Por Canuto  

El gerente general del BIS, Pablo Hernández de Cos, sostuvo en un discurso publicado en abril que las stablecoins todavía enfrentan limitaciones para convertirse en la base de los pagos masivos y defendió los depósitos tokenizados respaldados por bancos como una alternativa más integrada al sistema monetario.
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  • Pablo Hernández de Cos cuestionó que las stablecoins cumplan suficientemente con el canje a la par, la elasticidad, la interoperabilidad y la integridad financiera.
  • El BIS advirtió que las stablecoins denominadas en dólares podrían acelerar la dolarización digital en economías pequeñas.
  • Los depósitos tokenizados fueron presentados como una alternativa más integrada al sistema bancario por su vínculo con los pasivos de las entidades reguladas.


Las stablecoins llegaron al centro del debate financiero con la promesa de combinar la estabilidad de una moneda tradicional con la velocidad y programabilidad de una red blockchain. Sin embargo, Pablo Hernández de Cos, gerente general del Banco de Pagos Internacionales (BIS), sostuvo que estos activos todavía enfrentan limitaciones para sostener pagos a gran escala.

El planteamiento forma parte del discurso Stablecoins: framing the debate, publicado por el BIS el 20 de abril de 2026 durante un seminario del Banco de Japón. La posición del jefe del BIS no constituye un rechazo absoluto a toda innovación digital, sino una preferencia clara por modernizar instrumentos que ya forman parte del sistema monetario.

Hernández de Cos defendió los depósitos tokenizados respaldados por bancos como una vía más integrada para los pagos digitales, porque mantienen la conexión con los pasivos bancarios y con la infraestructura regulada. Para el organismo, digitalizar estructuras conocidas ofrece una alternativa distinta a intentar sustituirlas mediante activos privados cuyo funcionamiento aún debe probarse a escala mundial.

Las exigencias del BIS para considerar dinero a una stablecoin

Hernández de Cos organizó su crítica alrededor de cuatro atributos que, según su planteamiento, las stablecoins no cumplen de manera suficiente: el canje a la par, la elasticidad, la interoperabilidad y la integridad financiera. La primera exigencia implica que el tenedor pueda cambiar una unidad digital por una unidad de moneda fiduciaria en una relación de uno a uno y bajo demanda. Sin esa certeza, el activo puede perder parte de la confianza que exige cualquier instrumento utilizado como medio de pago.

El segundo punto, la elasticidad, se relaciona con la capacidad del sistema para responder a cambios en la demanda de dinero sin generar fricciones innecesarias. Una red de pagos de uso masivo necesita ampliar o reducir su liquidez de forma ordenada cuando cambian las necesidades de hogares, empresas y mercados. La advertencia del BIS apunta a que las stablecoins, tal como operan actualmente, no necesariamente ofrecen esa capacidad con la misma solidez que los mecanismos bancarios tradicionales.

La interoperabilidad representa otro desafío, especialmente en un mercado dividido entre múltiples blockchains, emisores y estándares técnicos. Una stablecoin destinada a pagos cotidianos debería moverse entre diferentes ecosistemas sin que los usuarios enfrenten barreras que fragmenten la liquidez o eleven los costos. La falta de una conexión fluida entre redes puede limitar el alcance de estos activos y convertir una promesa de eficiencia en un conjunto de sistemas aislados.

El cuarto atributo es la integridad financiera, que abarca los controles de cumplimiento y las salvaguardas que los reguladores esperan de cualquier instrumento que aspire a ser considerado dinero. En la práctica, esta preocupación incluye la capacidad para prevenir usos ilícitos y preservar la confianza en el sistema de pagos. El BIS sostiene que las stablecoins todavía quedan por debajo de esos estándares, aunque también reconoce que podrían adquirir mayor relevancia si mejoran de forma significativa el canje, la interoperabilidad y sus controles.

Depósitos tokenizados y riesgos para la soberanía monetaria

Los depósitos tokenizados ocupan el centro de la alternativa planteada por Hernández de Cos. Su estructura los presenta como pasivos bancarios representados en una infraestructura digital, en lugar de activos emitidos al margen del sistema bancario. Desde la perspectiva del BIS, ese diseño conserva fundamentos del modelo monetario y añade capacidades asociadas con la tecnología blockchain sin exigir una ruptura completa con las instituciones existentes.

La diferencia es relevante para los bancos, que dependen de los depósitos como una fuente de financiamiento para sus actividades crediticias. Si una parte considerable de esos fondos migrara desde cuentas bancarias tradicionales hacia stablecoins, las entidades podrían enfrentar mayores costos para obtener recursos. Esa presión tendría el potencial de endurecer las condiciones de crédito y elevar los costos de endeudamiento para hogares y empresas.

El gerente general del BIS también señaló una dimensión geopolítica: la expansión de la dolarización digital. Las stablecoins denominadas en dólares estadounidenses pueden facilitar pagos internacionales y ofrecer una alternativa atractiva en países con monedas débiles, pero su uso generalizado podría reducir el margen de maniobra de las autoridades monetarias locales. En economías pequeñas, ciudadanos y compañías podrían adoptar de manera cotidiana un activo ligado al dólar y a un emisor privado, trasladando parte de su sistema monetario hacia una infraestructura vinculada con otra nación.

La inquietud no significa que toda stablecoin produzca automáticamente una pérdida de soberanía monetaria, pero sí plantea una pregunta sobre quién controla la unidad de cuenta y las redes que sostienen los pagos. Si la demanda se concentra en activos vinculados a una moneda extranjera, los bancos centrales locales podrían encontrar más difícil influir sobre la liquidez y las condiciones financieras internas.

Como ejemplo de experimentación pública, Hernández de Cos mencionó el Frontier Stable Token de Wyoming, conocido como FRNT. El token estatal está diseñado para poder emitirse y redimirse por un dólar y cuenta con respaldo en dólares estadounidenses, según la Comisión del Wyoming Stable Token. La referencia muestra que los gobiernos y las instituciones públicas también exploran activos digitales, aunque el ritmo de esas pruebas debe mantenerse bajo control.

La discusión planteada por el BIS coloca a las stablecoins ante una prueba distinta de la que suelen enfrentar en los mercados de criptomonedas. Ya no se trata solamente de demostrar que pueden mantener una cotización cercana a una moneda fiduciaria, sino de probar que funcionan con confiabilidad cuando participan millones de usuarios, múltiples jurisdicciones y operaciones de importancia sistémica.

Para los defensores de las stablecoins, el análisis deja abierta una oportunidad: Hernández de Cos no descartó que puedan volverse relevantes si realizan cambios importantes. El desafío será convencer a los reguladores de que esas mejoras pueden preservar la innovación sin deteriorar la estabilidad bancaria, la integridad de los pagos ni la autonomía monetaria de los países. Mientras tanto, el BIS mantiene su apuesta por los depósitos tokenizados como una evolución prudente de un sistema que, a su juicio, puede digitalizarse sin ser reemplazado.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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