Los rendimientos de los bonos soberanos suben a máximos de varias décadas en Occidente, mientras la inflación, el petróleo y la deuda pública obligan a los mercados a reevaluar el rumbo de los tipos de interés.
***
- El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a largo plazo subió hasta 5,29%, su nivel más alto en 20 años.
- Japón enfrenta un aumento de los costes financieros con una deuda pública equivalente al 249% de su PIB.
- El yen se debilitó casi 2% después de que perdiera fuerza la intervención cambiaria de Estados Unidos y Japón.
Los costes de endeudamiento en Occidente alcanzaron máximos de varias décadas, en una señal de que los mercados vuelven a temer un resurgimiento de la inflación y sus consecuencias para la política monetaria. Los operadores vendieron bonos del Estado en Estados Unidos, Japón, Francia y Gran Bretaña, al considerar que los bancos centrales podrían verse obligados a elevar los tipos de interés para contener las presiones sobre los precios asociadas con la guerra en Irán.
El rendimiento del bono del Tesoro estadounidense subió hasta 5,29% el lunes, su nivel más alto en 20 años, mientras que el bono francés a 30 años llegó a casi 4,9%, el máximo desde mediados de 2008. En el Reino Unido, el rendimiento de la deuda a 30 años alcanzó 5,81%, cerca del nivel registrado a mediados de mayo, cuando los costes de financiación tocaron su punto más alto desde 1998.
La venta de bonos refleja una combinación de inflación persistente, incertidumbre geopolítica y preocupación por la capacidad de los gobiernos para seguir gastando. Los inversores observan que unas economías altamente endeudadas podrían iniciar una nueva ola de emisión de deuda justo cuando las facturas de intereses se vuelven más pesadas, lo que añadiría presión a presupuestos públicos ya debilitados.
Neil Wilson, estratega de inversiones de Saxo Bank, explicó que la coincidencia entre el rendimiento del bono estadounidense a 30 años, en su nivel más alto desde 2007, y el avance del oro ofrece una señal clara sobre el estado de ánimo del mercado. A su juicio, ambos movimientos indican que los inversores vuelven a preocuparse por la inflación, incluso mientras las autoridades monetarias intentan comunicar que mantienen el control de la situación.
Inflación, petróleo e incertidumbre monetaria
La incertidumbre prolongada en torno a la guerra en Irán ha mantenido elevados los precios del petróleo, una situación que amenaza con trasladarse a otros bienes y servicios. Un crudo más caro puede reactivar las presiones inflacionarias y complicar la tarea de los bancos centrales, porque una economía debilitada no necesariamente tolera tipos de interés más altos, pero los precios crecientes reducen el margen para recortarlos.
Matt Amis, director de inversiones de la gestora Aberdeen, describió el ambiente como un periodo de evidente nerviosismo, en el que los movimientos del mercado se producen con gran facilidad. Según su evaluación, los rendimientos pueden cambiar 10 puntos básicos sin que exista una explicación inmediata y los operadores apenas reaccionan, porque todavía no tienen claridad sobre el escenario que prevalecerá al cierre del año.
La incertidumbre también se concentra en la Reserva Federal de Estados Unidos y en la forma en que su nuevo presidente, Kevin Warsh, abordará la inflación. James Bilson, analista de Schroders, afirmó que los comentarios recientes de Warsh dejaron al mercado sin una lectura suficientemente clara, aunque remarcó que la inflación no está fuera de control y que el funcionario puede explicar con claridad su estrategia cuando se pronuncie.
Bilson sostuvo que, hasta escuchar una orientación más concreta, los inversores permanecen en una especie de tierra de nadie, especialmente en los vencimientos largos. Esa falta de definición puede pesar sobre los bonos de mayor duración, cuyos precios suelen resentirse cuando el mercado anticipa tipos elevados durante más tiempo o exige una prima adicional para asumir riesgos fiscales e inflacionarios.
Japón queda expuesto por su deuda y su moneda
Japón concentra una parte especialmente delicada de esta tensión, porque el aumento de los rendimientos coincide con los planes de la primera ministra Sanae Takaichi para elevar el gasto y reducir impuestos. El crecimiento económico se desaceleró inesperadamente hasta 0,3% en los tres meses terminados el 30 de junio, y la economía solo evitó una contracción gracias a un incremento de 2,6% en el gasto público, según informó la oficina del gabinete japonés.
El rendimiento de los bonos japoneses a 10 años aumentó más de 0,05 puntos porcentuales y llegó a 2,93%, su nivel más alto desde 1996. El rendimiento de la deuda a 30 años también avanzó una cantidad similar, hasta 4,06%, cerca del máximo histórico alcanzado en mayo, una evolución que encarece la financiación del Estado precisamente cuando Tokio estudia nuevas medidas de estímulo.
El Banco de Japón podría verse obligado a subir los tipos aunque la economía pierda impulso, debido a que la depreciación del yen puede acelerar la inflación y provocar nuevas alteraciones en los mercados mundiales de bonos. Los operadores apuestan por un nuevo incremento en septiembre, después de que el aumento anterior, aplicado en junio, situara el tipo de referencia en su nivel más alto desde 1995.
La inflación japonesa llegó a 1,7% en junio, la tasa más elevada del año hasta ese momento, y aumentó la preocupación por un posible exceso de presión sobre los precios. Koichi Sugisaki, de Morgan Stanley MUFG Securities, afirmó que tanto el Banco de Japón como los mercados parecen cada vez más atentos a ese riesgo, incluso mientras la actividad económica ofrece señales de debilidad.
Una crisis de deuda que se desplaza hacia el yen
La subida de los rendimientos puede limitar la capacidad del Gobierno japonés para sostener la economía mediante más gasto y recortes fiscales. La deuda pública del país equivale ya a 249% del producto interno bruto y apenas se ha reducido desde el máximo alcanzado durante la pandemia de COVID-19, por lo que cada aumento de los tipos puede intensificar la presión sobre las cuentas estatales.
Robin Brooks, de la Brookings Institution, afirmó que Japón ya atraviesa una crisis de deuda de bajo nivel. En un artículo publicado en Substack, sostuvo que el programa de compras de bonos del Banco de Japón, diseñado para impedir que los rendimientos suban demasiado, trasladó el problema desde la deuda hacia la moneda sin resolver la dificultad fiscal subyacente.
El yen alcanzó el mes pasado un mínimo de 40 años frente al dólar estadounidense, una depreciación que amenaza con encarecer las importaciones y reforzar las presiones inflacionarias. Para las autoridades japonesas, la debilidad cambiaria complica simultáneamente la estabilidad de precios, el coste de la energía y la confianza de los inversores en la deuda soberana.
La administración de Donald Trump teme que un yen persistentemente débil distorsione los mercados de divisas y bonos, con posibles efectos sobre los propios costes de endeudamiento del Gobierno estadounidense. El Tesoro de Estados Unidos llegó a vender parte de sus tenencias de euros para comprar yenes y respaldar la moneda, mientras Japón también intervenía en el mercado, una acción que impulsó el yen 4% frente al dólar antes de que perdiera casi 2% al desvanecerse el efecto.
El impacto para los mercados globales
El episodio japonés importa más allá de sus fronteras porque el país ocupa una posición central entre los grandes mercados de deuda y divisas. Si los rendimientos internos suben con rapidez, los inversores japoneses podrían reconsiderar la conveniencia de mantener capital en activos extranjeros, mientras los movimientos del yen pueden modificar los flujos internacionales y aumentar la volatilidad en bonos soberanos.
En Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, los niveles observados muestran que el mercado exige una compensación mayor para financiar a gobiernos con necesidades crecientes. El fenómeno no responde a un único dato económico, sino a la combinación de déficits, inflación, petróleo caro, guerra e incertidumbre sobre el próximo paso de los bancos centrales.
Para los activos de riesgo, incluidos los mercados de criptomonedas, el entorno puede resultar especialmente exigente cuando los rendimientos soberanos compiten con acciones, oro y otros instrumentos por el capital disponible. La noticia no establece un movimiento específico para Bitcoin u otros criptoactivos, pero unos tipos más altos suelen reducir el atractivo de las posiciones especulativas y elevar el costo de oportunidad de mantener inversiones sin flujo de efectivo.
El siguiente foco estará en las señales de la Reserva Federal y del Banco de Japón, así como en la evolución del petróleo y del yen. Mientras los inversores esperan mayor claridad, la combinación de deuda elevada y temor inflacionario mantiene abierta la posibilidad de nuevos saltos en los rendimientos, con consecuencias fiscales que los gobiernos occidentales ya no pueden ignorar.
Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.nnEste artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.
ADVERTENCIA: DiarioBitcoin ofrece contenido informativo y educativo sobre diversos temas, incluyendo criptomonedas, IA, tecnología y regulaciones. No brindamos asesoramiento financiero. Las inversiones en criptoactivos son de alto riesgo y pueden no ser adecuadas para todos. Investigue, consulte a un experto y verifique la legislación aplicable antes de invertir. Podría perder todo su capital.
Suscríbete a nuestro boletín
Artículos Relacionados
Análisis de mercado
Dogecoin sube 4,2% en medio de renovado interés especulativo
AltCoins
BNB sube 2,22% impulsado por volumen récord en medio de consolidación del mercado
Bitcoin
Director de Strive compra 15.900 acciones ASST mientras SATA se acerca a su valor nominal
Asia