Anthropic evaluó cómo modelos pequeños podrían instalarse y propagarse entre dispositivos conectados de bajo costo. Sus experimentos muestran una capacidad emergente, pero también dejan claro que las pruebas simplificaron un paso crucial: conseguir acceso a los equipos.
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- El equipo probó inferencia distribuida de Gemma 4 26B A4B en 15 cajas Android TV económicas y logró 0,39 tokens por segundo.
- GLM-5.2 completó una prueba simplificada de replicación de extremo a extremo, pero el acceso a los dispositivos carecía de autenticación.
- Anthropic plantea defensas basadas en monitoreo de tráfico, cuarentena de redes infectadas y mejores estándares de seguridad IoT.
🚨 Anthropic prueba la replicación de IA en una red IoT simulada
GLM-5.2 llegó a 8 de 8 nodos en 4 de 5 intentos, con acceso ADB sin autenticación.
En 15 cajas Android TV, Gemma 4 alcanzó 0,39 tokens por segundo.
El estudio no demuestra que exista un gusano activo. pic.twitter.com/x0uByGhqy2
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) October 12, 2026
Un experimento de Anthropic advierte que modelos pequeños podrían acercarse a la capacidad de desplegarse y propagarse entre dispositivos IoT sin recurrir a un centro de datos. La prueba no demuestra que exista un gusano autónomo activo: muestra avances en partes del proceso y destaca las condiciones que todavía dificultan una propagación real.
El equipo Frontier Red Team de Anthropic publicó el 12 de octubre de 2026 un estudio de William Zhou y Daniel Freeman sobre replicación y adaptación autónoma, o ARA. Su análisis se centra en dispositivos domésticos conectados, como cajas de Android TV y electrodomésticos inteligentes, y describe una amenaza potencial lenta y distribuida, no un ataque confirmado en el mundo real.
Qué demostraron las pruebas y qué no
La investigación parte de una inquietud conocida en ciberseguridad: un gusano es un programa capaz de copiarse de un equipo a otro sin intervención humana, y un agente de IA podría ayudar a automatizar algunas tareas de ese recorrido. El estudio divide la replicación en cuatro etapas: encontrar objetivos, obtener ejecución en ellos, instalar la capacidad de inferencia y continuar la propagación desde el nuevo dispositivo.
El equipo concentra su trabajo en la configuración de inferencia, una parte menos examinada que la búsqueda de vulnerabilidades o el acceso inicial. Esa etapa puede exigir que un agente identifique el sistema operativo, seleccione una pila de software compatible, localice versiones de paquetes y resuelva errores específicos del hardware; los tropiezos en cualquiera de esos pasos pueden interrumpir toda la secuencia.
Anthropic sostiene que modelos de hasta 30.000 millones de parámetros ya pueden completar muchos de esos pasos por separado, aunque todavía suelen equivocarse al encadenarlos. En las pruebas de configuración, un modelo de 9.000 millones logró poner en marcha la inferencia en ocho de los nueve tipos de hardware evaluados, que incluían equipos como Jetson Nano, computadoras Mac y una RTX 4090.
Ese resultado mide la capacidad de adaptar software a máquinas distintas, no la posibilidad de entrar en ellas. El informe indica que omitió en gran medida el componente de explotación cibernética porque investigaciones anteriores ya habían evaluado capacidades de ese tipo; por ello, sus resultados no prueban que los modelos puedan superar por sí solos las defensas de dispositivos conectados a internet.
La prueba con televisores y una red simulada
Para mostrar que el hardware doméstico puede aportar capacidad de cálculo, el equipo ejecutó Gemma 4 26B A4B de forma distribuida en 15 cajas de Android TV de marcas secundarias. Cada dispositivo, comprado por unos USD $55, tenía 4 gigabytes de RAM y alojaba una parte del modelo; el conjunto alcanzó 0,39 tokens por segundo durante la demostración.
El método, llamado paralelismo de canalización, divide las capas del modelo entre máquinas que se comunican para procesar una consulta. Anthropic explica que esta distribución puede tolerar mejor la caída de un nodo que otras opciones, aunque la velocidad obtenida es baja en comparación con el procesamiento interactivo habitual y depende de la memoria limitada de cada aparato.
En otro experimento, el equipo creó una red privada virtual de Google Cloud con ocho nodos que ejecutaban redroid, un emulador de Android 15. La prueba permitió que el agente buscara objetivos, copiara el modelo y el arnés de ejecución, y configurara un servidor para Llama 3.1 de 8.000 millones de parámetros; sin embargo, los nodos tenían abierto un puerto ADB sin autenticación, una condición que simplificó deliberadamente el acceso.
GLM-5.2 fue el único modelo de pesos abiertos evaluado que completó la replicación de extremo a extremo en ese entorno: alcanzó ocho de ocho nodos en cuatro de cinco intentos y siete de ocho en el restante. El modelo ejecutaba la tarea desde un servidor separado y no tenía que operar directamente en los dispositivos de prueba, de modo que el resultado no equivale a demostrar que una versión compacta de GLM-5.2 ya pueda propagarse por una red doméstica real.
Un posible crecimiento lento y desigual
Los investigadores distinguen entre un umbral de capacidad, necesario para coordinar los pasos de replicación, y un límite de tamaño, determinado por lo que puede ejecutarse en aparatos con poca memoria. Según su estimación, modelos como Qwen3.5-9B y Gemma 4 26B A4B caben en grupos de televisores con 4 gigabytes de RAM, mientras que GLM-5.2 superó la prueba simplificada de coordinación; por ahora, ambos requisitos todavía no coinciden en un modelo pequeño probado.
Para proyectar cuándo podrían acercarse, el informe tomó como referencia modelos de pesos abiertos de hasta 30.000 millones de parámetros y el Epoch Capabilities Index, una medida aproximada de capacidad general. La tendencia que calcularon, con una mejora de 13,7 puntos ECI por año y un R² de 0,95, situaría a un modelo pequeño en el nivel de GLM-5.2 hacia finales de 2026, pero los autores aclaran que esa extrapolación no es una fecha segura ni una medición directa de capacidades de replicación.
La propagación tampoco sería necesariamente rápida. En sus estimaciones, completar la configuración de inferencia tomó entre 28 y 51 horas con Qwen3.5-9B, y entre 71 y 150 horas con Gemma 4 26B A4B sin optimizar; el cálculo usa ventanas de contexto de 32.000 tokens y velocidades de inferencia obtenidas en sus ensayos.
Como referencia de escala, el equipo comparó ese escenario con Kimwolf, una botnet que, según Synthient, llegó a infectar más de dos millones de dispositivos, principalmente cajas de Android TV. Si cada grupo de 15 aparatos ejecutara una copia de Gemma 4 26B A4B, habría unas 133.000 réplicas y cerca de 80.000 tokens por segundo en conjunto, un máximo equivalente a alrededor de 40 unidades H100 según la comparación del estudio.
Adaptación, riesgos y posibles defensas
Una diferencia potencial frente a malware tradicional es que los agentes podrían transmitir a sus copias información útil sobre errores y soluciones. En una prueba de seis generaciones, instancias de Qwen3.5-9B heredaron notas de intentos anteriores y elevaron la tasa de éxito de configuración desde 45% en la primera generación hasta un rango de 61% a 84% en las siguientes.
El equipo también evaluó si un modelo pequeño podía aprovechar la ayuda de uno más potente, al que identificó como Opus 4.8. El acceso a ese asesor no produjo una mejora medible: los modelos pequeños tendían a no formular preguntas útiles o no mejoraban cuando recibían recomendaciones sin solicitarlas, incluso en pruebas con entrenamiento por refuerzo para pedir ayuda.
Anthropic señala otros posibles modelos de amenaza además de los replicadores de pesos que examinó: agentes que roben credenciales para usar servicios de inferencia, y sistemas más grandes que busquen centros de datos. También plantea que un futuro enjambre podría combinar modelos y estrategias diferentes; en sus pruebas, los modelos pequeños mostraron fortalezas relativas en codificación agéntica frente a ingeniería social, aunque esa diferencia podría cambiar a medida que mejoren.
Para contener una eventual botnet, el informe propone reducir por debajo de uno el número promedio de nuevos dispositivos que cada equipo infectado alcanza. El tráfico de cargas de varios gigabytes, las conexiones sostenidas entre aparatos y los patrones de escaneo podrían alertar a proveedores de internet; los honeypots, a su vez, ayudarían a recopilar muestras y entender el comportamiento del programa.
La experiencia citada con Mirai ofrece un ejemplo de respuesta: un proveedor de internet que puso en cuarentena y notificó a clientes afectados eliminó 92% de las infecciones en 14 días, frente a 74% sin notificación. Anthropic también recomienda reforzar los dispositivos con valores predeterminados más seguros y estándares de cumplimiento; el Reino Unido ya cuenta con requisitos sobre contraseñas IoT predeterminadas, según el estudio.
La conclusión del equipo es que los agentes comienzan a mostrar capacidades parciales relevantes, pero no que un gusano autónomo generalizado esté ya en circulación. El desafío, sostienen, será endurecer los equipos vulnerables y preparar mecanismos de respuesta para una amenaza que, de materializarse en dispositivos de bajo costo, podría crecer lentamente y sin un único centro que apagar.
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