Por Canuto  

El Banco de Inglaterra prepara un cambio en su ajuste cuantitativo mientras los rendimientos de los gilts alcanzan máximos no vistos desde 1998 y crece la presión sobre las finanzas públicas británicas.
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  • El banco central anunciaría el jueves que dejará de vender gilts con vencimientos de 20 y 30 años.
  • Los rendimientos de esos bonos alcanzaron su nivel más alto desde 1998 en medio de una liquidación global de deuda.
  • Detener las ventas de deuda larga podría ahorrar al Gobierno británico hasta £ 2.500 millones anuales hacia el final de la década.


El Banco de Inglaterra prepara un giro

El Banco de Inglaterra se dispone a anunciar esta semana que dejará de vender bonos gubernamentales británicos con vencimientos de 20 y 30 años, de acuerdo con un reporte de ZeroHedge basado en información publicada por The Telegraph. La decisión llegaría mientras los mercados internacionales atraviesan una fuerte liquidación de deuda soberana y los rendimientos de los gilts se acercan a niveles que no se observaban desde finales de la década de 1990. El anuncio podría modificar el ritmo y la composición del ajuste cuantitativo británico.

El banco central, que ya había desplazado sus ventas fuera de los vencimientos más largos, presentará el jueves su plan para el próximo periodo de reducción de la cartera, junto con su decisión más reciente sobre las tasas de interés. Los precios de los gilts a 20 y 30 años tocaron el lunes su nivel más bajo desde 1998, mientras sus rendimientos alcanzaron el máximo correspondiente, debido a que precio y rendimiento se mueven en direcciones opuestas.

La presión no se limita al Reino Unido, pues los bonos gubernamentales de distintos países han sufrido ventas simultáneas en los mercados globales. El reporte atribuye parte de la tensión adicional a la guerra con Irán, que eleva las preocupaciones sobre la inflación y complica la tarea de los bancos centrales, ya que los obliga a considerar tasas oficiales más altas para contener el encarecimiento de los precios.

El posible freno a las ventas de deuda larga no equivaldría a una reactivación completa de las compras de bonos. Más bien, representaría un ajuste en la forma de reducir una cartera que el Banco de Inglaterra acumuló durante años de estímulo monetario, precisamente cuando los inversionistas cuestionan si continuar vendiendo los vencimientos más sensibles puede intensificar la presión sobre el mercado.

El costo fiscal de vender deuda larga

El debate también tiene una dimensión fiscal porque las operaciones del banco central pueden influir en el costo de financiamiento del Gobierno. Según la información citada, detener las ventas de gilts de largo plazo podría ahorrar al Estado británico alrededor de £ 2.500 millones al año hacia el final de la década, una cifra que daría margen adicional al ministro de Finanzas John Healey mientras prepara la primera declaración presupuestaria del Gobierno del primer ministro Andy Burnham, prevista para el 28 de octubre.

Ese posible ahorro no debe interpretarse como dinero nuevo creado por el banco central, sino como una reducción potencial de los costos asociados con la estrategia de liquidación de activos y sus efectos sobre el mercado. Cuando los bonos pierden valor y sus rendimientos suben, el financiamiento público puede encarecerse, especialmente en los vencimientos largos, donde los inversionistas exigen una compensación mayor por inflación, tasas futuras y riesgos fiscales.

La relevancia política del cálculo aumenta porque la venta de gilts ocurre en un momento de especial sensibilidad para las cuentas públicas. El Gobierno deberá presentar sus planes presupuestarios mientras los mercados observan la trayectoria de los rendimientos, de modo que cualquier alivio derivado de un menor ritmo de ventas podría ser recibido como una ayuda, aunque no eliminaría los riesgos provenientes de la inflación ni de la deuda acumulada.

La medida también puede abrir una discusión sobre quién asume los costos del ajuste cuantitativo. El Banco de Inglaterra sostiene que la reducción de su balance forma parte de la normalización posterior a los programas de emergencia, mientras que sus críticos consideran que vender bonos en un mercado debilitado puede aumentar innecesariamente el costo que finalmente enfrentan las finanzas públicas.

Una cartera construida durante la flexibilización monetaria

Entre 2009 y 2021, el Banco de Inglaterra acumuló £ 875.000 millones en compras de bonos gubernamentales como parte de su programa de flexibilización cuantitativa, conocido como QE. El objetivo de esas operaciones fue respaldar la economía y las condiciones financieras durante periodos de crisis, aunque la posterior reducción de la cartera ha convertido el calendario de ventas en una fuente de atención constante para los mercados.

Desde que dejó de reinvertir los ingresos procedentes de bonos que vencían en febrero de 2022, las tenencias de deuda pública del banco central han disminuido en más de £ 400.000 millones. Aproximadamente un tercio de esa reducción ocurrió mediante ventas activas, en lugar de producirse únicamente porque los títulos llegaron a su fecha de vencimiento y salieron naturalmente de la cartera.

Ese mecanismo distingue al Banco de Inglaterra de la Reserva Federal de Estados Unidos y del Banco Central Europeo, según la comparación recogida en el reporte. Ambas instituciones permiten que algunos bonos en su poder venzan sin venderlos activamente, una diferencia que alimenta el argumento de los inversionistas que piden a la autoridad monetaria británica detener o reducir sus propias ventas.

El gobernador Andrew Bailey ha defendido el programa de ajuste cuantitativo y ha señalado que mantener la capacidad de reducir la cartera permitiría intervenir en los mercados si fuera necesario en el futuro. La posición refleja una preocupación institucional: después de haber utilizado el balance como herramienta de política monetaria, el banco central busca conservar margen operativo para responder ante nuevas perturbaciones.

Expectativas de los inversionistas y próximos pasos

Una encuesta del Banco de Inglaterra publicada en julio mostró que los inversionistas esperaban que apenas algo más del 15% de las ventas de bonos previstas durante los 12 meses posteriores a septiembre correspondiera a vencimientos largos. Esa expectativa ya reflejaba el cambio de orientación aplicado por la institución, que comenzó a alejarse de los gilts de mayor duración ante la sensibilidad del mercado a las tasas y a las perspectivas de inflación.

Deutsche Bank había planteado que las ventas de bonos de largo plazo podrían detenerse por completo, una posibilidad que ahora gana relevancia ante el nuevo salto de los rendimientos. Si el Banco de Inglaterra confirma esa ruta, la decisión funcionaría como una señal de que la autoridad reconoce el deterioro de las condiciones de negociación, aunque no necesariamente implicaría abandonar el ajuste sobre el resto de los vencimientos.

Los inversionistas también esperaban una reducción del ritmo total de disminución de la cartera hasta £ 50.000 millones en los 12 meses que terminarán a finales de septiembre de 2027. Esa cifra sería inferior a los £ 70.000 millones contemplados para el periodo actual de 12 meses, lo que mostraría una transición gradual hacia una estrategia menos agresiva sin revertir completamente la reducción del balance.

La decisión del jueves tendrá, por tanto, dos lecturas simultáneas: una monetaria, vinculada con la gestión del balance y las futuras herramientas de intervención, y otra fiscal, relacionada con el costo de financiar al Estado. El partido Reform UK, asociado con el exdirigente de la campaña del Brexit Nigel Farage, ya ha criticado el costo del programa de ajuste cuantitativo, por lo que cualquier cambio en las ventas podría intensificar el debate político sobre la responsabilidad del banco central.

Un mercado bajo presión global

La caída de los gilts de 20 y 30 años ocurre dentro de un episodio internacional de aversión hacia la deuda soberana, en el que los inversionistas ajustan sus posiciones ante mayores expectativas de inflación y tasas elevadas. Los vencimientos largos suelen reaccionar con más fuerza a esos cambios porque concentran durante más tiempo la exposición a la pérdida de poder adquisitivo y al costo alternativo de mantener bonos con rendimientos inferiores.

Para el Banco de Inglaterra, vender en ese entorno puede acelerar el aumento de la oferta de títulos justo cuando el mercado exige rendimientos mayores para absorberlos. Detener las ventas de los bonos más largos reduciría esa presión específica, aunque la evolución de los gilts seguiría dependiendo de factores que la institución no controla por completo, como la inflación global, la energía y el apetito internacional por la deuda británica.

La medida tampoco garantiza una recuperación inmediata de los precios de los bonos ni elimina el riesgo de nuevas subidas en los rendimientos. Los mercados pueden interpretar el freno como una respuesta prudente a la volatilidad o como una señal de que las condiciones financieras son más frágiles de lo esperado, y esa lectura influirá en la reacción de los inversionistas después del anuncio.

El episodio ilustra cómo las decisiones de política monetaria repercuten más allá de los mercados de deuda y llegan a las finanzas públicas, la política presupuestaria y las expectativas económicas. El Banco de Inglaterra deberá equilibrar su objetivo de normalizar una cartera de £ 875.000 millones con la necesidad de evitar que el proceso agrave una venta global que ya llevó a los gilts largos a mínimos no vistos desde 1998.


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