Por Canuto  

La Casa Blanca está moderando sus presiones públicas sobre la Reserva Federal justo cuando la inflación volvió a superar el objetivo del banco central. El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, recibe así un margen político poco habitual, aunque el respaldo de Donald Trump convive con mensajes contradictorios sobre recortes o posibles alzas de tasas.
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  • La inflación en EE. UU. subió a 4,1% interanual en mayo, muy por encima del objetivo de 2% de la Reserva Federal.
  • Trump sigue diciendo que quiere tasas bajas, pero sus asesores ahora hablan de paciencia y estabilidad bajo Kevin Warsh.
  • Los mercados asignan una probabilidad de 79% a un alza de tasas antes de diciembre y ya no esperan recortes.

 


La administración de Donald Trump está reduciendo por ahora la intensidad de sus exigencias públicas para que la Reserva Federal recorte las tasas de interés. El cambio ocurre en un contexto delicado, con la inflación por encima de 4% y con Kevin Warsh recién instalado al frente del banco central.

Según reportó CNBC, varios asesores económicos del presidente han dejado de pedir recortes inmediatos en sus entrevistas y comentarios recientes. Esa moderación contrasta con la insistencia previa de la Casa Blanca, especialmente antes del relevo en la presidencia de la Fed y antes del impacto energético asociado a la guerra en Irán.

La señal no implica, al menos de forma explícita, un giro total en la visión económica de Trump. Un funcionario de la Casa Blanca dijo bajo anonimato que la lectura de los datos no ha cambiado y que la diferencia real es que ahora hay “un nuevo rostro” en la Reserva Federal.

Esa distinción es relevante porque la relación entre Trump y Warsh parece haber alterado el equilibrio político dentro de la propia administración. El funcionario sostuvo que el presidente tiene “confianza y fe” en Warsh, algo que no le concedía al anterior titular de la Fed, Jerome Powell.

Para lectores menos familiarizados con el tema, la tasa de interés de la Reserva Federal es una referencia clave para el costo del crédito, el valor de los bonos, la liquidez del sistema y el comportamiento de activos de riesgo. En mercados como acciones, divisas y criptomonedas, cualquier expectativa de recorte o alza puede cambiar precios con rapidez.

Inflación alta y una Fed menos inclinada a recortar

La inflación medida por el índice de gastos de consumo personal subió 4,1% en los 12 meses terminados en mayo. Ese dato fue publicado el jueves por la Oficina de Análisis Económico y deja a la economía estadounidense muy por encima del objetivo de 2% que busca la Reserva Federal.

Si se excluyen energía y alimentos, la llamada inflación subyacente aumentó 3,4%. Aunque ese nivel es menor al índice general, sigue siendo lo bastante elevado como para dificultar una relajación rápida de la política monetaria.

Los precios de la energía influyeron de forma importante en la lectura más reciente. El conflicto en Irán había impulsado varios costos, lo que reforzó la cautela de la Fed frente a la posibilidad de abaratar el dinero demasiado pronto.

Warsh dijo la semana pasada que la Reserva Federal está observando de cerca datos como esos. También afirmó que la institución “proporcionará estabilidad de precios”, una frase que en este contexto se interpreta como una defensa del mandato antiinflacionario del banco central.

En su primera gran decisión al frente de la Fed, Warsh y el comité que vota las tasas optaron por mantenerlas estables. Además, pusieron fin a un plan de larga data que inclinaba al banco central hacia futuros recortes de tasas.

Esa decisión no solo congeló el costo del dinero, sino que endureció la señal que recibe el mercado. Casi la mitad de los responsables de política monetaria proyectó la semana pasada que las tasas podrían subir este mismo año.

De acuerdo con la herramienta CME FedWatch, el mercado veía el viernes una probabilidad de 79% de un aumento de tasas antes de finales de diciembre. Al mismo tiempo, ya no estaba descontando ningún recorte.

Trump mantiene su discurso, pero sus asesores lo matizan

Trump dijo tan recientemente como el miércoles que quiere que la Reserva Federal recorte las tasas. En un evento en la Oficina Oval afirmó que “necesitamos tasas de interés bajas” y que “las tasas de interés bajas resolverán todo, lo resolverán ahora”.

Sin embargo, varios integrantes de su equipo económico han adoptado un tono mucho menos agresivo. En vez de reclamar recortes inmediatos, han empezado a hablar de paciencia, estabilidad y de esperar a ver cómo evoluciona la inflación después del shock energético.

El funcionario de la Casa Blanca citado por CNBC rechazó que exista una fractura entre Trump y sus asesores. Su explicación fue que no hay “desacuerdo” y que la diferencia es más personal y política que técnica.

Según esa versión, “el personal es importante para este presidente”. En otras palabras, Warsh estaría recibiendo un margen de maniobra más amplio porque Trump confía en él y está dispuesto a darle tiempo para manejar un entorno complicado.

El mismo funcionario añadió que desde “Epic Fury” y desde la llegada de Warsh a la Fed, la posición del presidente es más matizada que una simple exigencia de recortes. Aunque el término fue citado de esa manera, el mensaje de fondo es que la Casa Blanca busca mostrarse menos confrontativa con el nuevo jefe del banco central.

Trump también ha dicho que quiere que Warsh “haga lo que quiera” y que sea “totalmente independiente”. Esa clase de respaldo resulta políticamente útil para la Fed, aunque no elimina el riesgo de un cambio brusco de tono si la inflación persiste o el crecimiento se debilita.

Navarro, Bessent y Hassett ajustan el mensaje

Peter Navarro, asesor comercial de la Casa Blanca, escribió el jueves en un artículo de opinión que los nuevos datos de inflación respaldan “un caso para mantener la estabilidad” en la Reserva Federal. Esa postura marca un contraste con llamados anteriores del propio Navarro a reducir las tasas.

En un correo enviado a CNBC, Navarro defendió que su nueva posición es consistente con sus argumentos pasados y con la línea actual del presidente. Aclaró que su punto central era que sería “tonto” contemplar aumentos de tasas en este momento.

Navarro agregó que las tasas “deberían ser más bajas” y que “habrían sido más bajas si la Reserva Federal hubiera hecho lo correcto durante el año pasado”. Así, intentó equilibrar dos ideas: no pedir recortes inmediatos ahora, pero seguir culpando a la Fed previa por no haber relajado la política antes.

Scott Bessent, secretario del Tesoro, dijo el martes en un evento en Nueva York que Warsh “será independiente y hará lo que quiera”. Un día después, en una entrevista televisiva, evitó decir si el banco central debería recortar y pidió “mantener una mente abierta”.

Bessent también sugirió esperar a ver cómo se comporta la inflación al otro lado del conflicto con Irán. Ese comentario fue interpretado por algunos analistas como una señal de tolerancia incluso hacia posibles alzas de tasas bajo la gestión de Warsh.

Neil Dutta, jefe de economía en Renaissance Macro Research, escribió en una nota a clientes que, en materia de Fed, había escuchado “luz verde para aumentar”. El Departamento del Tesoro declinó comentar sobre cómo encajan las opiniones de Bessent con las del presidente.

Kevin Hassett, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, también dejó entrever respaldo a una pausa. Dijo en CNBC que en la primera reunión conviene “hacerte una idea de lo que está pasando y mantener la estabilidad”.

Energía, geopolítica y el margen político de Warsh

La evolución de los precios energéticos se ha vuelto un factor central en esta discusión. El repunte inflacionario coincidió con tensiones en Medio Oriente que encarecieron temporalmente algunos insumos clave para la economía estadounidense.

Después de un acuerdo para reabrir el Estrecho de Ormuz, los precios de la energía comenzaron a ceder. Ese corredor marítimo es crucial para el suministro mundial de petróleo y su interrupción elevó la sensibilidad de los mercados a cualquier señal geopolítica.

El precio promedio de un galón de gasolina en Estados Unidos se ubicó el viernes en USD $3,90. Según AAA, eso representó una caída de USD $0,58 frente al mes anterior.

Aun así, el alivio puede ser transitorio. La estabilidad de precios sigue sujeta a la evolución del conflicto, y la propia nota recuerda que fuerzas iraníes atacaron un buque de carga en el estrecho el jueves.

Esa incertidumbre hace difícil anticipar con precisión cuál será la fotografía inflacionaria cuando la Reserva Federal vuelva a reunirse a finales de julio. También explica por qué la Casa Blanca parece dispuesta a conceder a Warsh un período de gracia política más largo.

El portavoz de la Casa Blanca, Kush Desai, afirmó que Trump y otros funcionarios han sido consistentes en expresar confianza en Kevin Warsh. Añadió que, pese a las interrupciones temporales en los mercados energéticos, las políticas de oferta de la administración están enfriando la inflación para allanar el camino hacia futuros recortes.

Por ahora, la señal dominante es de paciencia táctica y no de reconciliación plena entre la Casa Blanca y una Fed estricta. Si la inflación sigue elevada, Warsh podría conservar ese margen; si los datos mejoran, Trump probablemente retomará con más fuerza su campaña por tasas más bajas.

Para inversores en acciones, bonos, divisas y criptoactivos, el mensaje es claro: la política monetaria de Estados Unidos ha vuelto a endurecerse en expectativas, aunque no aún en acción. Ese cambio reduce el espacio para apuestas inmediatas a liquidez abundante y mantiene al mercado atento a cada dato de inflación y energía.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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