot puede responder preguntas con datos y formulaciones derivadas de artículos periodísticos, los usuarios podrían consultar menos las páginas originales, lo que afectaría tanto el tráfico como las oportunidades de monetización de los medios, según el planteamiento del periódico.

The New York Times y OpenAI mantienen posiciones opuestas sobre la naturaleza del entrenamiento. El periódico presenta el uso de sus textos como una explotación no autorizada de activos editoriales, mientras OpenAI afirma que entrenar modelos con materiales de internet disponibles públicamente constituye un uso justo respaldado por precedentes de larga data.

OpenAI también ha sostenido que ese principio resulta necesario para que los desarrolladores puedan crear sistemas más capaces sin enfrentar restricciones que, en su opinión, frenarían la innovación. La empresa ha vinculado además la defensa del uso justo con la capacidad de Estados Unidos para competir en el desarrollo de inteligencia artificial, una dimensión que ahora aparece reforzada por la intervención de la administración Trump.

Una disputa que se extiende a toda la industria

El caso no es un enfrentamiento aislado entre un medio y una compañía tecnológica. Editores, empresas de entretenimiento, autores, artistas y otros titulares de derechos están recurriendo a los tribunales para cuestionar cómo se aplica la legislación existente a la IA generativa, cuyos modelos procesan grandes colecciones de contenido antes de producir textos, imágenes, audio o respuestas para los usuarios.

En junio, una coalición de casi 400 medios de comunicación demandó a OpenAI y Microsoft, alegando que sus contenidos fueron extraídos sin permiso ni compensación para entrenar productos de inteligencia artificial. Según los reportes disponibles, la demanda fue presentada el 24 de junio de 2026 ante un tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York. La amplitud de esa acción muestra que la preocupación ya no se limita a una sola marca editorial.

La industria audiovisual también enfrenta un dilema similar. Estudios, sindicatos y creadores de Hollywood han debatido cómo las herramientas generativas pueden utilizar material protegido y trabajo creativo, en un conflicto más amplio sobre autorización, compensación y competencia.

Lo que está en juego para la inteligencia artificial

El resultado de esta disputa podría influir en la forma en que las empresas de IA negocian con los titulares de contenido. Una decisión favorable a OpenAI fortalecería la posibilidad de entrenar modelos con material público bajo la doctrina del uso justo, mientras un fallo favorable a The New York Times podría impulsar acuerdos de licencia, sistemas de compensación o límites más estrictos para la recopilación de datos.

La cuestión central no consiste únicamente en saber si una herramienta puede leer o procesar una obra, sino en determinar qué ocurre cuando esa obra ayuda a construir un producto comercial capaz de competir con su fuente. Esa diferencia alimenta la tensión entre la transformación tecnológica que defienden las compañías de IA y la protección de mercados creativos que dependen de controlar la distribución y reutilización de sus contenidos.

La intervención del gobierno tampoco elimina la incertidumbre para OpenAI. Aunque el respaldo federal puede reforzar su posición jurídica y política, la empresa aún debe responder a las acusaciones concretas de The New York Times, incluidas las relacionadas con el uso de millones de artículos y con la supuesta retención de pruebas durante el descubrimiento de evidencia.

Por ahora, el caso continúa como una prueba decisiva para establecer si las reglas tradicionales del derecho de autor pueden adaptarse al entrenamiento de modelos de IA sin sacrificar ni la innovación tecnológica ni la remuneración de quienes producen el contenido.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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