Por Canuto  

La Gen Z estadounidense muestra una inclinación creciente por los sedanes, impulsada en parte por su menor precio frente a las SUV. El giro plantea un desafío para Ford y GM, que dejaron de fabricar sus sedanes masivos, mientras competidores japoneses y coreanos aún ofrecen esos modelos.
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  • Ocho de los 10 modelos más conducidos por la Gen Z en un análisis de Compare.com eran sedanes; ninguno era una SUV.
  • En septiembre, un auto compacto nuevo tuvo un precio promedio de transacción de USD 27.977; una SUV subcompacta, de USD 31.213.
  • Ford y GM exploran opciones para atender la demanda de vehículos más asequibles, después de abandonar sus sedanes masivos.


El sedán, un formato que los fabricantes estadounidenses relegaron durante años frente a las SUV y las camionetas, vuelve a llamar la atención de los conductores jóvenes. Un análisis de Compare.com basado en más de 58 millones de cotizaciones de seguros encontró que ocho de los 10 modelos más conducidos por la Gen Z eran sedanes, con el Honda Civic, el Honda Accord y el Toyota Camry a la cabeza; los otros dos eran las camionetas Ford F-Series y Chevrolet Silverado.

La tendencia aparece en otros estudios y se acentúa entre las generaciones más jóvenes, aunque no significa que las SUV estén perdiendo su dominio general. Fortune recoge datos que relacionan el interés de la Gen Z con la asequibilidad y con hogares que, en promedio, planean tener menos hijos; también expone el dilema de Detroit, que abandonó modelos sedán mientras sus competidores japoneses y coreanos todavía los venden.

El precio inclina la balanza hacia los sedanes

El análisis de Compare.com muestra una brecha generacional clara en las preferencias de carrocería: seis de los 10 modelos principales de los millennials eran sedanes, frente a cinco entre la Gen X y solo tres entre los baby boomers. En el grupo de mayor edad, cinco de los 10 modelos más populares eran SUV, mientras que en la lista de la Gen Z no apareció ninguna. Los tres sedanes destacados fueron el Civic, el Accord y el Camry, mientras las otras dos opciones identificadas eran camionetas de tamaño completo.

La inclinación juvenil también aparece en las expectativas de quienes todavía no conducen. Una encuesta de febrero de Escalent a más de 1.000 adolescentes de 14 a 19 años encontró que el 51% se imaginaba conduciendo un sedán en el futuro, frente al 31% que elegiría una SUV y el 14% que prefería una camioneta. Por otra parte, un sondeo de YouGov publicado en mayo de 2025 indicó que el 37% de los estadounidenses de 18 a 29 años tenía un sedán como vehículo principal, frente al 30% que conducía una SUV o crossover.

El costo puede ayudar a explicar esa diferencia, porque los vehículos compactos representan una entrada más barata que las SUV de tamaño comparable. Según datos de Kelley Blue Book, de Cox Automotive, un auto compacto nuevo tuvo un precio promedio de transacción de USD 27.977 en septiembre, mientras una SUV subcompacta alcanzó USD 31.213. La separación entre las categorías convierte al sedán en una alternativa concreta para compradores que quieren limitar el monto de su compra, sin que ello demuestre por sí solo que la carrocería sea su primera elección.

Otros datos sobre el endeudamiento y las compras de los jóvenes apuntan a una cautela parecida. En una encuesta de Cars.com de 2023, el 55% de los encuestados de la Gen Z había comprado un auto usado; además, LendingTree calculó que el 51,5% de los prestatarios de esa generación con préstamos automotrices activos había pedido prestado originalmente menos de USD 25.000. La proporción fue menor entre millennials, con 36,2%, y la Gen X, con 31,4%, una diferencia que refuerza el peso del presupuesto en la elección del vehículo.

Menos espacio familiar, pero las SUV conservan su atractivo

La necesidad de espacio también puede ser distinta para los adultos jóvenes que empiezan su vida como conductores. Un análisis de Pew Research Center sobre datos de encuestas federales estimó que los estadounidenses de 20 a 39 años tenían o planeaban tener un promedio de 1,8 hijos en 2023, por debajo de los 2,3 registrados en 2012. Esa cifra no determina qué vehículo escogerá cada persona, pero ofrece contexto para entender por qué algunos compradores jóvenes podrían valorar menos el espacio adicional de una SUV familiar.

El cambio generacional no elimina, sin embargo, el peso de las SUV en el mercado estadounidense. Un análisis de YouGov de noviembre de 2025 encontró que el 41% de los propietarios de autos conducía principalmente una SUV o crossover, frente al 30% que utilizaba un sedán; además, entre los propietarios de SUV que planeaban comprar otro vehículo en un año, el 66% tenía intención de elegir nuevamente una SUV. Los datos describen un mercado donde conviven el interés de los jóvenes por los sedanes y la fidelidad de muchos propietarios a los vehículos altos.

La llegada de hijos también puede modificar las prioridades de quienes hoy prefieren autos más compactos. En una encuesta de Mazda a 1.776 padres estadounidenses, realizada en 2024, el 96% dijo que la paternidad había influido en la elección de su vehículo; el 48% reportó una mayor preferencia por más asientos y el 46%, por más espacio de carga. Esas necesidades podrían llevar a algunos conductores a considerar una SUV cuando cambien sus circunstancias, aunque los resultados no establecen que todos abandonen los sedanes.

K.C. Boyce, vicepresidente de automoción y movilidad en Escalent, describió el fenómeno como un posible cambio generacional comparable a transiciones anteriores entre tipos de vehículos. Según dijo a Fortune, la preferencia podría evolucionar como ocurrió cuando las minivans desplazaron a los station wagons en los años 80 y las SUV ganaron terreno frente a las minivans en los 90 y 2000. Boyce admitió que algunos jóvenes podrían optar por una SUV al formar una familia, pero considera que el interés actual por los sedanes podría impulsar sus ventas entre miembros de la Gen Z.

Detroit mide el costo de haber abandonado los sedanes

La decisión de las automotrices de Detroit de concentrarse en SUV y camionetas respondió a la búsqueda de modelos más rentables, pero dejó menos opciones sedán dentro de sus líneas para Estados Unidos. Ford terminó en 2020 la producción del Fusion, su último sedán para ese mercado, mientras que Chevrolet, de GM, puso fin en 2024 a la fabricación del Malibu, su último sedán masivo. Esa retirada contrasta con las preferencias que señalan los estudios sobre los conductores jóvenes y con la oferta de fabricantes japoneses y coreanos.

Jim Farley, CEO de Ford, dijo en enero, durante el Salón del Automóvil de Detroit, que el mercado de sedanes era «muy vibrante» y que la compañía no había encontrado una manera de competir y obtener rentabilidad. La declaración reconoce que la demanda no había desaparecido, aunque el fabricante decidió dejar de participar con su modelo más representativo. El dilema para Detroit consiste en determinar si puede ofrecer un sedán con un precio atractivo y un margen suficiente para justificar su regreso.

El debate ya llegó a las dos compañías. The Wall Street Journal informó en febrero que Ford y GM exploraban un posible retorno a los sedanes ante el interés de los consumidores por vehículos más asequibles; en una reunión interna de GM, su presidente, Mark Reuss, dijo que «mataría por tener un sedán híbrido-eléctrico». Ford, por su parte, comunicó a sus concesionarios en febrero planes para lanzar cinco modelos completamente nuevos por menos de USD 40.000 antes de 2030, dentro de sus líneas de autos, camionetas, SUV y vans.

Boyce advirtió que los fabricantes estadounidenses podrían perder a la próxima generación de compradores si no revisan sus estrategias de producto, especialmente frente a marcas japonesas y coreanas que aún ofrecen sedanes. Sean Tucker, editor gerente de Kelley Blue Book, de Cox Automotive, planteó una lectura diferente: a su juicio, la asequibilidad sería la fuerza impulsora y la Gen Z podría comprar SUV si hubiera alternativas más baratas. También describió la preferencia por vehículos altos como una «guerra de altura», en la que los conductores buscan ver por encima de los autos que tienen delante.

Los vehículos eléctricos podrían ofrecer a Ford una vía para probar nuevos formatos sin repetir necesariamente los costos de desarrollar cada modelo por separado. Tucker señaló que las plataformas flexibles pueden reducir el costo de crear distintas carrocerías y mencionó la plataforma Universal de Vehículos Eléctricos de Ford, que servirá de base para la camioneta eléctrica mediana Ford Fathom. La compañía prevé abrir las preventas de ese vehículo a principios de 2027, con un precio inicial de poco menos de USD 30.000.

Según Tucker, Ford podría adaptar esa plataforma para producir un sedán si el mercado demostrara que existe suficiente demanda, pero esa posibilidad sigue siendo condicional. La incógnita no se limita a si los jóvenes prefieren hoy un vehículo compacto: también importa si mantendrán esa preferencia cuando formen familias o tengan mayores ingresos. Para Detroit, la respuesta definirá si el sedán vuelve a ocupar un lugar en sus catálogos o si la oportunidad queda en manos de fabricantes que nunca abandonaron el segmento.


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