Cada vez más estadounidenses mayores están regresando al mercado laboral tras haberse retirado, y en muchos casos no lo hacen por vocación, sino por la presión de los gastos diarios, ingresos insuficientes y una jubilación que resulta más difícil de sostener.
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- Casi la mitad de quienes regresan al trabajo cita presiones financieras como motivo principal, según datos reseñados en la historia.
- Hoy, alrededor del 6% de los jubilados ha vuelto a trabajar, aunque otras mediciones elevan la cifra al 7%.
- El edadismo y un mercado laboral más duro en 2026 complican el retorno, pese al valor de las habilidades blandas y los programas de returnship.
La idea de jubilarse y dejar atrás la vida laboral está cambiando en Estados Unidos. Para un número creciente de personas mayores, el retiro ya no significa una salida definitiva del mercado de trabajo, sino una pausa que puede revertirse por necesidad económica, por deseo de seguir activos o por la búsqueda de un nuevo propósito profesional.
Ese fenómeno, conocido como “desjubilación”, ha ganado visibilidad en años recientes. Aunque algunos regresan por motivaciones personales, los datos apuntan a que el dinero pesa cada vez más en la decisión. El alza del costo de vida, la incertidumbre económica y la fragilidad de los ingresos durante la jubilación están empujando a muchos estadounidenses mayores a buscar empleo otra vez.
Un caso citado por Yahoo Finance es el de Holly Morris Espy, de 55 años, quien dejó la televisión tras más de 25 años como reportera y presentadora en WTTG, en Washington, D.C. Sin embargo, ella rechaza la idea de que realmente se haya retirado. “Me gradué”, explicó, tras cofundar el año pasado Moorlow, una línea de ropa athleisure de alta gama para mujeres junto con dos amigas.
Para Espy, abandonar la televisión no implicó bajar el ritmo. Según relató, su decisión estuvo ligada a la posibilidad de girar hacia algo nuevo. “En el momento en que anuncias que te retiras, todo el mundo asume que el objetivo es parar”, dijo. “Por fin descansar. Por fin no tener que trabajar. Esa nunca fue mi mentalidad”.
El dinero gana peso en el regreso laboral
La historia muestra que Espy forma parte de una ola más amplia de estadounidenses mayores que están volviendo al trabajo tras haberse alejado de sus carreras. Algunos extrañan la comunidad, otros valoran el estímulo intelectual y varios buscan un renovado sentido de propósito. Pero la presión financiera aparece como un motor central y cada vez más frecuente.
Investigaciones de AARP citadas en el reporte indican que casi la mitad de quienes regresan al trabajo lo hace por razones económicas. Aproximadamente el 48% mencionó los costos cotidianos de vida o la preocupación por la economía, mientras que el 28% dijo que se jubiló demasiado pronto. Entre quienes trabajan o están buscando empleo, más de 4 de cada 10 señalaron que su principal motivación son los costos diarios de vida.
Geoffrey Sanzenbacher, profesor de economía en Boston College, explicó que la desjubilación alcanzó un pico cuando el mercado laboral se recalentó tras la pandemia y coincidió con el aumento del costo de vida de 2022 y 2023. Según indicó, más del 7% de las personas previamente jubiladas de entre 55 y 64 años volvió a trabajar en ese periodo.
En la actualidad, Sanzenbacher estima que cerca del 6% de los jubilados ha regresado al mercado laboral. Aun así, advirtió que la cifra podría ser mayor. Los datos de AARP, también citados en la pieza original, situaron en 7% la proporción de jubilados que reingresó recientemente a la fuerza laboral. Para el economista, esto refleja que mantenerse jubilado se está volviendo cada vez más costoso.
Ingresos bajos y jubilación más difícil de sostener
La presión no sorprende si se observan los niveles de ingreso tras el retiro. Una vez que los trabajadores dejan el empleo a tiempo completo, sus recursos pueden caer de manera drástica. En 2024, el ingreso medio de los estadounidenses completamente jubilados mayores de 65 años era de alrededor de USD $26.770 al año, según la economista laboral Teresa Ghilarducci.
Además, la mitad de los estadounidenses mayores recibió menos de unos USD $20.500 anuales del Seguro Social. Ghilarducci fue directa al explicar el trasfondo del fenómeno: el hecho de que el ingreso medio de los estadounidenses jubilados esté por debajo de USD $30.000 por año ayuda a explicar por qué muchos intentan desjubilarse.
La economista añadió que trabajar suele ser la única manera realista de aumentar los ingresos después de la jubilación. Esa observación ayuda a entender por qué el fenómeno no debe leerse solo como una historia de reinvención personal o emprendimiento tardío, sino también como una señal de vulnerabilidad financiera en una etapa que, en teoría, debía estar protegida.
Para lectores que siguen temas de mercados e inflación, el patrón resulta familiar. Cuando los ingresos fijos pierden poder de compra y los activos no compensan el aumento de los gastos, los hogares buscan liquidez inmediata. En este caso, esa liquidez no proviene de inversiones ni de deuda, sino del regreso al trabajo remunerado.
Un mercado laboral menos favorable en 2026
El problema es que volver a trabajar en 2026 no es tan sencillo como lo fue durante el auge de contratación posterior a la pandemia. Sanzenbacher resumió ese contraste con una frase clara: en 2022 había costos en aumento y muchos empleos; en 2026, hay costos en aumento, pero no una gran oferta laboral.
Esa diferencia cambia el panorama para los jubilados que intentan reinsertarse. Ya no basta con la disposición a volver. También cuentan el nivel educativo, la actualización de habilidades y la capacidad de competir en un entorno donde los empleadores pueden ser más selectivos que hace pocos años.
Sanzenbacher señaló que la educación importa. Los trabajadores con títulos universitarios tienen una probabilidad desproporcionadamente mayor de regresar con éxito al mercado laboral. Ese dato sugiere una brecha importante dentro de la población mayor: no todos enfrentan las mismas posibilidades de reingreso, incluso si comparten la misma necesidad financiera.
A ello se suma el temor, bastante extendido, de que la edad juegue en contra. Investigaciones de AARP encontraron que dos tercios de los trabajadores mayores de 50 años creen que sería difícil conseguir un nuevo empleo en el mercado actual. Casi un tercio atribuye ese obstáculo principalmente a la discriminación por edad.
El edadismo sigue siendo una barrera real
Las percepciones de los trabajadores mayores encuentran respaldo en un informe reciente citado en la historia. En términos generales, muchos empleadores dijeron que considerar a alguien demasiado mayor para trabajar o para ser contratado depende de la persona. Sin embargo, cuando se les pidió marcar una edad, aparecieron señales claras de sesgo.
Según ese informe, la edad mediana a la que muchos empleadores consideran que un trabajador es “demasiado mayor” para trabajar fue de 68 años. Cuando se trata específicamente de contratación, la edad mediana de “demasiado mayor para contratar” cae a 65 años.
Catherine Collinson, directora ejecutiva y presidenta de Transamerica Institute y del Transamerica Center for Retirement Studies, sostuvo que hay una buena noticia y una mala noticia en esos resultados. Por un lado, la mayoría de los empleadores afirma que todo depende de la persona. Por el otro, quienes dieron una edad específica revelaron sesgos etarios bastante evidentes.
Ese punto es especialmente relevante en un contexto donde se habla mucho de escasez de talento, automatización e inteligencia artificial. En teoría, un mercado con dificultades para cubrir vacantes debería valorar más la experiencia. En la práctica, muchos candidatos mayores siguen sintiendo que deben superar un filtro adicional antes de ser considerados.
Las “power skills” como ventaja competitiva
A pesar de los obstáculos, la historia también destaca que los trabajadores mayores tienen fortalezas valiosas en el entorno actual de contratación. Un nuevo informe de la Society for Human Resource Management, citado en el reporte, encontró que 8 de cada 10 profesionales de recursos humanos identifican como su mayor desafío hallar candidatos con habilidades de comunicación, criterio, capacidad de decisión, pensamiento crítico y gestión del tiempo.
Casi dos tercios de esos profesionales dijeron que era difícil encontrar candidatos con estas “power skills”. En un mercado obsesionado con la actualización técnica y con la narrativa sobre habilidades vinculadas a IA, ese dato revaloriza competencias que suelen construirse con décadas de experiencia laboral y toma de decisiones bajo presión.
Leanne Rodd, directora de talento de FlexProfessionals, explicó que el foco en pensamiento crítico y toma de decisiones es una buena noticia para candidatos con trayectorias largas. Pero advirtió que la clave está en no subvalorar esas capacidades. No basta con suponer que un reclutador las inferirá a partir del cargo ocupado o los años trabajados.
Su consejo para los solicitantes mayores es explicitar cómo resolvieron problemas, cómo se adaptaron en momentos complejos y cómo tomaron decisiones bajo presión. Según Rodd, un candidato que puede explicar su razonamiento, sus acciones y la forma en que corrigió el rumbo durante el proceso tiene una ventaja real en la contratación actual.
Collinson añadió que tampoco hay espacio para la complacencia. Los trabajadores mayores deben demostrar lo que pueden hacer hoy, con habilidades actualizadas. En otras palabras, la experiencia ayuda, pero no reemplaza la necesidad de mostrar vigencia profesional en un mercado cambiante.
Los returnships ganan atención
Entre las soluciones que están emergiendo para facilitar el regreso al trabajo figuran los “returnships”. Se trata de programas remunerados de corto plazo diseñados para profesionales con experiencia que buscan reingresar a la fuerza laboral después de pausas prolongadas en su carrera.
Solo alrededor del 9% de los profesionales de recursos humanos dijo que sus organizaciones ofrecen actualmente este tipo de programas, según SHRM. Aun así, entre las empresas que sí los implementan, más de 8 de cada 10 consideran que son eficaces para abordar la escasez de talento.
La historia menciona que varias grandes compañías ya han adoptado el concepto, entre ellas JPMorgan Chase, Goldman Sachs, Deloitte, Moody’s y Lockheed Martin. Carol Fishman Cohen, directora ejecutiva y cofundadora de iRelaunch, señaló que estos programas mantienen de forma consistente altas tasas de conversión, con un promedio cercano al 85% de participantes contratados al finalizar el returnship.
Cohen explicó que contratar por un periodo definido, a modo de prueba, reduce el riesgo del proceso de selección para gerentes escépticos. También anticipó que estos programas podrían crecer a medida que más estadounidenses enfrenten una combinación difícil: aumento de costos y mayor esperanza de vida.
En conjunto, la historia describe una transformación silenciosa en el mercado laboral y en la propia idea de retiro. Para muchos estadounidenses mayores, volver a trabajar ya no es una rareza ni una preferencia secundaria. En numerosos casos, es una respuesta directa a una jubilación insuficiente, a la inflación persistente y a un sistema que exige seguir produciendo más allá de la edad en que antes se esperaba descansar.
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