Por Canuto  

Seis meses de guerra obligaron a los países del Golfo a revisar una premisa central: producir petróleo y gas no basta si puertos, rutas marítimas y la confianza internacional quedan expuestos.
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  • La infraestructura energética y las rutas de exportación enfrentan un riesgo mayor por la vulnerabilidad del Estrecho de Ormuz.
  • Dubái, Abu Dabi y Doha buscan reactivar el turismo y la aviación, pero recuperar la reputación de seguridad será más difícil.
  • Arabia Saudita y Omán cuentan con mayores alternativas estratégicas, mientras Bahrein enfrenta la presión fiscal más severa.


La extraordinaria riqueza acumulada por los estados del Golfo Pérsico dependió durante décadas de una premisa aparentemente sólida: estabilidad política, infraestructura confiable y acceso constante a los mercados internacionales. Sin embargo, los seis meses de guerra descritos por Responsible Statecraft expusieron que producir petróleo y gas representa apenas una parte del modelo, porque puertos, aeropuertos, redes eléctricas, plantas desalinizadoras, centros financieros y destinos turísticos también pueden sufrir interrupciones.

El conflicto alteró la percepción de seguridad que sostenía las decisiones de inversores, empresas multinacionales, aseguradoras, trabajadores expatriados y viajeros. Aunque algunas instalaciones energéticas podrían repararse en meses, la confianza en que los cargamentos del Golfo llegarán de manera predecible al mercado mundial podría tardar mucho más en recuperarse.

La energía ya no depende solo de producir

Los seis miembros del Consejo de Cooperación del Golfo ingresan a esta etapa con niveles muy distintos de exposición geográfica y capacidad financiera. Qatar, Kuwait y Bahrein dependen especialmente de las rutas marítimas del Golfo y del Estrecho de Ormuz, mientras Arabia Saudita dispone de su oleoducto Este-Oeste y Emiratos Árabes Unidos cuenta con el centro de exportación de Fujairah, ubicado del lado seguro del estrecho.

Omán posee una ventaja adicional porque buena parte de su infraestructura exportadora se encuentra más allá de Ormuz, con activos como Duqm frente al océano Índico. Esa ubicación podría atraer a compañías que busquen plataformas logísticas, energéticas e industriales menos expuestas a un punto de estrangulamiento regional.

Jim Krane, Wallace S. Wilson Fellow for Energy Studies del Baker Institute for Public Policy de Rice University, señaló que la guerra no elimina la ventaja de las enormes reservas de petróleo y gas de bajo costo del Golfo. No obstante, advirtió que el conflicto muestra a los inversores, incluidas las compañías petroleras nacionales, que una interrupción política podría impedirles mover sus cargamentos hacia los mercados.

La capacidad de Irán para cerrar Ormuz añade una dimensión de riesgo que favorece relativamente a productores con acceso directo a mares abiertos, entre ellos Argelia, Brasil, Mozambique y Estados Unidos. Por eso, los gobiernos del Golfo exploran rutas alternativas, amplían inversiones en producción extranjera, refuerzan inventarios estratégicos y dispersan instalaciones críticas, aunque ninguna de esas medidas sustituye por completo la conectividad marítima existente.

Turismo y aviación enfrentan una crisis de confianza

El turismo y la aviación pueden recuperarse físicamente con más rapidez que la confianza de los consumidores. Dubái, Abu Dabi y Doha dedicaron décadas a convertir su posición geográfica en una ventaja competitiva mediante aeropuertos conectados, hoteles, servicios empresariales y condiciones previsibles para visitantes y expatriados.

La demanda hotelera de Dubái se deterioró con fuerza durante los primeros meses de la guerra. Una medición citada por LaDevi situó la ocupación hotelera en 36,2% en marzo, frente a 71,4% en febrero. Otras previsiones citadas posteriormente apuntaron a una posible caída hasta 10%, por lo que la magnitud y la duración del impacto dependían del momento de la medición. La actividad mostró una recuperación gradual este verano, pero los hoteles de la región redujeron tarifas para mantener ocupadas sus habitaciones.

Solo durante la primera semana de la guerra, las cancelaciones de reservas hoteleras en Dubái superaron las 80.000, según los datos citados en la historia original. Los gobiernos respondieron con incentivos de viaje y reformas de visados, aunque Joseph Kechichian, investigador senior del King Faisal Centre en Riad, describió sus resultados como mixtos.

Kechichian sostuvo que la reputación del Golfo como destino seguro y confiable para turistas, empresas y trabajadores expatriados solo volverá plenamente cuando termine la guerra. Rob Geist Pinfold, profesor de Seguridad Internacional en King’s College London, agregó que el marketing no será suficiente: hará falta un período sostenido sin ataques, cierres del espacio aéreo o interrupciones repentinas.

Seis economías, seis respuestas ante la disrupción

Arabia Saudita parece contar con la mayor flexibilidad para convertir la crisis en una ventaja estratégica, gracias a su escala, profundidad geográfica, costa sobre el mar Rojo y oleoducto Este-Oeste. Aun así, Riad debe equilibrar las exigencias de defensa, protección de infraestructura y resiliencia económica con la inversión masiva que requiere Visión 2030 para reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Ese equilibrio podría provocar una reorganización de prioridades, con el avance de proyectos que tengan valor económico y estratégico, mientras algunas iniciativas de prestigio se retrasan o reducen. La disponibilidad de recursos no elimina el problema, porque la transformación económica saudita exige mantener inversiones de largo plazo precisamente cuando aumentan los gastos de seguridad.

Emiratos Árabes Unidos posee grandes recursos financieros y la ventaja de Fujairah, que permite acceder al océano Índico sin atravesar Ormuz. Su vulnerabilidad se encuentra en otro punto: el modelo emiratí depende de que el Golfo conserve la imagen de un lugar seguro, conectado y confiable para los negocios internacionales.

Qatar enfrenta una exposición distinta porque sus enormes activos soberanos y colchones financieros no eliminan la dependencia de exportaciones ininterrumpidas de gas natural licuado. Kechichian afirmó que Doha repatrió aproximadamente USD $13.000 millones en activos occidentales para fortalecer la liquidez doméstica y respaldar a los bancos locales, una medida que ayudó a compensar salidas de depósitos de no residentes.

Ras Laffan ha trabajado en la restauración de su capacidad, pero Andreas Krieg, profesor asociado del Departamento de Estudios de Defensa de King’s College London, advirtió que reparar las plantas de licuefacción no resuelve la vulnerabilidad si los buques de GNL no pueden cruzar Ormuz con previsibilidad. Qatar utilizó Golden Pass, proyecto de GNL con sede en Estados Unidos y propiedad mayoritaria de la compañía gasística estatal catarí, además de permutas de carga para compensar parte de las exportaciones perdidas.

Kuwait puede financiar un choque prolongado, aunque su ubicación limita el alcance real de esa fortaleza financiera. El daño en la refinería de Mina Al-Ahmadi y la concentración de sus rutas de exportación evidencian el riesgo de depender de infraestructura ubicada dentro del Golfo.

La crisis también aceleró la diversificación energética interna de Kuwait, que comenzó a desplegar por fases el complejo de energías renovables de Al Shagaya después de años de retrasos políticos. Li-Chen Sim, del Middle East Institute, identificó esa expansión como una respuesta a la necesidad de reducir vulnerabilidades, aunque el país enfrenta dificultades institucionales para ejecutar proyectos con la velocidad de Arabia Saudita o Emiratos Árabes Unidos.

Omán aparece como el único miembro del Consejo de Cooperación del Golfo cuya posición estratégica podría haber mejorado desde febrero, debido a que sus principales instalaciones de exportación se encuentran fuera de Ormuz. Duqm y otros activos orientados al océano Índico pueden ganar relevancia, mientras la diplomacia de Mascate adquiere mayor peso si los países del Golfo buscan acuerdos viables con Irán.

Bahrein enfrenta la combinación más delicada de riesgos, porque su limitado espacio fiscal, elevada deuda y reducido territorio le dejan poca profundidad estratégica para absorber una interrupción prolongada. Manama acelera estudios sobre energía eólica marina y proyectos solares transfronterizos, incluidas conexiones submarinas con activos de generación en Arabia Saudita, pero su resiliencia seguirá dependiendo del respaldo de socios mayores y del retorno de la estabilidad.

La recuperación dependerá de la confianza

La situación de los expatriados ocupa un lugar central en la recuperación, ya que las economías del Golfo necesitan atraer mano de obra internacional altamente móvil. Krieg explicó que ejecutivos, ingenieros y otros profesionales pueden aceptar un riesgo geopolítico considerable si reciben salarios atractivos y mantienen una vida cotidiana predecible, pero su tolerancia disminuye cuando la escolarización, la seguridad familiar, los vuelos y los servicios básicos se vuelven inciertos.

Ese cambio de percepción afecta a sectores que no dependen directamente de la venta de hidrocarburos, desde la hotelería hasta los servicios financieros y la aviación. Un aeropuerto puede reabrir, una ruta aérea puede restablecerse y un hotel puede ofrecer descuentos, pero las familias y las empresas necesitan comprobar durante un período prolongado que la interrupción no volverá de forma repentina.

Rob Geist Pinfold describió la recuperación de la confianza del consumidor como una lucha cuesta arriba, porque las percepciones individuales no se corrigen mediante una campaña publicitaria. También explicó que los estados del Golfo desean que Estados Unidos alcance un acuerdo con Irán, incluso si ese entendimiento termina reflejando condiciones favorables para Teherán, debido a la sensación de que la recuperación económica no puede comenzar mientras continúen los ataques.

La crisis puede impulsar una nueva fase de inversión dentro del propio Golfo, si los gobiernos logran convencer a sus ciudadanos y a sus capitales nacionales de que todavía existen oportunidades confiables. Kechichian planteó la necesidad de acelerar los esfuerzos para que las mentes capaces de la región inviertan en casa, confíen en sus propias poblaciones y valoren la creación de riqueza en todos los sectores.

Ningún miembro del Consejo de Cooperación del Golfo puede abandonar los hidrocarburos ni las estrategias globalizadas que construyeron su prosperidad, pero sí puede intentar hacerlas más resistentes. La prueba de la posguerra no consistirá únicamente en recuperar la producción, sino en demostrar que el capital puede desplegarse con confianza antes de la próxima disrupción regional.


Imagen original de DiarioBitcoin, creada con inteligencia artificial, de uso libre, licenciada bajo Dominio Público.

Este artículo fue escrito por un redactor de contenido de IA y revisado por un editor humano para garantizar calidad y precisión.


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