La industria espacial atraviesa una fase de expansión acelerada, pero también de cuellos de botella, retrasos y costos crecientes. Mientras Rocket Lab presumió una misión militar lanzada en menos de 17 horas y China se prepara para intentar recuperar un booster en el mar, SpaceX podría reducir su programa de viajes compartidos, Kennedy muestra señales de saturación y el SLS vuelve a quedar bajo fuego por sus sobrecostos.
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- Rocket Lab lanzó la misión Victus Haze apenas 16 horas y 42 minutos después de recibir la orden de la Fuerza Espacial de EE. UU.
- China prevé debutar el Long March 10B en julio e intentar recuperar su primera etapa en el mar.
- SpaceX podría limitar las misiones Transporter desde 2028 o 2029, mientras Kennedy y el programa SLS enfrentan fuertes presiones.
La carrera espacial de 2026 avanza con más velocidad, pero también con más fricciones. Nuevos cohetes, maniobras militares, infraestructura saturada y decisiones comerciales de alto impacto están redefiniendo el tablero para gobiernos, contratistas y startups.
Ese contraste quedó retratado en una nueva edición del Rocket Report, donde conviven récords de respuesta rápida, apuestas por reutilización, falta de espacios de lanzamiento y el persistente problema de costos en grandes programas públicos.
Rocket Lab acelera la respuesta militar y China se prepara para una prueba clave
Rocket Lab ejecutó el viernes pasado la misión Victus Haze apenas 16 horas y 42 minutos después de recibir el aviso de lanzamiento de la Fuerza Espacial de Estados Unidos. Según la empresa, eso superó por más de 10 horas el récord anterior.
El lanzamiento tuvo muy poca visibilidad pública antes del despegue. La única señal abierta de que la misión era inminente fue una advertencia para que pilotos y navegantes evitaran la trayectoria del cohete.
Rocket Lab tampoco ofreció una transmisión en vivo, algo que sí suele hacer en la mayoría de sus operaciones. El perfil reservado de la misión encajó con su carácter militar y de respuesta rápida.
La Fuerza Espacial había anunciado en 2024 los planes para Victus Haze al seleccionar a Rocket Lab y True Anomaly para construir y lanzar dos satélites en órbita baja terrestre. La idea general consistía en colocar primero un pequeño satélite de True Anomaly que simulara ser un aparato de un potencial adversario como China o Rusia.
Luego, Rocket Lab debía mantener listo otro satélite para despegar con poco aviso y aproximarse a inspeccionar esa nave. El objetivo era demostrar cómo el ejército y sus socios comerciales podrían evaluar con rapidez una posible amenaza en órbita.
En paralelo, China se acerca a una prueba con implicaciones técnicas y simbólicas relevantes. De acuerdo con Space News, el país apunta a un vuelo inaugural del Long March 10B en julio y planea intentar la recuperación de la primera etapa en el mar.
Advertencias recientes para el espacio aéreo y marítimo sugieren que la ventana de lanzamiento podría abrirse el 10 de julio desde el Sitio de Lanzamiento Espacial Comercial de Hainan. Ese dato reavivó la expectativa sobre el primer cohete reutilizable Long March 10B.
El Long March 10B es un vehículo de dos etapas con queroseno y oxígeno líquido. Se trata de una variante de carga del Long March 10A, diseñado para lanzar una nueva nave espacial tripulada a órbita baja terrestre.
Su capacidad ronda las 11 toneladas métricas hacia órbita baja. China completó un ensayo húmedo en abril, y el lanzamiento se esperaba para las semanas siguientes, pero terminó retrasándose por motivos no especificados.
El mercado de lanzamientos pequeños gana presión por capital, espacio e incertidumbre
La empresa alemana OHB, cotizada en bolsa, anunció planes para recaudar hasta EUR €510,7 millones mediante la emisión de aproximadamente 1,7 millones de nuevas acciones. Además de fabricar satélites, OHB participa en dos programas de lanzamiento a través de su subsidiaria MT Aerospace y su participación en Rocket Factory Augsburg.
European Spaceflight estimó que cerca del 14% de ese monto, unos USD $80 millones, podría dirigirse a Rocket Factory Augsburg. La compañía sigue trabajando hacia el debut del cohete RFA One.
Ese calendario, sin embargo, sigue siendo incierto. La primera etapa del RFA One sufrió una anomalía durante una prueba de fuego estático en agosto de 2024.
La misma semana, la firma de lanzamientos también reveló planes para dos cohetes más grandes. Esa señal sugiere que, pese a los contratiempos, el apetito por ampliar portafolios sigue vivo en Europa.
En Francia, CNES seleccionó a Sirius Space Services para ocupar una vacante en la nueva instalación comercial multiusuario del Centro Espacial de Guayana. El espacio había quedado libre después de que MaiaSpace moviera sus operaciones previstas a la antigua instalación Soyuz del puerto espacial.
Sirius Space desarrolla una familia de tres cohetes basados en propulsores comunes. El más pequeño, Sirius 1, es un vehículo de dos etapas y un solo cuerpo con capacidad para hasta 180 kilogramos a órbita.
El Sirius 13 añade dos propulsores laterales y eleva la capacidad a 800 kilogramos. El Sirius 15 incorpora cuatro propulsores y lleva el límite hasta 1.100 kilogramos.
En Australia, Gilmour Space incorporó a Pamela Melroy a su junta directiva. La exadministradora adjunta de NASA, astronauta y coronel retirada de la Fuerza Aérea de Estados Unidos dijo que se sumaba en una etapa muy importante del recorrido de la empresa.
Melroy afirmó que el equipo está construyendo una capacidad soberana crítica para Australia, con ambiciones que van más allá del lanzamiento. Gilmour trabaja en vehículos de lanzamiento, satélites, manufactura avanzada y operaciones de espacioporto.
La empresa opera el Bowen Orbital Spaceport en North Queensland, el primer sitio orbital licenciado de Australia. Aun así, el vuelo inaugural del cohete Eris sigue pendiente tras un problema con el carenado de carga útil detectado en pruebas previas al lanzamiento hace un año.
SpaceX domina, pero su estrategia podría dejar un vacío en satélites y logística orbital
Durante años, muchas compañías de satélites pequeños diseñaron sus planes de negocio alrededor de las misiones compartidas Transporter y Bandwagon de Falcon 9. Esos servicios ofrecían una frecuencia y un costo difíciles de igualar para el resto del mercado.
Ahora esa ventaja podría empezar a cerrarse. Space News informó que SpaceX no estaría aceptando reservas para Transporter más allá de finales de 2028 o comienzos de 2029.
Al menos nueve socios y clientes indicaron además que el manifiesto de los próximos años está casi completo. La consecuencia inmediata es un mercado más tenso para operadores que dependían de esos viajes para llegar a órbita.
Algunos clientes creen que SpaceX podría extender los vuelos de Falcon 9 si Starship no entra en servicio al ritmo previsto por la compañía. Sin embargo, la falta de espacios ya dejó a varias empresas buscando alternativas con urgencia.
Las cargas secundarias pueden volar con otros proveedores, pero ninguno ha igualado la combinación de frecuencia y bajo costo de SpaceX. Esa posible reducción abre una ventana para lanzadores pequeños, aunque también plantea dudas sobre su capacidad real para absorber la demanda.
Mientras tanto, un Falcon 9 despegó el martes para probar Starfall, un nuevo vehículo de reentrada con forma de plato desarrollado bajo fuerte secretismo. Su objetivo es facilitar el transporte y la entrega de bienes a través del espacio.
Buena parte de lo conocido sobre Starfall proviene de una evaluación ambiental de la FAA. Allí se indica que el sistema permitiría entregas punto a punto de carga crítica en plazos rápidos y también acceso orbital para manufactura comercial en el espacio.
Otro uso potencial es el programa militar Rocket Cargo o entrega punto a punto. Esa iniciativa contempla emplear Starship para mover grandes cargas de equipos y suministros a ubicaciones distantes en menos de una hora.
Starship, no obstante, es un vehículo enorme, de casi 20 pisos de altura y 30 pies de ancho, que necesita aterrizar en sitios preparados. En ese contexto, Starfall podría terminar siendo una alternativa más flexible para entregas de menor volumen.
En Texas, SpaceX también planea construir un gasoducto de gas natural de 13 kilómetros llamado Starpipe hacia sus instalaciones de lanzamiento. Reuters señaló que la obra podría comenzar el próximo mes y entrar en servicio en enero.
La lógica operacional es clara. Starship consume unos 630.000 galones de metano líquido por lanzamiento, equivalentes a 2,4 millones de litros, y actualmente ese combustible llega en cientos de camiones cisterna en un proceso que demora horas.
Según documentos revisados por Reuters, Starpipe podría ser apenas el primer paso de una estrategia mayor. SpaceX ha explorado durante años la posibilidad de perforar su propio gas natural cerca de Starbase y en otras zonas de Texas.
La presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, dijo a CNBC el 12 de junio, cuando la empresa salió a bolsa, que la firma planeaba construir gasoductos y procesar su propio propulsor. También afirmó que consideraban perforar su propio gas natural.
La infraestructura no acompaña el ritmo y el SLS vuelve al centro de la polémica
El crecimiento de la actividad espacial no solo depende de cohetes y contratos. También exige carreteras, líneas de suministro, redes eléctricas y plataformas capaces de soportar una cadencia operativa mucho más intensa que la de años anteriores.
En ese frente, el Centro Espacial Kennedy aparece bajo presión. Un nuevo informe de la Oficina del Inspector General de NASA advirtió que la infraestructura del complejo envejece y se acerca a su límite por la creciente demanda de empresas privadas, entre ellas SpaceX y Blue Origin.
Aunque la Fuerza Espacial administra instalaciones cercanas propias, el trabajo entre ambas entidades está estrechamente coordinado y existen responsabilidades compartidas. Eso amplifica el impacto de cualquier cuello de botella sobre el sistema completo de lanzamientos en Florida.
Los problemas más críticos incluyen las líneas de suministro de helio y nitrógeno. El informe también apunta a 231 millas de carreteras y puentes pavimentados que sirven tanto a Kennedy como a Cabo Cañaveral.
Además, persisten preocupaciones serias sobre un sistema de distribución eléctrica de seis décadas de antigüedad en las plataformas de NASA. La combinación entre envejecimiento físico y aumento de la demanda crea un riesgo operativo cada vez más visible.
Los funcionarios temen que el número de lanzamientos anuales y grandes pruebas de fuego alcance o incluso supere el número de días de un año hacia finales de 2028 o 2029. Si eso ocurre, la presión sobre los sistemas del puerto espacial sería significativa.
Al mismo tiempo, otra revisión de la Oficina del Inspector General puso bajo la lupa al Space Launch System. El memorando preparado el miércoles repasó elementos del programa Artemis que NASA estaba cancelando mientras redirigía su enfoque hacia la superficie lunar.
Entre esos componentes figuraban la Etapa Superior de Exploración, el Adaptador de Etapa Universal y el Lanzador Móvil 2. El documento señala que todos registraron fuertes alzas de costos y numerosos retrasos durante la última década.
El caso más ilustrativo, por su escala y simbolismo, es el del Adaptador de Etapa Universal. NASA contrató a Dynetics en junio de 2017 para diseñar, probar y construir esta pieza de hardware espacial hecha en gran parte de materiales compuestos.
El adaptador pesaba 9.650 libras, equivalentes a 4,3 toneladas métricas, y medía 33 pies de altura, unos 10 metros. El contrato original fue de USD $131 millones y luego NASA añadió otros USD $9 millones para un sistema de separación de carga útil.
Cuando el programa fue cancelado a comienzos de este año, el valor del contrato ya había subido a USD $353 millones. La fecha de entrega, además, se había desplazado hasta septiembre de 2028.
El informe del inspector general proyectó que el proyecto probablemente habría terminado costando USD $497 millones. También estimó que no estaría listo sino hasta mayo de 2030.
Fuera del ciclo operativo y presupuestario, la semana también dejó una nota de patrimonio aeroespacial. El nuevo Centro Aeroespacial y Espacial Samuel Oschin, en el Centro de Ciencias de California, mostró avances casi definitivos en la exhibición del transbordador Endeavour.
La instalación tardó cuatro años en construirse y logró apilar el orbitador con su tanque externo y dos propulsores sólidos sin usar una instalación de NASA diseñada para esa tarea. Desde ciertos ángulos, las puertas de la bahía de carga parecen cerradas, y desde otros puede verse una abierta con cargas como en una misión a la Estación Espacial Internacional.
Dennis Jenkins, exingeniero de transbordadores y director del proyecto para el centro, explicó que todavía quedaban ajustes de iluminación dentro de la bahía. Luego deberán asegurar la puerta cerrada y colocar una lámina acrílica sobre la escotilla abierta para mantener limpio el interior de Endeavour.
En conjunto, estas historias dejan una conclusión incómoda para la industria espacial. La innovación avanza a gran velocidad, pero el capital, la infraestructura y la ejecución siguen marcando límites duros que podrían definir a los ganadores de la próxima etapa.
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