Estados Unidos está dispuesto a conversar con China sobre los riesgos compartidos de la inteligencia artificial, justo cuando Washington y Beijing preparan nuevas reuniones y crece la preocupación por una carrera tecnológica difícil de controlar.
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- Scott Bessent afirmó que Estados Unidos quiere discutir con China cómo evitar riesgos compartidos y una división de sus sistemas de IA.
- Las conversaciones podrían incluir modelos de pesos abiertos y pesos cerrados, dos enfoques clave en el desarrollo de inteligencia artificial.
- El diálogo ocurrirá antes de una reunión de Bessent con He Lifeng este fin de semana, mientras Donald Trump prevé reunirse con Xi Jinping en Washington la próxima semana.
🤖🇺🇸🇨🇳 Bessent abre diálogo con China sobre riesgos de la IA
EE. UU. plantea abordar modelos de pesos abiertos y cerrados y evitar una división tecnológica.
La propuesta precede reuniones con He Lifeng y un encuentro previsto entre Trump y Xi. pic.twitter.com/pE51CTMc5Q
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 16, 2026
Estados Unidos está dispuesto a conversar con China sobre los riesgos compartidos derivados del desarrollo acelerado de la inteligencia artificial, según declaró el secretario del Tesoro, Scott Bessent. La posibilidad de diálogo aparece antes de una nueva ronda de conversaciones bilaterales y en un momento en que la competencia tecnológica entre ambos países sigue aumentando.
Bessent señaló que Washington sigue considerando que ocupa la posición de liderazgo en inteligencia artificial, pero planteó que ese liderazgo no impide explorar medidas comunes con Beijing. Su propuesta contempla discutir tanto los modelos de pesos abiertos como los de pesos cerrados, dos categorías que concentran buena parte del debate sobre acceso, control y seguridad en los sistemas de IA más avanzados.
Un diálogo en medio de la competencia tecnológica
De acuerdo con la información publicada por Axios, Bessent afirmó que Estados Unidos está abierto a discutir con China cómo evitar riesgos compartidos y cómo impedir una bifurcación de los sistemas tecnológicos de ambos países. La expresión alude a un escenario en el que Washington y Beijing desarrollen ecosistemas de inteligencia artificial cada vez más separados, con estándares, modelos y mecanismos de control que dejen de ser compatibles.
El funcionario sostuvo que las conversaciones deberían cubrir los modelos de pesos abiertos y los modelos de pesos cerrados. En términos generales, los primeros permiten un acceso más amplio a los componentes que determinan el comportamiento de un sistema, mientras los segundos mantienen esos elementos bajo control de sus desarrolladores, una diferencia que influye directamente en la auditoría, la innovación y la supervisión.
La discusión no significa que Estados Unidos y China hayan alcanzado un acuerdo sobre reglas comunes, ni que sus diferencias estratégicas hayan desaparecido. Por ahora, la propuesta representa una apertura diplomática para tratar un problema que puede afectar a ambos países, incluso si sus empresas compiten por liderazgo comercial, capacidad informática y control de tecnologías consideradas estratégicas.
La tensión entre cooperación y rivalidad ha acompañado la expansión de la IA avanzada, porque cada gobierno busca proteger sus ventajas tecnológicas mientras intenta limitar riesgos que podrían cruzar fronteras. Una falla grave, un uso malicioso o una carrera sin salvaguardas no necesariamente quedaría contenida dentro del país donde se origine, lo que explica el interés en identificar amenazas que puedan considerarse compartidas.
La alarma por una superinteligencia difícil de controlar
La iniciativa de Bessent coincide con el debate sobre los riesgos asociados con una eventual superinteligencia. La preocupación central es que el ritmo de desarrollo pueda superar la capacidad de gobiernos y empresas para comprender, supervisar o corregir sistemas con capacidades muy superiores a las actuales.
El debate incluye propuestas de supervisión y una posible colaboración más estrecha entre Estados Unidos y China en medidas de protección. Estos planteamientos no eliminarían la competencia tecnológica, pero buscarían establecer barreras mínimas para que la carrera por construir modelos más capaces no avance sin evaluaciones de seguridad suficientes.
La referencia a modelos abiertos y cerrados también refleja una disputa sobre quién puede examinar una herramienta de IA y bajo qué condiciones. Un sistema con mayor disponibilidad puede facilitar la investigación y ampliar la innovación, pero también hacer más accesibles determinadas capacidades; uno cerrado puede concentrar la responsabilidad en su desarrollador, aunque dificulta la revisión independiente de sus límites y riesgos.
El desafío para los negociadores consiste en transformar advertencias generales en compromisos verificables, sin convertir la seguridad en un instrumento para bloquear toda colaboración tecnológica. La información disponible no indica que Bessent haya presentado un tratado, una norma concreta o un calendario de controles, por lo que el próximo paso será determinar si la conversación puede avanzar más allá de una declaración de disposición al diálogo.
Washington y Beijing preparan nuevas reuniones
Los comentarios de Bessent se produjeron antes de su reunión con He Lifeng, vice primer ministro chino, prevista para este fin de semana en Nueva York. El encuentro ofrece un espacio para abordar asuntos económicos y estratégicos, aunque la declaración del secretario del Tesoro incorpora la inteligencia artificial a una agenda bilateral marcada por la competencia entre las dos mayores potencias tecnológicas.
La reunión también ocurre antes de un encuentro previsto entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping, durante una cumbre en Washington la próxima semana. Reportes citados por medios internacionales sitúan esa reunión el 24 de septiembre. La información disponible no detalla si la seguridad de la IA formará parte de la conversación presidencial, pero el calendario coloca el tema en un contexto de contactos diplomáticos de alto nivel.
La coordinación resulta políticamente compleja porque Washington y Beijing mantienen diferencias profundas sobre comercio, tecnología y seguridad nacional. La disposición de Bessent a conversar sobre riesgos comunes no equivale a un acuerdo de cooperación ni permite determinar todavía el alcance de cualquier eventual diálogo.
El reto de evitar una división permanente
La posibilidad de una bifurcación de los sistemas de IA tiene implicaciones que van más allá de la relación entre Washington y Beijing. Si cada bloque desarrolla modelos, estándares de seguridad y criterios de acceso incompatibles, empresas, investigadores y gobiernos podrían enfrentar mayores costos para intercambiar conocimientos, evaluar riesgos o responder de manera coordinada ante incidentes.
Al mismo tiempo, una separación completa tampoco resolvería automáticamente los problemas de seguridad que preocupan a los críticos de la carrera por la superinteligencia. Los modelos continuarían evolucionando dentro de cada jurisdicción, y la falta de canales de comunicación podría reducir la capacidad de comparar resultados, compartir alertas o acordar respuestas frente a comportamientos inesperados.
La discusión sobre pesos abiertos y cerrados añade una dificultad técnica y política a cualquier eventual entendimiento. Las autoridades tendrían que equilibrar la transparencia necesaria para auditar sistemas con las restricciones que los desarrolladores consideran esenciales para proteger propiedad intelectual, seguridad nacional y controles sobre capacidades potencialmente peligrosas.
Por ahora, el hecho principal es que Estados Unidos expresó disposición a incluir estos asuntos en sus conversaciones con China, mientras ambos países mantienen una rivalidad tecnológica profunda. El resultado dependerá de si la propuesta de diálogo logra traducirse en intercambios concretos, porque evitar una fractura de los sistemas de IA requeriría más que reconocer que existen riesgos compartidos.
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