El Banco de Pagos Internacionales sostuvo que las stablecoins hoy se parecen más a ETFs que a dinero verdadero. Su informe anual alerta sobre desvíos frente al valor nominal, fricciones en el canje y un efecto más amplio: el avance de la dolarización y del riesgo cambiario en economías vulnerables.
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- El BIS afirma que las stablecoins no cumplen plenamente con las funciones del dinero y se comportan más como vehículos de inversión.
- El informe señala que los tokens pueden desviarse de su valor nominal y no garantizan canje a la par en todas las blockchains y condiciones.
- También advierte que las stablecoins vinculadas al dólar están acelerando la dolarización y debilitando monedas locales en países vulnerables.
🚨 El BIS alerta sobre riesgos de las stablecoins 🚨
Comparan su funcionamiento con ETFs y advierten que no cumplen plenamente funciones del dinero.
Divelvan del valor nominal y pueden acentuar la dolarización en economías vulnerables.
Esto podría debilitar monedas locales y… pic.twitter.com/AvESpQGXzs
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) June 29, 2026
El Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), cuestionó de forma directa una de las promesas centrales del ecosistema cripto. En su informe anual, sostuvo que las stablecoins se parecen más a fondos cotizados en bolsa (ETF) que a dinero verdadero.
La observación golpea una narrativa que durante años ha presentado a estos tokens como la evolución natural de los pagos en blockchain. Para el BIS, el problema no es solo técnico, sino monetario, porque el diseño actual de las stablecoins no reproduce las propiedades esenciales del dinero aceptado de forma universal.
De acuerdo con la institución, el rasgo distintivo del dinero real es que se acepta “sin preguntas”. Cuando una persona paga con dólares en un supermercado, un hotel, un centro comercial o un aeropuerto, nadie suele cuestionar su legitimidad ni espera que valga algo distinto a su valor nominal.
El informe sostiene que las stablecoins no alcanzan ese estándar. Aunque suelen mantener desviaciones moderadas, sus precios en mercados secundarios pueden separarse del valor de referencia, como ocurre con las participaciones de un ETF que cotizan con prima o descuento frente al valor neto de sus activos.
Ese punto es clave para entender la comparación. Según el BIS, la cotización de una stablecoin depende de la confianza del mercado en las reservas del emisor y en el mecanismo de redención, no de un acceso directo y garantizado al sistema monetario de banco central.
Por qué el BIS dice que las stablecoins no son dinero en sentido estricto
El análisis del BIS parte de una definición clásica del dinero como medio de pago final y ampliamente aceptado. Bajo ese enfoque, no basta con que un activo sea digital, líquido o muy utilizado dentro del ecosistema cripto para que pueda equipararse a un depósito bancario o al efectivo.
La institución remarcó que las transferencias con stablecoins “no se asientan ni directa ni indirectamente en los balances de los bancos centrales”. Esa diferencia, aunque suene técnica, es central para el argumento, porque separa a estos tokens de la infraestructura monetaria tradicional.
Un depósito bancario convencional, incluso cuando circula de forma digital, existe dentro de una arquitectura respaldada por acceso al dinero de banco central. En cambio, el BIS sostuvo que las stablecoins “no pueden actualmente garantizar el canje a la par entre emisores y blockchains bajo todas las condiciones”.
La institución también cuestionó la idea de que el canje siempre sea inmediato, limpio y libre de costos. En su lectura, las fricciones de redención son frecuentes y eso refuerza la comparación con ETFs, donde la conversión al valor subyacente puede implicar retrasos o costos según la estructura del vehículo.
El reporte fue explícito al señalar que “las fricciones de redención son comunes, lo que indica que los diseños actuales de stablecoin se asemejan más a las acciones de fondos cotizados en bolsa que a medios de pago”. Con ello, el BIS trasladó el debate desde la innovación tecnológica hacia la calidad monetaria del instrumento.
Otro aspecto criticado fue el modelo de pago anticipado que suelen usar estos emisores. Según el BIS, cuando un token solo puede acuñarse después de que el usuario entrega el equivalente en efectivo, el sistema queda atado a un financiamiento previo del 100%.
Esa lógica, añadió la institución, limita la capacidad de expansión flexible de la oferta. A diferencia de un banco comercial, que puede crear nuevo dinero de depósito al otorgar préstamos, el emisor de una stablecoin no puede aumentar suministro sin recibir antes los fondos correspondientes.
Desvíos de precio, canje incierto y confianza en las reservas
En la práctica, buena parte del atractivo de las stablecoins radica en la percepción de estabilidad. El usuario promedio espera que un token atado al dólar valga siempre USD $1,00, pero el BIS subrayó que esa equivalencia no es absoluta ni automática en todos los mercados y momentos.
El informe recordó que las versiones tokenizadas de monedas fiduciarias pueden negociarse por encima o por debajo de su valor nominal. Aunque esas variaciones suelen ser pequeñas, el solo hecho de que existan ya las acerca más a un activo financiero negociable que a dinero con aceptación plena e incuestionada.
La comparación con un ETF no es casual. En ambos casos, el precio de mercado puede separarse del valor esperado del activo subyacente, y esa diferencia refleja condiciones de liquidez, demanda, arbitraje y confianza en el mecanismo que mantiene el vínculo con la referencia.
Para el BIS, esto implica que el valor de una stablecoin no surge de una promesa soberana ni de una reclamación directa sobre el dinero de banco central. Surge, sobre todo, de la fe del mercado en que las reservas existen, son suficientes y podrán convertirse en efectivo cuando el usuario lo solicite.
Ese matiz cobra relevancia en episodios de tensión. Si la confianza se deteriora o si el proceso de redención enfrenta obstáculos operativos, legales o de liquidez, la supuesta estabilidad puede mostrar grietas con rapidez, del mismo modo en que otros vehículos financieros enfrentan descuentos o presiones de salida.
La advertencia no equivale a decir que todas las stablecoins pierden su paridad de forma severa o permanente. Lo que plantea la institución es que, aun cuando las desviaciones sean moderadas, el diseño actual no logra ofrecer la certeza monetaria que sí se espera de un billete o un depósito bancario tradicional.
La preocupación mayor: dolarización y riesgo cambiario en economías vulnerables
Más allá de la discusión conceptual, el BIS puso el foco en una consecuencia macroeconómica que considera más delicada. Según el informe, las stablecoins vinculadas al dólar están acelerando la dolarización, sobre todo en economías expuestas a inflación alta, estrés soberano o fragilidad institucional.
La paradoja es notable. Las criptomonedas fueron promovidas durante años como alternativa a las monedas fiduciarias dominantes, en especial al dólar, pero el BIS concluyó que las stablecoins están produciendo el efecto opuesto al reforzar la demanda global por instrumentos denominados en moneda estadounidense.
El reporte encontró un aumento en los flujos desde monedas no dolarizadas hacia stablecoins atadas al dólar. En la lectura del BIS, esos movimientos pueden debilitar a las divisas domésticas en el mercado al contado y alterar la dinámica cambiaria local.
También pueden exponer fricciones en el arbitraje entre los mercados cripto y los mercados convencionales de divisas, o FX. Además, la institución advirtió que este proceso puede elevar el costo de comprar dólares por medio del mercado de swaps de divisas.
El BIS enmarcó el fenómeno como una versión nueva y más veloz de un problema antiguo: la dolarización de depósitos. En escenarios de inestabilidad macroeconómica, los hogares suelen buscar refugio en moneda extranjera, pero ahora pueden hacerlo mediante tokens digitales con circulación transfronteriza más ágil.
Los detonantes, según el informe, siguen siendo parecidos a los del sistema financiero tradicional. La inflación elevada y el estrés soberano empujan mayores flujos hacia stablecoins extranjeras, y una vez que ese patrón se consolida, suele persistir durante años.
Ese punto preocupa especialmente a los países emergentes y en desarrollo. Si una porción creciente del ahorro, las remesas o incluso ciertas transacciones empieza a migrar hacia instrumentos referenciados al dólar, la capacidad del Estado para defender la moneda local puede erosionarse.
Controles de capital, billeteras no alojadas y límites regulatorios
El BIS sostuvo que la versión tokenizada de la dolarización es más difícil de contener que la tradicional. Mientras los depósitos bancarios están más integrados a marcos regulatorios nacionales, las stablecoins pueden circular en redes abiertas, cruzar fronteras y almacenarse en billeteras sin custodia.
Varios países, en particular economías emergentes y en desarrollo, ya han impuesto restricciones al uso transfronterizo de stablecoins. Sin embargo, la institución advirtió que esas medidas “son, no obstante, probablemente imperfectas” por la naturaleza de portador digital de los tokens.
La disponibilidad de billeteras no alojadas complica la aplicación de controles de capital diseñados para canales financieros convencionales. Un régimen que puede funcionar de forma razonable sobre bancos y depósitos pierde efectividad cuando los usuarios operan con activos digitales fuera de custodios regulados.
En este contexto, el debate deja de ser exclusivamente cripto y pasa a tocar temas de soberanía monetaria. Si un país no puede monitorear ni frenar con eficacia la sustitución de su moneda por tokens atados a otra divisa, enfrenta un reto político y económico de primer orden.
La lectura del BIS sugiere que las stablecoins no solo plantean riesgos para usuarios individuales o plataformas privadas. También pueden alterar mecanismos macroeconómicos clásicos, desde la transmisión de política monetaria hasta la administración de flujos de capital y la estabilidad del mercado cambiario.
Para los defensores del sector, estas observaciones probablemente abrirán una nueva ronda de discusión sobre reservas, redención, interoperabilidad y supervisión. Para los reguladores, en cambio, el mensaje parece más directo: la adopción de stablecoins ya está generando efectos sistémicos que trascienden el nicho cripto.
La cobertura de CoinDesk destacó que el último informe anual del BIS profundiza tanto en stablecoins como en tendencias de inteligencia artificial. En el caso de los tokens estables, la conclusión del banco de bancos centrales fue especialmente dura frente a la idea de que estos instrumentos ya puedan funcionar como dinero pleno.
En suma, el documento no niega la utilidad operativa ni el crecimiento de las stablecoins. Lo que cuestiona es su estatus monetario y el costo macroeconómico que podrían estar trasladando a economías vulnerables, sobre todo cuando actúan como una vía digital y global para profundizar la dolarización.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.
Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA.
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