Las stablecoins dejaron de ser únicamente una herramienta para salir temporalmente de posiciones de trading. En varios países latinoamericanos ya funcionan como refugio frente a monedas débiles, medio para cobrar salarios, instrumento para pagos internacionales y alternativa a una banca que sigue imponiendo fricciones para mover dólares. Durante el Cripto Latin Fest, especialistas coincidieron en que su adopción ya pertenece al presente de la región, aunque persiste el debate sobre dependencia, soberanía monetaria y regulación.
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- Argentina, Venezuela, Bolivia, Brasil y Colombia muestran casos de uso diferentes, pero todos apuntan hacia una expansión de las stablecoins más allá de la especulación.
- Remesas, inflación, acceso a dólares, pagos empresariales y nóminas internacionales aparecen entre los principales problemas que estos activos están resolviendo.
- Los participantes debatieron si utilizar stablecoins vinculadas al dólar reduce soberanía o simplemente sustituye una dependencia financiera por otra más eficiente.
- También surgió una visión alternativa: desarrollar stablecoins vinculadas con monedas locales para llevar tesorerías, contratos y pagos nacionales a infraestructura Blockchain.
El segundo día de conferencias y conversatorios del Cripto Latin Fest continúa este 28 de agosto en Bogotá, con una agenda dedicada a examinar cómo Bitcoin, stablecoins y otras tecnologías Blockchain están modificando los sistemas financieros de Latinoamérica.
Uno de los paneles de la jornada, titulado “Dinero 2.0: ¿Por qué las stablecoins son ya las monedas de facto en Latam?”, puso el foco precisamente en uno de los cambios más visibles del mercado regional. Daniel Peláez moderó la conversación, que reunió a Mireya Acosta, Fidgerald Castaño, Jerónimo Ferrer y Jesús Jarava.
Las intervenciones mostraron que hablar de stablecoins exclusivamente como instrumentos del mercado cripto ya resulta insuficiente. En distintos países, estos activos están resolviendo problemas económicos cotidianos que van desde protegerse contra la inflación hasta pagar proveedores internacionales o recibir un salario denominado en dólares.
De refugio para traders a infraestructura de pagos
Acosta describió la evolución de las stablecoins como un proceso por etapas. Inicialmente, muchos usuarios las utilizaron como una herramienta para salir temporalmente de operaciones de trading sin abandonar completamente el ecosistema cripto. Posteriormente comenzaron a ganar relevancia en países donde ciudadanos y empresas necesitaban proteger reservas frente a monedas locales débiles.
La etapa actual, sostuvo, tiene una característica diferente: las stablecoins están comenzando a utilizarse directamente como medios de pago. Citó informes de Bitso que muestran una expansión de este comportamiento y mencionó a Brasil como uno de los mercados donde pagos digitales tradicionales, como Pix, pueden coexistir con infraestructura basada en activos digitales.
Ese paralelismo resulta importante porque sugiere que las stablecoins no necesariamente tienen que sustituir por completo a los medios existentes. Pueden funcionar como una segunda vía para importaciones, exportaciones y transferencias internacionales cuando ofrecen mejores condiciones que las alternativas tradicionales.
Acosta también destacó el enfoque regulatorio brasileño, donde parte de la discusión consiste en aplicar a emisores y proveedores financieros reglas ya existentes en lugar de construir un sistema legal completamente separado para cada nueva tecnología.
Argentina convirtió las stablecoins en una solución cotidiana
Ferrer presentó a Argentina como uno de los casos más evidentes de adopción impulsada por necesidad económica.
Décadas de inflación, controles cambiarios y pérdida de poder adquisitivo acostumbraron a los argentinos a buscar maneras de mantener exposición al dólar. Antes de la proliferación de stablecoins, esto podía implicar conservar billetes físicos o acudir a mercados menos prácticos y seguros para conseguir divisas.
Las billeteras y exchanges modificaron esa experiencia. Un usuario podía convertir pesos en activos vinculados al dólar sin necesidad de desplazarse físicamente con efectivo, lo que redujo algunas de las fricciones y riesgos asociados con el acceso tradicional a divisas.
La utilidad se extendió después hacia el mercado laboral. Ferrer señaló que numerosos freelancers argentinos cobran actualmente mediante USDT, convirtiendo las stablecoins en una herramienta para recibir ingresos internacionales y resolver dificultades que anteriormente requerían intermediarios financieros más costosos o restrictivos.
Para Ferrer, esta transición ayuda a explicar por qué la adopción latinoamericana no debe interpretarse únicamente desde el precio de los criptoactivos. En países con problemas monetarios recurrentes, la utilidad aparece mucho antes que la especulación.
En Bolivia, USDT empieza a comportarse como referencia monetaria
Fidgerald Castaño llevó la discusión hacia Bolivia y sostuvo que las stablecoins están llamadas a convertirse en una capa importante de pagos para la región precisamente porque muchos sistemas monetarios locales dificultan el crecimiento y la actividad internacional de personas y empresas.
Según describió, existen espacios en Bolivia donde precios comienzan a expresarse en USDT y Binance funciona coloquialmente para algunos residentes como una especie de “banco” digital, pese a que técnicamente se trate de una plataforma de criptomonedas.
El fenómeno refleja una búsqueda de alternativas frente a fricciones bancarias tradicionales. Una persona que necesita recibir, enviar o mantener dólares digitales puede encontrar en estos sistemas una vía más accesible que ciertos productos financieros convencionales.
Castaño aseguró que iniciativas como Transfer X buscan precisamente construir una capa de pagos para Latinoamérica utilizando esta infraestructura. Desde su perspectiva, las stablecoins no representan una promesa futura: ya forman parte del presente de los pagos regionales.
Pagos internacionales y nóminas: el caso colombiano
Jesús Jarava situó el foco en Colombia y destacó dos problemas donde las stablecoins presentan una propuesta especialmente clara.
El primero es el acceso al dólar. Abrir determinadas cuentas denominadas en moneda estadounidense puede exigir requisitos, documentación y niveles de patrimonio que dejan fuera a una parte importante de los usuarios.
El segundo aparece entre empresas que necesitan realizar pagos transfronterizos o nóminas internacionales. Para una compañía con trabajadores, proveedores o clientes en distintos países, las stablecoins pueden reducir tiempos y costos frente a determinadas soluciones bancarias.
Jarava también citó datos que muestran cómo el volumen transaccional de stablecoins ha alcanzado dimensiones comparables o superiores a grandes redes de pagos tradicionales, aunque estas comparaciones deben interpretarse con cautela porque las metodologías y tipos de transacción no son necesariamente equivalentes.
Lo relevante, a su juicio, es que cada vez más comercios y compañías latinoamericanas están dispuestos a aceptar estos activos y utilizarlos para movimientos corporativos.
Un mismo activo resuelve problemas diferentes en cada país
El panel coincidió en que hablar de “Latinoamérica” como un mercado uniforme puede ocultar las verdaderas razones detrás de la adopción.
Acosta describió la región como un conjunto de realidades distintas. Brasil puede encontrar valor principalmente en pagos internacionales y eficiencia financiera; Argentina y Venezuela han utilizado stablecoins como respuesta a devaluación e inflación; mientras Colombia mantiene todavía una participación importante asociada con inversión y especulación.
Sin embargo, debajo de esas diferencias aparece un fenómeno común: los flujos de capital están migrando hacia infraestructuras digitales que permiten mover valor con mayor velocidad y menos intermediarios.
Ferrer resumió la utilidad desde una perspectiva cotidiana. Problemas que anteriormente se resolvían utilizando dólares físicos ahora pueden abordarse mediante stablecoins de una manera más práctica y potencialmente más segura.
Castaño fue más allá y anticipó que los movimientos internacionales de capital serán uno de los principales motores de adopción. Si Estados Unidos y otros mercados buscan facilitar una mayor circulación de dólares digitales, las economías emergentes podrían terminar siendo algunas de las principales beneficiadas.
¿Más libertad o una nueva dependencia?
La conversación tomó un giro más conceptual cuando surgió una pregunta inevitable: si Latinoamérica adopta stablecoins vinculadas principalmente al dólar, ¿está ganando independencia financiera o simplemente cambiando una dependencia por otra?
Castaño reconoció que existe una nueva dependencia respecto a los emisores de stablecoins. Sin embargo, señaló que el comercio internacional ya funciona mayoritariamente alrededor del dólar y que convertir constantemente entre monedas genera costos adicionales.
Desde esa perspectiva, una stablecoin no crea necesariamente la dependencia monetaria; puede simplemente digitalizar una relación económica que ya existía, añadiendo la posibilidad de mover riqueza internacionalmente en minutos.
Jarava coincidió parcialmente. Comparó el cambio con pasar de Internet tradicional hacia comunicaciones satelitales: existe dependencia en ambos casos, pero sobre infraestructuras distintas y con beneficios diferentes.
Para él, las stablecoins permiten acceder a mercados más abiertos y líquidos, por lo que la nueva dependencia puede resultar económicamente preferible frente a las limitaciones existentes en muchos sistemas financieros latinoamericanos.
¿Y si Latinoamérica crea sus propias stablecoins?
Acosta introdujo una posición diferente al recordar que las stablecoins no tienen por qué estar necesariamente denominadas en dólares.
Ya existen proyectos vinculados a monedas latinoamericanas que podrían utilizarse para contratos inteligentes, gestión de tesorerías y otras operaciones financieras sin abandonar la unidad monetaria nacional.
Mencionó casos colombianos donde activos digitales cuentan con contrapartes dentro del sistema financiero local. Este tipo de infraestructura permitiría incorporar las ventajas operativas de Blockchain sin sustituir necesariamente la moneda soberana. También señaló el ejemplo de Dubái, donde autoridades han mostrado interés en impulsar pagos mediante activos digitales vinculados con la propia moneda local.
La discusión abre una posibilidad relevante para la región: el futuro de las stablecoins podría no consistir exclusivamente en “dolarizar Blockchain”, sino también en llevar las monedas nacionales a nuevas redes programables.
Bitcoin y la soberanía individual
Ferrer llevó el debate sobre soberanía todavía más lejos al cuestionar la propia premisa de que los bancos centrales siempre hayan protegido efectivamente el valor de las monedas nacionales.
Desde su experiencia argentina, afirmó que la aparición de Bitcoin permitió a determinados usuarios recuperar una forma de soberanía monetaria individual al ofrecerles una alternativa fuera de la emisión controlada por entidades centrales.
Su postura separa parcialmente Bitcoin de las stablecoins. Estas últimas pueden ofrecer estabilidad frente a una moneda local mediante exposición al dólar, mientras Bitcoin propone una arquitectura monetaria donde ninguna institución individual tiene capacidad de aumentar discrecionalmente la oferta.
Para Ferrer, esa distinción conduce a una discusión de fondo sobre si el dinero debe continuar completamente unido al Estado o si los individuos deberían disponer de alternativas monetarias independientes.
Stablecoins dejaron de ser una promesa
A pesar de las diferencias sobre soberanía y dependencia, el conversatorio mostró un consenso amplio respecto a la dimensión práctica del fenómeno.
Las stablecoins ya permiten que freelancers cobren internacionalmente, que familias accedan a una representación digital del dólar, que empresas paguen proveedores y que comercios acepten activos que pueden liquidarse prácticamente en cualquier momento.
Esto no significa que hayan reemplazado a bancos, tarjetas o monedas nacionales. Tampoco elimina riesgos asociados con emisores, regulación, custodia o liquidez.
Pero sí indica que la frontera entre “cripto” y “pagos tradicionales” está comenzando a desaparecer.
En Latinoamérica, además, este proceso no está siendo impulsado únicamente por entusiasmo tecnológico. Inflación, restricciones cambiarias, costos de remesas, dificultades para acceder a dólares y necesidades de comercio internacional están proporcionando razones concretas para utilizar estos instrumentos.
Por eso, la afirmación planteada en el título del conversatorio dejó de sonar exclusivamente provocadora. En determinados segmentos de la economía latinoamericana, las stablecoins ya están funcionando como dinero de facto, incluso antes de que reguladores y bancos terminen de decidir exactamente cómo clasificarlas.
Artículo de Angel Di Matteo / DiarioBitcoin
Imagen original de DiarioBitcoin
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