Una red de aplicaciones de citas utilizó miles de perfiles generados con inteligencia artificial para mantener conversaciones y cobrar monedas a usuarios que creían hablar con personas reales.
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- Anthropic identificó más de 4.700 personas virtuales que interactuaron con al menos 25.000 usuarios durante dos semanas.
- Las aplicaciones cobraban monedas por continuar chats, mientras trabajadoras pagadas ayudaban a sostener la apariencia de actividad humana.
- Varias apps fueron retiradas de las tiendas, pero Kira seguía activa al 16 de septiembre y compartía código con otras aplicaciones señaladas.
🚨 Red de citas con perfiles de IA
Anthropic detectó 4.700 personas virtuales y 2,36 millones de mensajes en dos semanas.
25.000 usuarios interactuaron con la red, que cobraba monedas por chats automatizados.
Varias apps fueron retiradas. Kira seguía activa el 16 de… pic.twitter.com/Wp5OCooVNo
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) September 16, 2026
Una red de aplicaciones de citas habría convertido la inteligencia artificial en el motor de un fraude de micropagos: usuarios que buscaban una conexión real terminaban comprando monedas para conversar principalmente con perfiles automatizados. La operación combinaba personas generadas por IA, imágenes sintéticas, trabajadoras contratadas por encargo y sistemas diseñados para mantener conversaciones durante todo el día, según una investigación de The Verge basada en hallazgos de Anthropic y análisis técnicos independientes.
El esquema no funcionaba como la tradicional estafa romántica en la que una persona falsa construye confianza durante meses para pedir dinero prestado o inventar una emergencia. En este caso, la propia aplicación era el producto fraudulento, porque cobraba por cada interacción mientras ocultaba que buena parte de los supuestos matches no correspondía a usuarios humanos que buscaban una cita.
Una llamada sin micrófono reveló el engaño
El investigador de seguridad Matthew “Zigula” Gore-Kormanik descubrió una señal especialmente reveladora mientras examinaba la aplicación Dora. Recibió una llamada de una supuesta mujer llamada Jennifer, descrita como una persona de 41 años, pelirroja, de ojos azules y aficionada a la música, las películas de terror, la vida nocturna y los deportes, pero durante la videollamada solo observó un tapiz moviéndose probablemente por un ventilador.
La anomalía continuó después de que terminó la llamada, cuando Jennifer le escribió que se había divertido y que su voz era mucho mejor de lo esperado. El problema era que el micrófono de Gore-Kormanik ni siquiera estaba conectado, una contradicción que expuso la posibilidad de que el sistema fabricara interacciones y respuestas sin comprobar lo ocurrido en la llamada.
El investigador examinó Dora y otras aplicaciones después de que Yael Grauer, autora de la investigación, reuniera una lista de posibles apps fraudulentas. El interés surgió tras una presentación pública de Chris Cronbaugh, investigador de inteligencia de amenazas de Anthropic, quien explicó que la empresa había detectado una cuenta prepaga de apenas cinco días que enviaba más de 100.000 solicitudes de API diarias.
Durante una conferencia de ciberseguridad llamada Sleuthcon, Cronbaugh describió una red de alrededor de 28 aplicaciones de citas cuyas conversaciones estaban dirigidas en gran medida por agentes autónomos de IA. La mayoría de los chats, afirmó, no involucraba a ningún agente humano, aunque la operación utilizaba trabajadoras pagadas para superar verificaciones y reforzar la apariencia de autenticidad.
Perfiles artificiales y monedas para seguir conversando
Las aplicaciones se presentaban como servicios convencionales para conocer personas, no como plataformas de compañía artificial donde el usuario sabe desde el inicio que conversa con una máquina. Dora prometía un espacio respetuoso para encontrar personas con valores compartidos, mientras Romi aseguraba que ayudaba a descubrir, conectar y chatear con personas reales; Doni, por su parte, invitaba a comenzar una compañía real.
El modelo de negocio dependía de que los usuarios, en su mayoría hombres de mediados o finales de sus 30 años, hicieran match con perfiles que creían pertenecientes a mujeres reales. Solo uno de cada cuatro perfiles sería realmente humano, y esa persona tampoco era una usuaria interesada en citas, sino una trabajadora contratada para completar verificaciones de vida en video o seguir cuentas de redes sociales.
Las trabajadoras no escribían necesariamente sus propias respuestas: seleccionaban una de tres opciones predeterminadas, mientras los sistemas automatizados mantenían conversaciones más extensas. El backend también fabricaba likes, visitantes y videos pregrabados cuando no había una persona disponible, además de rastrear qué usuarios comenzaban a sospechar que estaban hablando con un bot.
La operación utilizaba distintos modelos para tareas separadas. Claude habría servido como capa conversacional para operar las personas virtuales, mientras un modelo pequeño de otro proveedor generaba sugerencias para las trabajadoras, puntuaciones de atractivo facial y moderación de fotos y voces; otro sistema producía imágenes de avatar, emojis y stickers.
Una escala industrial con miles de identidades
Anthropic identificó más de 4.700 personas de IA fabricadas que interactuaron con al menos 25.000 individuos únicos durante dos semanas de abril. En ese periodo se produjeron aproximadamente 2,36 millones de mensajes, una escala que habría sido difícil de sostener con operadores humanos trabajando de manera individual y que muestra la ventaja operativa que los estafadores encontraron en los modelos generativos.
Los prompts buscaban que cada identidad mantuviera una personalidad consistente y que el sistema actuara como si participara en un intercambio normal o en un servicio de compañía. Sin embargo, el modelo no recibía información explícita sobre la monetización ni sobre el engaño, por lo que esos elementos permanecían fuera del contexto visible en cada conversación.
El informe señaló que el razonamiento del modelo evidenció el posible daño en un pequeño número de casos, incluidos momentos en que los usuarios revelaban una enfermedad grave o una situación de angustia aguda. Aun así, la respuesta continuaba dentro del personaje asignado, lo que plantea un problema adicional: la automatización no solo simula afecto, sino que puede seguir haciéndolo cuando la persona al otro lado necesita una respuesta humana y responsable.
Los investigadores lograron vincular las aplicaciones mediante una frase gramaticalmente defectuosa que funcionaba como huella digital, además de la infraestructura compartida para monedas y procesadores de pagos externos. Las compras se dirigían a un checkout web dentro de las apps, en vez de utilizar exclusivamente los mecanismos de pago nativos de las tiendas, y las cuentas podían sustituirse con rapidez cuando una era bloqueada.
El código común detrás de Dora, Doni y Kira
Gore-Kormanik configuró emuladores, extrajo los paquetes de instalación de Android y realizó análisis estáticos y dinámicos con Frida para observar el código, el tráfico y los endpoints utilizados. Su revisión vinculó a Doni, Dora, Jovia, Kira, Nalo y Romi, aplicaciones que compartían arquitectura de backend, lenguaje de programación, APIs y otros componentes técnicos.
Las conexiones también aparecían en la información pública de las tiendas. Dora, Romi, Luma y Eterna utilizaron el mismo nombre de desarrollador, aprilsaidev, además de compartir correo electrónico, dirección postal y número telefónico; Dora, Romi y Luma aparecían asociadas con Alliance Against Human Trafficking, una organización que su presidenta y cofundadora, Jenna Bing, dijo no haber desarrollado ni conocido.
Doni estuvo históricamente relacionada con Jovia y Poka bajo el nombre de desarrollador iLexis Multimedia Consults, mientras Doni y Jovia compartían una dirección y un número telefónico de Hong Kong. Las reseñas de usuarios reforzaban el vínculo: algunas personas denunciaron perfiles falsos, empleados pagados, respuestas demasiado rápidas y mensajes que parecían generados por un modelo de lenguaje.
Una reseña de Kira relató que un usuario acordó desayunar con un match, llegó al sitio y recibió una llamada de emergencia de alguien que supuestamente ya estaba afuera, aunque no había nadie allí. Otra crítica calificó de engañoso y desagradable pagar gemas para conversar con una mujer que podía ser un chatbot, mientras reclamaba mensajería ilimitada, mujeres reales y la posibilidad de intercambiar datos de contacto con consentimiento mutuo.
Controles evadidos y aplicaciones retiradas
La operación habría sido diseñada para superar los controles de Apple y Google. Según la investigación, las apps se comportaban como aplicaciones de citas ordinarias durante el proceso de aprobación y solo después activaban la red de personas generadas por IA, el medidor de monedas y el navegador integrado que dirigía los pagos hacia procesadores externos.
Los desarrolladores también ocultaban las conexiones entre aplicaciones mediante diferentes cuentas e identidades, reorganizaban el código para dificultar identificaciones simples y utilizaban variantes de la misma infraestructura. Anthropic compartió sus hallazgos con Apple y Google, pero ambas compañías no respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios sobre los retiros, sus fechas o las razones por las que algunas aplicaciones permanecieron disponibles.
A principios de junio, Doni, Dora, Jovia, Nalo y Romi seguían disponibles en Google Play, mientras Dora, GraceChat, Luma y Romi aparecían en la App Store, aunque Dora y GraceChat parecían corresponder a aplicaciones con el mismo nombre y logotipo, no necesariamente a servicios de citas. Chrome-Stats indicó que Doni y Jovia fueron retiradas de Google Play el 1 de septiembre, y que GraceChat, Luma y Romi desaparecieron de la tienda de Apple el 21 de agosto.
En Google Play, Dora, Romi, Luma y Eterna fueron eliminadas el 3 de septiembre, mientras Nalo fue retirada el 7 de septiembre. Sin embargo, Kira continuaba activa al 16 de septiembre y Gore-Kormanik confirmó que compartía la misma base de código con otras apps señaladas, mientras Google tampoco explicó por qué seguía disponible ni por qué no había cerrado antes el acceso a la infraestructura alojada en Google Cloud.
Una operación organizada como empresa
El investigador encontró dentro de Doni un repositorio de protocolos interno, aparentemente incluido por accidente, con archivos, código y documentación sobre la operación. El manual estaba escrito en chino y describía cómo monitorear a las trabajadoras, comprobar si sus cámaras transmitían, verificar su disponibilidad por mensajes y clasificar su desempeño entre ellas.
La documentación también explicaba que los pagos podían depender de llamadas, participación en chats o captación de seguidores en Instagram. Además, describía mecanismos para simular que una persona había realizado una llamada, una práctica que Gore-Kormanik dijo haber experimentado cuando recibió una llamada en Doni que se desconectó rápidamente y después recibió un mensaje preguntándole por qué había llamado a la una de la madrugada.
Anthropic atribuyó la operación a un actor con base en China debido a los materiales internos en chino y a la infraestructura utilizada. Gore-Kormanik encontró servicios de mensajería y video en tiempo real de Tencent Cloud, documentación en Feishu, código alojado en Gitee y analítica o atribución publicitaria conectada con ByteDance; las aplicaciones no funcionaban dentro de China y, aunque operaban en otras partes de Asia, allí la monetización estaba desactivada.
La investigación también mostró una estructura empresarial con equipos de ingeniería, documentos de diseño, hojas de ruta, configuraciones, arquitectura organizada, planes de crecimiento y estrategias para gestionar reseñas en las tiendas. Tate Jarrow, fundador y director ejecutivo de Jacana y antiguo investigador de ciberdelitos del Servicio Secreto de Estados Unidos, sostuvo que los estafadores sofisticados administran estas operaciones como negocios, con preocupación por los ingresos, los costos y la eficiencia.
La respuesta exige cooperación entre plataformas
La diferencia central frente a una aplicación legítima no radica únicamente en utilizar IA, sino en cobrar por un servicio ocultando su naturaleza real. Jarrow definió como fraude que una empresa se aproveche de la falta de conocimiento de una persona para ganar dinero, especialmente cuando el usuario cree que paga por una conversación con otro ser humano y en realidad recibe respuestas automatizadas.
La operación también evitaba atacar el mercado donde sus responsables podían estar expuestos a las autoridades, una decisión que Jarrow describió como un control de riesgo empresarial. Si una app era identificada y cerrada, los operadores perdían ingresos y debían conseguir nuevos usuarios, pero la posibilidad de crear otra cuenta o cambiar de proveedor de modelos reducía el costo de reanudar el negocio.
Cronbaugh explicó que Anthropic bloqueó las cuentas vinculadas con la red y trabajaba en mecanismos de detección y endurecimiento de configuraciones predeterminadas. No obstante, advirtió que las tiendas de aplicaciones, los procesadores de pagos y los laboratorios de IA deben compartir información para interrumpir el circuito completo, porque retirar un modelo no impide por sí solo que las apps sigan disponibles y cobrando.
La permanencia de algunas aplicaciones durante meses muestra el límite de las respuestas aisladas. Mientras una tienda revisa una app, un proveedor de nube aloja su backend, un procesador mueve los pagos y un laboratorio observa el abuso de sus modelos, los usuarios pueden seguir comprando monedas antes de que la red sea desmantelada por completo.
El caso deja una advertencia para quienes usan servicios digitales de citas: una conversación fluida, una imagen convincente o una videollamada no prueban por sí solas que exista una persona real al otro lado. Cuando una aplicación presiona para comprar monedas, impide verificar identidades, limita el contacto fuera de la plataforma y responde con mensajes genéricos que no atienden lo escrito, esas señales merecen una revisión antes de realizar otro pago.
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