Por Canuto  

La participación del trabajo en los ingresos del sector empresarial no agrícola cayó a su nivel más bajo desde 1947. Un análisis atribuido a Goldman Sachs sostiene que una parte del descenso responde a distorsiones contables, mientras que el resto reflejaría una transferencia hacia el capital asociada con márgenes corporativos, automatización y menor poder de negociación laboral.
***

  • La participación del trabajo cayó aproximadamente 7,5 puntos porcentuales desde la década de 1990 y llegó a cerca de 52,8% en el segundo trimestre de 2026.
  • Goldman Sachs estima que 40% del descenso responde a cambios contables, mientras que 60% reflejaría una redistribución hacia el capital.
  • La IA y la automatización podrían ampliar la brecha porque los beneficios tienden a concentrarse en empresas y hogares que poseen acciones.

 


La economía estadounidense se ha vuelto más rica en términos históricos, pero esa expansión no se traduce de manera uniforme en seguridad para quienes dependen de un salario. La participación del trabajo en los ingresos del sector empresarial no agrícola cayó aproximadamente 7,5 puntos porcentuales desde la década de 1990 y alcanzó su nivel más bajo desde que existen registros comparables, una señal que reabre el debate sobre la transformación de la clase media y el reparto de las ganancias de productividad.

Una caída histórica con dos explicaciones

Los datos de la Oficina de Estadísticas Laborales sitúan la participación del trabajo en la producción empresarial no agrícola en 52,8% durante el segundo trimestre de 2026. La medición, publicada a comienzos de septiembre, representa el registro más bajo desde 1947, cuando comenzó la serie comparable, aunque no toda la disminución implica que el dinero haya pasado directamente de las nóminas a los beneficios corporativos. La BLS define este indicador como la proporción de la producción que se paga a los trabajadores en forma de compensación total.

En una nota de investigación publicada el 15 de septiembre, reseñada por Fortune, Goldman Sachs calculó que cerca de 40% del descenso acumulado responde a particularidades de medición. El economista Abhay Duggirala sostuvo en el informe titulado “What Explains the Decline in the Labor Share of Income?” que varios cambios contables hacen parecer mayor la transferencia desde el trabajo hacia el capital de lo que realmente ha sido.

El 60% restante, equivalente a unos 4,5 puntos porcentuales, reflejaría un cambio estructural genuino, según la estimación de Goldman Sachs. En esa parte aparecen, como explicaciones propuestas, el aumento de los márgenes de las empresas superestrella, la automatización que reduce la necesidad de mano de obra y el debilitamiento del poder de negociación de los trabajadores, asociado con la desunión laboral y la concentración empresarial. Estos factores no deben interpretarse como una prueba de causalidad individual para todo el descenso.

La distinción importa porque modifica la lectura política y económica del dato, pero no elimina el problema distributivo. Incluso después de descontar las distorsiones, una porción significativa del crecimiento económico habría dejado de llegar principalmente a los hogares que viven de su trabajo, mientras se fortalece la posición de quienes poseen empresas, acciones y otros activos.

Las distorsiones que alteran la estadística

La primera distorsión está relacionada con la forma en que el código fiscal clasifica los ingresos empresariales. Una investigación de Matthew Smith, Danny Yagan, Owen Zidar y Eric Zwick concluyó que la Ley de Reforma Fiscal de 1986 incentivó a muchos propietarios a cambiar corporaciones tipo C por estructuras de transferencia directa, conocidas como pass-through, entre ellas las corporaciones S y las sociedades colectivas.

Con ese cambio, ingresos que antes podían figurar como salarios comenzaron a aparecer como beneficios empresariales, aunque los dólares no necesariamente hubieran cambiado de dueño. El estudio sobre el auge de las empresas pass-through vincula ese proceso con una parte importante del crecimiento de los ingresos del 1% superior, junto con políticas como la deducción pass-through.

Zwick también ha argumentado que el código fiscal impone una carga distinta a los trabajadores asalariados y a otras categorías de contribuyentes. Según esa interpretación, la estructura tributaria puede desplazar actividad fuera de la nómina W-2 tanto en la parte alta de la distribución, hacia ingresos empresariales, como en la base, hacia trabajos por contrato y empleos de tiempo parcial.

La segunda distorsión proviene de la depreciación, porque la participación laboral de la BLS divide la compensación de los trabajadores por el valor agregado bruto, una medida que incluye el desgaste de los activos. El mayor peso de computadoras, software y otros bienes de capital con vidas útiles cortas elevó la tasa general de depreciación y redujo mecánicamente la participación laboral, sin demostrar por sí solo un aumento equivalente del ingreso neto de los propietarios.

La tercera dificultad está en la compensación accionaria. La BLS registra esa remuneración cuando las acciones se consolidan o se ejercen, no necesariamente cuando se conceden, por lo que las estadísticas salariales pueden subestimar lo que reciben algunos trabajadores de altos ingresos; aun así, ese beneficio se concentra en personas con posiciones privilegiadas y no representa una ventaja disponible para la mayoría de la clase media.

Capital, automatización y una clase media dividida

Los datos de distribución patrimonial de la Reserva Federal muestran que la propiedad de acciones corporativas y participaciones en fondos mutuos está muy concentrada entre los hogares más ricos. Por eso, cuando las empresas superestrella amplían sus márgenes, las ganancias tienden a acumularse en un grupo reducido de accionistas, mientras los trabajadores sin activos relevantes dependen casi exclusivamente de su nómina para participar en el crecimiento.

La Oficina de Presupuesto del Congreso encontró en enero que la participación del 1% superior en los ingresos antes de impuestos y transferencias se duplicó entre 1979 y 2022. En el mismo período, la participación después de impuestos de los tres quintiles de ingresos medios cayó seis puntos porcentuales, una evolución impulsada en gran medida por las ganancias de capital concentradas en la cima.

Sin embargo, el cuadro no es completamente uniforme. Un informe de abril del American Enterprise Institute, elaborado por Stephen Rose y Scott Winship, encontró que la proporción de familias de clase media alta aumentó de 10% a 31% entre 1979 y 2024, mientras el ingreso familiar mediano subió 52%; aun así, la participación combinada de la clase media alta y los ricos pasó de 28% a 68% del ingreso familiar total.

Winship resumió esa tensión como “prosperidad general, repartida de manera desigual”. El resultado es una clase media que puede exhibir mayores ingresos nominales y más acceso a bienes, pero que enfrenta costos crecientes, competencia por servicios escasos y una sensación de inseguridad que no queda reflejada cuando se observa únicamente el ingreso mediano.

Nick Maggiulli, de Ritholtz Wealth Management, denominó a ese fenómeno la “trampa de la clase media alta”. Su descripción apunta a hogares con ingresos entre USD $200.000 y USD $400.000 que trabajan más y descansan menos para comprar productos y servicios de calidad decreciente, mientras compiten por bienes posicionales escasos, como zonas escolares de élite y viajes premium.

La automatización puede profundizar esa dinámica. El uso de IA pasa de 9% entre quienes ganan menos de USD $30.000 a 34% entre quienes superan USD $100.000, una diferencia que Maggiulli vinculó con una dinámica de “Reina Roja”, en la que los trabajadores de mayores ingresos adoptan herramientas de IA defensivamente para no quedar detrás de competidores que ya las emplean de forma ofensiva.

Goldman Sachs advirtió que, si la IA continúa automatizando muchas tareas adicionales, la participación laboral probablemente seguirá disminuyendo. Los dueños de las empresas que desplieguen esas tecnologías podrían capturar los beneficios de productividad como ganancias, mientras los trabajadores desplazados no participarían proporcionalmente si no poseen acciones o participaciones en las compañías que los sustituyen. Se trata de una proyección, no de un resultado confirmado.

La discusión, por tanto, no se limita a decidir si la clase media está creciendo o encogiéndose, sino a determinar qué indicador define el progreso. La economía puede producir más riqueza y elevar el ingreso de ciertos hogares al mismo tiempo que reduce el peso de los salarios, concentra los activos y vuelve más difícil convertir una nómina en seguridad financiera.

La reducción estimada de 4,5 puntos porcentuales desde la década de 1990 no es una simple anomalía estadística, aunque una parte de la caída total sí responda a cambios de clasificación, depreciación y acciones restringidas. La advertencia central para los trabajadores es que el avance de la IA podría acelerar una tendencia ya visible, especialmente mientras la propiedad del capital permanezca concentrada en los hogares más ricos.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.

Suscríbete a nuestro boletín