Por Canuto  

Un estudio de tres astrónomos estima que los centros de datos orbitales propuestos por SpaceX, Blue Origin y Cowboy Space podrían multiplicar la cantidad de satélites visibles frente a las estrellas en ciertos momentos. Los autores advierten que reducir el brillo de forma drástica o limitar el número de aparatos sería esencial para evitar el peor escenario.
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  • El modelo calcula que, en una tarde invernal a 30 grados de latitud, el diseño de SpaceX podría sumar unos 98.000 satélites más brillantes que la magnitud 5, frente a unas 500 estrellas de ese brillo.
  • Las propuestas descritas ante la FCC incluyen hasta 51.600 satélites para Sunrise, de Blue Origin; 20.000 para Stampede, de Cowboy Space, y cerca de 1,2 millones para SpaceX al considerar una actualización posterior.
  • Los autores plantean que solo una reducción del brillo en varios órdenes de magnitud o límites estrictos a la cantidad de satélites evitarían los impactos más graves sobre el cielo nocturno.


Centros de datos orbitales podrían eclipsar las estrellas con una flota de satélites

La carrera por instalar centros de datos en órbita podría tener un efecto visible mucho más allá de la industria tecnológica: llenar de satélites partes del cielo nocturno y complicar la observación astronómica. Un estudio elaborado por los astrónomos Aaron Boley, Samantha Lawler y Hanno Rein estima que, bajo ciertos escenarios, habría aproximadamente 100 veces más satélites visibles que estrellas durante algunas horas.

El análisis examina propuestas presentadas ante la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos (FCC) por SpaceX, Blue Origin y Cowboy Space. Sus resultados dependen de modelos y supuestos sobre constelaciones que todavía no existen en las dimensiones planteadas, por lo que no describen un impacto ya observado, sino una proyección de lo que podría ocurrir si los diseños avanzaran sin medidas suficientes de mitigación.

Un escenario de miles y hasta más de un millón de aparatos

El preprint de Boley, Lawler y Rein, titulado «Rings in the Sky», modela tres configuraciones basadas en la información presentada por las compañías. Según esos diseños, Sunrise, de Blue Origin, tendría hasta 51.600 satélites; Stampede, de Cowboy Space, alcanzaría 20.000, mientras que la constelación de SpaceX aparece descrita inicialmente como un proyecto de un millón de unidades.

El cálculo para SpaceX se acerca a 1,2 millones de satélites cuando se suman las órbitas incluidas en una actualización posterior. Sin embargo, las presentaciones de las empresas ofrecen descripciones narrativas y algunas órbitas representativas, no un inventario completo de cada trayectoria, de modo que los autores tuvieron que completar partes del modelo con sus propias suposiciones.

La escala de los aparatos también influye en la preocupación astronómica. SpaceX indicó ante la FCC que sus satélites de centros de datos tendrían unos 800 metros cuadrados de superficie, al contar radiadores y paneles solares, mientras que el diseño de Cowboy Space sugiere un panel solar de alrededor de 4.800 metros cuadrados.

La superficie estimada para Cowboy Space equivale a más del doble de los aproximadamente 2.250 metros cuadrados de la Estación Espacial Internacional. Estas dimensiones importan porque el área expuesta puede incidir en la cantidad de luz solar reflejada hacia la Tierra; aun así, el estudio no presenta esas estimaciones como mediciones de satélites ya desplegados, sino como elementos de los diseños analizados.

Cómo cambiaría el cielo según la latitud y la estación

Una de las proyecciones más llamativas se refiere a una tarde de invierno a 30 grados de latitud. Para ese escenario, los autores calculan que solo el diseño de SpaceX podría producir unos 98.000 satélites más brillantes que la magnitud 5, frente a aproximadamente 500 estrellas con un brillo comparable.

La comparación no significa que todos esos satélites fueran a cubrir el cielo de manera uniforme ni que se vieran a toda hora. El modelo describe agrupaciones en anillos heliosíncronos, órbitas que cruzarían el cielo dos veces al día, por lo que el efecto cambiaría según la ubicación del observador y el momento de la jornada.

Los autores señalan que el impacto más marcado podría presentarse durante el invierno, cuando esos anillos atravesarían cielos que, en otras condiciones, estarían oscuros. Cerca de los polos, en cambio, los satélites permanecerían a la vista durante todo el día, una diferencia geográfica que impide resumir el problema como un fenómeno idéntico para todas las regiones.

Las cifras dependen además de un modelo sencillo que representa cada satélite como una esfera reflectante. Por esa razón, el brillo real podría ser mayor o menor que el estimado, y los autores no presentan el resultado como una predicción exacta para cada noche, sino como una señal de la magnitud potencial del problema.

El debate sobre contaminación lumínica y mitigación

Aaron Boley dijo a Scientific American que la contaminación lumínica de las ciudades ha hecho que muchas personas pierdan la relación cotidiana con el cielo nocturno. Gaspar Bakos, astrónomo de Princeton que no participó en el estudio, sostuvo ante la revista que el efecto de los satélites sería global y que no habría un lugar donde escapar de ellos.

La preocupación de fondo es que una constelación muy extensa podría alterar tanto la experiencia del cielo como las condiciones para observarlo desde la Tierra. En el caso de la astronomía, el modelo apunta a la cantidad de objetos visibles y a su brillo, aunque la información disponible no cuantifica por separado cuánto afectaría cada diseño a una observación científica concreta.

La conclusión del preprint es que, para evitar el peor escenario, harían falta reducciones del brillo en varios órdenes de magnitud o límites estrictos al número de satélites. Los autores afirman que la forma más clara de reducir los impactos de los centros de datos orbitales sería limitar su uso, una recomendación que sitúa la escala de despliegue en el centro del debate regulatorio.

El análisis también enumera costos asociados al reemplazo de los aparatos y a su desincorporación. Si una flota de un millón de satélites tuviera una vida útil de cinco años, habría que retirar uno cada tres minutos, según el cálculo descrito por los autores, un ritmo que plantea preguntas sobre el ciclo de vida de una constelación de esa magnitud.

FCC, empresas y efectos más allá del brillo

El estudio advierte además que el metal que una flota de ese tamaño depositaría en la estratosfera podría superar en varios órdenes de magnitud cualquier cantidad considerada en modelos previos. Se trata de otra consecuencia potencial que los autores agregan a la discusión, distinta del brillo visible, y que relacionan con el volumen de satélites que habría que reemplazar.

La FCC aceptó para trámite la solicitud de SpaceX sobre centros de datos orbitales el 4 de febrero de 2026, según el documento de la comisión, «SB Accepts For Filing SpaceX’s Application for Orbital Data Centers». Esa actuación corresponde a la recepción formal de la solicitud; no equivale, por sí sola, a una decisión de autorización.

En la discusión pública, Stefan Andersson cuestionó a quienes, según él, buscan razones para impedir la construcción de centros de datos orbitales. También afirmó que SpaceX ya cuenta con más de 11.000 satélites en órbita terrestre baja y que esa flota demuestra la viabilidad de la computación espacial; ese argumento se refiere a la posibilidad de operar tecnología en el espacio, no a las estimaciones de brillo del estudio.

SpaceX ya ha atenuado sus satélites Starlink y, de acuerdo con Scientific American, prometió aplicar medidas de mitigación en sus presentaciones ante la FCC. La publicación indicó que las otras empresas mencionadas no habían hecho públicos sus planes al respecto, por lo que todavía no hay información suficiente para comparar la estrategia de cada compañía frente al problema de la luminosidad.

La Sociedad Astronómica Estadounidense pidió a la FCC que rechace la solicitud de SpaceX y señaló que sus preocupaciones también abarcan las presentaciones de Starcloud, Blue Origin y Cowboy Space. Ese pedido añade presión al proceso regulatorio, aunque la aceptación de la solicitud para trámite no determina cuál será la decisión final de la comisión ni si las empresas modificarán sus propuestas.

Por ahora, las cifras más elevadas deben leerse como resultados de escenarios construidos a partir de diseños y supuestos, no como un recuento de satélites que ya estén en órbita. La discusión que plantean combina la promesa de llevar capacidad de cómputo al espacio con interrogantes sobre el acceso al cielo oscuro, el brillo de las constelaciones, su reemplazo y la supervisión de la FCC.


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