Por Canuto  

El oro retrocedió con fuerza en medio de una sesión marcada por volatilidad, alzas del petróleo y un dólar estadounidense más sólido. El mercado empezó a descontar un escenario de inflación más persistente en Estados Unidos, lo que podría llevar a la Reserva Federal a mantener tasas elevadas por más tiempo o incluso endurecer más su política.
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  • El bullion llegó a caer hasta 3% mientras el Brent se acercó a USD $120 por barril en medio de la guerra en Medio Oriente.
  • El repunte del crudo avivó temores de mayor inflación en EE. UU. y reforzó la expectativa de tasas altas por más tiempo.
  • Pese al retroceso reciente, el oro acumula un avance cercano a 18% en el año, apoyado por compras de bancos centrales.

 


El oro cayó en una jornada de fuerte tensión financiera, presionado por el avance del petróleo, la fortaleza del dólar y el temor de que la Reserva Federal mantenga tasas altas por más tiempo.

En los mercados globales, el oro suele funcionar como activo de refugio cuando aumentan los riesgos geopolíticos o financieros. Sin embargo, esa relación no siempre opera de manera lineal en el corto plazo. Cuando un shock externo también impulsa al dólar, a los rendimientos de los bonos del Tesoro o a las expectativas de inflación, el metal puede perder terreno incluso en un entorno de alta incertidumbre.

Eso fue lo que ocurrió en la más reciente sesión, en la que el bullion cayó hasta 3% y se ubicó alrededor de USD $5.015 por onza antes de recortar parte de las pérdidas. La caída coincidió con un repunte del petróleo y con una suba del índice del dólar, que llegó a avanzar hasta 0,7%.

Detrás del movimiento estuvo el deterioro de la situación en Medio Oriente. La guerra en la región entró en su décimo día, mientras el mercado energético reaccionó ante señales de mayor disrupción en la oferta y en las rutas comerciales, un factor que elevó la preocupación sobre inflación y política monetaria en Estados Unidos.

El petróleo cambia el tono del mercado

El principal catalizador de la presión sobre el oro fue el salto del crudo. Los futuros del Brent llegaron en un momento a acercarse a USD $120 por barril, aunque luego moderaron parte del avance. Aun así, el movimiento fue suficiente para encender nuevas alarmas entre inversionistas que siguen de cerca la relación entre energía, inflación y tasas de interés.

Según la información reportada por Bloomberg, los productores de la región del Golfo Pérsico redujeron la producción mientras no aparecen señales claras de resolución en la guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán. Ese contexto añadió una nueva capa de incertidumbre a unos mercados que ya venían golpeados por la aversión al riesgo.

Los ataques a infraestructura energética y la interrupción del envío a través del Estrecho de Ormuz elevaron todavía más la sensibilidad del mercado. Ese paso marítimo maneja normalmente una quinta parte del petróleo mundial, por lo que cualquier alteración en su operación tiene efectos inmediatos sobre el precio del crudo y del gas natural.

Para el oro, esta dinámica es compleja. Por un lado, la tensión bélica refuerza su atractivo como refugio. Por otro, un petróleo más caro puede trasladarse a mayores presiones inflacionarias, lo que fortalece al dólar y aumenta la probabilidad de una política monetaria más restrictiva en Estados Unidos, dos factores que suelen afectar negativamente a los metales preciosos que no pagan intereses.

Dólar fuerte y tasas altas pesan sobre el bullion

El mercado interpretó el avance del petróleo como una señal de riesgo inflacionario adicional para la economía estadounidense. Bajo ese escenario, la Reserva Federal podría optar por mantener sin cambios las tasas de interés por más tiempo o incluso considerar nuevos aumentos si las presiones sobre los precios se intensifican.

Ese cambio de expectativas favoreció al dólar. El índice Bloomberg del dólar al contado subió en la jornada, luego de haber agregado 1,3% la semana pasada. Cuando la divisa estadounidense gana valor, el oro se vuelve más costoso para compradores que operan con otras monedas, lo que tiende a reducir la demanda.

Además, el costo de oportunidad de mantener oro aumenta cuando las tasas son elevadas. A diferencia de los bonos o de otros instrumentos financieros, el metal no entrega rendimientos periódicos. Por eso, en un contexto de intereses altos y un dólar fortalecido, los inversionistas suelen reasignar parte de sus posiciones.

La debilidad del oro también se vio amplificada por el comportamiento general de los mercados. En medio de una caída profunda de las acciones a escala global, algunos participantes buscaron liquidez inmediata y deshicieron posiciones en activos tradicionalmente defensivos. Ese patrón aparece con frecuencia en episodios de estrés agudo, cuando la prioridad pasa a ser la disponibilidad de efectivo.

Christopher Wong, estratega de Oversea-Chinese Banking Corp., resumió esa lógica al señalar que en períodos de estrés de mercado impulsado por factores geopolíticos, los inversionistas a veces venden activos como el oro para obtener efectivo. Añadió que, una vez superada esa fase inicial, la incertidumbre geopolítica suele volver a sostener la demanda de refugios seguros en las caídas.

La guerra entra en una fase más delicada

La atención de los mercados sigue puesta en la evolución del conflicto en Medio Oriente. Durante el fin de semana, Teherán eligió un nuevo líder supremo y mantuvo ataques en la región del Golfo Pérsico. Al mismo tiempo, Israel golpeó depósitos de combustible en la capital iraní y amenazó la red eléctrica de la República Islámica.

Estos eventos no solo agravan el riesgo militar, sino que aumentan la probabilidad de daños persistentes sobre la infraestructura energética regional. En un entorno así, el mercado ya no reacciona únicamente a titulares diplomáticos o militares. También empieza a valorar efectos concretos sobre producción, transporte y abastecimiento.

La posibilidad de una guerra más extensa es clave para definir la dirección de varios activos. Ed Meir, analista de Marex, escribió en una nota publicada el 7 de marzo que un fin relativamente rápido del conflicto probablemente debilitaría al dólar y favorecería un repunte del oro.

En contraste, una guerra prolongada fortalecería a la moneda estadounidense y elevaría los rendimientos de los bonos del Tesoro, en anticipación de una inflación más alta y tasas de interés más elevadas. En ese contexto, Meir sostuvo que por ahora el curso de acción preferido es esperar, al resumir su postura con una frase directa: hay un momento para comprar, un momento para vender y un momento simplemente para esperar.

Volatilidad de corto plazo, avance firme en el año

A pesar del retroceso reciente y de que el impulso alcista parece haberse moderado, el oro aún acumula un alza aproximada de 18% en lo que va de año. Ese desempeño muestra que el mercado sigue reconociendo al metal como una cobertura útil frente a choques políticos, comerciales y monetarios.

Parte de ese respaldo ha venido de la agitación del comercio global y de la geopolítica vinculada al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. También han influido las amenazas a la independencia de la Reserva Federal, un asunto que tiende a reforzar el interés por activos percibidos como reservas de valor.

A eso se suma la compra sostenida de bancos centrales. El Banco Popular de China volvió a comprar más oro en febrero y extendió su racha de adquisiciones a 16 meses, un dato que da soporte estructural al mercado aun cuando el precio experimente episodios de corrección fuerte en el corto plazo.

En cuanto al resto de los metales preciosos, la sesión también fue negativa. La plata cayó, mientras el platino y el paladio registraron descensos. El movimiento confirma que la jornada estuvo dominada por la fortaleza del dólar, el nerviosismo sobre inflación y un ajuste más amplio de posiciones defensivas.

Más allá de la volatilidad diaria, el episodio vuelve a mostrar cómo el oro puede reaccionar de forma ambivalente cuando coinciden riesgos geopolíticos, choques energéticos y cambios en la expectativa de tasas. En momentos así, el metal sigue siendo un termómetro del miedo global, pero también queda expuesto a fuerzas macroeconómicas que a veces pesan más que su condición de refugio.


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Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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