Blue Origin asegura que volverá a lanzar su cohete New Glenn antes de que termine 2026, pese a la explosión ocurrida la semana pasada en su plataforma de Cabo Cañaveral. La promesa llega en un momento crítico para la compañía de Jeff Bezos, la NASA y el programa lunar Artemis.
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- Dave Limp dijo que infraestructura clave del sitio LC-36A, incluidos tanques de propelente y la torre de agua, quedó en mejor estado de lo esperado.
- La compañía no reveló la causa del fallo, aunque la especulación se centra en una prueba de encendido estático de la primera etapa.
- Fuentes del sector consideran más realista una recuperación de 12 a 18 meses, lo que podría afectar el calendario de Artemis.
Blue Origin prometió volver a lanzar su cohete New Glenn antes de que termine 2026, menos de una semana después de una explosión que dañó su sitio de lanzamiento en Florida. La declaración coloca a la empresa de Jeff Bezos frente a uno de los calendarios más exigentes de su historia reciente.
El director ejecutivo Dave Limp dijo que la compañía logró completar una revisión preliminar del complejo LC-36A, ubicado en Cabo Cañaveral. Según reportes de TechCrunch y Ars Technica, Limp afirmó que varias piezas críticas de infraestructura están en mejor estado del esperado tras el fallo ocurrido el jueves 28 de mayo.
La promesa busca enviar una señal de control en medio de un episodio delicado. New Glenn es una pieza central para Blue Origin, para clientes comerciales y para la NASA, que depende del cohete y del módulo lunar Blue Moon en su estrategia de misiones Artemis hacia la Luna.
Una plataforma dañada, pero no destruida
Limp dijo que la granja de propelente del sitio LC-36A se encuentra en buen estado. También mencionó los tanques de oxígeno, hidrógeno líquido y GNL, así como la torre de agua. Estos elementos tienen plazos de entrega largos, por lo que su supervivencia representa una ventaja importante para la reconstrucción.
El ejecutivo agregó que otro propulsor New Glenn que ya había volado antes y estaba en el complejo de lanzamiento también parece estar bien. Lo mismo ocurre con tres etapas superiores del cohete, según su actualización. Esa condición reduce, al menos en parte, el impacto inmediato del accidente sobre el inventario de hardware disponible.
Blue Origin todavía no informó la causa exacta de la explosión. La especulación en la industria se ha concentrado en una posible falla de uno de los motores principales de la primera etapa durante una prueba de encendido estático. Ese evento habría destruido rápidamente la primera etapa y luego la segunda.
La compañía enfrenta ahora un reto doble. Debe identificar la causa técnica del fallo y, al mismo tiempo, reconstruir o adaptar la infraestructura necesaria para lanzar. En este caso, el problema más complejo podría no ser el cohete, sino el lugar desde donde despegará.
Un regreso en seis meses que muchos ven difícil
Limp fue categórico al afirmar que Blue Origin volverá a volar antes de fin de año. Ese plazo implica una recuperación aproximada de seis meses, un calendario que varios observadores del sector consideran muy agresivo. Algunas fuentes citadas por Ars Technica estiman que un rango más realista sería de 12 a 18 meses.
El sitio LC-36A necesita una reconstrucción seria. Las reparaciones podrían involucrar cimientos de concreto, estructuras especializadas, sistemas de soporte y equipos de lanzamiento. También existe una pregunta operativa relevante: si Blue Origin cuenta con suficientes técnicos, soldadores y trabajadores especializados para acelerar una obra de esa magnitud.
La empresa no ha tenido históricamente la reputación de moverse con prisa. A diferencia de SpaceX, que regresó al vuelo en pocos meses tras la explosión de un Falcon 9 en plataforma en 2016, Blue Origin no tiene una segunda plataforma lista para New Glenn. SpaceX sí contaba entonces con otra instalación casi preparada.
Blue Origin construye una segunda plataforma en Cabo Cañaveral, conocida como LC-36B. Sin embargo, ese proyecto se encuentra en etapas tempranas. Por ahora, el camino más directo parece pasar por reconstruir LC-36A y volver a usar la variante 7×2 de New Glenn.
El transportador-erector queda fuera del plan
Una de las decisiones más relevantes anunciadas por Limp fue el abandono del transportador-erector usado hasta ahora. Ese enorme sistema movía el cohete desde el hangar de integración hasta la plataforma y también lo ponía en posición vertical. El equipo quedó dañado sin posibilidad de reparación durante el fallo.
Blue Origin ya venía trabajando en un concepto alternativo de operaciones verticales, según Limp. La empresa ahora saltará directamente a ese nuevo plan, por lo que no necesita construir un nuevo transportador-erector. El ejecutivo no detalló cómo funcionará la solución de reemplazo.
La decisión también descarta, por ahora, un cambio directo hacia la versión más grande y poderosa de New Glenn. Esa variante, conocida como 9×4, usaría nueve motores en la primera etapa y cuatro en la segunda. Blue Origin seguirá enfocada en la versión 7×2, que ya había mostrado resultados relevantes en vuelos anteriores.
El enfoque tiene una lógica práctica. Reconstruir alrededor de la variante ya probada puede reducir la complejidad del regreso. Cambiar a una arquitectura mayor en medio de una investigación y una reconstrucción podría añadir más riesgos al calendario.
New Glenn venía de avances y tropiezos
El primer lanzamiento de New Glenn ocurrió en enero de 2025, tras años de desarrollo y varios retrasos. La misión fue mayormente exitosa porque la etapa superior alcanzó la órbita en el primer intento. Sin embargo, la etapa propulsora explotó durante su regreso a la Tierra.
El segundo lanzamiento, realizado en noviembre, marcó un avance importante. Blue Origin colocó en el espacio un par de naves con destino a Marte y logró aterrizar la primera etapa en una nave dron. Ese hito reforzó la ambición de reutilización del programa New Glenn.
La tercera misión ocurrió en abril y reutilizó esa misma etapa propulsora. Pero la etapa superior sufrió una falla y se perdió la carga útil del cliente, un satélite de AST SpaceMobile. El accidente reciente llegó cuando Blue Origin preparaba el cuarto lanzamiento.
Ese cuarto vuelo iba a transportar un lote de satélites para Amazon, la otra gran compañía fundada por Bezos. Los satélites aún no estaban instalados en el cohete al momento de la explosión. Por esa razón, no fueron destruidos en el incidente.
Artemis aumenta la presión sobre Blue Origin
El accidente tiene implicaciones más allá de Blue Origin. La NASA cuenta con New Glenn y con el módulo Blue Moon para una serie de misiones Artemis. Ese programa busca llevar carga y, eventualmente, astronautas a la superficie lunar.
La dependencia es significativa porque Blue Origin había reorientado su operación hacia ese objetivo. En enero, la empresa anunció que pausaría por al menos dos años los vuelos de turismo espacial de New Shepard, su cohete más pequeño. Esa pausa liberaba recursos para New Glenn y Blue Moon.
El administrador de la NASA, Jared Isaacman, visitó la compañía el viernes posterior al accidente. Allí dijo a Limp y a Bezos que estaba totalmente comprometido con apoyar los esfuerzos de Blue Origin. La Fuerza Espacial de Estados Unidos, que gestiona el rango de lanzamiento en Cabo Cañaveral, también podría facilitar revisiones y apoyo federal.
Ese respaldo puede ayudar a acelerar trámites y evaluaciones. Aun así, no elimina la dificultad técnica de reconstruir una plataforma compleja ni la necesidad de demostrar que el cohete puede volar de manera segura. Para Blue Origin, el reto consiste en convertir una promesa pública en un regreso verificable.
El sector espacial observará de cerca los próximos meses. Si Blue Origin cumple su meta, New Glenn evitaría un retraso hasta 2027 y sostendría mejor el calendario de Artemis. Si no lo logra, la presión sobre la NASA y sobre la estrategia lunar de Bezos aumentará de forma considerable.
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