Por Canuto  

La suspensión legal de la cooperación con el OIEA mantiene sin verificar las reservas nucleares de Irán desde mediados de 2025, mientras Rafael Grossi advierte que el organismo perdió la continuidad de su conocimiento sobre el programa de Teherán.
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  • El parlamento iraní aprobó en junio de 2025 la suspensión de la cooperación con el OIEA, y el presidente promulgó la medida en julio.
  • El último inventario verificado incluía aproximadamente 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, una reserva cuyo estado actual se desconoce.
  • Teherán condiciona el regreso de los inspectores a protocolos para sitios dañados y avances concretos en negociaciones sobre sanciones.


El Organismo Internacional de Energía Atómica, OIEA, lleva más de un año sin poder verificar de forma directa el estado de las reservas nucleares de Irán. Rafael Grossi, director general del organismo, afirmó el 7 de septiembre de 2026 que la agencia está “completamente ciega” frente al programa nuclear iraní, una declaración que expone la profundidad del deterioro en los mecanismos internacionales de supervisión.

La ruptura comenzó a mediados de 2025, cuando Teherán dejó de cooperar con las inspecciones y vinculó cualquier eventual regreso a avances en negociaciones políticas más amplias, especialmente en torno al alivio de las sanciones. Desde entonces, la disputa dejó de ser únicamente diplomática, porque una ley aprobada por el parlamento iraní y promulgada posteriormente por el presidente estableció la suspensión de la cooperación con el organismo.

Una suspensión convertida en ley

El parlamento de Irán aprobó en junio de 2025 una norma que suspendía la cooperación con el OIEA, y el presidente Masoud Pezeshkian la promulgó en julio de ese mismo año. La medida estableció que los inspectores no podrían visitar instalaciones nucleares sin la aprobación de las autoridades iraníes.

En la práctica, los inspectores quedaron sin acceso a los principales centros de enriquecimiento del país, entre ellos Fordow, Natanz e Isfahán. La ausencia en esos lugares eliminó la posibilidad de contrastar físicamente los inventarios, revisar cambios operativos y mantener una línea de seguimiento comparable con la que existía antes del quiebre.

La decisión iraní se produjo después de una escalada de tensiones con el OIEA y de exigencias de mayor transparencia sobre las actividades nucleares de Teherán. La suspensión convirtió las inspecciones en parte de una disputa política más amplia, en la que Irán también reclama garantías y cambios en el régimen de sanciones.

Funcionarios iraníes, entre ellos el ministro de Relaciones Exteriores Abbas Araghchi y el jefe de la Organización de Energía Atómica, Mohammad Eslami, han sostenido que la cooperación solo podrá reanudarse con protocolos específicos para los sitios afectados por ataques militares. También han vinculado el retorno a avances concretos en las negociaciones políticas, lo que mantiene las inspecciones dentro de una disputa más amplia sobre sanciones y garantías.

El inventario que el OIEA ya no puede confirmar

El último registro verificado por el OIEA contabilizaba aproximadamente 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% de pureza. Ese nivel todavía se encuentra por debajo del enriquecimiento considerado generalmente de grado militar, que suele situarse en 90% o más, pero requiere relativamente poco trabajo adicional para acercarse a ese umbral.

La cifra de 440 kilogramos no representa un inventario actualizado, sino el último punto que los inspectores pudieron comprobar directamente. A septiembre de 2026, la agencia no puede establecer si las reservas aumentaron, disminuyeron, fueron trasladadas o recibieron un enriquecimiento adicional, porque carece de acceso suficiente para verificar su estado.

La incertidumbre no se limita a una cantidad concreta de material. También afecta la capacidad de reconstruir qué ocurrió con las reservas, qué instalaciones participaron en eventuales movimientos y si las actividades declaradas por Teherán mantienen correspondencia con los registros que el organismo internacional tenía antes de la suspensión.

Grossi describió el problema como una pérdida de la “continuidad del conocimiento”, concepto que alude a la posibilidad de seguir un inventario nuclear de manera ininterrumpida. Cuando los inspectores pierden durante tanto tiempo el contacto con los materiales y las instalaciones, reconstruir una línea base precisa se vuelve genuinamente difícil incluso si en el futuro se permite nuevamente el acceso.

La negociación detrás del bloqueo

La posición de Irán presenta las inspecciones como una herramienta de negociación, mientras que el OIEA y los gobiernos que respaldan su labor las consideran esenciales para verificar el cumplimiento de los compromisos de no proliferación. Teherán sostiene que la cooperación debe avanzar junto con garantías políticas y alivio de sanciones, en lugar de reanudarse sin cambios en el entorno diplomático.

El problema es que el alivio de sanciones que Irán busca requiere acuerdos con Estados Unidos y con las partes europeas involucradas en las conversaciones. Esos actores, a su vez, muestran pocas señales de querer ofrecer concesiones importantes mientras el programa de enriquecimiento permanece opaco y el organismo internacional no puede confirmar el destino de los materiales previamente registrados.

El resultado es un bloqueo en el que cada parte condiciona su siguiente paso a una acción del otro lado. Irán exige avances políticos y protocolos para los sitios dañados antes de abrir sus instalaciones, mientras sus interlocutores reclaman más transparencia antes de considerar medidas que podrían aliviar la presión económica.

Qué implica la pérdida de supervisión

La falta de inspecciones no demuestra por sí misma que Irán haya desviado sus reservas o producido material adicional, y no permite presentar como hechos conclusiones que el OIEA no ha podido verificar. Sin embargo, sí amplía el espacio de incertidumbre en torno a una actividad nuclear que ya genera preocupación internacional por el nivel de enriquecimiento alcanzado.

Para el organismo, la dificultad central consiste en recuperar una imagen confiable del programa, no solo en abrir nuevamente las puertas de las instalaciones. La información acumulada durante más de un año sin acceso puede dejar vacíos difíciles de cerrar, especialmente si los inspectores deben revisar registros, equipos y existencias después de un periodo prolongado de ausencia.

La disputa también demuestra cómo una medida de supervisión técnica puede quedar atrapada dentro de un conflicto político más amplio. Mientras Teherán utiliza la cooperación como una carta para reclamar cambios en las sanciones, Estados Unidos y los gobiernos europeos observan la falta de transparencia como una razón para mantener la presión diplomática.

Por ahora, ningún elemento de la información disponible confirma una reanudación inmediata de las inspecciones. El OIEA sigue sin poder verificar qué ocurrió con los aproximadamente 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60% registrados por última vez, y la continuidad del conocimiento que Grossi considera perdida dependerá de una eventual combinación de acceso técnico y acuerdo político.

La salida del enfrentamiento exigiría resolver simultáneamente las condiciones de seguridad de los sitios dañados, los protocolos de inspección y el desacuerdo sobre las sanciones. Sin esos avances, la suspensión legal continuará prolongando una zona gris que impide confirmar el estado real del programa nuclear iraní.


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