Por Canuto  

El Banco de Pagos Internacionales encendió las alertas sobre el crecimiento de las stablecoins en dólares, al advertir que podrían generar riesgos reales para bancos, mercados de financiación y política económica si llegan a competir con el dinero tradicional.
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  • Pablo Hernández de Cos, gerente general del BIS, pidió una coordinación global más estricta para regular las stablecoins.
  • El organismo sostiene que tokens como USDT y USDC se parecen más a productos de inversión que a efectivo de uso general.
  • Europa, Reino Unido y Suiza ya mueven piezas mientras crece el debate sobre pagos tokenizados y riesgos de corridas.


El Banco de Pagos Internacionales, conocido como BIS por sus siglas en inglés, volvió a poner a las stablecoins en el centro del debate regulatorio global. Su gerente general, Pablo Hernández de Cos, advirtió este lunes que los tokens denominados en dólares estadounidenses podrían tener consecuencias materiales para la estabilidad financiera y la política económica si alcanzan una escala suficiente para rivalizar con el dinero tradicional.

La advertencia fue realizada durante un seminario del Banco de Japón en Tokio. Allí, el directivo sostuvo que los esquemas actuales de stablecoins no cumplen todavía con las condiciones necesarias para convertirse en un medio de pago de uso generalizado, incluso cuando ofrecen ventajas que el mercado considera valiosas, como transferencias transfronterizas más rápidas e integración con contratos inteligentes.

El señalamiento llega en un momento clave para la industria cripto. Las stablecoins se han consolidado como una de las principales infraestructuras de liquidez en mercados digitales, pero su expansión también ha elevado la atención de bancos centrales, supervisores financieros y legisladores, especialmente en torno a su capacidad de escalar fuera del ecosistema puramente cripto.

Para lectores menos familiarizados con el tema, una stablecoin es un token diseñado para mantener paridad con un activo estable, casi siempre el dólar estadounidense. Esa promesa de estabilidad ha impulsado su uso en trading, pagos y remesas, aunque las autoridades sostienen que esa aparente solidez depende de la calidad de las reservas, de la capacidad de redención y del marco regulatorio bajo el cual operan sus emisores.

El BIS cuestiona si las stablecoins son realmente dinero

En su intervención, Hernández de Cos señaló que las mayores stablecoins en dólares, entre ellas USDt (USDT) y USDC (USDC), comparten rasgos más cercanos a productos de inversión que a dinero equivalente al efectivo. Entre los elementos que mencionó figuran las comisiones y condiciones vinculadas a los reembolsos en el mercado primario, así como episodios en los que sus precios se apartaron de la paridad en mercados secundarios.

Desde esa óptica, el ejecutivo afirmó que estos tokens se comportan más como fondos cotizados en bolsa, o ETF, que como efectivo de uso universal. La comparación no es menor, porque sugiere que la promesa de estabilidad depende de mecanismos de mercado y de la estructura del emisor, no de una equivalencia absoluta e inmediata con el dinero del banco central.

El BIS también puso el foco en el riesgo de corridas y contagio. Según la advertencia, los emisores de stablecoins mantienen deuda pública de corto plazo y depósitos bancarios como activos de reserva. En un escenario de tensión, salidas rápidas de capital podrían forzar ventas de esas reservas en mercados ya presionados o trasladar estrés de financiación a los bancos.

Ese punto conecta con una preocupación más amplia de política monetaria y estabilidad sistémica. Si una stablecoin ampliamente utilizada se convierte en sustituto operativo del dinero bancario o de los depósitos tradicionales, los movimientos de entrada y salida podrían alterar de forma más abrupta los flujos de liquidez del sistema financiero, especialmente durante episodios de volatilidad.

Hernández de Cos sostuvo además que las stablecoins actuales no alcanzan el estándar necesario para un medio de pago de uso generalizado. Aunque reconoció sus ventajas tecnológicas, su diagnóstico fue que todavía persisten debilidades estructurales que impiden tratarlas como una forma de dinero plenamente segura y equivalente al efectivo tradicional.

AML, billeteras no custodiadas y blockchains públicas bajo la lupa

Otro de los ejes del discurso fue el uso de blockchains públicas y sin permisos, junto con billeteras no custodiadas. A juicio del gerente general del BIS, esta combinación deja una parte importante de la actividad fuera de los controles convencionales de prevención de lavado de dinero y financiamiento del terrorismo.

Según explicó, esa arquitectura puede volver a las stablecoins especialmente atractivas para usos ilícitos si no existen salvaguardas específicas en las rampas de entrada y salida entre el sistema financiero tradicional y el ecosistema blockchain. La observación se suma a uno de los debates más persistentes del sector, donde la trazabilidad pública de las cadenas convive con herramientas de autocustodia y acceso sin intermediarios.

El señalamiento no implica que toda la actividad con stablecoins sea ilícita, pero sí refuerza la idea de que las reglas tradicionales de supervisión financiera enfrentan limitaciones cuando se aplican a redes abiertas. En la práctica, el reto regulatorio pasa por definir cómo imponer controles eficaces sin anular las propiedades técnicas que han impulsado la adopción de estos activos.

La combinación de reservas financieras tradicionales y circulación en infraestructura descentralizada es precisamente lo que vuelve singular al fenómeno. Para el BIS, ese híbrido exige una respuesta coordinada entre jurisdicciones, ya que una regulación fragmentada podría abrir espacios de arbitraje normativo y desplazar riesgos de un país a otro.

Europa endurece el tono frente a las stablecoins no denominadas en euros

El discurso del BIS coincide con un endurecimiento del debate en Europa sobre stablecoins no denominadas en euros y otros instrumentos tokenizados similares al dinero. En semanas recientes, distintas autoridades del bloque han dado señales de que podrían impulsar controles más estrictos para evitar que los pagos digitales queden dominados por instrumentos referenciados al dólar.

A comienzos de este mes, Denis Beau, primer subgobernador del Banco de Francia, instó a la Unión Europea a ir más allá del texto original del Reglamento de Mercados de Criptoactivos. Su propuesta apunta a limitar el uso de stablecoins no denominadas en euros en pagos cotidianos y a endurecer las normas sobre emisión de una misma moneda dentro y fuera del bloque.

La lógica de esa postura es reducir el arbitraje regulatorio en momentos de tensión. Si emisores y usuarios pueden desplazarse entre marcos jurídicos con exigencias distintas, el sistema podría enfrentar vulnerabilidades adicionales justo cuando la estabilidad y la liquidez son más necesarias.

En paralelo, el Banco Central Europeo ha comparado las stablecoins en euros con fondos del mercado monetario tokenizados. Según ese contraste, ambos tipos de instrumentos realizan transformación de liquidez y están expuestos al riesgo de corridas, aunque operan bajo regímenes distintos de transparencia, gestión de liquidez y regulación, factores que pueden cambiar la manera en que el estrés se transmite a los mercados de financiación.

Ese matiz es importante porque evita meter todos los instrumentos tokenizados en una sola categoría. Para los reguladores, la estructura legal, la calidad de los activos de respaldo y los mecanismos de rescate pueden marcar diferencias sustanciales en la magnitud del riesgo sistémico.

Reino Unido y Suiza también ajustan sus estrategias

El debate no se limita a la eurozona. En Reino Unido, miembros de la Cámara de los Lores interrogaron en marzo a Coinbase sobre si las stablecoins podrían drenar depósitos de bancos comerciales, activar corridas parecidas a la de Silicon Valley Bank y facilitar actividades criminales, mientras el gobierno termina de definir un régimen específico para tokens respaldados por dinero fiduciario.

La referencia a Silicon Valley Bank muestra hasta qué punto los reguladores están conectando la conversación cripto con vulnerabilidades ya observadas en la banca tradicional. Más que un temor abstracto, la preocupación es que una migración rápida de depósitos hacia instrumentos tokenizados añada presión a entidades que dependen de una base de financiación relativamente estable.

En Suiza, el enfoque ha sido distinto y más orientado a la experimentación controlada. El 8 de abril, UBS y varias entidades nacionales lanzaron un piloto de stablecoin denominada en francos dentro de un entorno sandbox. El objetivo es explorar pagos en francos basados en blockchain sin sacar esos instrumentos del perímetro del sistema financiero regulado.

Ese contraste ilustra dos respuestas posibles frente al mismo fenómeno. Mientras algunos reguladores enfatizan límites y contención, otros optan por pruebas supervisadas para evaluar si la tokenización puede integrarse con seguridad en la infraestructura financiera existente.

La advertencia del BIS, reportada por Cointelegraph, refuerza la idea de que la discusión sobre stablecoins ya superó el terreno de la innovación tecnológica. Ahora forma parte de una conversación más amplia sobre soberanía monetaria, estabilidad bancaria, prevención de delitos financieros y diseño del sistema de pagos del futuro.

Por ahora, el mensaje central de Pablo Hernández de Cos es claro. Si las stablecoins en dólares siguen creciendo hasta competir con formas tradicionales de dinero, su regulación no podrá descansar en enfoques parciales o puramente nacionales. Para el BIS, la respuesta tendrá que ser más coordinada, más rigurosa y más atenta a los vínculos entre criptoactivos, bancos y mercados de financiación.


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