Con un déficit que llegó a RUB 5,8 billones hasta agosto, el gobierno ruso propone nuevos gravámenes a mineras, ingresos de inversión y compras extranjeras en línea. El ajuste busca reforzar las cuentas públicas mientras el gasto militar y el limitado acceso a financiamiento externo reducen el margen fiscal.
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- El déficit ruso alcanzó RUB 5,8 billones hasta agosto, casi 50% más que el del mismo período del año anterior y por encima de la meta revisada.
- El plan contempla un impuesto extraordinario a mineras y tasas más altas para intereses, dividendos y ganancias por venta de propiedades.
- La Escuela de Economía de Kyiv advierte que los amortiguadores financieros podrían agotarse a comienzos de 2028 si no hay más impuestos o recortes sociales.
⚠️ Rusia busca más ingresos: déficit de USD 72.000 millones
El rojo presupuestario llegó a RUB 5,8 billones hasta agosto, casi 50% más que un año antes.
Moscú propone nuevos gravámenes a mineras, inversiones y compras extranjeras online.
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— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 30, 2026
Rusia prepara nuevos impuestos a empresas mineras, ahorristas e inversores mientras el gasto de la guerra en Ucrania aumenta la presión sobre las finanzas públicas. El déficit presupuestario llegó a RUB 5,8 billones, equivalentes a USD $72.000 millones, hasta agosto, una cifra casi 50% superior a la del año pasado y mayor que la meta revisada para todo el año, según la Escuela de Economía de Kyiv.
El ajuste fiscal apunta a mineras y rentas de inversión
El presupuesto estatal para 2027-2029 superó el jueves su primera de tres votaciones en el Parlamento ruso, una institución que la nota de Fortune describe como dominada por el gobierno. El proyecto llega tras una serie de anuncios de aumentos tributarios posteriores a las elecciones parlamentarias de septiembre, en un contexto en que el déficit de este año ya rebasó la previsión oficial revisada de RUB 4,8 billones.
El deterioro fiscal coincide con un crecimiento económico moderado, sanciones, tasas de interés elevadas para empresas ajenas al sector militar, escasez de trabajadores y ataques ucranianos contra refinerías y terminales de exportación de petróleo. A esos factores se suma el gasto militar, que ha superado lo previsto y compite con necesidades civiles por los recursos estatales, de acuerdo con el reporte de Fortune.
El gobierno propone aplicar un impuesto extraordinario de entre 20% y 30% a las ganancias inesperadas de compañías mineras que se beneficiaron del alza de precios desde el año pasado. La medida alcanzaría a productores de mineral de hierro, níquel y oro, sectores a los que el Ejecutivo busca gravar por sus beneficios recientes, en lugar de recurrir exclusivamente a un aumento general que recaiga por igual sobre toda la economía.
Otra propuesta eleva de 13% a 22% las tasas sobre ingresos por intereses, dividendos y ganancias obtenidas al vender propiedades. En el esquema actual, estos ingresos tributan al 13% cuando son inferiores a RUB 2,4 millones, equivalentes a USD $29.800, y al 15% cuando superan ese umbral; el cambio trasladaría una mayor carga a quienes reciben rentas de inversiones o activos.
El paquete también contempla, desde el 1 de enero, un cargo de RUB 100 por paquete y un IVA de 22% para bienes extranjeros de menos de EUR 200 comprados en línea, que antes estaban libres de ese impuesto. Además, propone un gravamen de 35% sobre dividendos pagados a cuentas restringidas de inversores de países considerados «no amistosos», una categoría empleada por el gobierno ruso.
La estrategia contrasta con la del año pasado, cuando el Kremlin elevó de forma más amplia el impuesto al valor agregado y amplió el número de pequeñas empresas obligadas a pagarlo. Esta vez, las medidas descritas concentran el impacto en mineras, personas con ingresos de inversiones o propiedades, compradores de productos importados por internet y determinados inversores extranjeros, aunque el efecto final dependerá de la aprobación y aplicación de las propuestas.
Las reacciones recogidas en las calles de Moscú combinaron resignación y preocupación por el destino de los ingresos. Denis Bystrov, de 39 años, dijo que el Estado necesita recaudar más de la población, mientras Nelly Godunova, de 92, expresó que, pese a haber obtenido cuatro títulos universitarios gratuitos y haber contribuido al país, acepta que quien gana algo deba devolver una parte.
Serguéi Sujachov, quien dijo tener «casi 70» años, sostuvo que la gente sabe que el dinero se destina a la operación militar y afirmó que, aunque su actividad empresarial ha sufrido, considera necesario aguantar para alcanzar el objetivo del país. Sus comentarios reflejan la justificación patriótica que algunos ciudadanos ofrecen ante el ajuste, pero no eliminan la preocupación por el costo que los tributos imponen a hogares y empresas.
Menos margen para financiar el déficit
En la superficie, algunos indicadores no apuntan a una crisis inmediata: el gobierno proyecta un crecimiento del PIB de 0,6% este año, el desempleo está en un mínimo histórico y la deuda pública es baja. El ministro de Finanzas, Antón Siluánov, calcula que el déficit revisado rondará 3% del PIB, frente a 1,6% el año pasado; el reporte compara esa proporción con 5,8% en Estados Unidos y 3,1% como promedio de la Unión Europea.
Los ingresos por exportaciones de petróleo se han sostenido gracias a precios globales más altos, impulsados por la guerra en Irán, según el material de la noticia. Sin embargo, el tamaño relativo del déficit no cuenta toda la historia: las sanciones impiden que bancos e inversores rusos operen normalmente con el país, por lo que el Kremlin no puede recurrir a los mercados internacionales de bonos para cubrir sus necesidades.
Chris Weafer, director ejecutivo de Macro-Advisory Ltd., considera que Rusia dispone de financiamiento suficiente para cubrir el déficit en 2027 y probablemente también en 2028. Pero advirtió que obtener esos recursos exigirá mayores impuestos y costos para hogares y empresas, y dejará menos dinero disponible para el desarrollo económico habitual y la infraestructura, mientras el presupuesto prioriza cada vez más el gasto militar.
Weafer también describió una economía desequilibrada: el crecimiento positivo, aunque modesto, proviene principalmente del gasto estatal en industrias vinculadas al gobierno, mientras otras actividades sufren o incluso fracasan. Esa diferencia ayuda a explicar por qué una cifra agregada de crecimiento no necesariamente refleja la situación de todos los sectores, en particular de las empresas no militares que afrontan tasas altas y escasez de mano de obra.
Una vía para conseguir fondos es vender bonos dentro de Rusia y pedir préstamos a bancos locales, pero ese mecanismo enfrentó dificultades durante el verano, cuando las entidades se resistieron a la baja tasa de interés ofrecida por el gobierno. Las ventas se reanudaron después de que las autoridades mejoraran las condiciones, aunque la dependencia de los bancos mantiene una presión sobre el sistema financiero nacional.
La Escuela de Economía de Kyiv afirma que el gobierno ya ha trasladado parte del costo de la guerra fuera del presupuesto federal al hacer que los bancos financien a compañías de defensa. Ese mecanismo mueve obligaciones hacia los balances de bancos y empresas estatales, en lugar de reflejarlas directamente en las cuentas presupuestarias, pero no elimina el costo económico que deben absorber esas instituciones.
Otra reserva es el Fondo Nacional de Riqueza, alimentado con ingresos de las exportaciones de petróleo y gas. Sus activos líquidos disponibles para gasto, como moneda china y oro, se han reducido al equivalente de 1,7% del PIB; según la Escuela de Economía de Kyiv, bajo las condiciones actuales los colchones financieros podrían agotarse a comienzos de 2028 sin nuevas subidas de impuestos o recortes del gasto social.
En un escenario extremo, el gobierno podría abandonar las ventas de bonos y obligar a los bancos a prestar, una decisión que la Escuela de Economía de Kyiv considera arriesgada porque podría debilitar tanto a las entidades financieras como al sistema en su conjunto. La institución advirtió que un choque adverso, como una caída de los precios globales de la energía o una pérdida de confianza en el sistema financiero, podría desestabilizar rápidamente el frágil equilibrio.
La presión también alcanza a empresas extranjeras
El caso de Metro Rusia muestra otra vía por la que las autoridades pueden buscar recursos, aunque la operación no corresponde a uno de los nuevos impuestos anunciados. La filial del minorista alemán Metro quedó bajo administración temporal en virtud de una ley aplicable a empresas de países «no amistosos» y tuvo que aportar RUB 1.000 millones, equivalentes a USD $12 millones, a un fondo vinculado al esfuerzo de guerra.
La sede de Metro AG en Alemania afirmó que no tuvo participación en la donación y que esta no refleja su postura ni la manera en que dirige su negocio. Metro Rusia, que ya no está bajo el control de la casa matriz, dijo que el aporte al fondo «Frente Nacional – Todo para la Victoria» se destinaría a comprar vehículos, dispositivos de comunicación y equipos antidrones para soldados en Ucrania.
Weafer planteó que Rusia podría estar tomando el control de empresas extranjeras ante la posibilidad de un acuerdo para recuperar activos rusos congelados en el exterior. Sin embargo, la contribución obligatoria de Metro también genera el riesgo de que el Ministerio de Finanzas considere a compañías extranjeras como fuentes de ingresos extraordinarios, según el analista.
En conjunto, las medidas y los mecanismos de financiamiento reflejan que Moscú aún cuenta con opciones, pero cada una tiene costos para hogares, empresas, bancos o reservas estatales. La evaluación de la Escuela de Economía de Kyiv no presenta un colapso financiero inmediato como escenario central: advierte, en cambio, sobre el desgaste gradual de los colchones fiscales y del bienestar público si el gasto militar continúa desplazando otras prioridades.
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