La inversión mundial en inteligencia artificial está ayudando a mantener el crecimiento económico global cerca del 3% anual, incluso mientras el encarecimiento de la energía perjudica a numerosos países. Sin embargo, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, advirtió que los beneficios están concentrándose en las economías vinculadas a la fabricación de tecnología, mientras la automatización amenaza con transformar millones de empleos y ampliar las desigualdades internacionales.
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- El FMI estima que la economía mundial crecerá alrededor de 3% en 2026, frente al 3,5% registrado en 2025.
- La adopción de IA podría aportar entre 0,5 y 1 punto porcentual adicional de crecimiento anual a economías avanzadas, y entre 0,2 y 0,8 puntos a mercados emergentes.
- Taiwán, Corea del Sur, Tailandia y Malasia destacan entre los principales beneficiarios de la demanda mundial de infraestructura para IA.
- El FMI calcula que aproximadamente 40% de los empleos mundiales estarán expuestos a transformaciones derivadas de la inteligencia artificial.
- Georgieva advierte sobre posibles efectos negativos en el empleo juvenil, la recaudación tributaria, la inflación y la estabilidad financiera.
🤖🌍 FMI: la IA sostiene el crecimiento, pero transformará 4 de cada 10 empleos
La economía mundial crecería cerca del 3% en 2026, frente al 3,5% de 2025.
En economías avanzadas, hasta el 60% de los empleos podría verse afectado.
Las ganancias se concentran en países que… pic.twitter.com/VyK4EwEWDV
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La inteligencia artificial está convirtiéndose en uno de los principales motores de la economía mundial, hasta el punto de compensar parcialmente los efectos negativos del encarecimiento de la energía y la incertidumbre geopolítica.
Así lo planteó Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), durante la apertura de las reuniones anuales del organismo y el Banco Mundial, celebradas este lunes en Bangkok, Tailandia, detalla un reporte publicado por Decrypt.
Según Georgieva, el extraordinario volumen de inversiones destinadas a centros de datos, semiconductores, infraestructura informática y otras tecnologías vinculadas a la IA está contribuyendo a mantener el crecimiento económico global alrededor del 3% anual, pese a las dificultades que enfrentan numerosas economías. Sin embargo, ese impulso no está distribuyéndose de manera uniforme. Mientras algunos países asiáticos se benefician de una demanda excepcional de componentes tecnológicos, otros enfrentan costos energéticos más elevados sin participar directamente en la expansión de esta nueva industria.
Asia emerge como una de las grandes ganadoras del auge de la IA
El FMI identifica a Taiwán, Corea del Sur, Tailandia y Malasia entre los principales beneficiarios del crecimiento de la demanda mundial de hardware para inteligencia artificial. Estas economías ocupan posiciones importantes dentro de las cadenas de suministro de semiconductores, componentes electrónicos y equipos utilizados en centros de datos.
En su actualización de perspectivas de julio, el organismo encontró que los cuatro principales exportadores netos de hardware para IA superaron sus previsiones iniciales de crecimiento del primer trimestre por un promedio de 4,4% en términos anualizados.
Corea del Sur destacó especialmente, con un crecimiento anualizado de 7,5%, muy por encima del 1,8% que el FMI había proyectado en abril.
Georgieva también señaló que el hardware para IA y otros productos tecnológicos relacionados representan actualmente más de una décima parte del comercio mundial de bienes.
La magnitud del fenómeno podría continuar aumentando. Según la directora del FMI, la inversión destinada al desarrollo de infraestructura de IA, medida como proporción del PIB mundial, probablemente terminará superando la destinada históricamente a grandes transformaciones como la construcción de ferrocarriles o la expansión de las redes eléctricas.
El organismo estima que una adopción efectiva de la tecnología podría añadir entre 0,5 y 1 punto porcentual al crecimiento anual de las economías avanzadas, mientras que los mercados emergentes podrían recibir un impulso de entre 0,2 y 0,8 puntos.
En el escenario más favorable, estos beneficios serían suficientes para compensar ampliamente parte del impacto económico del envejecimiento poblacional en varios países asiáticos.
Un tsunami tecnológico para el mercado laboral
El optimismo sobre productividad contrasta con las advertencias del FMI acerca de las consecuencias sociales de la automatización.
Georgieva describió la inteligencia artificial como un “tsunami de movimiento lento” que terminará afectando aproximadamente al 40% de los empleos a escala mundial.
La exposición sería particularmente elevada en economías avanzadas, donde alrededor de 60% de los puestos de trabajo podrían experimentar cambios asociados con la IA. En países de bajos ingresos, la proporción estimada desciende hasta aproximadamente 23%.
No obstante, esa diferencia no significa necesariamente que los trabajadores de economías pobres estén mejor protegidos. Georgieva explicó que la menor exposición responde principalmente a que la tecnología todavía no ha penetrado suficientemente en esas regiones.
Uno de los grupos más vulnerables serían los jóvenes que buscan incorporarse por primera vez al mercado laboral. Muchas tareas rutinarias que tradicionalmente desempeñaban empleados principiantes pueden ser automatizadas mediante herramientas de IA, reduciendo la demanda de ciertos puestos de entrada.
Durante el mismo encuentro, el presidente de Singapur, Tharman Shanmugaratnam, advirtió que la demanda de trabajadores recién graduados ya muestra señales de debilitamiento.
El problema podría agravarse si los países desarrollados aprovechan la IA para aumentar su productividad mientras las economías emergentes carecen de infraestructura, capital y capacitación para implementar tecnologías equivalentes.
El auge también podría presionar la inflación y las finanzas públicas
Georgieva advirtió que el crecimiento de la industria no está exento de riesgos macroeconómicos.
La construcción acelerada de centros de datos y otras instalaciones tecnológicas requiere enormes cantidades de electricidad, infraestructura y equipamiento, lo que puede contribuir a presionar los precios en determinados sectores.
A esto se suma la posibilidad de que algunas inversiones no produzcan los rendimientos esperados. El FMI observa con atención el endeudamiento utilizado por grandes compañías tecnológicas para financiar la expansión de sus operaciones de IA, debido a que resultados financieros decepcionantes podrían transmitir tensiones hacia otros segmentos del mercado.
La transformación del empleo plantea además un desafío fiscal. Si una proporción creciente de los ingresos económicos pasa de los trabajadores hacia los propietarios del capital y de la infraestructura tecnológica, los gobiernos podrían enfrentar presiones sobre sus sistemas tributarios, tradicionalmente apoyados en impuestos sobre salarios y actividad laboral.
Para reducir estas diferencias, el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga, explicó que la institución está promoviendo herramientas de IA de pequeña escala, destinadas a aplicaciones concretas en agricultura, salud y educación.
La intención es que países con recursos limitados puedan aprovechar algunos beneficios de la inteligencia artificial sin necesitar necesariamente los enormes centros de datos y modelos de lenguaje que dominan la carrera tecnológica internacional.
El FMI revisará sus perspectivas económicas este 13 de octubre
Las declaraciones de Georgieva llegan antes de la publicación del nuevo informe Perspectivas de la Economía Mundial (World Economic Outlook), prevista para el martes 13 de octubre.
El documento incluirá la primera revisión completa desde julio de las previsiones de crecimiento global, que actualmente apuntan a una expansión de aproximadamente 3% durante 2026, frente al 3,5% del año anterior.
La revisión permitirá conocer hasta qué punto el auge de la inteligencia artificial continúa compensando los efectos de la crisis energética y otros factores que presionan a la economía internacional.
Por ahora, el mensaje del FMI presenta una paradoja: la misma tecnología que está ayudando a sostener el crecimiento mundial podría convertirse en una de las mayores fuentes de transformación y desigualdad económica de las próximas décadas.
El desafío para los gobiernos será conseguir que los beneficios de productividad lleguen más allá de las compañías tecnológicas y los países que fabrican su infraestructura, sin dejar atrás a millones de trabajadores cuyas funciones están comenzando a cambiar.
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