Por Canuto  

Linus Torvalds defendió el uso de inteligencia artificial en el desarrollo del núcleo de Linux y dijo que quienes se oponen pueden crear su propio fork. La discusión expone el choque entre las políticas anti-IA de algunos proyectos de código abierto y la prioridad del mérito técnico.
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  • Linus Torvalds afirmó que la IA ya es una herramienta útil para desarrollar y mantener el núcleo de Linux.
  • El creador de Linux dijo que ignorará las objeciones contra el uso de IA por parte de otros mantenedores.
  • Greg Kroah-Hartman, Theodore Ts’o y James Bottomley plantearon dudas sobre las políticas que buscan proteger a quienes rechazan la IA.


Torvalds respalda la IA en el núcleo de Linux

Linus Torvalds, creador de Linux, adoptó una posición firme frente a los programadores que desean excluir la inteligencia artificial del desarrollo del núcleo. El debate surgió después de que algunos miembros de la comunidad cuestionaran si el proyecto debía limitar estas herramientas.

En una respuesta publicada en la lista de correo del Núcleo de Linux, Torvalds sostuvo que quienes no apoyen el uso de IA pueden recurrir a una práctica tradicional del software libre: crear un fork. En otras palabras, podrían copiar el proyecto y continuar su desarrollo bajo reglas distintas.

“Me doy cuenta de que algunas personas realmente desprecian la IA, pero esta es un área donde estoy dispuesto a poner firmemente mi pie como el mantenedor de más alto nivel”, escribió Torvalds. La declaración deja claro que no pretende mantener una posición neutral sobre el uso de estas herramientas en Linux.

El desarrollador comparó la IA con otras herramientas empleadas durante el proceso de programación y mantenimiento. “La IA es una herramienta, al igual que otras herramientas que usamos. Y es claramente una útil”, afirmó.

Torvalds reconoció que la utilidad de la IA no siempre resultó evidente. Sin embargo, aseguró que el avance de los modelos de frontera de 2026 eliminó buena parte de las dudas sobre su capacidad para ayudar a los desarrolladores.

Una herramienta útil, aunque todavía imperfecta

La postura de Torvalds no implica que considere perfecta a la inteligencia artificial. El creador de Linux admitió que puede convertirse en una herramienta dolorosa cuando genera trabajo adicional, errores o contribuciones de baja calidad.

Durante los primeros meses de adopción, algunos proyectos recibieron informes de seguridad generados por IA que resultaban claramente incorrectos. Greg Kroah-Hartman, mantenedor del núcleo estable de Linux, describió esos envíos como “basura de IA”.

Según Kroah-Hartman, la situación cambió con rapidez. El mantenedor explicó que ahora los proyectos de código abierto reciben informes elaborados con IA que son reales y tienen una calidad suficiente para resultar útiles.

Torvalds también señaló que la inteligencia artificial plantea preguntas económicas y sociales que todavía no tienen respuesta. No obstante, considera que la pregunta sobre su utilidad dejó de ser una discusión abierta.

“Existen otras preguntas sobre la IA, como cómo se verá realmente la economía de esto al final, pero ‘¿es útil?’ ya no es una de esas preguntas”, escribió. Su enfoque separa la evaluación práctica de las preocupaciones más amplias sobre el impacto de la tecnología.

El conflicto con las políticas anti-IA

La discusión tomó fuerza tras la publicación de una declaración de política de Software Freedom Conservancy sobre el uso de sistemas generativos respaldados por modelos de lenguaje en contribuciones de software libre y de código abierto.

La organización sugirió que las mejores prácticas para los proyectos FOSS deberían apoyar, y no solo tolerar, a las personas que rechazan directamente los sistemas generativos basados en modelos de lenguaje. Esa propuesta abrió preguntas sobre hasta dónde debe llegar esa protección.

El proyecto del lenguaje Zig representa un ejemplo de una postura más restrictiva. Sus políticas contra el código generado por IA muestran que algunos proyectos prefieren limitar o excluir estas herramientas por razones relacionadas con la confianza, la autoría y el control del proceso de desarrollo.

Para Torvalds, una política de ese tipo no debe imponerse al conjunto de la comunidad del núcleo de Linux. Su argumento central es que el proyecto adopta decisiones principalmente por mérito técnico, y no por miedo a nuevas herramientas.

“En la comunidad del núcleo, hacemos código abierto porque resulta en mejor tecnología, no por razones religiosas”, afirmó Torvalds. Con esa frase, rechazó la idea de convertir la oposición o el respaldo a la IA en una cuestión de principios absolutos.

Las dudas de los mantenedores de Linux

Theodore “Ted” Ts’o, uno de los principales mantenedores del núcleo, planteó varios casos límite relacionados con la política de Software Freedom Conservancy. Sus preguntas se enfocaron en situaciones donde la IA podría intervenir indirectamente en el ciclo de mantenimiento.

Ts’o preguntó qué ocurriría si una versión de soporte prolongado del núcleo incluyera parches retroportados mediante un proceso automatizado. También cuestionó si el proyecto tendría que abandonar esa tecnología para satisfacer a quienes rechazan cualquier uso de sistemas generativos.

El mantenedor presentó otro escenario relacionado con los informes de errores. Si una persona envía un seguimiento de pila del núcleo y un agente basado en un modelo de lenguaje ayuda a analizarlo para encontrar una solución, no resulta sencillo determinar qué significa apoyar a alguien que rechaza la IA.

Ts’o concluyó que no considera evidente que el proyecto deba hacer grandes esfuerzos para satisfacer las necesidades de todos los autores de parches. Su posición refleja la dificultad de establecer fronteras claras cuando la IA forma parte de herramientas de análisis y automatización.

James Bottomley, otro destacado desarrollador del núcleo, fue todavía más directo. Sostuvo que un contribuyente no puede aprobar o controlar las herramientas que un mantenedor utiliza para evaluar y aplicar parches.

El derecho a rechazar la IA frente al derecho a usarla

Bottomley afirmó que, si un mantenedor emplea IA y el contribuyente rechaza esas herramientas, el parche simplemente no se aplica. En su opinión, el derecho de una persona a ignorar la IA termina cuando interfiere con el derecho de otras personas a utilizarla.

El planteamiento no obliga a cada programador a incorporar modelos de lenguaje en su trabajo. La discusión se concentra en si un rechazo individual puede imponer restricciones a los procesos internos que utilizan otros responsables del proyecto.

Torvalds adoptó una línea similar, aunque con un tono más contundente. Dijo que no obligará a nadie a usar IA, pero que “ignorará muy ruidosamente” a quienes intenten argumentar en contra de que otras personas la utilicen.

La diferencia entre uso obligatorio y uso permitido es central para entender el conflicto. Linux puede aceptar contribuciones humanas y mantener espacios de trabajo sin IA, pero no necesariamente excluirá la tecnología de las tareas de revisión, análisis o mantenimiento.

En este contexto, la opción de crear un fork funciona como una salida propia del código abierto. Quienes no compartan las decisiones del proyecto pueden continuar con una versión independiente, aunque esa alternativa no garantiza que la comunidad o los recursos se mantengan divididos de manera sostenible.

La IA como parte del futuro de Linux

La discusión ocurre en un momento de rápida mejora para las herramientas de programación asistida. Torvalds mencionó que los modelos de frontera de 2026, como Anthropic Claude Opus 4.8, han elevado de forma considerable el desempeño de la IA en tareas de código.

El cambio también afecta la calidad de los informes que reciben los proyectos de código abierto. Kroah-Hartman explicó que los envíos actuales pueden ser buenos y reales, a diferencia de los reportes defectuosos que caracterizaron las primeras etapas.

La adopción de IA no elimina la responsabilidad de los mantenedores. Torvalds insistió en que la solución consiste en garantizar que los modelos de lenguaje ayuden a quienes mantienen el núcleo, en lugar de trasladarles más trabajo.

Ese criterio introduce una exigencia práctica para cualquier herramienta de IA integrada en Linux. Su valor dependerá de la calidad de sus resultados, de la revisión humana y de su capacidad para reducir el esfuerzo operativo.

Por ahora, la dirección del proyecto parece definida: Linux no impondrá una prohibición general contra la IA. Torvalds y varios mantenedores consideran que la tecnología llegó para quedarse, aunque su uso seguirá generando debates sobre calidad, autoría, automatización y control.

La posición del creador de Linux también representa una señal para otros proyectos de código abierto. En lugar de juzgar la IA por identidad o afiliación, su enfoque propone medirla por la utilidad técnica que entregue a la comunidad.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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