Los gigantes tecnológicos que lideran la revolución de la IA están acumulando deuda a un ritmo sin precedentes, con USD $225.000 millones en bonos emitidos este año y una deuda oculta que ya alcanza USD $1,65 billones. Los mercados empiezan a mostrar fatiga mientras el déficit federal compite por el mismo capital.
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- La deuda visible de los hyperscalers suma USD $225.000 millones en bonos emitidos en lo que va de 2026, un aumento del 973,7% interanual.
- La deuda oculta, que incluye acuerdos de compra de GPUs y arrendamientos de centros de datos, alcanza USD $1,65 billones, superando la deuda que aparece en los balances.
- S&P Global advierte sobre la fatiga del mercado, y analistas como Joseph Brusuelas predicen mayores primas de riesgo si el endeudamiento continúa al mismo ritmo.
🚨 La deuda de la IA alcanza USD $1,65 billones ocultos 🚨
Los gigantes tecnológicos han emitido USD $225.000 millones en bonos en 2026, un aumento del 973,7% interanual.
La fatiga del mercado ya es evidente con mayores tasas y una creciente demanda de capital.
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— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) July 31, 2026
La deuda visible: bonos por USD $225.000 millones
La inteligencia artificial necesita capital, y los hyperscalers lo están buscando en los mercados de bonos con una voracidad inédita. Según datos de S&P Global citados por Fortune, los gigantes tecnológicos y entidades relacionadas como Nvidia han emitido USD $225.000 millones en bonos hasta mediados de 2026.
Esa cifra representa un aumento del 973,7% respecto al mismo periodo del año anterior. La tendencia sugiere que la emisión total del año podría alcanzar los USD $400.000 millones, un récord absoluto para el sector.
Sin embargo, la absorción de esta deuda no está siendo tan fluida como antes. Los mercados comienzan a mostrar signos de fatiga, y los rendimientos exigidos a estos emisores han aumentado en comparación con los bonos sin riesgo.
Los analistas de S&P señalaron en su informe que los participantes del mercado están volviéndose cautelosos ante el rápido aumento del apalancamiento de compañías que siempre se caracterizaron por flujos de efectivo sólidos.
Este cambio de percepción es clave, porque la deuda visible es solo la punta del iceberg. La verdadera preocupación radica en lo que no aparece en los balances: la llamada deuda oculta.
La deuda oculta: USD $1,65 billones fuera del balance
Un estudio de Nikkei, mencionado por Fortune, revela que la deuda oculta en los cinco gigantes tecnológicos de Estados Unidos se ha disparado ocho veces en solo cuatro años, alcanzando USD $1,65 billones. Esta cifra supera incluso los USD $1,35 billones de deuda que sí aparece registrada en sus libros contables.
La deuda oculta incluye acuerdos de compra a largo plazo de unidades de procesamiento gráfico (GPU) y servidores, así como arrendamientos con operadores de centros de datos. Son prácticas legítimas bajo las normas contables actuales, pero no se reflejan en el balance general, solo en anotaciones a los estados financieros trimestrales.
Moody’s también ha analizado este fenómeno. En un informe reciente, la agencia calculó que estos acuerdos fuera de balance ascienden a USD $1,2 billones, de los cuales más de USD $820.000 millones corresponden a centros de datos que aún están en construcción.
La agencia describió estas obligaciones como pasivos equivalentes a deuda, que dejarán a las empresas con compromisos de alquiler significativos en el futuro. A pesar de ello, Moody’s considera que los hyperscalers todavía tienen algunos de los balances más robustos del mundo corporativo.
Sus calificaciones de grado de inversión no enfrentan un riesgo inminente, pero el cambio hacia modelos de negocio intensivos en activos representa una transformación profunda en su estructura financiera.
El apetito de los inversores muestra fatiga
La emisión masiva de bonos está chocando con una demanda que, aunque sigue presente, empieza a mostrar límites. Los inversores que antes devoraban deuda tecnológica ahora exigen primas más altas como compensación por el riesgo creciente.
Capital Economics advirtió que si las tendencias de deuda de la primera mitad del año continúan, la emisión total de bonos corporativos y gubernamentales como porcentaje del PIB será la más alta registrada fuera de los años de pandemia. Esto implica que el mercado de renta fija podría saturarse.
Joseph Brusuelas, economista jefe de RSM, comentó en una nota la semana pasada que la demanda de deuda privada y pública sigue siendo fuerte por ahora, pero no durará indefinidamente. Los déficits federales eventualmente obligarán a los prestamistas a cobrar primas más elevadas a ambos tipos de prestatarios.
Brusuelas sugirió que los inversores siempre buscarán mayores retornos, pero advirtió contra la complacencia. “En algún momento, los ríos de capital que financian la emisión de deuda privada y pública fluirán con menos libertad”, escribió.
Esta fatiga se refleja en el mercado secundario, donde los bonos de los hyperscalers cotizan con rendimientos más altos respecto a los bonos del Tesoro de similar vencimiento. La diferencia se ha ampliado considerablemente en los últimos meses.
El déficit federal compite por el capital
El problema no es solo la deuda corporativa. El gobierno federal de Estados Unidos también necesita que los inversores compren toda la deuda que emite el Departamento del Tesoro, y el déficit presupuestario de este año fiscal se espera que alcance casi USD $2 billones.
En periodos anteriores de fuerte endeudamiento, la Reserva Federal solía ser un gran comprador de bonos del Tesoro, pero ya no lo es. Esto sobrecarga a los inversores del sector privado, que deben absorber tanto la deuda pública como la corporativa.
La competencia por el capital podría generar un efecto de desplazamiento, donde los bonos gubernamentales, considerados libres de riesgo, atraigan a los inversores en detrimento de la deuda corporativa más riesgosa.
Si el déficit federal continúa creciendo, los rendimientos del Tesoro podrían subir, encareciendo el financiamiento para todos los emisores, incluyendo los gigantes tecnológicos.
Esta dinámica podría acelerar el punto de inflexión que los analistas prevén, aunque nadie sabe exactamente cuándo ocurrirá.
El cambio de modelo: de activos ligeros a pesados
La raíz de esta orgía de deuda está en la transformación estructural que están experimentando las grandes empresas tecnológicas. Tradicionalmente, su modelo de negocio se basaba en activos ligeros: software, propiedad intelectual y servicios en la nube escalables con inversión de capital modesta.
Ahora, la carrera por dominar la inteligencia artificial exige construir enormes centros de datos, adquirir millones de GPU y asegurar infraestructura energética. Eso convierte a estas empresas en jugadores de activos pesados, con necesidades de capital comparables a las de las compañías de servicios públicos o industriales.
Moody’s subrayó este punto: “La transición de modelos ligeros en activos a modelos pesados en activos requiere niveles de inversión y recaudación de capital sin precedentes”. Las cifras lo confirman: los gastos de capital de los hyperscalers se han multiplicado en los últimos años.
Amazon, por ejemplo, aumentó su guía de gastos de capital en su último informe trimestral, lo que indica que la demanda de fondos continuará. La emisión de bonos es la vía principal para financiar este crecimiento.
Sin embargo, esta estrategia tiene un límite. Los inversores no tienen un apetito infinito por deuda, y si las tasas de interés siguen altas, el costo de financiamiento podría volverse insostenible.
El futuro: ¿hasta cuándo durará la fiesta?
Las señales de alerta se multiplican, pero los hyperscalers siguen adelante con sus planes de expansión. La pregunta es cuánto tiempo podrán mantener este ritmo antes de que el mercado les cierre la puerta.
La deuda visible e invisible combinada podría superar los USD $3 billones si se suman las cifras de todos los gigantes. Eso representa un riesgo sistémico potencial, aunque las calificaciones crediticias actuales no lo reflejen.
Joseph Brusuelas recomendó cautela, pero aclaró que los rendimientos altos seguirán atrayendo a los inversores. “No me sorprendería ver algunas operaciones de refinanciamiento o sindicaciones complejas”, agregó en su nota.
Lo que queda claro es que la IA no solo está transformando la tecnología, sino también las finanzas corporativas. La necesidad de capital es real, pero la manera de obtenerlo está cambiando la estructura de riesgo de empresas que eran vistas como faros de estabilidad.
Los próximos trimestres serán cruciales para determinar si los mercados pueden seguir digiriendo esta montaña de deuda o si, como algunos temen, estallará la burbuja del endeudamiento tecnológico.
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