Por Canuto  

China incorporó nuevas sustancias químicas a su régimen de control de exportaciones hacia Estados Unidos, México y Canadá, justo antes de una reunión de alto riesgo entre Donald Trump y Xi Jinping. La medida reabre el debate sobre la cooperación contra el fentanilo y añade presión a una relación marcada por aranceles, sanciones y desacuerdos estratégicos.
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  • China añadió dos sustancias a su lista de químicos sujetos a licencias para exportaciones hacia Estados Unidos, México y Canadá.
  • Pekín también advirtió sobre ocho productos químicos que podrían utilizarse para fabricar drogas sintéticas.
  • La reunión entre Donald Trump y Xi Jinping llega después de años de cooperación intermitente contra el flujo de precursores de fentanilo.


China amplió sus controles sobre la exportación de productos químicos que pueden utilizarse como precursores de drogas sintéticas, una decisión anunciada antes de la reunión prevista entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y Xi Jinping en Washington. El Ministerio de Comercio chino informó el 22 de septiembre que añadió dos sustancias a la lista de productos cuya venta hacia Estados Unidos, México y Canadá requiere una licencia, en un momento de alta tensión diplomática y con la crisis del fentanilo todavía presente en la agenda bilateral.

La medida no equivale por sí misma a una prohibición total de las exportaciones, pero sí introduce un filtro regulatorio adicional para los operadores autorizados. El anuncio coincidió con la visita de Estado de Xi a Estados Unidos y con la expectativa de que ambos líderes vuelvan a discutir áreas de cooperación, pese a las diferencias acumuladas en comercio, seguridad y política exterior.

Un nuevo control antes de la reunión

El anuncio de Pekín se produjo el 22 de septiembre, mientras Xi tenía previsto reunirse con Trump en la Casa Blanca el 24 de septiembre. Se trataría del segundo encuentro entre ambos mandatarios durante el año, después de la reunión celebrada en Pekín en mayo, cuando acordaron construir una relación de estabilidad estratégica basada, según la Casa Blanca, en la equidad y la reciprocidad.

El momento elegido para ampliar la lista de sustancias puede aumentar la relevancia política del anuncio, aunque ninguna de las dos capitales confirmó que los precursores del fentanilo vayan a ocupar un lugar específico en la agenda. Todavía no estaba claro si el flujo de químicos hacia Estados Unidos sería tratado directamente, porque Washington y Pekín no habían detallado los temas que abordarían sus líderes.

La decisión también se suma a una ampliación previa de los controles chinos. Después del encuentro de mayo en Pekín, China incorporó otras tres sustancias químicas a su lista de exportaciones controladas, mientras su Comisión Nacional de Control de Narcóticos publicó una advertencia sobre ocho productos que podrían emplearse para producir drogas sintéticas.

La combinación de licencias, advertencias y listas de vigilancia refleja la dificultad de controlar sustancias con usos legítimos en la industria química y, al mismo tiempo, impedir que terminen en cadenas de suministro clandestinas. El desafío para las autoridades no consiste únicamente en identificar el producto, sino también en rastrear a los compradores, verificar su destino final y coordinar investigaciones entre varios países.

El fentanilo como punto de fricción

La administración de Trump ha pedido repetidamente a Pekín que haga más para frenar el envío de químicos precursores utilizados en la síntesis ilícita de fentanilo. China es considerada una fuente importante de esas sustancias, aunque la fabricación, el traslado y la distribución del opioide involucran redes y territorios distintos, incluidos México y Estados Unidos.

Tras regresar a la Casa Blanca para un segundo mandato en 2025, Trump impuso aranceles relacionados con el fentanilo a China, México y Canadá, argumentando que esos países no habían hecho lo suficiente para detener el flujo de drogas ilícitas hacia Estados Unidos. Esos aranceles fueron anulados posteriormente por la Corte Suprema de Estados Unidos en febrero, de acuerdo con la información de origen.

Las cifras de mortalidad ayudan a explicar por qué el asunto conserva tanta importancia política en Washington. Las muertes vinculadas al fentanilo aumentaron con fuerza alrededor de 2016 y se dispararon entre 2021 y 2023; en el punto máximo de la crisis, el opioide estuvo relacionado con 76.226 fallecimientos en 2022, más de cuatro veces la cifra registrada en 2016.

En 2024 apareció un cambio de tendencia, coincidente con modificaciones en las políticas fronterizas, y las muertes relacionadas con el fentanilo fueron estimadas en 48.422. La reducción no elimina el problema ni demuestra por sí sola qué medida produjo el descenso, pero sí modifica el contexto en el que Washington evalúa la cooperación internacional y presiona a los países vinculados con la cadena de suministro.

Una cooperación marcada por interrupciones

Estados Unidos y China mantienen contactos para enfrentar la crisis del fentanilo desde mediados de la década de 2010. Esos esfuerzos han derivado en restricciones sobre varios productos químicos a lo largo de los años, aunque la cooperación también ha sufrido interrupciones provocadas por conflictos políticos más amplios.

Pekín rompió en 2022 sus principales compromisos de cooperación con Washington, después de la visita a Taiwán de Nancy Pelosi, quien entonces presidía la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Entre las medidas adoptadas estuvo el cese de la colaboración destinada a frenar exportaciones relacionadas con el fentanilo, una decisión que mostró cómo las disputas de seguridad regional podían afectar un problema de salud pública.

El diálogo se reanudó en noviembre de 2023, después de que Estados Unidos retirara las sanciones contra el Instituto de Ciencias Forenses del Ministerio de Seguridad Pública de China por abusos de derechos humanos en Xinjiang. La reactivación permitió recuperar canales de comunicación, aunque no resolvió las diferencias sobre la responsabilidad de cada país ni garantizó una cooperación estable.

En noviembre de 2025, Pekín impuso restricciones de exportación sobre 13 productos químicos precursores de fentanilo con destino a Estados Unidos, México y Canadá, después de que Trump se reuniera con Xi al margen de la cumbre de APEC en Corea del Sur. Ese antecedente muestra que los encuentros presidenciales pueden estar acompañados por decisiones regulatorias concretas, pero también que los controles forman parte de una negociación más amplia.

Una agenda bilateral todavía incierta

La reunión en Washington llega en un escenario donde cada anuncio puede interpretarse como una señal de cooperación o como una herramienta de presión. La ampliación de la lista china ofrece a Pekín un argumento para demostrar que está actuando contra los precursores, mientras Washington puede considerar que las licencias son insuficientes si no producen cambios verificables en el flujo de sustancias.

Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, dijo a periodistas después de reunirse con el canciller chino Wang Yi en Manila, Filipinas, el 22 de julio, que esperaba una visita positiva de Xi. Rubio reconoció las grandes diferencias entre Washington y Pekín y explicó que su tarea consistía en gestionarlas para garantizar que nunca se salieran de control.

En aquella ocasión, Rubio afirmó: “Obviamente, siempre vamos a defender nuestro interés nacional. Y espero que ellos hagan lo mismo, según cómo lo definan. Pero creo que hay algunas áreas de cooperación potencial”. La declaración dejó abierta la posibilidad de acuerdos parciales, aunque no anticipó si el combate contra el fentanilo sería una de esas áreas.

Por ahora, ni Pekín ni Washington han confirmado públicamente el alcance de las conversaciones sobre precursores químicos. El resultado dependerá de si los nuevos controles se acompañan con intercambio de información, aplicación efectiva de las licencias y mecanismos de seguimiento que permitan distinguir entre comercio químico legítimo y desvíos hacia redes de drogas sintéticas.

La disputa seguirá teniendo consecuencias que exceden la relación entre los dos gobiernos, porque México y Canadá también quedaron incluidos en el régimen de licencias anunciado por China. Mientras la cooperación permanezca condicionada por conflictos sobre Taiwán, sanciones, comercio y seguridad, la lucha contra el fentanilo continuará dependiendo de acuerdos frágiles y de decisiones que pueden cambiar con cada crisis diplomática.


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