La discusión sobre privacidad en criptomonedas ya no gira solo en torno al anonimato absoluto o al control total. En Consensus Miami, representantes de Moody’s Ratings y ChangeNOW plantearon que ambos objetivos pueden convivir si la industria adopta una arquitectura híbrida, combina redes públicas y privadas, y aplica supervisión a nivel de direcciones sin exponer de forma automática la identidad real de los usuarios.
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- Panelistas en Consensus Miami defendieron que privacidad y rendición de cuentas pueden coexistir dentro del ecosistema blockchain.
- Moody’s Ratings estima el mercado institucional de finanzas digitales en USD $35.000 millones, tras crecer más de 100% o 150% en 18 meses.
- ChangeNOW aseguró que puede colaborar con cumplimiento y autoridades rastreando direcciones de billeteras sin mapear identidades personales por defecto.
La transparencia de las blockchains públicas ha sido, desde el inicio, una de sus principales fortalezas. También ha sido una fuente constante de debate. Si bien permite rastrear, auditar y supervisar transacciones, esa misma visibilidad puede entrar en tensión con la privacidad de los usuarios, una promesa que estuvo en la base del diseño original de varias criptomonedas.
Ese dilema fue uno de los ejes de discusión en Consensus Miami, donde representantes de Moody’s Ratings y ChangeNOW sostuvieron que la privacidad y la rendición de cuentas institucional no son metas incompatibles. Según explicaron, ambas pueden convivir si la industria construye una capa de inteligencia onchain que combine infraestructura híbrida y monitoreo enfocado en direcciones de billeteras, en lugar de depender siempre de la identificación directa de personas.
La idea central es que distintas funciones recaigan en distintas capas del sistema. En ese modelo, las redes privadas con permisos ofrecerían credibilidad y control para instituciones, mientras las cadenas públicas sin permisos aportarían liquidez. A eso se sumaría el uso de herramientas forenses blockchain capaces de filtrar operaciones a nivel de direcciones sin vincular automáticamente cada transacción con una identidad del mundo real.
Una capa de inteligencia para conciliar privacidad y cumplimiento
Para entender la propuesta, conviene recordar cómo suelen operar los sistemas financieros tradicionales. En ese entorno, la rendición de cuentas depende de actores como bancos, custodios, cámaras de compensación y agencias de calificación, que ayudan a responder preguntas básicas sobre identidad, actividad y confianza en los registros.
Rajeev Bamra, responsable global de estrategia para economía digital en Moody’s Ratings, explicó durante el panel que la capa de inteligencia convencional responde a tres interrogantes fundamentales: “¿Quién es? ¿Qué está haciendo? ¿Y puedo confiar en el registro?”. A su juicio, esos mismos principios siguen siendo relevantes en la transición hacia finanzas digitales basadas en blockchain.
La diferencia es que, dentro del universo cripto, esa lógica no necesariamente requiere replicar el modelo tradicional de identificación total. En vez de imponer que toda interacción esté enlazada desde el primer momento a un nombre y apellido, la supervisión puede ejercerse sobre patrones de comportamiento, trazabilidad de fondos y actividad de direcciones específicas, preservando en mayor medida la privacidad por defecto.
De acuerdo con lo expuesto por los panelistas, una arquitectura de este tipo permitiría que las instituciones accedan a las garantías necesarias para operar, sin eliminar por completo el valor que aportan las redes abiertas. En otras palabras, no se trataría de elegir entre anonimato absoluto o vigilancia plena, sino de repartir funciones entre infraestructura privada, liquidez pública y análisis de riesgo.
El crecimiento institucional sigue siendo pequeño frente a las finanzas tradicionales
Bamra ofreció además una radiografía del tamaño actual del mercado institucional en finanzas digitales. Según su estimación, este segmento se ubica hoy en torno a USD $35.000 millones. Aunque la cifra refleja una expansión acelerada, sigue siendo modesta si se la compara con la escala de los sistemas financieros convencionales.
El ejecutivo señaló que, en los últimos 18 meses, ese mercado ha crecido “más de un 100 o 150%”. Sin embargo, puso el dato en perspectiva al contrastarlo con los más de USD $200 billones en flujos anuales de cámaras de compensación dentro de las finanzas tradicionales. La comparación sugiere que, pese al entusiasmo institucional, la tokenización y las finanzas digitales continúan siendo una fracción muy pequeña del sistema global.
Desde esa lectura, Bamra anticipó que la evolución del sector no se inclinará de forma uniforme hacia un modelo exclusivamente público o completamente privado. Más bien, prevé un resultado híbrido. En sus palabras, las redes privadas con permisos “van a ofrecer la rendición de cuentas, el aspecto de credibilidad”, mientras que “lo público sin permisos aporta la liquidez que los entornos privados con permisos no tienen”.
Ese planteamiento coincide con una de las discusiones más relevantes del sector en 2026. A medida que crece el interés de bancos, gestores de activos y grandes plataformas por la infraestructura blockchain, aumenta también la presión por diseñar sistemas que no sacrifiquen por completo ni la eficiencia regulatoria ni las propiedades abiertas de las redes descentralizadas.
ChangeNOW defiende la supervisión por direcciones, no por identidades
Desde una perspectiva más cercana al usuario final, Pauline Shangett, directora de estrategia del exchange no custodial ChangeNOW, defendió con claridad la importancia de preservar el espíritu original de las criptomonedas. Durante el panel, recordó que “Bitcoin, en su esencia, en su origen, era un efectivo digital semianónimo”.
En ese contexto, Shangett explicó que ChangeNOW, una plataforma que no exige KYC por defecto, trabaja con proveedores de AML y empresas especializadas en análisis forense blockchain. El objetivo no es construir una base de datos de identidades personales asociadas a cada usuario, sino supervisar el flujo de fondos mediante el seguimiento de direcciones de billeteras.
La ejecutiva resumió esa postura con una frase directa: “Toda esta infraestructura de análisis forense de blockchain nos permite no mapear a las personas que pasan fondos por nuestro sistema, sino mapear sus direcciones”. Ese matiz es clave, porque plantea una forma de cumplimiento que intenta responder a requerimientos regulatorios y de aplicación de la ley sin eliminar por defecto la privacidad transaccional.
Shangett añadió que, cuando las agencias de las fuerzas del orden acuden a ChangeNOW, la empresa proporciona datos de transacciones, pero no revela la identidad de la persona detrás de la operación. Según explicó, ese equilibrio permite ofrecer swaps sin registro, mantener sistemas internos de contabilidad y colaborar con autoridades cuando fondos ilegítimos pasan por el servicio.
Regulación con intención convergente, pero ejecución fragmentada
El debate no se limitó a la tecnología. También incluyó el panorama regulatorio, cada vez más determinante para la adopción institucional. Bamra señaló que marcos transfronterizos como el Reglamento de Mercados de Criptoactivos de la Unión Europea y la GENIUS Act de Estados Unidos parten de preguntas parecidas sobre calidad del activo, segregación y responsabilidad.
Sin embargo, advirtió que esa coincidencia en objetivos no se traduce en uniformidad operativa. “Creemos que hay convergencia regulatoria en la intención, pero hay fragmentación en la realidad o en la ejecución”, afirmó. La observación refleja un problema persistente para empresas globales del sector, que deben adaptarse a reglas con filosofías cercanas, pero requisitos distintos según la jurisdicción.
Para plataformas, emisores e intermediarios, esa fragmentación puede traducirse en mayores costos, incertidumbre legal y modelos de cumplimiento más complejos. También complica la construcción de estándares internacionales consistentes para activos digitales, sobre todo cuando se intenta combinar protección al consumidor, prevención del lavado de dinero y preservación de ciertas libertades tecnológicas.
La intervención final de Shangett llevó la discusión hacia la responsabilidad regulatoria. A su juicio, los actores que deberían ser considerados responsables de los marcos regulatorios y de su adopción son quienes se encargan de la emisión, no de la transmisión. Esa distinción sugiere un reparto diferente de obligaciones dentro del ecosistema, especialmente en servicios donde la plataforma facilita movimientos de fondos, pero no controla la emisión del activo digital involucrado.
La discusión en Miami deja claro que el sector sigue buscando una fórmula viable para equilibrar apertura, privacidad, supervisión y adopción institucional. Lejos de tratarse de un conflicto resuelto, la conversación apunta a una etapa en la que el diseño de infraestructura, los criterios de cumplimiento y la asignación de responsabilidades serán tan importantes como la tecnología blockchain en sí misma.
Según lo reportado por CoinDesk, el panel mostró que la industria ya no discute solo si la privacidad debe existir onchain, sino cómo integrarla con exigencias de credibilidad y control en una escala apta para instituciones. El resultado, si estas visiones prosperan, podría ser un ecosistema más híbrido, más segmentado y también más pragmático que el imaginado en los primeros años de las criptomonedas.
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