Por Canuto  

OpenAI contratará cómputo dedicado durante varios años en dos centros de datos de Firmus en Malasia, elevando a más de 900 MW la capacidad contratada de la empresa australiana. El acuerdo llega mientras Firmus prepara una posible salida a bolsa en Australia y pone a prueba las ambiciosas afirmaciones sobre quién produce realmente la inteligencia artificial.
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  • OpenAI será el cliente ancla de dos centros de datos de Firmus en Malasia bajo un acuerdo plurianual.
  • Firmus desplegará sistemas Vera Rubin NVL72 de Nvidia y elevará su capacidad total contratada por encima de 900 MW.
  • La empresa australiana prepara reuniones con inversores antes de una posible cotización en la bolsa ASX.


OpenAI contratará cómputo dedicado durante varios años en dos centros de datos que Firmus desarrolla en Malasia, según anunció la empresa australiana desde Sídney. El acuerdo convierte a OpenAI en el cliente ancla de esas instalaciones y eleva por encima de 900 MW la capacidad total contratada por Firmus, una cifra que incluye proyectos operativos y otros todavía en construcción.

El anuncio coloca a una compañía estadounidense de inteligencia artificial en el centro de la expansión internacional de Firmus, que planea equipar sus instalaciones con tecnología de Nvidia. La empresa sostiene que esta alianza marca el momento en que Asia-Pacífico deja de ser únicamente consumidora de inteligencia artificial y comienza a producirla, aunque la composición real de la cadena de suministro exige una lectura más cuidadosa.

Un contrato que conecta a Australia, Malasia y Estados Unidos

Firmus desplegará sistemas Vera Rubin NVL72 sobre la plataforma DSX de Nvidia para atender la demanda contratada. El cliente será OpenAI, mientras que los tokens generados por ese cómputo estarán destinados a sus usuarios en todo el mundo, de acuerdo con la descripción del acuerdo divulgada por la compañía.

Malasia aporta los terrenos, la conexión a la red eléctrica y la energía necesaria para operar los centros de datos, elementos que tienen un valor económico considerable en una industria que necesita grandes volúmenes de electricidad y refrigeración. Sin embargo, esos recursos no equivalen por sí solos a producir inteligencia artificial, sino a ocupar una posición estratégica dentro de la infraestructura que permite a otra empresa ofrecerla.

Tim Rosenfield, cofundador y co-director ejecutivo de Firmus, presentó la asociación como un punto de inflexión regional. “Esta asociación de varios años marca el momento en que Asia-Pacífico se convierte en productor de inteligencia, no solo en consumidor”, afirmó, una frase que mezcla la importancia económica de alojar capacidad informática con una definición más amplia y discutible de producción de inteligencia.

La parte más claramente australiana del proyecto está en los módulos que Firmus fabrica para sus instalaciones. La compañía construye unidades llamadas HyperCubes, que integran refrigeración líquida, sistemas mecánicos y electrificación, y las prefabrica en la región de Nueva Gales del Sur antes de exportarlas a los mercados donde levanta sus centros.

Esa actividad representa manufactura y exportación de infraestructura, aunque no significa que Australia vaya a concentrar el procesamiento contratado por OpenAI. El cómputo se ubicará en Malasia, el comprador está en Estados Unidos y los componentes producidos en Nueva Gales del Sur forman parte de una cadena internacional cuyo valor se distribuye entre energía, hardware, construcción y servicios informáticos.

Malasia busca atraer a ambos lados de la competencia tecnológica

El acuerdo llegó pocas horas después de que se conociera que Malasia evalúa chips de Huawei para un proyecto de inteligencia artificial soberana. Washington ha advertido al país sobre los controles estadounidenses de exportación, de modo que Kuala Lumpur aparece cortejada simultáneamente por proveedores chinos para sus sistemas estatales y por tecnología estadounidense destinada a un cliente privado global.

La convivencia de ambas opciones no necesariamente constituye una contradicción para Malasia. Alojar sistemas asociados con OpenAI y, al mismo tiempo, analizar hardware de Huawei para capacidades soberanas permite al país vender infraestructura y capacidad energética a actores que compiten entre sí sin comprometerse por completo con uno de los bloques tecnológicos.

Este tipo de equilibrio también tiene un precedente en la fábrica de inteligencia artificial de Armenia, cuya existencia dependió de una licencia firmada por Washington. En ese caso, la autorización convirtió el proyecto en un instrumento de la política estadounidense además de un activo armenio, mientras que la estrategia malasia parece orientada a evitar una dependencia exclusiva mediante la recepción de tecnologías de ambos lados.

La oportunidad económica, no obstante, depende de que la infraestructura llegue a operar. Firmus cuenta con siete fábricas de inteligencia artificial en Australia, Singapur, Indonesia y Malasia, pero solo dos están operativas; las otras cinco permanecen en desarrollo y tienen como objetivo entrar en servicio durante los próximos 24 meses.

Por eso, los 900 MW describen compromisos de capacidad y no una cantidad equivalente de centros terminados y funcionando. En esta industria resulta habitual contratar capacidad futura para financiar la expansión, pero un megavatio comprometido y uno entregado representan realidades distintas, especialmente cuando la construcción depende de permisos, redes eléctricas, equipos especializados y conexión efectiva con los clientes.

La cifra de 900 MW y la posible salida a bolsa

El proyecto de Batam ilustra la escala que Firmus pretende alcanzar. La empresa planea construir allí un campus de 360 MW que, según reportes publicados en junio, entraría en operación durante 2027 y podría generar hasta USD $30.000 millones, dependiendo de la capacidad contratada y del desarrollo comercial del complejo.

La diferencia entre una expectativa de ingresos y una operación entregada será uno de los puntos que los inversores deberán examinar. Mientras Firmus presenta una cartera internacional con clientes y proyectos de gran tamaño, el calendario de construcción determinará cuándo esa cartera puede convertirse en capacidad disponible y facturación reconocida.

La compañía también se prepara para una posible cotización en la Bolsa de Valores de Australia, conocida como ASX. The Australian Financial Review informó que Firmus organiza reuniones con inversores para la semana siguiente, trabaja en un prospecto preliminar de tipo pathfinder y ya impartió instrucciones a sus banqueros, aunque todavía no existe un calendario confirmado para el debut.

El reporte, basado en fuentes no identificadas, describió el proceso como acelerado, mientras que Carmeli Argana cubrió la información para Bloomberg. La secuencia tiene una lógica financiera evidente: asegurar como cliente ancla a una de las empresas de inteligencia artificial más reconocidas del mundo y reunirse después con inversores convierte el contrato con OpenAI en uno de los activos narrativos más valiosos de cualquier prospecto.

Firmus ya ha atraído una cantidad significativa de capital privado. En agosto, la compañía informó una recaudación de USD $2.000 millones con una valoración superior a USD $10.500 millones, aproximadamente el doble de su valoración registrada cuatro meses antes, con participación de Coatue, Nvidia, Blackstone Tactical Opportunities y Jane Street.

La posible operación llegaría en un momento de creciente interés por las compañías de inteligencia artificial. Anthropic podría salir a bolsa en cuestión de semanas, OpenAI ha apuntado a una cotización en 2027 y Moonshot AI busca una lista en Hong Kong, aunque esos procesos tienen calendarios y estructuras distintos y no garantizan que Firmus complete su propio debut.

De la minería de Bitcoin a la infraestructura de IA

La historia de Firmus comenzó como una operación de minería de Bitcoin en Tasmania en 2019. Ese origen ayuda a explicar su enfoque actual, porque la minería obliga a sus operadores a localizar energía barata, gestionar calor a alta densidad y tratar la electricidad como el insumo central del negocio.

La empresa trasladó esas capacidades a un mercado diferente, con la energía entrando por un extremo y los tokens de inteligencia artificial saliendo por el otro. Aunque los compradores y las aplicaciones cambiaron, la lógica operativa conserva similitudes con la minería de BTC: disponibilidad eléctrica, densidad computacional, refrigeración y continuidad del servicio determinan la rentabilidad.

La experiencia también explica la geografía inicial de Firmus. Antes de que los centros de datos para inteligencia artificial se convirtieran en uno de los sectores de infraestructura más perseguidos por los inversores, la compañía buscaba energía renovable desperdiciada en Tasmania y trataba de convertirla en capacidad informática.

Ahora esa estrategia se extiende por Australia, Singapur, Indonesia y Malasia, con una combinación de manufactura australiana, proyectos asiáticos y clientes internacionales. La ventaja competitiva que la empresa intenta vender no es solamente el acceso a chips de Nvidia, sino la capacidad de convertir energía, refrigeración y módulos prefabricados en instalaciones de cómputo a gran escala.

Firmus también anunció su intención de crear un Programa Australiano de Acceso a la IA para investigadores y organizaciones vinculadas con ciencia, educación, agricultura, energía y resiliencia climática. La propuesta busca mostrar que una empresa cuyos principales centros de crecimiento están fuera de Australia puede devolver parte de esa capacidad al ecosistema local.

Por ahora, la palabra decisiva es intención. Firmus no presentó un presupuesto, una asignación de capacidad ni una fecha de inicio para el programa, por lo que todavía no existe un compromiso cuantificable que permita medir su alcance o compararlo con las necesidades de los sectores que pretende atender.

La distribución geográfica del acuerdo deja una conclusión más estrecha que el eslogan sobre Asia-Pacífico. El cómputo estará en Malasia, el cliente se encuentra en Estados Unidos, los módulos se fabrican en Nueva Gales del Sur y la posible cotización ocurriría en Sídney, de manera que Australia obtiene principalmente la fábrica que construye las fábricas.

Esa posición puede ser valiosa porque concentra capacidades industriales, conocimiento energético y acceso a capital, pero no debe confundirse con controlar todo el proceso de producción de inteligencia artificial. La prueba decisiva será que los cinco sitios en desarrollo entren en servicio dentro de los próximos 24 meses, que el programa australiano reciba recursos concretos y que Firmus revele cuánto paga OpenAI por la capacidad contratada.

Hasta que alguna de las dos compañías publique el valor económico del acuerdo, su magnitud seguirá expresándose en megavatios y no en ingresos. Para los inversores, la diferencia entre la promesa de 900 MW y la entrega efectiva de esa capacidad será el indicador que determine si la alianza representa una expansión industrial real o, por ahora, una cartera ambiciosa de proyectos futuros.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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