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Blockchain con sede en el espacio exterior (1): la democratización

Un nuevo mercado en el último horizonte: el espacio exterior. En él se pueden establecer cadenas de información, de ventas de servicios y comunicaciones, mediante avances que van desde la aplicación de protocolos hasta el lanzamiento de satélites en miniatura. Blockchain podría ser el elemento final que coloque el orden y la estructura a este nuevo sistema

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Los nanosat 0 nanosatélites de bajo costo y los lanzadores reutilizables están rehaciendo el negocio de los satélites, haciendo que todo, desde el monitoreo remoto de cultivos hasta el acceso a la banda ancha en pueblos remotos, sea más barato y más accesible.

Pero todos estos cambios se opacan al lado de los nuevos servicios, modelos de negocio y mercados posibles gracias a la adición de la tecnología Blockchain a la mezcla. Al proporcionar bajos costos, confianza en la integridad de los datos y las transacciones, Blockchain puede hacer que sea mucho más fácil confiar, poseer, compartir y vender servicios de esta nueva tecnología de detección y comunicación.

Esta confluencia de nuevas tecnologías podría crear una economía compartida en el espacio que permite a los otros siete mil millones residentes de la tierra que no están empleados por grandes corporaciones o gobiernos acceder a un “digital twin” (versión digital de un activo físico) de la Tierra para crear un mundo más humano y justo.

Pero complejos desafíos técnicos, legales, políticos y regulatorios se interponen en el camino. Lo mismo ocurre con la necesidad de superar los recelos de aquellos que se sienten dejados atrás por las elevadas iniciativas políticas y técnicas propuestas por las “élites” técnicas. Una porción sustancial y activa de la ciudadanía probablemente mirará de reojo cada vez que escuchen de satélites rastreando sus movimientos o propiedades y compartiendo esa información en formas desconocidas y posiblemente siniestras.

La forma en que los gobiernos y las empresas manejan cuestiones como la seguridad, la privacidad y la propiedad determinará si una economía de abertura hacia el espacio permite sociedades más justas, equitativas y sostenibles o alimenta niveles cada vez más paralizantes de sospecha, división y resentimiento.

La democratización del espacio

En los últimos 30 años, la popularización de los dispositivos informáticos baratos y la fundación de Internet crearon las bases para la economía digital actual. Una infraestructura similar para compartir la economía en el espacio se está creando ante nuestros ojos.

El primer y más obvio motor es la reducción dramática y continua en el costo de lanzar satélites en órbita por parte de empresas privadas. El ejemplo más destacado es SpaceX, que ha logrado activar de nuevo los propulsores en la tierra y completó el primer lanzamiento de estos boosters reutilizables en marzo de 2017.

El segundo avance es el desarrollo de “nano sats“, nano satélites, satélites pequeños, en miniatura, de hecho, que son mucho más ligeros y, por tanto, más fáciles y menos costosos de lanzar que los típicamente utilizados por los gobiernos o la industria. En febrero de 2017, una agencia espacial de la India puso en órbita un récord de 104 satélites, tan pequeños que en suma hacen un solo cohete, 88 de los cuales pesaban sólo diez libras (4,5 kilos aproximadamente cada uno) y pertenecen a una empresa privada que vende datos a gobiernos y empresas.

El tercer avance es la evolución de los nuevos servicios en el espacio, como la robótica espacial. Los robots espaciales controlados o auto-supervisados ​​para ejercer la minería, exploración de recursos o llevar a cabo misiones científicas están haciendo del espacio un lugar más barato y mucho más accesible para nosotros.

Otro nuevo servicio es Quantum Key Distribution (QKD), una aplicación construida sobre los principios de Heisenberg, Planck y Feynman de la física cuántica para la distribución segura de claves de cifrado muy largas. Este servicio hará que la comunicación entre dos partes en la Tierra sea más segura e incluso inquebrantable, particularmente para la NSA, GCHQ o para tiendas de inteligencia criptográfica en Moscú, Teherán o Pekín.

China lanzó el primer satélite con capacidad cuántica en 2016 para probar la tecnología QKD que podría algún día proteger la privacidad en la Tierra.

La tecnología QKD podría devolvernos nuestra libertad individual “porque la privacidad no es algo que ocultar. La privacidad es algo que proteger. Eso es lo que eres “, dice Edward Snowden. “La privacidad se cuece en nuestro lenguaje, en nuestros conceptos básicos de gobierno y en todos los sentidos. Es por eso que lo llamamos “propiedad privada”. Sin privacidad, usted no tiene nada para sí mismo“. Él cree que la privacidad es de hecho “la  fuente” de los derechos por los que fluyen”otras libertades“.

Servicios de monitoreo y comunicación con sede ​​en el espacio

Partiendo de la industria de las computadoras, muchos de estos nanosats se construyen sobre la base de los estándares comúnmente disponibles y de las partes comerciales de la tienda, convirtiendo la fabricación de satélites de un modelo de artesanos a un modelo de fábrica. Algunos constructores reducen aún más los costes utilizando componentes diseñados para usos muy diversos, como “unidades de medida inercial de videojuegos, componentes de radio de teléfonos celulares, procesadores destinados a automóviles y dispositivos médicos, ruedas de reacción diseñadas para herramientas dentales, cámaras destinados a la fotografía profesional y al cine“, dice Peter Wegner, ex director de ingeniería del Centro de Investigación Ames de la NASA.

Los componentes “definidos por software” en satélites que se pueden reconfigurar de forma remota, “App Stores” en el espacio y el más sencillo desarrollo de sensores personalizados reducen aún más el costo y el tiempo necesarios para proporcionar nuevos servicios basados ​​en el espacio. La creciente inteligencia de los satélites y las capacidades de comunicación disponibles entre ellos les permitirá trabajar en “enjambres” autónomos, enviando trabajos a satélites que pueden hacerlo de manera más eficiente o compensar satélites inoperantes.

Todos estos avances significan cada vez más capacidad de detección, conectividad y servicios físicos en el espacio. Así como Internet y la computación móvil allanaron el camino para el intercambio global de habilidades y servicios, las barreras que caen por el acceso al espacio están creando cadenas de suministro y conjuntos de habilidades globales relacionadas con el espacio.

Ahora, agregue la tecnología Blockchain

Comunicaciones espaciales más distribuidas, inteligentes y de menor costo es una combinación potencialmente poderosa. Pero podría generar una inundación de datos caóticos y poco fiables y ser demasiado costoso como para que individuos o grupos cívicos accedan a estos sin un mecanismo de bajo costo que, además, asegure la integridad de los datos y transacciones.

Las organizaciones comunitarias o cívicas deben saber que los datos de detección que reciben son fiables y que su participación en la propiedad de un satélite (o los datos o comunicaciones que proporciona) es segura y están recibiendo el pago adecuado o los servicios deseados. Si un gestor de fondos de cobertura tiene que hacer una apuesta de varios millones de dólares en los futuros precios del petróleo, deben estar seguros de que las imágenes de satélite de los movimientos petroleros en las que están confiando no han sido manipuladas.

Si una ONG va a realizar una campaña pública eficaz para la acción contra el cambio climático, el socorro en casos de desastre o contra un régimen represivo, debe ser capaz de demostrar que las imágenes que muestra no han sido alteradas. Esa confianza es especialmente importante, más cuando las “noticias falsas” hacen que sea difícil para los ciudadanos incluso llegar a un acuerdo sobre un conjunto común de hechos, y mucho menos sobre qué hacer con ellos.

La confianza distribuida de bajo costo proporcionada por el libro distribuido de Blockchain proporciona estas garantías mediante una serie de tecnologías descentralizadas y de cifrado proporcionadas a su vez por la próxima generación de Internet.

Los “contratos inteligentes” habilitados vía Blockchain, o incluso los códigos formalmente verificados en entornos de ejecución confiables, también pueden permitir que satélites y sistemas negocien y completen transacciones autónomamente basándose en criterios preestablecidos tales como el precio que un cliente está dispuesto a pagar.

Los usuarios propietarios de satélites e incluso los mismos satélites podrían generar dinámicamente nuevos servicios (como las cadenas de suministro en el espacio) e incluso pagar sus costos de lanzamiento, seguros y otros gastos vendiendo esos servicios. La resultante economía compartida en el espacio puede considerarse como una analogía orbital de las FAVES propuestas, las cuales se pagan por sí mismas a través de los servicios que ofrecen, a la vez que proporcionan beneficios sociales que van desde menos accidentes hasta reducir la contaminación del aire.

Pero la realización de estos beneficios requiere entender las implicaciones completas de este nuevo modelo económico y social, así como los obstáculos de este.

Fuente: Bitcoin Magazine

Traducido para Diario Bitcoin por Robert Hazlitt

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