Irán enfrenta una creciente escasez de gasolina, con un déficit diario estimado de entre 14 y 15 millones de litros, largas filas en Teherán y posibles medidas de racionamiento mientras la presión externa complica las importaciones.
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- Según declaraciones atribuidas a Esmaeil Esfahani, la demanda récord, los daños de la guerra y los cambios presupuestarios contribuyeron a un déficit diario estimado de entre 14 y 15 millones de litros de gasolina.
- Las autoridades analizan limitar el suministro, elevar el precio de las ventas adicionales o asignar cuotas a las personas en lugar de los vehículos.
- El combustible subsidiado es políticamente sensible en Irán, donde anteriores aumentos de precios desataron protestas y una fuerte respuesta de seguridad.
Irán enfrenta una escasez cada vez mayor de gasolina, una situación que, según reportes citados en la información disponible, ya provoca largas filas en estaciones de Teherán y amenaza con tensionar aún más a los hogares. El déficit diario se estima entre 14 y 15 millones de litros, según declaraciones atribuidas a Esmaeil Esfahani, director de la Organización de Optimización de Gestión Energética Estratégica, quien vinculó el desequilibrio con una demanda récord, daños derivados de la guerra y cambios en las prioridades del presupuesto nacional.
La magnitud exacta del déficit puede variar según el periodo y la fuente. Los reportes disponibles también mencionan estimaciones inferiores o superiores, por lo que la cifra debe entenderse como un cálculo atribuido y no como una medición independiente consolidada.
El problema adquiere una dimensión especialmente delicada porque las restricciones y la presión estadounidense pueden dificultar el acceso de Irán a importaciones de combustible. Algunos reportes describen un bloqueo o restricciones sobre puertos iraníes, pero esa información no permite establecer por sí sola cuánto ha afectado el suministro. La presión llega mientras Washington intensifica sus medidas contra Teherán, en una campaña que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, describió como la “mayor ofensiva financiera jamás lanzada contra un adversario”.
Filas y temor a un aumento
Reportes que citan al diario estatal Hamshahri señalaron largas colas en gasolineras de la capital, donde numerosos conductores acudieron a llenar el tanque incluso antes de que llegara a la mitad. Ese comportamiento puede reflejar el temor a que las autoridades eleven los precios o introduzcan restricciones más severas, aunque no se ha confirmado una medida general definitiva para todo el país.
El problema también puede estar relacionado con interrupciones logísticas, daños en infraestructura y dificultades de importación. Sin embargo, la evidencia disponible no permite atribuir de manera concluyente las filas a una sola causa. La combinación de factores constituye una explicación plausible, mientras que el detonante inmediato del aumento de la demanda preventiva no está plenamente identificado.
La gasolina ocupa un lugar sensible en la economía iraní porque los subsidios estatales permiten a los consumidores acceder a uno de los combustibles más baratos del mundo. Esa política reduce el impacto inmediato sobre los conductores, pero también estimula un consumo que puede superar la capacidad de producción nacional cuando la oferta enfrenta daños, interrupciones logísticas o limitaciones comerciales.
Esfahani declaró la semana pasada, según la Agencia Iraní de Noticias para Estudiantes, que el país debe reducir el consumo hasta alinearlo con los niveles de producción interna. El funcionario expuso tres alternativas para administrar la escasez, todas con efectos potencialmente visibles para los usuarios y con capacidad de alimentar la preocupación que ya se observa en las estaciones de servicio.
La primera opción consiste en distribuir una cantidad fija de 121 millones de litros diarios en las gasolineras y cerrar los surtidores cuando se agote ese volumen. La segunda permitiría continuar con ventas superiores a ese límite, pero a un precio más alto, mientras que la tercera trasladaría las cuotas desde los automóviles hacia las personas.
Un subsidio con alto costo político
Las autoridades iraníes conocen el riesgo político de modificar el precio de la gasolina, especialmente en un momento marcado por una inflación elevada y una crisis monetaria que presionan a millones de hogares. En 2019, un intento de aumentar los precios derivó en protestas en numerosas ciudades. Organizaciones y medios ofrecieron distintas estimaciones sobre las víctimas, por lo que no existe una cifra única ampliamente aceptada.
Un nuevo incremento podría ampliar el malestar porque afectaría directamente el transporte y, de forma indirecta, el costo de bienes y servicios. Aunque el país es rico en petróleo, la disponibilidad de crudo no elimina los problemas de refinación, distribución, almacenamiento ni las restricciones comerciales que impiden cubrir rápidamente la brecha entre demanda y oferta.
Los funcionarios iraníes llevan meses advirtiendo que los aumentos podrían resultar inevitables. Sus advertencias vinculan el deterioro del equilibrio energético con ataques israelíes y estadounidenses contra instalaciones de almacenamiento de combustible y otras infraestructuras energéticas, además de las dificultades para importar el producto que suele complementar el suministro doméstico. Esas atribuciones forman parte de la versión oficial iraní y no están confirmadas de forma independiente en la información disponible.
El presidente Masud Pezeshkian pidió apoyo ciudadano en mayo, cuando planteó la posibilidad de racionar el combustible y recomendó utilizar el transporte público siempre que fuera posible. Sin embargo, las advertencias no parecen haber reducido la demanda, como muestran los reportes sobre filas y compras preventivas en Teherán.
Cuotas, gas natural y producción adicional
Irán ya opera con un sistema escalonado que asigna a cada automóvil una cuota mensual de gasolina subsidiada. Los primeros 60 litros cuestan 15.000 riales por litro, los 50 litros siguientes tienen un precio de 30.000 riales cada uno y el volumen adicional se cobra a 50.000 riales por litro, de acuerdo con la estructura descrita en la información de origen.
La semana pasada, el gobierno abandonó de manera repentina un programa piloto en la ciudad sureña de Kerman. La prueba habría aumentado la cuota general, pero aplicaba una tarifa de 872.000 riales por litro, equivalente a USD 0,46, para las compras superiores, una modificación que generó alarma entre los residentes y avivó el temor a aumentos similares en el resto del país.
Las autoridades atribuyeron el fracaso del ensayo a una mala gestión, aunque la reacción pública mostró que el precio constituye un límite político relevante. La decisión de cancelar el programa no resolvió el déficit estructural, por lo que el gobierno todavía debe escoger entre restringir el consumo, encarecer una parte de las ventas o rediseñar el mecanismo de asignación.
Como parte de la respuesta, el gobierno intenta que los conductores de vehículos de combustible dual se cambien al gas natural comprimido. En las carreteras iraníes circulan aproximadamente 4,5 millones de automóviles con esa capacidad, pero la eficacia de la estrategia dependerá de que exista infraestructura suficiente y de que los usuarios acepten modificar sus hábitos de abastecimiento.
Causas de movimientos recientes
Confirmado: los reportes disponibles atribuyen el déficit a una combinación de demanda récord, daños relacionados con la guerra y cambios en las prioridades presupuestarias. También se han descrito restricciones que podrían dificultar las importaciones de combustible.
Plausible: el temor a un aumento de precios o a nuevas cuotas puede haber impulsado parte de las compras preventivas y contribuido a las largas filas en Teherán. No obstante, el motivo inmediato del incremento de la demanda no está confirmado y no debe presentarse como una causa única.
Presión externa y opciones del gobierno
La mayor refinería iraní de procesamiento de petróleo, la refinería Persian Gulf Star, afirmó que utiliza metanol para elevar la producción de gasolina, informó la Agencia Iraní de Noticias para Estudiantes. La medida puede aportar un alivio parcial, aunque la información no establece que permita cerrar por sí sola la brecha diaria estimada.
La crisis también se desarrolla en un entorno de seguridad digital y militar que las autoridades presentan como parte de la presión contra la República Islámica. En el pasado, el gobierno responsabilizó a un país extranjero no identificado por un ciberataque de 2021 contra la red nacional de distribución de combustible, un antecedente que mantiene la infraestructura energética bajo especial vigilancia.
Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento, sostuvo la semana pasada que Estados Unidos e Israel planeaban aprovechar cualquier aumento del precio de la gasolina dentro de sus operaciones militares contra Irán. Esa es una acusación de las autoridades iraníes y no equivale, por sí misma, a una confirmación independiente sobre los planes de esos gobiernos.
La cobertura citada en la información de origen señaló que la combinación de restricciones estadounidenses, daños vinculados a la guerra, consumo récord y cambios presupuestarios está estirando un suministro que durante años dependió de subsidios amplios. Para el gobierno de Pezeshkian, el desafío inmediato consiste en mantener en movimiento la economía sin desencadenar una reacción social comparable a episodios anteriores.
Las próximas decisiones definirán si Teherán prioriza un límite físico al suministro, un precio diferencial para el consumo adicional o una cuota individual. Cualquiera de las tres vías puede reducir la presión sobre las reservas, pero también trasladará el costo de la escasez a una población que ya enfrenta inflación y deterioro monetario.
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