Por Canuto  

El responsable de Palantir para Reino Unido y Europa sostiene que la región corre el riesgo de repetir con la inteligencia artificial el rezago que, a su juicio, sufrió durante el auge de internet. Su advertencia coincide con un debate sobre la adopción empresarial y la controversia ética que rodea a los contratos de la compañía.
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  • Louis Mosley afirma que Europa perdió oportunidades durante la expansión de internet y teme que las empresas repitan esa cautela ante la IA.
  • El ejecutivo señala que Estados Unidos ha ampliado su ventaja económica y tecnológica, mientras presenta a ASML como una excepción europea destacada.
  • Palantir promueve herramientas para desplegar modelos de IA, pero sus contratos con ICE, las fuerzas israelíes y el NHS alimentan críticas y protestas.


Palantir alerta que Europa podría repetir con la IA el rezago que tuvo con internet

Europa corre el riesgo de quedarse atrás en inteligencia artificial si sus empresas responden a la nueva tecnología con cautela y aplazamientos, advirtió Louis Mosley, responsable de Palantir para Reino Unido y Europa. En una entrevista con CoinDesk, el ejecutivo comparó el momento actual con el auge de internet, cuando, según su evaluación, Estados Unidos construyó empresas y consolidó una economía digital, mientras Europa perdió terreno.

La advertencia combina una lectura económica con un argumento comercial de Palantir, que ofrece herramientas para que gobiernos y compañías integren modelos de lenguaje y agentes en sus operaciones. También llega en medio de críticas a la firma por sus vínculos con defensa, fuerzas del orden y servicios públicos, una controversia que Mosley considera una distracción frente a las decisiones de adopción tecnológica.

La comparación con la ola de internet

Mosley sostuvo que Estados Unidos aprovechó mejor la expansión de internet y que Europa, en cambio, no logró convertir aquella ola tecnológica en una cantidad comparable de grandes compañías. Su planteamiento no se limita a una diferencia de productos o plataformas: apunta a que el lugar donde se desarrollan y escalan tecnologías puede influir en la distribución del valor económico generado por ellas.

Como contexto de esa brecha, el ejecutivo afirmó que Europa y Estados Unidos eran aproximadamente comparables hace 20 años en PIB per cápita, profundidad de sus mercados de capitales y escala de sus mayores empresas. Desde entonces, dijo, Estados Unidos acumuló crecimiento, mientras Europa avanzó poco en comparación; la entrevista no ofreció cifras específicas para cuantificar esa divergencia.

La comparación también incluye una excepción que, para Mosley, ilustra la importancia de la tecnología dentro de la economía europea: ASML. La compañía neerlandesa es, según él, la mayor empresa de Europa y un caso destacado entre los pocos campeones regionales asociados con la ola de internet, contraste que usó para sostener que el valor se concentra en la tecnología.

El ejecutivo no presentó la historia de internet como una garantía de que la inteligencia artificial producirá el mismo resultado, sino como una advertencia sobre el costo potencial de demorarse. Si Europa vuelve a dejar que otros mercados construyan las empresas y capacidades de una nueva ola, argumentó, podría perpetuar una distancia económica y corporativa que ya considera visible.

La cautela empresarial y la apuesta de Palantir

Mosley describió a las empresas europeas como prudentes frente a la IA y resumió su actitud como una espera ante una tecnología nueva que podría entrañar riesgos. Esa cautela puede responder a preocupaciones reales sobre cómo incorporar herramientas todavía novedosas, pero, desde su perspectiva, también puede llevar a postergar decisiones mientras otros competidores avanzan con su implementación.

Palantir intenta ocupar un lugar en ese proceso al ofrecer una estructura que conecta los modelos de inteligencia artificial con los datos y operaciones de una organización. La compañía desarrolla lo que denomina una ontología y un marco de gobernanza para que gobiernos y empresas desplieguen grandes modelos de lenguaje y agentes en ámbitos como salud, industria y defensa.

La propuesta no depende de un único proveedor de modelos, según explicó Mosley. Los clientes pueden trabajar con sistemas de OpenAI, Anthropic, Gemini o Grok, además de modelos de pesos abiertos y sistemas chinos, y ajustarlos con sus propios datos; la función que describe Palantir consiste en facilitar la integración y el uso dentro de las organizaciones.

Mosley calificó a Palantir como el indicador más directo disponible en los mercados públicos para observar la tasa de adopción de IA en una economía. Esa descripción refleja la posición que la empresa busca ocupar, pero también debe leerse como el argumento de un ejecutivo de una compañía que vende soluciones relacionadas con el despliegue de inteligencia artificial, no como una medición independiente de todo el mercado.

La controversia ética detrás de la expansión

La advertencia sobre la adopción tecnológica convive con una discusión pública sobre los contratos de Palantir y los usos de su software. En Reino Unido y otros países europeos, activistas han cuestionado que sus herramientas se empleen en sistemas de servicios públicos, incluido el Servicio Nacional de Salud británico, por razones éticas.

El contrato del NHS ha sido objeto de objeciones públicas: según un reporte de DiarioBitcoin, más de 44.000 personas objetaron el uso de Palantir en la plataforma de datos del servicio. La empresa obtuvo en noviembre de 2023 el papel principal en un contrato de siete años valorado en £330 millones.

Parte de las críticas se relaciona con los vínculos de la compañía con defensa y fuerzas del orden. La información de la entrevista menciona que Palantir suministra software de vigilancia al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, conocido como ICE, bajo la administración del presidente Donald Trump, y que proporciona sistemas de direccionamiento a las Fuerzas de Defensa de Israel.

Mosley reconoció que Gaza y Trump son asuntos que movilizan a quienes se oponen a la empresa, y contrastó esos contratos con el acuerdo de Palantir con el NHS. Su argumento es que la controversia por operaciones extranjeras no relacionadas no debería desplazar la discusión sobre las necesidades internas, aunque esa postura no resuelve por sí misma las preguntas sobre supervisión, privacidad o los usos concretos de las herramientas.

Para ilustrar su objeción, planteó si un político le diría a un votante que tendrá que esperar más por una operación de cadera debido a contratos extranjeros de un proveedor. La comparación busca presentar la continuidad del servicio sanitario como prioridad, pero deja abierto el debate sobre si la contratación pública puede evaluarse por separado de las actividades y responsabilidades generales de una empresa.

Una advertencia y un debate que siguen abiertos

El llamado de Mosley coloca dos preguntas en el centro del debate europeo: cuánto riesgo aceptar al incorporar IA y qué condiciones deberían acompañar su uso. Esperar puede reducir la posibilidad de adoptar una herramienta antes de entenderla, pero también puede dejar a empresas y gobiernos sin experiencia propia mientras otros desarrollan productos y conocimientos a mayor escala.

La comparación histórica con internet sirve como argumento para actuar, aunque no demuestra que el futuro de la IA vaya a reproducir exactamente la trayectoria de la economía digital. Los mercados, las tecnologías y las decisiones empresariales pueden diferir entre ambas olas; el punto de Mosley es que la región debería evitar que la cautela se convierta en inacción.

También importa distinguir entre adoptar IA y aceptar sin condiciones a cualquier proveedor o sistema. La propia presentación de Palantir destaca la posibilidad de combinar modelos distintos y datos propios, mientras las protestas y objeciones éticas reflejan que la interoperabilidad técnica no sustituye el examen de quién usa las herramientas, para qué fines y con qué controles.

Europa enfrenta así una disyuntiva más amplia que la velocidad de despliegue: impulsar capacidades tecnológicas sin abandonar la evaluación de riesgos ni la rendición de cuentas. Mosley advierte que repetir la espera de la era de internet podría tener consecuencias económicas; sus críticos recuerdan que la forma de alcanzar esa adopción también importa.


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