El petróleo volvió a USD $100 y reactivó el temor a una estanflación global, mientras el gas europeo, los rendimientos de los bonos y las expectativas de tasas suben por la renovada tensión en el Golfo.
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- El crudo Brent ha subido casi 40% en julio y se prepara para su mayor avance mensual desde marzo.
- Los mercados vuelven a anticipar alzas de tasas en Estados Unidos y la eurozona para contener la inflación.
- Europa y Asia enfrentan una exposición especial al shock energético, mientras Estados Unidos tampoco queda inmune.
🚨 La estanflación acecha a los mercados.
El petróleo Brent rebota a USD $100, aumentando el temor global.
Rendimientos de bonos y expectativas de tasas también están al alza.
La guerra en el Golfo complica el panorama económico.
Europa y Asia son especialmente… pic.twitter.com/OxNCQCDhu7
— Diario฿itcoin (@DiarioBitcoin) July 24, 2026
Las renovadas hostilidades en el Golfo reactivaron el temor a una estanflación, un escenario que combina inflación elevada con crecimiento económico estancado. La preocupación volvió después de que las esperanzas sobre un acuerdo interino entre Estados Unidos e Irán no lograran despejar el riesgo para la economía mundial.
El crudo Brent volvió a tocar USD $100, después de haber caído hasta cerca de USD $70 a comienzos de julio. El retroceso anterior reflejó el optimismo generado por un posible alto el fuego, pero ese alivio se desvaneció con la nueva escalada regional.
Los hutíes de Yemen afirmaron que atacaron dos tanqueros petroleros sauditas en el mar Rojo. El episodio amplió la interrupción del transporte marítimo mundial más allá del estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio de energía.
El Brent acumula un avance cercano al 40% durante julio y se encamina hacia su mayor salto mensual desde marzo. Los futuros del gas natural europeo de referencia también subieron, hasta alcanzar su nivel más alto desde marzo.
La energía tiene un peso central en las expectativas de inflación a corto plazo. Por eso, el aumento del petróleo y del gas ha repercutido rápidamente en los mercados financieros, incluso después de que la inflación estadounidense de junio resultara inferior a lo esperado.
Inflación, alimentos y rendimientos en ascenso
El alivio que produjo el dato de inflación estadounidense duró poco. Esta semana, el encarecimiento de la energía impulsó al alza los rendimientos de los bonos gubernamentales en Estados Unidos, Japón y Alemania.
Los indicadores de inflación implícitos en el mercado todavía han mostrado movimientos relativamente moderados. Sin embargo, Kristjan Kasikov, jefe de soluciones de inversión cuantitativa de FX en Citi, advirtió que los mercados suelen tardar en reflejar completamente las variaciones de los precios agrícolas y energéticos.
Kasikov señaló que los participantes del mercado esperan que el aumento de las materias primas sea transitorio. Aun así, consideró que la evolución merece vigilancia, debido a la posibilidad de que el incremento energético termine trasladándose a otros precios.
La firma de análisis Kpler estima que aproximadamente un tercio de los fertilizantes del mundo atraviesa el estrecho de Ormuz. Esa exposición podría mantener elevados los precios de los alimentos durante más tiempo, especialmente en los mercados emergentes más vulnerables.
El fenómeno de El Niño de este año también está ejerciendo presión alcista sobre los precios. La combinación de energía, fertilizantes y alimentos complica la tarea de las autoridades, porque afecta simultáneamente el costo de vida y la capacidad de consumo.
El dilema de los bancos centrales
Los operadores retomaron las apuestas de que los bancos centrales tendrán que subir nuevamente las tasas para contener las presiones sobre los precios. El problema es que una política monetaria más restrictiva también reduce la actividad económica cuando el shock energético ya golpea la demanda.
Los mercados anticipan aproximadamente dos aumentos de un cuarto de punto por parte del Banco Central Europeo antes de finalizar el año, además del movimiento aplicado en junio. El BCE mantuvo las tasas sin cambios el jueves, aunque sugirió que podría producirse un endurecimiento adicional.
En Estados Unidos, las apuestas sobre una subida de tasas se moderaron tras el dato de inflación de la semana pasada. Posteriormente se reanudaron, y ahora los mercados descuentan aproximadamente dos aumentos para enero.
La inflación estadounidense ha superado el objetivo de 2% de la Reserva Federal durante cinco años. Esa persistencia limita el margen de maniobra de las autoridades, que deben equilibrar la estabilidad de precios con la protección del crecimiento.
Alessia Berardi, jefa de macroeconomía global del Amundi Investment Institute, afirmó que el riesgo de estanflación ha estado presente en todas las economías desde marzo, aunque de distintas maneras. Según Berardi, la nueva expansión del conflicto aumenta ese riesgo.
Europa afronta un doble golpe
Los importadores de energía, especialmente en la eurozona, son los más expuestos al dilema. Subir las tasas puede limitar la inflación, pero también encarece el crédito y desacelera una economía que ya recibe el impacto directo de los combustibles más costosos.
Andrew Sheets, jefe global de investigación de renta fija en Morgan Stanley, explicó que el BCE ha mostrado mayor disposición que la Reserva Federal a subir las tasas frente a una inflación impulsada por el petróleo.
Sheets describió el riesgo de un doble golpe para Europa. La región podría enfrentar condiciones financieras más estrictas por los precios de la energía y, al mismo tiempo, por una política monetaria más ajustada.
El euro cayó el jueves a mínimos de tres semanas, por debajo de USD $1,14, justo cuando el petróleo alcanzó nuevamente USD $100. La depreciación de la moneda puede encarecer todavía más las importaciones energéticas denominadas en dólares.
Los costos de endeudamiento de los gobiernos también se ubican en máximos de varios años en medio de la preocupación inflacionaria. Las tensiones comerciales agregan incertidumbre para consumidores, empresas e inversionistas.
Asia y Estados Unidos tampoco quedan al margen
El lado del bajo crecimiento, característico de la estanflación, también podría comenzar a materializarse. El economista jefe del Banco Mundial dijo a Reuters que la guerra podría reducir el crecimiento global hasta 1,3%, frente al 2,9% registrado el año pasado.
Asia compra la mayor parte de su petróleo en el Golfo, por lo que resulta especialmente vulnerable a un aumento prolongado de los precios. Los países del sur y el sudeste asiático enfrentan dificultades adicionales para pagar una energía más cara.
Japón tiene capacidad para asumir el costo, pero la debilidad del yen frente al dólar aumenta la factura. La moneda se encuentra en mínimos de cuatro décadas frente al dólar, y el valor de las importaciones japonesas alcanzó un récord en junio.
Ese incremento en las importaciones añade presión a la inflación japonesa. La pérdida de valor del yen transmite parte del shock internacional directamente a los consumidores y a las empresas que dependen de productos energéticos del exterior.
Estados Unidos exporta energía y está menos expuesto que Europa o Asia, pero tampoco es inmune. El precio promedio de la gasolina volvió a superar el umbral psicológico de USD $4 por galón durante la temporada de viajes de mediados de verano.
Las aerolíneas estadounidenses también sienten el impacto. Los gastos combinados de combustible de cuatro grandes compañías fueron casi USD $8.000 millones más altos que un año antes.
El encarecimiento financiero alcanza además al mercado inmobiliario. Los rendimientos más altos de los bonos del Tesoro estadounidense elevaron la tasa del tipo de hipoteca más popular a su nivel más alto desde agosto del año pasado.
El resultado es una presión simultánea sobre hogares, empresas y gobiernos. Mientras la energía reduce el ingreso disponible, las tasas más altas encarecen el financiamiento y los aranceles pueden trasladarse a los precios finales.
Comercio y mercados bajo presión
Estados Unidos impuso el viernes nuevos aranceles de 10% y 12,5% sobre bienes provenientes de 60 socios comerciales, incluidos la Unión Europea y China. Estas medidas probablemente añadirán más presión a los precios en un momento de alta sensibilidad inflacionaria.
Los aranceles introducen un segundo frente de incertidumbre para los mercados. Las empresas deben evaluar costos de importación más altos, mientras los consumidores enfrentan el riesgo de pagar más por determinados bienes.
La combinación entre energía cara y barreras comerciales puede complicar las cadenas de suministro. También puede reducir la confianza empresarial, aunque la noticia no establece una magnitud concreta para ese efecto.
Los mercados financieros están tratando de determinar si el rebote de las materias primas será temporal o persistente. La respuesta dependerá, entre otros factores, de la duración de las interrupciones marítimas y de la evolución de las hostilidades.
Para los inversionistas, el escenario exige vigilar al mismo tiempo el petróleo, el gas, los bonos, las monedas y las expectativas de tasas. Un movimiento aislado en cualquiera de estos mercados puede cambiar la lectura sobre inflación y crecimiento.
La advertencia central es que un alivio rápido en el frente geopolítico podría reducir parte de la presión. Sin embargo, mientras continúen las interrupciones energéticas y las fricciones comerciales, el riesgo de estanflación seguirá condicionando las decisiones de política económica.
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