Por Canuto  

Las autoridades haitianas confirmaron la muerte de Mathias Saintil, señalado como líder de la banda Boston, después de que el primer ministro Alix Didier Fils-Aimé celebrara el anuncio. La operación ocurre mientras la violencia desplaza a casi 1,5 millones de personas, según la Organización Internacional para las Migraciones.
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  • Las autoridades haitianas confirmaron la muerte de Mathias Saintil, señalado como líder de la banda Boston; una fuente policial dijo que murió en el hospital tras resultar herido.
  • La Organización Internacional para las Migraciones calcula que casi 1,5 millones de personas están desplazadas en Haití.
  • La fuerza internacional contra las pandillas enfrenta carencias de personal y recursos; El Salvador desplegó más de 2.000 soldados para buscar a cuatro nacionales desaparecidos.

 


La operación contra la banda Boston

Las autoridades haitianas confirmaron el viernes 6 de noviembre la muerte de Mathias Saintil, identificado por la Policía Nacional de Haití (PNH) como líder de la banda Boston. La organización criminal toma su nombre de un barrio de Cité Soleil, una zona empobrecida de Puerto Príncipe, donde las pandillas mantienen presencia y disputan el control de áreas urbanas.

Según la información difundida por la policía, Saintil resultó herido durante la operación y una fuente policial dijo que murió más tarde en el hospital. El anuncio no aporta más detalles sobre las circunstancias de la intervención ni sobre otras personas que pudieran haber resultado afectadas, por lo que la información disponible se limita a la versión de las autoridades y al reporte de esa fuente policial.

El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé reaccionó públicamente y celebró la noticia con un mensaje en francés y criollo haitiano. Escribió que había un jefe pandillero menos y sostuvo que la batalla para liberar al país del control de los bandidos continuaría con determinación, además de advertir que las pandillas no podrían dormir.

La muerte de Saintil supone un golpe contra un dirigente vinculado por la PNH con una banda activa en la capital, pero el anuncio no permite concluir que la estructura haya desaparecido ni que el control territorial haya cambiado. La noticia, reportada por Al Jazeera, sitúa la operación dentro de una ofensiva más amplia que convive con una crisis de seguridad de largo alcance y enormes necesidades humanitarias.

El alcance de las pandillas en Puerto Príncipe

Haití enfrenta desde hace años un incremento de la violencia de las pandillas, agravado por la crisis política que siguió al asesinato del entonces presidente Jovenel Moïse en 2021. Desde ese crimen no se han celebrado elecciones nacionales, y el vacío político ha coincidido con la expansión de organizaciones criminales que reclaman amplias zonas del territorio.

Hasta el 90% de Puerto Príncipe estaría bajo control de las pandillas, de acuerdo con la información citada en el reporte, que incluye vías clave y puertos marítimos entre los espacios afectados. La ONU calcula que al menos 26 pandillas operan en la zona de la capital y sus alrededores, una dimensión que ayuda a entender por qué una operación contra un solo dirigente no resuelve por sí misma el problema de seguridad.

La crisis se desarrolla en un país marcado también por la inestabilidad política, el declive económico y los desastres naturales sucesivos, y clasificado como el más pobre del hemisferio occidental. En ese contexto, algunas pandillas reclutan a jóvenes ofreciéndoles comida, ingresos y protección, y la ONU estima que la mitad de sus integrantes en el país son niños y adolescentes menores de 18 años.

La captación de menores muestra que el poder de las pandillas no depende únicamente de sus jefes o de los enfrentamientos armados, sino también de la capacidad de ofrecer recursos en comunidades golpeadas por la pobreza. Por eso, la muerte de Saintil puede marcar un resultado policial concreto, pero no elimina las condiciones sociales y económicas que, según la información disponible, facilitan el reclutamiento y la expansión criminal.

Desplazamiento, muertes y violencia sexual

La expansión de los grupos armados ha empujado a una crisis humanitaria que afecta a comunidades enteras, especialmente en la zona de la capital. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) calcula que casi 1,5 millones de personas están desplazadas en Haití, una cifra que refleja el impacto de la violencia más allá de los enfrentamientos entre pandillas y fuerzas de seguridad.

Entre julio y principios de octubre de 2026, 1.123 personas murieron en episodios relacionados con grupos armados, según cifras de Naciones Unidas. Durante el mismo período, otras 440 resultaron heridas, un balance que muestra el costo humano de una crisis que continúa mientras las autoridades anuncian operaciones contra dirigentes criminales.

La violencia sexual también sigue en niveles elevados: entre julio y agosto se registraron 689 casos de violación vinculados con pandillas, de acuerdo con la información citada. La cifra corresponde a un período más corto que el de las muertes y las personas heridas, y evidencia otra dimensión de la emergencia que afecta directamente a las víctimas y a sus comunidades.

Estas cifras permiten dimensionar la distancia entre los anuncios de avances policiales y la escala de los daños que enfrenta la población. La muerte de Saintil ocurre en un país donde millones de personas han abandonado sus hogares y donde la violencia incluye asesinatos, lesiones y agresiones sexuales; las autoridades no indicaron que la operación alterara esas tendencias generales.

La fuerza internacional y la respuesta de El Salvador

En abril comenzaron a llegar a Haití integrantes de la Fuerza Internacional de Supresión de Pandillas (GSF), con el mandato de neutralizar, aislar y disuadir a esos grupos. El Consejo de Seguridad de la ONU renovó el mandato de la fuerza por seis meses el 29 de septiembre de 2026, según reportes sobre la decisión.

La GSF afronta obstáculos parecidos a los que encontró su predecesora, la Misión Multinacional de Seguridad dirigida por Kenia: falta de recursos y de personal suficiente. Sus defensores han pedido a la comunidad internacional que cumpla sus compromisos financieros para que la fuerza cuente con el financiamiento previsto, mientras sus integrantes también han sufrido ataques en enfrentamientos con las pandillas.

Cuatro técnicos salvadoreños de aviación vinculados con la GSF desaparecieron en octubre y se cree que fueron secuestrados por pandillas. El Salvador desplegó más de 2.000 soldados para intentar localizarlos y rescatarlos, según reportes de prensa. El presidente salvadoreño Nayib Bukele describió el despliegue como una misión de rescate y dijo que el objetivo era lograr que sus compatriotas regresaran vivos e ilesos.

Bukele también amenazó a los líderes pandilleros con una respuesta más contundente si no devolvían a los desaparecidos, y dijo que el ataque de ese día no era nada comparado con lo que vendría. Después llamó a los haitianos a levantarse y recuperar el control de sus comunidades, rechazó que sus fuerzas fueran invasoras y advirtió que podía aplicar en Haití tácticas similares a las usadas contra las pandillas en El Salvador, un enfoque que organizaciones de derechos humanos han criticado por incluir arrestos y juicios masivos.

En una publicación posterior, Bukele respondió a un usuario que aseguró haber identificado la residencia de un prominente líder pandillero haitiano y pidió la dirección exacta para destruirla. La declaración añade un tono de amenaza a una respuesta internacional marcada por la desaparición de los técnicos, mientras la muerte de Saintil vuelve a poner el foco en la estrategia de seguridad y en los límites de los anuncios de avances frente a una crisis extendida.


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